Amigos de Floricienta.

amigos de floricientaHay mucho talento ahí fuera.Muchísimo. Personas extraordinarias, anónimos que con sus palabras,con su arte y sus ideas, pueden cambiar el mundo. Personas que merecen ser conocidas y que desde aquí, quiero abrirles una pequeña ventana.

Propongo este espacio “Amigos de Floricienta” para compartir todos esos blogs amigos que quieran mostrar algunos de sus escritos. Son muchos los que me lo han pedido y ahora que por fin, inauguro este espacio, invito a todo aquel que quiera a que me escriba (irina.creativa@gmail.com) y encantada de compartir un trocito de vuestro mundo. Iré en definitiva, compartiendo todo el talento que pueda llegar a conocer, personas que aporten a Floricienta su granito de arena o experiencias que merecen ser compartidas para que otros la disfruten.

Gracias y bienvenidos amigos :)

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Con la comida no se juega.

con la comida no se juega

Hoy quiero escribir diferente, sin poesía, sin metáforas. Hoy quiero hacer una crítica en toda regla sobre algo que me preocupa. Me preocupa mucho.

Anoche viendo la tele, (por suerte no suelo hacerlo mucho) vi el programa Top Chef emitido en Antena 3 y encabezado por el gran Alberto Chicote. Más allá de respetar profundamente la profesión de un “chef” y todo lo que ese mundo engloba, no pude evitar pensar en una cosa. ¿Cómo es posible que en este país (España por si a alguien se la ha olvidado) hayan niños que solo tienen la posibilidad de comer una vez al día y paralelamente se emita un programa de televisión, donde aparte de invertir una millonada, cuestionan la calidad de los platos basándose en AUTÉNTICAS GILIPOLLECES? Críticas como “este foie de pato no es lo suficientemente cool” “las verduras podrían estar más cocidas” “le falta textura a la crema” “este plato es una mierda” ¿ESTE PLATO ES UNA MIERDA? ¿Te digo yo lo que es una mierda de verdad?

Lo que es una mierda de verdad es que, mientras muchos niños españoles no tienen ni un bocadillo para echarse a la boca, tú me estés dando a mí lecciones de cocina y despreciando platos de esa forma. Que un niño y muchos españoles, darían la vida por tener la mitad de un plato de esos que tú criticas tanto. Me horroriza ver a esos comensales de jurado que parecen salidos del más refinado convento de los buenos modales, y para lo único que abren la boca es para decir estupideces acerca de sus patéticos gustos culinarios. Que esa gente, posiblemente, no tienen nietos, sobrinos ni hijos que pasan hambre. Que esa gente expone sin piedad ninguna ante millones de españoles “no me gusta, le falta cocción y esta salsa no es adecuada para el contraste de sabores que has querido darle” ¿Qué no te gusta? Como se nota que tú no has pasado hambre. Y ojo, yo por suerte tampoco. Pero eso no me hace indiferente. Eso no me hace mirar para un lado y hacer como si nada. Eso no evita que me sienta desgraciada y engañada, viendo como mis impuestos se disfrazan de ego, y de un estúpido baile lleno de marionetas de cartón.

¿Por qué no invierten todo ese dinero en comida para todos esos niños españoles que no tienen qué comer? 

¡Cocineros de España! ¡Por favor! Usen vuestra creatividad, vuestro amor por la cocina, por la comida para ayudar a los demás. Nos necesitamos más que nunca. Las personas necesitan de personas. La individualidad nos hace débiles y la unión nos haría fuertes. Es momento de transición, es momento de invertir en lo verdaderamente importante. Ya no valen las excusas, ya no vales los “para luegos” y ya no vale mirar a un lado. ¡A mi ya no me vale! Aportemos cada uno nuestro granito de arena. Comamos menos de lo que comemos y demos al de al lado la mitad de nuestra ración. Muchos de nuestros cuerpos nos lo agradecerá. De verdad, no es tan difícil. No pueden reírse de nosotros de esta forma. No pueden hacernos creer que eso es lo justo, lo real, lo auténtico. No podemos irnos a la cama pensando que eso está bien y no se nos puede hacer la boca agua con esos maravillosos platos que preparan, habiendo gente que lo único que tiene para echarse a la boca es la imaginación y la esperanza de que algún día, su nevera estará llena.

