El gato que se convirtió en tigre.

el gato que se convirtió en tigreDicen que la curiosidad mató al gato. Yo le añadiría “y resucitó en tigre”.

La curiosidad mata. ¿De veras? Mata la duda, la incertidumbre, el hecho de no saber qué ocurre. Mata la espera, las medias tintas, las excusas y ese whastApp que nunca llega y dijiste que enviarías. Mata los te quieros de hoy y los te olvido de mañana. El aquí te pillo aquí te mato (pero literal) y luego búscate la vida bonita, bonito. Matan las promesas manías que de tanto repetirlas perdieron su dueño. Mata que me adores en mi cara y me critiques a mis espaldas. Matan las amistades de plastilina, la mano que te levantó del suelo y al final resultó ser un pie y los abrazos que nunca llegaron.

¡Yo quiero abrazos que me llenen de agujetas!

La curiosidad surge como un instinto de supervivencia que antecede a un pretexto indefinido que lo único que quiere es ser resuelto. Y es que no somos más que supervivientes en busca de respuestas.

¿Quiénes son las personas más curiosas de este planeta? ¡Los niños! Nacemos con esta cualidad intrínseca en cada poro de nuestra célula. Pero como todo, nos la merman. Nos hacen creer que hacer preguntas no está bien. Y que tener curiosidad tampoco.

Gracias a la curiosidad de algunas personas a lo largo de la historia se descubrió el fuego, la electricidad, la Teoría de la Evolución, la penicilina y un sinfín de hallazgos que cuanto menos han hecho cosas extraordinarias por los demás.

Imagínate por un segundo lo que tu curiosidad puede llegar a hacer por ti.

Cuestiónate las cosas. No dejes que la convicción se apodere de ti a la primera de cambio y sé por una vez, la oveja negra del rebaño o el patito feo que se convirtió en un precioso cisne.

Todos tenemos derecho a saber la verdad. O al menos, yo soy de esas personas que prefieren saberla aún doliéndome en los vértices más profundos de mi alma, que vivir engañada sobre una mentira o sobre una vida que no existe. Porque cuando sabes la verdad tú puedes elegir qué hacer. Eliges tu camino, tus pasos y la determinación que a partir de ese momento dibujarán tus actos. Nos hacen creer eso de que “ojos que no ven corazón que no siente” ¿De verdad lo crees así? ¿No sería mejor eso de, ojos que ven corazón que siente? Más real, más sincero. Honesto al fin y al cabo.

Ser cómplice de la verdad, aceptarla y ser consciente de muchas de las cosas que ocurren a nuestro alrededor supone pagar un alto precio. Muchos de nosotros vive mirando hacia otro lado, pasando por alto situaciones, malos gestos y unos bolsillos cargados de hipocresía con tal de no enfrentarse a la verdad. Ya que eso supondría muchos quebraderos de cabeza y aún muchos visten el pijama de la cobardía. Está muy bien que te engañes a ti mismo pero no me engañes a mí. La gente juega a su antojo con los sentimientos de los demás, sin importarle lo más mínimo su sentir, su querer, por no hablar de la apropiación indebida que hacen con el tiempo de los demás. Como si acaso sobrara, como si acaso se pudiera dar marcha atrás y volver a cumplir veinticinco años.

La curiosidad nos hace ávidos, inteligentes, expertos. Discrepo en eso de “entre menos sé más feliz soy”. Si lo que quieres es vivir inmerso en una ignorancia suprema entonces sí. ¿Quieres ser un ignorante toda tu vida? Muchos dirán “sí un ignorante feliz”. Déjame que te diga que la felicidad no reside en la ignorancia. La felicidad reside en tomar conciencia de todos los elementos que nos rodean, de todo eso que dijeron de nosotros, de vivir con los ojos abiertos y con la verdad sobre la mesa y aún así tener la capacidad de con todo, ser feliz. Con nuestras miserias, con nuestros tesoros, con todo lo que conforma cada latido de nuestro corazón. Así que un curioso siempre será más feliz que alguien que ni siquiera se plantea por qué las hojas de los árboles se caen en otoño.

