Lléname de nada.

 

llévate

Llévate su risa, su olor y su camisa.

Llévate sus huellas de mi espalda y el reflejo que aún brilla en nuestra luna.

Llévate su espeso cabello, su sonrisa desordenada y sus labios rendidos.

 

¡Llévatelo todo! No pido más que una herencia vacía de recuerdos.

 

Llévate la esquinita de sus pestañas y la ventana donde nos besamos por primera vez.

Llévate su llanto y ya de paso el mío.

Llévate su sombra, el mí sin ti y las mariposas.

 

Llévate junio sin hacer mucho ruido y llévate el eco descarado de su voz.

Llévate todos los sitios que recorrimos de la mano y donde prometimos cuidarnos por siempre.

Llévate los nunca, lo mucho que lo amé y aún le amo.

 

Llévatelo rápido ¡por favor!

 

Llévate nuestros acordes infinitos, mi alma rota y nuestro viaje a París.

Llévate el sofá de la siesta, las estrellas del cielo más bonito del mundo y mis pupilas sumisas.

Llévate la parte del nosotros que viaja doliente detrás del espejo.

 

¡Llévatelo todo! No quiero más que un aire donde respirar no duela.

 

Llévate sus dragones, su versión equívoca de mis actos y su lengua.

Llévate sus abrazos, su perfecto cuerpo y la uve de los lunes.

Llévate diciembre y el sabor canela de su boca.

 

Llévate lo que le susurré al viento mientras nos despedimos sin decirnos adiós.

 

Llévate de él lo que aún guardo bajo la cama. Y en mi corazón.

Llévate todos esos recuerdos que desploman en melodía rota su verbo.

Llévate mis ganas de volver a verlo y la torpeza de mis pasos cuando aún dibujan su nombre.

 

¡Llévatelo todo! No pido más que una amnesia hueca de memoria.

 

Llévatelo todo y lléname de nada.

Llévatelo todo y déjame solo el pedacito de cielo que fue de VERDAD.

Si es que alguna vez lo fue.

 

Llévatelo todo y a mí contigo.

Llévame a ese lugar donde pensarle no duele.

Donde recordarle forma parte sana de seguir hacia adelante.

Sin nosotros.

Sin esa parte mí que tanto amaba.

 

Llévatelo, llévame.

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Siete.

Ya estuve aquí antes. Hace tiempo, incluso en otras vidas pasadas.

siete

Ya sé qué es lo que me toca ahora. Ya sé como olvidarte y no guardarte en ningún lugar. Ya sé cómo no echarte de menos y como ser sin esfuerzo el aire que respiro.

Ya sé cómo hacer la compra sola y cómo no hacer tantas preguntas. Ya sé dormir en el lado de tu cama sin que duela y ya sé no sentir tus buenos días sobre mi pecho. Ya sé seguir mis pasos con la ausencia de los tuyos y ya sé dormirme sin que hagamos el amor. Ya sé sanar mis dilemas sin tu ayuda. Ya sé vivir sin tu amistad y sin ese equipo que me protegía de la indecorosa lluvia.

Ya sé qué es lo que me toca ahora. Ya sé cómo olvidarte pero no quiero. No quiero hacerlo ya que el recuerdo es lo único que hoy me queda de ti. Es la parte del nosotros que decidí quedarme, la herencia que firmé aquel día en el que mis ojos fueron tuyos por siempre. Tu recuerdo es mío, y eso no habrá dragón que se lo lleve.

Ya aprendí a vivir sin ti. No creas que fue fácil. No creas que no dolió saber que ya querías a otra persona de la misma forma que me querías a mí. Me hiciste creer que pasase lo que pasase sería insustituible y hoy resulta que ya no es tanto así. No creas que fue amable ver nuestros sueños de la mano de otros nombres y pensarte en otras sábanas que no eran las nuestras. Yo aún sigo durmiendo en ellas y tu olor no se va.

Ya aprendí a vivir sin ti. Pero no sin tu recuerdo. Me niego. Ese legado es mío y no habrá ni sol ni luna que pueda arrebatármelo. Caímos en la tentación del mal y no supimos cuidarnos la sonrisa ni sostenernos las ganas.