Habrán opiniones para todo. Habrá quién me hable de otros temas también importantes, habrá quién de esto haga demagogia y habrá quién simplemente le de igual que gente y niños a su alrededor, pasen hambre. Porque siempre nos vendieron a la pobre África que lamentablemente aún vive anclada en la miseria. Pero de lo que nunca nos hablaron ni imaginamos es que, España también es África. Y de que en España también hay niños que no tienen que comer.

¡Recoge tus cuchillos y vete! Vete a otra parte y usa el don que te dieron de la cocina para dibujar sonrisas en los platos de todos esos niños, que posiblemente nunca podrán comer esos manjares que tú hoy cocinas para otros.

Ya otro día te hablo de Gran Hermano.

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Entrevista a Floricienta.

Siempre digo que lo mejor que tiene este pequeño rincón no son mis textos, sino las personas. Personas maravillosas que han entrado en mi vida sin esperarlo y que me ayudan a seguir creyendo en este proyecto, que como saben, comenzó sin más ánimo que hacer una de las cosas que más me apasionan. Escribir.

Una de esas personas maravillosas que me regaló Floricienta ha sido Alexis González de “¡Qué te parece!”  Una persona con mucha luz, con mucho ángel. Una persona mágica que me dio la oportunidad de concederme una entrevista, y aunque reconozco que me ha costado publicarlo porque ME MUERO DE VERGÜENZA creo que lo más justo es compartirlo con todos vosotros. Un pequeño guiño para todos esos fieles seguidores, para todas esas personas que se suman día a día y hacen de este rinconcito, un lugar mágico. Créanme cuando les digo que me siento enormemente agradecida por todo vuestro cariño y aunque a veces no pueda contestar a todos los mensajes, los leo con mucha ilusión y respeto.

Gracias de corazón y gracias Alexis por haber aparecido en mi vida y ser hoy por hoy, un gran amigo.

Te quiere, tu Flori.

P.D: Perdonen mis nervios, lo mío no es hablar en cámara. Se me da mejor escribir jeje. Espero que les guste.

Entrevista completa aquí.

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Septiembre.

septiembre

En un afán por encontrarme crucé los dedos.

Desdibujé mariposas de papel y le confesé tu nombre al viento.

Alcancé la suave línea de la cima y cuando estuve arriba, lloré.

Lloré como una niña.

 

Habité cientos de sábanas sin nombre,

y jugué al despiste con la luna.

Me até los cordones y caminé descalza hasta quedarme sin aliento.

 

Taché los lunes del calendario,

los hice viernes traviesos,

escuché el ruido del silencio,

y no vi nada. Lo vi todo.

 

Me criticaron,

me juzgaron.

Me volvieron a criticar,

y me volvieron a juzgar.

 

¿Y qué más da si ya es septiembre?

¿Y qué más da si los tigres de ahí fuera son de cartón?

 

Jugando con la destreza de tus miedos,

mitigué en desdén el humo de aquel cigarrillo.

Sonreí sin ganas al verano,

y alcé mis alas heridas al confín.

 

Volé hasta que el aire se hizo hielo.

 

Sus extenuantes caricias me partieron en dos.

Desperfilé mis pupilas en cuatro laberintos,

dimanando en salida la fragancia de su sombra.

 

Soplé las velas de una tarta llena de gratitud,

me disfracé de pausa,

de galantería,

y de avidez.

 

Escribí tres deseos en papiro y los tiré al mar.

Hoy las olas me cuentan que uno se cumplió,

otro baila indolente,

y el tercero navega hacia ti.

 

Corrí con mucha prisa llena de dolores.

Hasta que entendí que en la quietud,

es cuando más se avanza.