Vivimos en una búsqueda continua de respuestas, surgiendo por qués que en ocasiones se nos atragantan en un millón de lágrimas. Pero el dolor pasa y te deja como recompensa un peldaño más de fortaleza.

el gato que se convirtió en tigre

Todos y cada uno de nosotros llevamos un tigre dentro. Un ser increíblemente fuerte, increíblemente capaz de hacer cualquier cosa que te propongas en la vida. Por muy dura que te parezca o por muy imposible que te griten las malas lenguas. Ese tigre no nace de la nada. A base de caídas, a base de equivocaciones, ese pequeño gato se va transformando. Se curte de experiencias y sus heridas serán las cicatrices de un mapa que dibuje en tu piel lo mucho que has vivido, lo mucho que has aprendido.

La curiosidad no mata a nadie.

Lo que mata es no tenerla.

Es la indiferencia. Ir por la vida sin ir. Ir por la vida sin preocuparse por nada ni por nadie. Es ir por la vida creyendo que el amor no existe y es vaciarte de ganas y de un querer que es posible a cualquier escala.

Aprendamos a caminar sobre unos pasos decorosos y vivamos la vida sin más pretensión que llegar a ser ese tigre que todos llevamos dentro. Aprendamos a que la curiosidad es sana, necesaria y que la búsqueda de tu verdad tendrá una grandísima recompensa al final del camino. Que no será otra que vivir la vida que te mereces. Con sus más y con sus menos, con fisuras o con alguna que otra piedra que bordear. Pero al menos tomarás la decisión correcta cuando lo asertivo se convierte en la mejor compañía de esas dudas que desaparecieron por siempre.

Así que yo dejo que… la curiosidad me mate y me convierta en tigre.

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Que me da la vida.

que me de la vidaSi pudiese hacer un pacto con alguien sería sin duda alguna, con el tiempo. Le pediría que a veces fuese un poco más paciente y que de vez en cuando me rozara las mejillas para recordarme que llevo mucho tiempo dormida.

Le pediría en un noble pretexto que diese marcha atrás, por aquello que no pude decir a tiempo o por esos momentos que tanto saboreé y hoy no existen. No imaginas lo mucho que te echo de menos.

Aprovecharía para tomar otros caminos o para bailar más en aquella fiesta donde me senté porque me dolían los pies. Hubiese acudido a todos esos cumpleaños a los que no pude y hubiese celebrado con más alegría los míos. Hubiese pasado más tiempo con ellos y posiblemente hubiese cuidado mejor a mis amigos. Le pediría también que fuese un poco más justo y que no arrastrara en vano tantos sueños que sin querer, forman parte de un recuerdo que sopla fuerte sobre las nubes.

Le pediría al tiempo…

Que me de la vida para encontrarte, para sentir que todo esto valió la pena y que las heridas que hoy mitigan abiertas no serán más que cicatrices a las que besar.

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Le pediría al tiempo…

Que me de la vida para hacer todo lo que quiero y llegar a ser esa persona construida en cientos de te quieros. Que me de la vida para pasar todo el tiempo del mundo a tu lado, abrazar a mi padre y a mi madre sin que sientan que me he olvidado de ellos o que ya, no son tan importante en mis días. Que me de la vida para hacerles saber a todos los que quiero lo importante que son para mí, aún no teniendo mucho tiempo para encuentros y citas de esas que tanto nos llena el alma. Que me de la vida para hacer y decir todo lo que siento y para seguir luchando por lo que creo.

Espero tiempo, y esto te va muy en serio, que me de la vida para nunca vaciarme de ganas y para poder hacer de mis pasos, pasos llenos de esperanza que puedan ayudar a muchas personas, a ese árbol que hoy viste desnudo y a esa criatura que no entiende cómo el matadero es la única opción de vida. Ojalá pueda en un futuro (o ya) ser libre de cualquier sufrimiento.