¿Y sabes? No me importa. Porque lo que tú no sabes, ni ellos tampoco, es que yo vivo hacia ti desde el amor y las habladurías, las malas interpretaciones o el café frío de aquella playa sin arena, podrán cantar saetas. Pero yo sigo en mi salsa, en mis almendras dulces que bailan en tu cintura cada noche mientras duermes. Incluso cuando ya no lo haces a mi lado.

No guardo el más mínimo rencor. Ni el máximo. Ni siquiera en las noches más frías donde desearía que estuvieses a mi lado aunque fuese por un segundo. Por ese instante que juramos sería eterno.

Ya aprendí a vivir sin ti. Ha sido duro. Durísimo. Y más duro es sentir el vacío de un siete que con el vestido más bonito del mundo, se ha quedado solo bailando en un salón sin ti. Pero sé que hoy siete, desde donde estés y con quien estés, harás una muesca al viento que traerá consigo el recuerdo que yo no quiero olvidar. El recuerdo de lo que un día fuimos para los dos. Yo para ti y tú para mí. Un nosotros pimpollo que en esta vida y en las siguientes, permanecerá unido entre alevillas y esmeraldas.

Siete vidas tiene un gato y como buena alma felina,

aún me quedan seis más para volver a intentarlo.

Para volver a encontrarte.

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Amores de plastilina.

– ¿Cómo estás princesa?

+ Estoy.

– Tranquila, el dolor se irá, volverá a ponerse todo en su sitio y tu vida se llenará de personas auténticas y de un amor de verdad. Te lo digo yo que también lo conocí.

+ Gracias. Lo sé, solo es cuestión de tiempo. Como también era cuestión de tiempo que lo volviera a hacer.

– Y seguirá siendo así hasta que muera mi pequeña pantera.

+ Gracias por todo lo que has hecho por mí. Te quiero.

– Gracias a ti. Ahora levanta esa corona y sigamos caminando juntas de la mano…

 

amores de plastilinaMe horroriza tu mal querer y tus besos ya caducos que de tanto usarlos en labios distintos, confundiste el nombre de la suave brisa que te abraza.

Me horroriza ver cómo de mal nos queremos hoy los unos a los otros. Cómo las faltas de respeto se multiplican y se convierten en actos cotidianos entre parejas y personas que dicen que se quieren.

Pero lo que realmente más me horroriza son los amores de plastilina. Amores que se amoldan bajo un disfraz y se escurren entre los dedos burlándose de tus ganas de que sea cierto. Amores inventados, iguales y de mentira. Amores de quita y pon y de pon y quita, que en un abrir y cerrar de ojos, sustituyen lo que “sin duda” fue lo mejor de su vida. Amores que describes en tus múltiples detalles disfrazado de príncipe o princesa y que cabalgan durante los primeros meses sobre las nubes de algodón más bonitas que has visto jamás. Amores que ya pasaron por ella, y por ella. Y por mí. Amores que bailaron en el mismo salón donde hoy lo haces tú. Amores que sostienen las mismas promesas que ayer fueron mías. Las mismas flores, las mismas locuras, las mismas impresionantes demostraciones de amor y las mismas canciones que hoy suenan en tu coche y no en el mío. Amores que dibujan un mapa idéntico que hoy querrá trazar contigo y amores que gritarán su amor por ti, por los tuyos y por tu mundo a los cuatro vientos. Lo que él no sabe es que el viento se cansó de escucharle. Amores con el mismo barco de nombre imposible y la seducción magnética a la que no podrás resistirte. Amores de plastilina que cuando el verano se va y comienza el otoño, el fuerte viento y la fría lluvia mojará lo bonito y destapará toda la mierda que hay debajo de él. Y eso, querido galán de poca monta, no habrá ni lluvia ni sol que te lo esconda.