 

¿Y qué más da si ya es septiembre?

 

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Cuando me vaya.

Algún día dejaré de existir. Mi corazón se parará. Mi piel dará tregua a los latidos de mis pestañas y en un susurro, mi alma viajará a otra parte. A otra vida, a otro lugar. O simplemente todo habrá acabado. ¿Quién sabe? Cuando pase, solo espero una cosa. Volver a encontrarte.

Cuando me vaya…

Quédate con mi sonrisa, con lo feliz que fui cuando estuve a tu lado. También cuando me alejé. Quédate con el recuerdo de mis besos infinitos, con el contar de estrellas y con el secreto que te confesé. Perdona mis mentiras y mi impaciencia. Perdona mi cabezonería, mis preguntas, mis ansias y si alguna vez te hice daño. Perdona mis despistes, mis gritos y mis faltas de respeto. Perdóname todo lo que no pudiste perdonarme cuando estaba aquí. Yo también lo haré. Pero cuando me vaya.

Cuando me vaya, estoy segura de que te pareceré más bonita. A ti, a ustedes, arpías del demonio, dirán de mi que “no era tan mala persona”. Valorarán lo que tanto hice, lo que tanto les di aunque hoy les fastidie reconocerlo. Mi mejor decisión, fue hacerme amiga de la honestidad y desligarme para siempre de esas dulcineas que jugaban a ser princesas de mentira, de maquillaje y de hipocresía. Cuando me vaya, te darás cuenta de que ya tu ira no me hacía ni el más mínimo daño. Ni si quiera cuando te ponías (te pones) las cosas públicas para atacarme gratuitamente. Lo siento. No lo conseguiste. Solo al principio, cuando yo aún te quería.

Cuando me vaya, tú que me estás leyendo, tú que sin conocerme me has juzgado y me has colgado el cartel de algo que no soy. Tú, que aún conociéndome y habiendo compartido tanto conmigo, traicionaste mi confianza. Y solo sabes colgar una galería totalmente distorsionada de la realidad. A ti, a ti te digo GRACIAS. Porque parte de mi fortaleza, lleva tu nombre. Y no te equivoques, no cantes victoria. No te creas que hablo desde el rencor. Hablo de la liberación más placentera que conocí jamás. Ser fiel a mis sentidos, a mi intuición y a la valentía que tuve de mandarte a la mierda.

Cuando me vaya, te dejaré de herencia mis abrazos, mi mirada sincera y mis ganas de verte bien. Me podrás encontrar siempre que quieras entre estrellas y mariposas y en ese océano junto a él. Bailaré sin prisas con el vaivén de tu encuentro. Dibujaré tu nombre con mi sombra y grabaré en silencio el recuerdo de nuestro amor. Cuando me vaya, pensarás en mi como nunca. Sentirás el peso de mi ausencia y le pedirás a las nubes una última vez. Tendrás la suma de mis recuerdos en una resta infinita y cuando escuches mi nombre, yo estaré ahí, aunque no puedas verme. Di que nunca me conociste, que ni siquiera sabías el color de mis ojos. Descuelga el espejo dónde tanto te buscaba y hacías de la ignorancia un eco permanente, que dejó cicatrices en mis pupilas.Regala mi ropa,mis cosas,mi coche.No guardes nada que no puedas llevar en tus bolsillos. El resto sobra, créeme.

Cuando me vaya, echarás de menos mis manías. Mis platos te parecerán los más sabrosos del mundo y el olor de mi pelo la mejor fragancia. Querrás deshojar el calendario para volver a empezar. Para acompañarme a todos esos sitios donde me dejaste sola. Querrás pasar más tiempo conmigo, llevarme a ese lugar que me prometías en versos de plastilina y desearás haberme sacado más a bailar. Haberme regalado más flores. Al menos una. Cuando me vaya, desearás haberme cuidado como nunca lo hiciste.