Le pediría al tiempo…

Que me de la vida para escribir un libro, para seguir amando y para poder contarme nuevas arrugas. Y que cuando el sentir añejo cale mis huesos, el reflejo que me devuelva el espejo sea el de una vieja chocha: llena de arrugas, llena de sonrisas. Llena de una vida que siempre quiso vivir.

Que me de la vida para aún viéndote con ella, sienta que a quién verdaderamente quieres es a mí. Y quién sabe si el tiempo nos vuelve a dar la oportunidad de una coincidencia no tardía.

Que me de la vida para poder ver crecer a los más pequeños de mi familia y para saborear esos abrazos abuelos que me pegan los trocitos de mi corazón partío.

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Que me de la vida para discutir menos, para no gruñir por estupideces y para darle la importancia justa a las cosas: NINGUNA.

Le pediría al tiempo…

Que me de la vida para que nunca olvide el valor que tiene un amanecer y para guiñarle un ojo a la luna cada vez que me duermo sobre su almohada. Que me de la vida para que nunca me rinda y para que nunca olvide lo importante que es vivir tus sueños y no, en los de los demás. Que me de la vida para seguir saboreando el rico sabor a café y para cantar, aún haciéndolo fatal, mis canciones favoritas en el coche mientras vuelvo a casa. Que me de la vida para divertirme, para bailar y partirme los tacones y para soltar despreocupada al viento una melena que cada vez cepillo menos. Que me da la vida para recorrer el mundo, para subir cientos de montañas y para creer que yo puedo. Que me de la vida para hacerme menos fotos y para disfrutar más del momento presente.

Que me de la vida para que nunca olvide la importancia de dar las GRACIAS y de hacer y decir a tiempo, todo lo que sientes.

Que me de la vida para no mortificarme por aquellos y aquellas que me lastiman y juzgan. La compasión es la carta despedida que encontrarán en sus buzones.

Que me de la vida para entender que aunque no siempre sea lo que yo quiera, hay otras formas de amor que también pueden ser igual de válidas. 

Que me de la vida al fin y al cabo para vivir, para reír, para hacer el amor sin reprimirme ni un solo te quiero. Ya es cosa tuya si quieres salir corriendo.

Que me de la vida para encontrarte y si ya lo he hecho, que me de la vida para volver a dormir sobre tu pecho. Aunque sea…en nuestro pequeño paraíso.

Le pediría al tiempo que perdonara mis torpezas, mis errores y mi no saber ser. Le pediría que me recordara quién soy cuando lo olvido y que me diese una bofetada de vez en cuando para valorar todo eso que voy olvidando por el camino. Le pediría que fuese mi mejor amigo y le invitaría a dormir conmigo.

Le pediría que me de la vida para que el día que mi corazón deje de respirar, no quede ningún ápice de arrepentimiento en la historia que escribieron mis decisiones.

Tiempo, ¿trato hecho?….

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Aceitunas.

aceitunas

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Sobrevivo y vivo.

sobrevivo y vivoAquí nadie vive.

Todos sobrevivimos a nuestra propia vida.

Para lo bueno y para lo malo somos víctimas de nuestras decisiones y por no elegir no elegimos ni nuestro nombre. Hacemos peripecias para sobrevivir a lo que un día dijimos y hoy nos da la espalda en un indecoros no. Y en ocasiones en un no sé que divide nuestra paciencia en una incertidumbre que nos convierte en marionetas sin verbo.

Nos dicen que vivamos. Que luchemos por nuestros sueños y que lo mejor está por llegar. ¿Y si no es así? ¿Y si lo mejor llegó y no supimos verlo? ¿Y si ese lo mejor fuiste tú? ¿Y si ese lo mejor fui yo para ti? ¿Por qué aquí no hay espacio para el error? ¿Por qué nos hacen creer que existe un Dios divino llamado destino que pone a cada uno en su sitio? A lo mejor es todo mentira. Como mentira es cuando me decías que me ibas a querer toda la vida.

Aquí nadie vive.

Sobrevivimos en intentos torpes una vida que en muchas ocasiones detestamos.