A mí me quiso un príncipe que parecía salido del más mismísimo cuento de Disney. Un príncipe que a todos encandiló, a todos enamoró y a todos engañó. Un príncipe que hizo y deshizo a su antojo mis sueños, mi alma y mi vida. Un príncipe que quiso mandar sobre estas líneas que hoy escribo y un príncipe que carente de originalidad hoy copia mis palabras, mis expresiones y mis metáforas traviesas haciéndolas suyas. Haciéndolas tuyas.

Un príncipe que me juró amor eterno y que me dijo, me escribió, e hizo por mí... que si lo supieras, no creerías el falso brillo de sus ojos.

En este tiempo conocí a sus otras princesas y válgame la vida lo mucho que he aprendido de ellas. Lo mucho que nos hemos sanado, nos hemos lamido las heridas y hemos seguido decididas nuestros pasos determinantes y firmes sobre un camino ya sin él. Un camino ya sin ellos.

Y es que los amores de plastilina son muy peligrosos. Juegan con tu libertad, manipulan la estructura de tu cuerpo y son capaces de convencer hasta el mismísimo Adolf Hitler con un beso judío que naufraga sin rumbo sobre un océano de hielo. Los amores de plastilina te llenan el corazón de esperanza, desdibujan lágrimas pasadas y te convencen de que sí, de que tú eres la única, de que tú has sido la mejor y de que no habrá nada ni nadie que pueda con vuestro amor. Con vuestro amor de plastilina, claro.

amor de plastilinaY no te equivoques no. Que no se puede echar de menos lo que te quebrantó el alma. ¿Recuerdas?

Y no te equivoques no. No confundas los celos con el único sentimiento que hoy siento hacia ti y hacia la situación. Impotencia. La impotencia de ver cómo vas por la vida haciendo tanto daño y como dejas a tus princesas desnudas, heridas, locas y con unos zapatos llenos de mentiras.

Seré la mala por defender lo que es justo.

Seré la mala por escribir sin miedo y ser sin miedo.

Porque en este mundo de locos es lo que premia, es lo que se aplaude y es lo que se quiere. Una falsedad suprema de carroña, de la que yo jamás seré partícipe. ¡Ya bastante jugaron conmigo! Ahora rían, que ya el tiempo volverá a sacudir el polvo.

….

Hoy eres tú su princesa.

Y como ahora tengo la libertad de escribir sin miedo y de ser sin miedo, solo espero princesa, que a ti no te parta la corona en dos. Pero cuando lo haga, al igual que ellas hicieron conmigo, yo estaré aquí para abrazarte y entre lágrimas y una bonita sonrisa susurrarte al oído que todo irá bien y que no fue tu culpa.

Yo ya no quiero más amores de plastilina.

No quiero un amor perfecto,

solo quiero un amor de VERDAD. 

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Héroes anónimos.

héroes anónimosMuchas son las personas que conoceremos a lo largo de nuestras vidas. Algunas se quedarán por un tiempo a nuestro lado, otras lo harán por siempre.

Habrá personas que a su paso dibujen una estela fugaz en nuestro corazón y otras, que sin saberlo, nos ayudarán a seguir nuestro camino dándonos más de una razón para ello. A este último grupo de personas me gusta llamarlos héroes anónimos.

Ten claro que aquí nada es casualidad y todo, absolutamente todo, tiene una razón de ser. Incluso las personas que pasan por nuestras vidas a ponernos todo patas arribas, a dejarnos el alma helada y las pestañas rizadas. Posiblemente de ellas será de las que más aprendamos. Cada persona, por muy insignificante que sea su paso, tiene una misión. Habrán amigos que se queden por siempre, otros lo harán durante años y otros durante meses. Y no por eso fueron menos amigos que los que aún siguen estando con nosotros. Todo tiene un proceso, una razón de ser y un por qué. De todas las experiencias aprendemos, o deberíamos hacerlo.