Cuando me vaya, podré decir que tuve a los mejores padres del mundo. A la comprensión incondicional, bondad y generosidad hecha hombre y mujer. A una familia excepcional, a unos amigos increíbles y al mejor compañero de vida. Podré decir que tuve a los mejores maestros y que hice de mis experiencias mis aprendizajes. Podré decir que de lo único que me arrepiento es de no haberte dejado antes. Dejaré una huella de gratitud en cada uno de vuestros corazones y si a ti no te dejo nada, es porque una vez, dejaste de importarme. Haré una fiesta, bailaré tanto que me quedaré dormida y alzaré mis brazos de tal forma, que ningún centímetro podrá cortarme las alas. Podrá cortarme ya, el vuelo hecho libertad.

Cuando me vaya, quizás no lo haya hecho para siempre. Y viva en la memoria de muchos, como un pretexto que nació para ayudar.

Que nació para querer. Para hacerte feliz.

Sin más.

 

 

 

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Y tú, ¿quién te has creído?

Tree-of-Life52

The tree of life.

Siento vergüenza de ti. Y de ti. Y de ti también. Me avergüenza decir que soy humana. ¿Humana de qué? Si al paso que vamos deberíamos cambiarnos hasta el nombre. Deberíamos llamarnos los DESHUMANOS. Porque de humanos tenemos ya bien poco.

Nos creemos la raza superior. La raza inteligente. La más fuerte, la más poderosa. Y realmente somos la raza más estúpida. Somos el fallo, el error y la gran cruz de este planeta. Y es que los humanos somos débiles, increíblemente débiles. Necesitamos de ropa, de zapatos, de un sinfín de objetos absurdos para poder vivir. ¿Acaso has visto alguna vez a un mono vestido? Ah si. Yo también. En los circos. Olvidaba que en eso los humanos, también somos unos canallas. Hemos hecho de cada raza animal nuestra raza. A nuestro antojo hemos decidido que en España los toros han nacido para matarlos cruelmente en una plaza, mientras unos estúpidos humanos pagan por ello. Se emocionan (y no de pena) y llaman héroe a un señor de profesión torero y de corazón asesino. ¡Y a la mierda los taurinos! ¡Y a la mierda todos los que defienden un arte que no es más que una masacre de unos animales cuyo delito, fue nacer en un cuerpo de toro! No me van a convencer jamás de que eso,es arte. De que gracias a la tauromaquia se ha podido preservar una especie animal. Te contaría yo a ti lo que es arte de verdad.

La raza humana es débil, muy débil. Hemos creado mil enfermedades. No se crean que somos unos genios por haber descubierto la cura. ¿La cura de qué? ¿De algo que hemos creado nosotros mismos? Somos el peor virus que ha conocido la tierra y me entristece enormemente ver en lo que nos hemos convertido. En la falta de bondad, de humildad y de humanidad que existe. ¿Qué coño te pasa? ¿Quién te has creído que eres para venir aquí y robar a tu pueblo? ¿Quién te has creído que eres para maltratar a tu pareja? Usando la violencia como pretexto definido de una acción completamente injustificada. ¿Y tú? Me dais asco. ¡Si! ¡Asco! No puedo sentirme como tú, no puedo decir que yo también soy humana en este mundo que se muere. En este mundo que estamos destruyendo lentamente y que tú aún, te lo tomas a cachondeo. Piensas que no es tu problema y que por mucho que hagas no conseguirás salvarlo.

Yo tampoco.

Pero te aseguro que algo puedes hacer, algo puedes hacer para mejorarlo y si todos fuésemos un poco más humanos, que digo un poco…Si fuésemos humanos de verdad, este mundo sería mejor. No habrían guerras, ni armas, ni violencia. No existiría la corrupción, ni todo lo malo que me enferma. Y no soy una miss que defiende su candidatura en un estúpido concurso de belleza. Ya podrían preocuparse en elegir mejor, a la persona que salve a un país que se muere en la pobreza más absoluta. ¡Eso si que sería un héroe de verdad!