Nos frustran, nos aturden, nos someten a una perfección que si no la rozas tienes muchas papeletas para que la depresión, se convierta en tu mejor amiga. ¿Y que hay de lo que tú quieres? ¿Qué hay de eso por lo que nadie aplaude, ni de lo que nadie habla? No siempre lo bonito es lo mejor. A veces en el dolor más extenuante está la clave. Esa respuesta que sin descanso buscamos y si no la encontramos la inventamos. A veces hace tanto ruido que retumba en eco dentro de nuestra alma. Dentro de nuestra alma. Dentro de nuestra alma…(Ya sabes, lo del eco).

Y así nos va. Así decimos que vivimos cuando aquí nadie vive. Ni siquiera tú, que crees tener el control de todo y de todos.

La vida no es más que una supervivencia continua. Buscamos como locos soluciones aún sabiendo que lo que hacemos no es lo correcto. Nos importa más sobrevivir que vivir. ¡Qué estúpidos somos! Como aquello de: “Cada uno tiene la vida que quiere y merece”. Dile tú eso a un niño que se está muriendo de hambre, a ver si tienes cojones. O corazón.

Buscamos desesperados herramientas, trucos (casi propios de un mago) que nos ayuden o que nos convenzan de que esto nos tuvo que pasar porque todo, absolutamente todo, pasa por algo. Y nos consolamos egoístamente cuando escuchamos a alguien que ha pasado lo mismo que tú. O lo que es peor. Nos consolamos cuando sabemos que otra persona está peor que tú. Peor que yo.

sobrevivo y vivoSomos zombies que sobreviven en un mundo donde decir Te Quiero es casi delito. Somos muertos vivientes que sobreviven ante cientos de adversidades dejando pasar lo válido. Lo único que vale la pena. Eso que ni tú ni yo aún sabemos. Pero es ahí querido compañero de viaje donde reside la magia de las pequeñas cosas. Ese silencio que ensordece los sentidos más pequeños de quienes no quieren ver. O de quienes simplemente están tan ensimismados buscando el fallo del prójimo, que lo sujetan como exculpación de los huecos vacíos de su historia. De los huecos vacíos de sus sentidas y escondidas miserables vidas.

Y cuando la música deja de tocar, cuando aceptamos que nadie nos ve y cuando el reflejo del espejo es nuestra única compañía, nos armamos de valor. Dejamos que todas nuestras penas salgan danzando en forma de lágrimas a través de nuestras medrosas pestañas.  Les permitimos que acaricien nuestras mejillas y nos consolamos en un vago intento de encontrarnos.

Fingimos que todo va bien.

Y fingimos que no nos echamos de menos.

Exponemos una vida maravillosa y solo enseñamos nuestras mejores galas. Y nuestras mejores fotos. No nos permitimos el lujo de mostrar nuestras debilidades. No vaya a ser que eso haga más fuerte al de al lado. Y no podemos alegrarnos por el éxito de otra persona sin sentir esa punzada de desgracia en el estómago por no ser nosotros el protagonista de esta historia.

Queremos de manera hueca, usando promesas de Neruda en repetidas relaciones que hoy ya suenan manías. Señalamos al bueno y abrigamos al malo idolatrando un amor que casi roza lo enfermizo.

Los buenos no siempre ganan.

Eso es mentira.

Como mentira es que vivimos, cuando realmente lo que hacemos es un intento de supervivencia.

Refugiamos nuestro dolor en canciones de otros y murmuramos en voz bajita un lo siento que en la mayoría de los casos llega tarde. Tremendamente tarde. Habrá que pedirle un nuevo reloj a los Reyes Magos. O ya que estamos, al Ratoncito Pérez.

Somos el amor de la vida de tantas personas pero seguimos sin entender por qué la mayoría de las noches dormimos solos. Somos tercos, estúpidos que creen que esto va a ser eterno hasta que un día el cáncer toca a tu puerta. Entonces todos quieren. Entonces todos te muestran su cara más amable. Esa que siempre buscaste en todas las fiestas y nadie fue capaz de darte sin tres copas de más.