Somos el legado de todas esas personas que conformaron y conforman nuestra vida. Todos nos dejaron algo y como a mí me gusta vivir pensando que siempre es para bien, quédate con lo bonito, con lo que te enseñó y con lo que pudiste ayudarle tú a que siguiese su camino. Porque al final la vida va de eso. De ayudarnos los unos a los otros. A veces fallan las formas, se quebrantan reglas y se desnudan corbatas. A veces el dolor mella en cicatrices lo que para ti debió ser algodón. A veces pasa que en un abrir y cerrar de piernas todo se desvanece y te quedas hablando con la duda como si ella algún día fuese a darte la respuesta que necesitas. A veces pasa que las cosas no son como queremos. Que las personas a las que amamos no son como pensábamos y un día marchan sin más. Parejas a las que quisimos con toda nuestra alma, amigos y amigas que durante mucho tiempo fueron parte de nuestra familia y hoy ya no están. Ni siquiera un saludo cordial cabe entre su aire y el tuyo. Quizás puede parecer triste pero a mí me gusta vivir pensando que todo es como debe de ser. Y entonces aparecen ellos: los héroes anónimos.   

héroes anónimos

Héroes anónimos. Personas que te alegran la vida, que con un simple gesto pueden cambiar la dirección de tu brújula por siempre. Esa sonrisa que colorea tus mañanas, ese gesto amable que desvanece cualquier dolor y mitiga en mil pedazos una suave brisa que te ayuda a seguir respirando. Personas que te ceden el paso, que te saludan mientras paseas a tu perro y tú aún te preguntas cómo demonios se llamará. Al menos así puedes ponerle nombre a esa persona que felizmente te da los buenos días.

La vida está llena de héroes anónimos. Héroes y heroínas que no necesitan de capa ni de una superproducción que respalde y proclame sus poderes. Los héroes anónimos tienen esa capacidad intrínseca de ir por la vida ayudando a los demás, y muchas veces no son conscientes de ello.

Tú eres mi héroe. Y te estaré eternamente agradecida.

Los héroes anónimos llegan a tu vida sin pedir permiso. Se sientan a tu lado, te escuchan, te dan la mano sin que tú te des cuenta y hacen de tus días, días mejores. Te recuerdan quién eres, te ayudan a recomponer el desastre que dejó ese que podía parecer el mismísimo Joker, en la puerta de tu alma. Te lamen las heridas, te secan las lágrimas y mimetizan en un perfecto baile sin música lo que un día fue tan tuyo y te arrebataron. Te dan más de mil razones para seguir creyendo, se visten de paciencia y te abrazan sin pedirlo. Los héroes anónimos son personas extraordinarias que consiguen que hasta el más frío viento del invierno se transforme en un bonito recuerdo de primavera.

Hay personas que vienen a nuestra vida a devolvernos nuestras alas. Esas que perdimos durante el vuelo hacia el vacío. Personas de luz que inundan nuestra gracia, despiertan nuestras sonrisas y desnudan nuestra piel de miedos, de inmerecidas culpas y nos calzan de bonanza.

Los héroes anónimos están en todas partes. Posiblemente tú seas uno de ellos y ni siquiera lo sabes y posiblemente tú tengas alguno en tu vida, lo tuviste o lo tendrás.

héroes anónimos

Caminan sin hacer ruido entre nosotros. Ángeles sin alas que gambetean con nuestro cuerpo y cuando estamos listos nos devuelven a la vida. Por lo general estos héroes anónimos no se quedan a vivir por siempre con nosotros. Nos regalan una parcela de su tiempo, el tiempo preciso que nos impulsa a dar ese salto. El salto de lo vacío a lo llano y es ahí cuando nuestro camino empieza nuevamente en solitario. Pero ahora más firme, con más fortaleza y con la supremacía de saber que fui yo y no tú, la que amó de verdad.

Héroes anónimos. Personas que escribieron la historia de tu corazón y del mío. Personas extraordinarias que hacen por la vida y por los demás obras bonitas, necesarias y que son capaces de rubricar un punto y seguido incluso en aquellas historias con el punto y final más dramático que sentiste en tus pupilas.

Aprende de ellos, déjales que sanen tu dolor. Siéntate a su lado y permíteles el lujo de compartir contigo un trocito de tu vida.

Gracias mi héroe anónimo por devolverme mis alas y mis ganas de volar.