Necesitamos de móviles y de colchones. Somos tan estúpidos que hasta tenemos que tener un nombre, un color favorito y una marca que nos defina. ¿Tú ves que los animales necesiten de eso? Los verdaderos animales somos nosotros. Los que sacrificamos a las demás especies para poder vivir, alimentarnos. ¿Qué más da verdad? Si ellos “no sienten ni padecen”. Aquí el único que siente por lo visto eres tú. Y no precisamente sentimientos. Tú no sabes lo que es eso cuando miras hacia un lado sin importarte el sufrimiento ajeno. Tú no sabes lo que es eso cuando los judíos y palestinos se están matando y tú mientras, comes un buen plato de carne y bebes coca cola hasta reventarte. ¿Qué vas a saber tú del sufrimiento ajeno?

No lo soporto.

No soporto la inmunidad que se ha hecho eco de la mayoría de nosotros. No soporto la pasividad de todas esas personas que no hacen nada, absolutamente nada para cambiar el mundo y viven como auténticas marionetas en un sistema que nos hace estúpidos. Cobardes. Egoístas. En un sistema que nos obliga desde pequeños a estudiar las mismas cosas, a aprender de memoria una historia que ni hemos vivido, y una larga lista de ríos que olvidaremos al día siguiente del examen. Un sistema que nos hace ir a todos en la misma dirección, sin poder de elección ni criterio alguno. Porque por muy modernito que creas ser, no te pienses que tú, eliges y eres un ser libre. No soporto cuando alguien tortura a su perro, lo maltrata, o peor aún, lo hace con su propio hijo. No soporto el daño que se hacen las personas entre ellas. De cualquier forma. A modo de insulto o a modo de agresión física. No soporto las mentiras, los billetes con los que se limpian el culo todos esos ladrones llamados políticos y todas esas personas influyentes que nos controlan, que nos manejan. Que se ríen de nosotros. Porque lo hacen. ¡Y tú no haces nada! No soporto la irracionalidad de tus sentidos ni la poca cordura cuando hablas de amor. No soporto los mataderos, las auténticas mafias que se han creado para hacer de la piel de unos pobres animales, el calzado que hoy te pones o el sofá donde duermes la siesta. Ya podrías asfixiarte en tus ronquidos joder. No soporto todo lo que implique sufrimiento, abuso, injusticia.

Y es que la raza humana es débil. Increíblemente débil. Necesitamos de silicona, de absurdos tintes que nos cambian el color del pelo y de maquillaje. Necesitamos entrenar, ir al gimnasio y comer proteínas. Necesitamos de cafeína para mantenernos activos todo el día y dormir al menos, ocho horas. Necesitamos vacaciones, encontrarnos a nosotros mismos una y otra vez para sentirnos realizados.Necesitamos de relojes que nos marquen el tiempo y de un calendario con doce meses, siete días de la semana y cuatro estaciones. Necesitamos de un consumismo que sin darnos cuenta, nos roba la esencia humana, haciendo oídos sordos a una naturaleza que nos grita que ¡lo estamos haciendo mal, muy mal! Somos torpes. Increíblemente torpes. Por eso nos equivocamos tantas veces. Somos los que inventamos el perdón y eso de los tres intentos. Porque con uno, no tenemos suficiente. Y con tres tampoco. Necesitamos de vehículos que nos transporten y de máquinas que hagan nuestro trabajo. Necesitamos de todo lo que ninguna otra raza necesita para vivir. Y qué cosas. Nosotros, somos los inteligentes.

Desde hoy dejo de ser humana. Dejo de llamarme Irina, y de seguir tus pasos.

Porque yo no soy,

ni seré jamás,

como TÚ. 

 

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Arcoíris.

BEST-RAINBOW-PHOTOS-EVER-01Soy homosexual. ¿Sabes por qué? Porque tengo todos los colores del arcoíris…

Soy amarillo, la diversión innata que irradia en cada poro de mi piel. La sonrisa infinita que sin más pretexto que una buena compañía, hace de cualquier reunión un encuentro mágico, diferente, menos aburrido y menos absurdo. Junto la estupidez con los dedos de mis pies y en un afán por encontrarte, te cuento un chiste, tú te ríes, yo me río y todos reímos.