Si Cenicienta levantara la cabeza se le caería la corona de pena. Y de vergüenza. Y es que por mucho que lo intentes, ya no habrá forma de convencer al mundo, ni siquiera al tiempo, de que esto que tú llamas amor, es amor.

Somos auténticos supervivientes de una vida puta. Tremendamente puta. Y solo los más ávidos, lo más listos y los valientes sabrán hacer de su supervivencia una vida más o menos digna.

Mientras tanto sobrevivo y vivo. Llevando a cuestas un equipaje que cada vez pesa menos.

Y hacerlo sin ti resulta aún más difícil.

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El amor no duele.

el amor no dueleCamino por las calles donde me vieron nacer. Donde a golpe de suspiros me hicieron la persona que soy y divago en cientos de recuerdos sin nombre, sin verbo e impregnados de la magia única de tus besos. Y de todos aquellos y aquellas que ayer formaron parte de mi vida y hoy… lo hacen de mi historia.

Estamos en crisis. Ante la mayor crisis que ha existido jamás: CRISIS DE VALORES. ¿Qué nos pasa? ¿Qué coño nos pasa? La gente está triste, malhumorada, cansada.

La gente no cree en la gente.

La gente no cree en lo bueno, en lo bonito, en la magia de las primeras veces. La gente desconfía, juzga, critica, mata. La gente ya no cree en el amor porque piensan que el amor es una mierda. ¿Cuántas veces no habrás escuchado eso a un amigo, a una amiga, o incluso a alguien de tu propia familia? “Es que el amor es una mierda”. No perdona, lo que es una mierda es creer y aceptar que el amor es eso.

Porque el amor no duele.

Y no hablo del amor verdadero, del amor para toda la vida, del amor de cuento de hadas o del amor que cabalga sobre un salvaje tordo en búsqueda de su princesa. Hablo del amor. Del amor a secas. Del amor más simple y más erudito del mundo. Del único amor posible, ese que hace que la vida sea vida y que tú y yo formemos parte del mismo aire.

Duele.

Duele hasta en las cicatrices más añejas pero duele. Duele ver cómo de mal nos queremos hoy los unos a los otros. Duele ver cómo ya la gente no cede ni el paso y las malas formas se han convertido en el traje más vendido de Inditex. Duele ver cómo vivimos en un sistema que está podrido y que miles de corazones caminan tristes por unas calles que aún oliendo a cereza, no les dejan ver eso que tanto gritan. Esa necesidad impetuosa de darles la mano y volver a confiar. A veces con un simple buenos días basta.

el amor no duele

Porque luego pasa que cuando quieres, cuando haces las cosas de corazón, cuando intentas vivir y hacer de este mundo un lugar mejor, también habrá hienas dispuestas a tirar abajo todos tus credenciales. ¿Y entonces? Aquí no vale nada. Solo lo que te dicte tu corazón. Porque la gente recela, la gente no se cree que pueda venir alguien a tu vida a quererte con toda su alma, sin condición, sin importarle los dígitos de tu cuenta bancaria, sin pedir a cambio nada más que un amor sincero, honesto y despojado de mentiras. La gente espera de la gente que no espere pero realmente cuando no llega lo anhelado, la frustración se hace eco de todos esos sueños que descansan sobre almohadas. La gente no cree en la buena fe de las personas y cuando abrazas sin cláusulas algo malo tienes que tener. La gente confunde tu buen hacer con el bienquedismo y siempre habrá detractores y detractoras que intenten hacer de ti una rota marioneta.

La gente no es compañera. En los trabajos se pisan los unos a los otros y el juego de egos se convierte en el pretexto favorito enredados en cientos de corbatas. Y minifaldas.

La gente es egoísta y cuando alguien es generoso piensan que algún interés dañino habrá detrás. Sin duda alguna.

La gente es inmune al dolor ajeno. No es compasiva con los animales, con la pobreza ni con el llanto y soledad de ese pobre vagabundo que duerme en aquella parada de autobús.