 

 

 

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Echo de menos.

echo de menosLlevo tiempo barajando la posibilidad de echarte de menos pero lo cierto es que cuando te pienso, sigo sin hacerlo.

No es a ti a quien echo de menos. No echo de menos tu olor, tu curtida mirada y mucho menos tu presencia. No echo de menos tu compañía, tus besos o tu espalda.

No echo de menos tu nombre, tu belleza traviesa ni las imperfecciones que te hacían terriblemente sexy. Terriblemente perfecto.

No echo de menos la uve prohibida, tu adorable voz y la forma en la que me hacías el amor.

No, no es eso.

No se puede echar de menos lo te quebrantó el alma. 

Cuando terminas una relación sentimental, sea del tipo que sea, echar de menos y vivir en el recuerdo es algo que a muchas personas les imposibilita la capacidad de seguir hacia delante. Deciden vivir en un estado perenne, donde el frío viento del invierno adormece el débil latir de sus corazones. Y quizás no se hayan dado cuenta de que…

Cuando una relación sentimental termina lo que sueles echar de menos no es a la persona en sí, sino todo lo que ella te hacía sentir.

En mi caso es así y yo sí que te echo de menos.

echo de menosEcho de menos todos esos sentimientos que me hacían volar hiciese el tiempo que hiciese. Echo de menos esas mariposas en el estómago, la magia de las primeras veces y las cosquillitas que desnudaban mi fragilidad desde el dedo meñique hasta la punta de mi nariz.

Echo de menos el mí contigo y lo que le contábamos entre risas a la luna. Echo de menos la melodía conjuntiva de los verbos que inventamos y tus mensajes de buenos días a las seis de la mañana.

Echo de menos el qué me pongo, la torpeza de mis pasos y las ganas de volver a verte. Echo de menos reírme a carcajadas, mi cara de idiota al pensarte las veinticuatro horas del día y el titubeo de mis pestañas cada vez que rozabas mi cintura.

Echo de menos dibujar corazones en las nubes, tus sobrecogedores detalles y contar estrellas. Echo de menos sentir el placer de dormirme entre unos brazos que hacían que todo mi mundo se parase. Echo de menos llegar a casa y respirar lo que viene siendo el olor de un hogar.

Echo de menos las canciones en el coche, los cientos de planes que no cabían en nuestras agendas, el vino que acompañaba a nuestras ricas recetas y los mensajes escritos en el espejo. Echo de menos los sueños que engrandecían mis labios y la ternura con la que mis párpados le daban las buenas noches a mis pupilas. Echo de menos los ojos con los que miraba al mundo y lo feliz que era bajo la ducha.

Echo de menos despertar pensando en ti y el querer con prisas seguir con el beso que en el alba dejamos para después. Echo de menos el olor a canela, el querer toda una vida a tu lado y el sentirte el hombre de mi vida.

Echo de menos decir te quiero y echo de menos echar de menos.

Echo de menos amar. Porque lo cierto es que desde que te fuiste me siento incapaz de volver a hacerlo.De volver a sentir que amo a otra persona que no sea el recuerdo de lo que un día fue y nunca más será.

Yo no sé vivir (ni quiero) de otra forma. Yo no sé vivir la vida sin amar. Y aunque el verdadero amor empieza en uno mismo, cuando ya te amas, cuando te conoces, cuando te aceptas y te das la mano cada mañana, entonces ahí decides amar o no a otra persona. No es ninguna obligación ni doctrina ¡no! Es una forma de vivir. Una forma de sentir que excluye miedos y verdades que bailan en acordes infinitos. Y al menos la banda sonora de mi vida siempre estuvo acompasada de amores. Amores que hicieron de mí quien soy. Amores que dibujaron “Do-Re-Mi-Fa-Sol” en mi espalda; amores que pintaron mis lunares, derramaron mil lágrimas y hacían de mis días bonitas sonrisas. Amores que me hicieron inmensamente feliz y otras veces no tanto. Amores que durante todos estos años me han acompasado, me han hecho mayor, me han besado hasta el alma y amores como el tuyo donde la música…dejó de sonar para siempre.