Soy azul. El azul de un mar en calma que puede convertirse en el más bravo de los océanos. Bailo con olas que juegan sin rima y con las ganas de lanzar a las nubes miles de besos. Seco el salitre de tus pestañas y lo hago azúcar glas (o azúcar moreno). Soy al que tachan de la lista de invitados en un lugar llamado “la casa del señor”. Esos que nos animan a predicar con el ejemplo “ejem”. Soy la ley que me prohíbe casarme con la persona a la que amo. Y ya eso de tener hijos, ni te cuento.

Soy rojo. Posiblemente de las personas más pasionales que hayas conocido jamás. Entrego mi alma en cada gesto, en cada amanecer donde las gaviotas juegan a ser linces presas de su vuelo. En cada latido de mi corazón que impulsa a mis pies a seguir avanzando en un camino lleno de espinas. Repleto de un jurado en fila india, que parece salido del mismísimo corredor de la muerte, donde por menos, quisieron meterme preso. Meterme presa. Pero aquí sigo.

Feliz. (Aunque a veces me rinda)

Fiel a mis pasos, a mis instintos y a mi propuesta de amar y ser amado. Que soy humano ¡joder!

Soy blanco. La sensibilidad hecha verdad. Posiblemente sé apreciar mejor que tú, cualquier silencio hecho gritos. Cualquier halo de luz que desnuda las hojas de los árboles del retiro. Y si no mejor, al menos, lo sé apreciar. Eso de mejor se lo dejamos a la vanidad, al cartel del ego que muchos llevan colgado a modo de #siquépasasoygenialytúunmierda. Admiro ese andar lleno de canas y esas arrugas donde podría perderme escuchando mil historias. Tengo una sensibilidad por la vida que ya muchos quisieran. Me gusta la lectura, hablar en diminutivo, a veces también digo palabrotas y créeme, mis brazos destruyen a su paso cualquier aire envenenado, tendiendo la mano a un aire fresco, puro, real. Y que te quede claro. El rosa, no siempre es mi color favorito.

Soy verde. Porque en el verde está la esperanza de mis pupilas. Porque en el verde me pierdo en las causas sociales y en esos que como yo, tienen que luchar día a día para hacerse con el respeto, darle la mano e ir caminando sin prisas. Soy el verde en estado puro. Confiriéndose como símbolo de identidad innata, en un mundo que se empeña en hacerme creer que estoy enfermo. Que estoy enferma.

Soy lila. Me calzo en mis zapatos de talla valentía. Inteligente, cuanto menos interesante, te hablo tanto de historia como de poesía. Trazo pétalos en las estrellas y cuido de mis amigos como si fueran mi familia. Realmente lo son. Soy el lila que a veces se esconde tras las nubes, cuando la lluvia moja mis intentos de seguir descalzo, desnudo, insensato en una realidad extrema.

Soy naranja, un torbellino de energía que por mucho que intentes pararlo no podrás. Presumido y presumida a más no poder, amante del buen gusto, del querer y del olor a miel. Me llamo Ana, Javier, Antonio. Algunos me dicen Paco y otros Susana. Soy moreno, soy rubia y pelirroja. Me encanta el chocolate, el buen vino y los caracoles. Tengo trabajo,o no, creativo, estudio y me encanta hacer deporte. Aunque también me gusta no hacer nada, bailar y dibujar dinosaurios. Soy el secreto inconfesable y el dolor que me produce tu rechazo. Porque aunque tú no lo sepas yo…

siento,

lloro,

amo,

descubro,

respiro…Igual que tú. Y que tú. Y que tú también.

 

Porque aunque tú no lo sepas yo…

Soy un hombre al que le gustan los hombres.

Soy una mujer a la que le gustan las mujeres.

Soy homosexual. ¿Sabes por qué? Porque tengo todos los colores del arcoíris…

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