La gente te señala con el dedo, cuchichea y se ríe de tus desgracias haciendo de tus miserias una fiesta. Lo mejor que puedes hacer es pagarles la cuenta. Ya la vida se encargará de darte la propina.

Y es que cuando decides armarte de valor,cuando decides no seguir siendo parte de esta mierda,cuando crees que el amor no duele y te despojas de todo eso que sí…entonces…es cuando la vida, tu vida, se empieza a llenar de personas y momentos maravillosos.

De un hábito saludable, de una simpleza tan grandiosa que dudas por un momento si esto puede ser verdad. Y es que es tan jodidamente fácil. Pero fácil, fácil, fácil. Solo tienes que CREER y cuando lo hagas, y aunque no seas el salvador ni la salvadora del mundo, empiezas a crear un mundo mejor desde dentro. Desde ti mismo. Desde ti misma. Empiezas a ser más solidario y solidaria con la gente que tienes a tu alrededor, con los animales, con la vida, con el aire que respiras.

Pero te advierto:

Será un camino lleno de espinas. Espinas que atragantan a toda esa gente que no se cree que tú puedas llegar a amar la vida así. Gente llena de ira, de envidia, de arrugas inconexas impropias de su edad pero es que el veneno mata. Y ellos y ellas están impregnados de eso. Gente a la que sin razón ninguna tendrás que darles una y mil explicaciones. Justificarte en todo momento. Pero no. ¡Deja de hacerlo! Créeme que es un desgaste infinito que no te llevará a ninguna parte.

el amor no dueleEntonces mientras tú tengas claro quién eres, mientras tus pasos descansen firmes sobre acciones honestas, buenas y sinceras, entonces…qué digan lo que quieran, que critiquen lo que sus conciencias alarguen y que se unan, que bailen, que griten, que festejen a tu costa. Porque créeme cuando te digo que cuando la música para, las luces se apagan y cuando baja el telón, una parte de todos y todas ellas anhelan parecerse un poquito a ti.

El amor no duele.

Lo que duele es eres tú .

El amor es la VIDA.

Y esta es la vida que yo quiero, que yo amo y que yo abrazo.

¿Cuál es la tuya?

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Otoño.

otoñoEres el equinoccio de mis días y mi estación favorita del año.

Aunque pueda parecer que es ahora cuando marchito, cuando se me caen las hojas ya caducas y el fuerte viento se las lleva lejos, es cuando sin embargo me siento más yo.

Me siento más fuerte. Me siento con más ganas de seguir siendo sin miedo y me siento más cómoda en una desnudez carente de maquillaje, de falsa modestia, de sitios a los que ya no voy , de no querer cumplir más cumplidos y de una agenda que poco asfixia ya mis días. Me despojé de ese afán de querer contentar siempre a los demás y volví a encontrar en mi respiración la mejor de las compañías.

Ahora solo escucho silencio.

Y lleno de paz cada centímetro de mi cuerpo.

La literatura abraza al otoño en un contexto de madurez. El verde de mis pupilas da espacio a un ocre más experto. Mudo de piel pero no de alma y sigo firme sobre unos pasos que conciernen en esencia sorda lo que para ti, una vez fue magia.

Mis raíces se enredan en tu cintura y teniéndote muy cerca te confieso que Te Quiero. Me nutro de lo bueno, bailo cuando nadie me ve y sonrío al sol por haber hecho las paces con la luna. Suscribo la fina línea que mimetiza mi deseo de ser yo la que cuente arrugas a tu lado.

Me alzo sobre un tronco, que aunque herido, es la herencia de mis recuerdos. En él hay pintadas de todo tipo, corazones tatuados y sílabas que solo los protagonistas de aquellas historias lejanas estrujan su sentido. Un tronco que sirve de apoyo para muchas espaldas y un tronco que descansa sobre la tranquilidad de un mar, que aprendió a jugar con las olas sin ahogarse. 