Y aquí estoy, con mi taza de leche de soja escribiéndote lo mucho que te echo de menos. Lo mucho que te añoro amor.

Te echo de menos.

Y espero que algún día vuelvas a remover el cielo y la tierra de cada célula de mi alma.

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Era yo.

era yo Era yo la que te comía a besos, la que apoyaba tus sueños y la que fingía que todo estaba bien.

No te equivoques, no. Ahora no vengas a disfrazar verdades, a disimular tropiezos y a querer que todo mi mundo aplauda tus andares.

No. No te equivoques, que yo nunca quise hacer guerra de mis miserias ni apología conjuntiva de lo que me susurrabas al oído mientras tomábamos té.

Que ya bastante sola me has dejado, con toda la ropa tendida, el alma patas arriba y un mapa que desdibuja un norte que siempre quiso ser sur.

¿Lo recuerdas?

Era yo la que en un descuido tropezó de frente con tu espalda, en una minúscula terminal de una isla por nombre bonita.

Era yo la que contaba tus pestañas, la que se enamoró de tus infinitos detalles y la que jugaba al dominó sin saber que era al escondite.

Era yo la que te hacía el amor como ninguna, la que creyó en tus palabras y lo siguió haciendo en tus verbos rotos.

Era yo la que caminó descalza sobre el paraíso más inmenso que jamás había respirado y la que resbaló sobre un precipicio donde nadie me esperaba.

Era yo la que creía en ti por encima de mí, olvidando mi deseo en vano de esas manos que hacían conmigo lo que querían. Las tuyas.

Era yo la que soñaba tu regreso cuando te perdías. La que te daba la mano cuando nadie más lo hacía. La que te defendía, la que volvía a levantarse a pesar de las heridas. La que te amó incondicionalmente en ese cielo lleno de estrellas y mariposas.

¡Era yo joder! ¡Era yo! Para que ahora vengas y vengan a decirme lo contrario.

era yo

No. No te equivoques, que mi única arma de defensa es mi mirada curtida hecha certeza. Y si tanto me quisiste, si tanto me amaste, si tanto de verdad había en eso de que llegué a ser la mujer de tu vida, ahora no me vengas con la excusa definida de que al arrepentimiento se le escapó el taxi aquella mañana de diciembre.

Era yo la que acomodaba tu silla, la que se dormía entre tu pecho y la que agradecía cada lunar que besaba los míos.

Era yo tu piel, tu dedo índice y las cosquillitas que te daban los buenos días.

Era yo la que se despojó de todo lo vivido, la que sin saberlo, caminaba sobre un fino cuchillo de acero y la marioneta de tu destino.

Era yo, aquella soñadora sin nombre,

aquel corazón rebelde que creyó encontrar en ti el amor de su vida.

Era yo la que daba luz a unas esmeraldas ya caducas y a unas candelillas que quizás nunca llegaron a volar.

Era yo tu deseo, tu promesa y tus letras.

Era yo la musa de tus sueños, la razón de tu regreso y todos los proyectos que fueron arquitectos de un plano lleno de garabatos.

Era yo la que quiso quererte el resto de su vida y a la que obligaste sin ensayo, a deshacerse de todo lo que un día fue.

Era yo tu clave de sol, los acordes infinitos de aquella partitura y la sonrisa traviesa de la primera vez.

Era yo la que te levantaba del suelo, la que secaba tus lágrimas y la que intentaba entender la locura infinita de tus pupilas. Aún cuando me decías cosas horribles, estuve a tu lado.

Para que ahora vengas y vengan a decirme lo contrario.

Era yo la de aquella historia.

era yo

Era yo la mariposa y tú la estrella.

Era yo la chica de ayer, la desordenada y precipitada.

La que creyó en ti por encima del cielo y de la que hoy hablas con el corazón hecho trizas, la voz rota y el alma invisible.

Porque los dos sabemos cuánto me echas de menos y cuánta razón me dará el tiempo.

Era yo…

y siempre seré.

 

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En horror a la verdad.

en horror a la verdadEn horror a la verdad te digo ya sin miedo que no te quiero en mi vida.

Que mis intentos torpes por encontrarte se convirtieron en una melancolía que abrazó mis noches más lunas de la cuenta. Y que sin quererlo desperté en un océano sin olas, en un océano sin viento que pudiese llevarme de nuevo a mi tierra impávida.

En horror a la verdad te digo ya sin miedo, que olvidaste llevarte el saco roto de la decepción. Tú, que jugabas a ser príncipe, a ser pluscuamperfecto y amigo, y resultó que mis ganas de que fuera cierto taparon el olor a vino caduco que impregnaban tus pestañas.

¡Qué no! ¡Qué ya no te quiero! Ni siquiera te quiero para recordarte.

En horror a la verdad te digo que cuán mezquina puede ser la gente. Qué de habladurías inundan la conciencia de quién débil, se muestra aprendiz de un maestro sin título. El viento sopla, las nubes se levantan y mi alma se rebela ante la demasía de esos, tus andares, llenos de hipocresía.

En horror a la verdad te digo que ya está bien. Que quién más predica, que quién más exige y quién más presume resulta ser el que menos ejemplo da con eso a lo que él llama lealtad. Date la vuelta y ya verás.

¡Qué no! ¡Qué yo ya no te quiero! Ni siquiera para guardarte en el cajón del olvido.

En horror a la verdad dibujo siluetas de papel sobre mi almohada. Mimetizo de puntillas un dolor que me hizo tremendamente fuerte y tremendamente estúpida. Estúpida por creer que tú eras tú y por creer que yo…no era no. Me despeino sin prisas y recorro suavemente el sonido a despedida que aún sigue latiendo en el portal de la calle que nos presentó.

En horror a la verdad descubro a personas que se aprovechan de la buena voluntad de la gente con alma, de la gente con corazón y no se llegan a creer que realmente tú eres así. Mellan tu confianza, tus ganas de vivir y se juntan en #chupipandis haciendo complot barato de verdades inventadas. Y de un falserío supremo que cuando el tiempo hable no quedará ni chupi ni pandi a la que aplaudir.

En horror a la verdad te digo que ya vivo sin miedo. Que ya SOY SIN MIEDO. Me despojé de esa inmerecida culpa y a partir de ahora solo regalaré mi tiempo a personas que realmente se lo merezcan. Se acabó la falsa modestia, los putos cumplidos, las amistades de plastilina y esas aburridas citas a las que tanto odio ir. Se acabó el “sí ya quedamos un día” cuando ni siquiera tengo ganas de verte. Se acabó el pensar en ti antes que en mí y se acabaron las lágrimas que tantas veces me dejaste cuando yo lo único que quería era tu abrazo.

En horror a la verdad digo que cada vez me siento menos de este mundo y más de uno que guardo escondido solo para mí y unos pocos. Que no me gusta cómo nos tratamos los unos a los otros, que no me gusta la gente falsa, la gente de postín, la gente ponzoñosa, los malditos #todolohago de cara a la galería y el amor de carretera.

No me gustas tú.

Ni tú tampoco.

Y desde hoy dejas de ser parte mi vida.

En HONOR a la verdad te digo que me visto de gente auténtica, de personas que suman en alegrías y hacen volar las penas. En HONOR a la verdad sigo mi camino sobre mis pasos firmes y sobre una determinación que a veces hiciste tambalear cuando me obligaste a ser la duda y yo quería ser certeza. En HONOR a la verdad hoy respiro sin dolor, dejando en ninguna parte tu amistad de mierda, tus gritos, tus continuas faltas de respeto, tu constante afán por encontrarme el fallo y tu amanerada sombra que jugó sin éxito a ser luz.

En HONOR a la verdad defenderé un mundo justo, haré de mi paso por esta vida algo que realmente merezca la pena. Y seré fiel a la única persona a la que siempre debí serlo: A MÍ MISMA.

En horror a la verdad hoy…te doy una patada en el culo.

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