Invierto mis sentidos y me despojo de esas hojas secas que ya poca buena compañía me hacen. Ni siquiera en mis pensamientos. Me concedo la oportunidad de hacer de mis sueños algo más que proyectos futuros. Pongo freno a mis miedos y el otoño me da el vigor para aprender de ellos y ser más fuerte. El viento me cuenta en silencio lo que sí, lo que no y lo que quizás. Desdibujo en mil pedazos todo lo que ayer me hundió mis ganas y me siento agradecida porque hoy puedo decir que ese aire me hizo inmensamente aprendiz.

El otoño huele a nuevas oportunidades y a un sinfín de pretextos que si tú quieres, pueden ser hechos convertidos.

Desnúdate de lo malo y deja espacio para nuevas hojas.

Más bonitas, más certeras, más de ti.

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Se supieron ellos.

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Floricienta en el Hotel Barceló Teguise Beach.

Hay historias que te marcan de por vida y hay otras, que se olvidan.

Historias que desgranan cicatrices, que mimetizan miradas y que escuchan el suave sonido de un silencio que pide a gritos un abrazo. Historias de sonrisa, de lágrimas curtidas y de cicatrices que con permiso del tiempo, definen la sensatez de quién una vez amó por primera vez. Y por segunda.

Hay historias que delimitan nuestro futuro. Historias ancladas en el muelle de San Blas e historias que bailan a modo de compás una canción sin letra. Sin nombre. Sin dueño. Hay historias de verbos rotos que descuelgan costurones, historias de carretera sin mapa e historias que unen los puntos inconexos de tu espalda.

Hay historias de verdad.

Historias de mentira.

Historias al fin y al cabo.

Hay historias confidentes que se enredan en pasos firmes, en pasos torpes, en pasos sedientos de libertad. Historias que nunca terminan e historias que jamás llegaron a comenzar. Hay historias que susurran en eco todo lo que jamás nos atrevimos a decir. Y hay otras que sin esperarlo, sacuden la alfombra de nuestro salón dejando una casa vestida de cuadros de los que nunca sabremos el nombre de su autor.

se supieron ellosPero de entre todas las historias siempre hay una, una, que no se olvida. Historias de hoteles repletas de habitaciones donde las paredes son testigos de una infinidad de besos: besos rotos, besos robados, besos amantes y besos compartidos. Besos divididos, besos olvidados, besos anhelados y besos certeros.

La historia que se dibujó por siempre en el plano de nuestros cuerpos castigados, temerosos y sedientos.

La historia de aquel hotel que descansaba en Teguise. Con la magia propia de la Isla del fuego y donde por aquel entonces, Lanzarote representó el reinado más bonito del mundo.

La habitación 1012 del Hotel Barceló Teguise Beach definió por siempre la que sería la historia de sus vidas. Y es que en aquella habitación…

Nos besamos las miseras,

ahuyentamos nuestros miedos,

y se supieron ellos.

Un hotel mágico, vanguardista y a la altura de dos amantes que dejaban volar su imaginación sin límites. Allí no existía la prisa, la duda o el desasosiego. Solo la simplicidad de dos expertos cupidos temerosos que demostraban su desnudez, cuando la luna reinaba en lo alto de aquel cielo lleno de esmeraldas. Perdieron la cuenta de todos los besos que se regalaron en aquella piscina sinfín. Un mar en calma que abrazaba sin presteza el suave olor de la arena. Un servicio exquisito digno de las mejores estrellas del mundo. La amabilidad nos saludaba desde cada rincón y al fin nuestras almas se encontraron, se reconocieron y se quedaron a vivir por siempre en aquella preciosa historia de un hotel, que sin saberlo, cambió la vida de dos personas (y de muchas) para siempre.

Y así, sin más historia que un sentir honesto, y sin más historia que una sagacidad perpleja, construyeron un pasado impreciso, un futuro malabarista y un presente despreocupado. Donde la única razón por la que esa historia tenía que escribirse es porque ya, en otra vida, se escribió.

Y así son las historias…

Hay algunas que te marcan de por vida y hay otras,  que se olvidan.

se supieron ellos

 

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