Septiembre.

septiembre

En un afán por encontrarme crucé los dedos.

Desdibujé mariposas de papel y le confesé tu nombre al viento.

Alcancé la suave línea de la cima y cuando estuve arriba, lloré.

Lloré como una niña.

 

Habité cientos de sábanas sin nombre,

y jugué al despiste con la luna.

Me até los cordones y caminé descalza hasta quedarme sin aliento.

 

Taché los lunes del calendario,

los hice viernes traviesos,

escuché el ruido del silencio,

y no vi nada. Lo vi todo.

 

Me criticaron,

me juzgaron.

Me volvieron a criticar,

y me volvieron a juzgar.

 

¿Y qué más da si ya es septiembre?

¿Y qué más da si los tigres de ahí fuera son de cartón?

 

Jugando con la destreza de tus miedos,

mitigué en desdén el humo de aquel cigarrillo.

Sonreí sin ganas al verano,

y alcé mis alas heridas al confín.

 

Volé hasta que el aire se hizo hielo.

 

Sus extenuantes caricias me partieron en dos.

Desperfilé mis pupilas en cuatro laberintos,

dimanando en salida la fragancia de su sombra.

 

Soplé las velas de una tarta llena de gratitud,

me disfracé de pausa,

de galantería,

y de avidez.

 

Escribí tres deseos en papiro y los tiré al mar.

Hoy las olas me cuentan que uno se cumplió,

otro baila indolente,

y el tercero navega hacia ti.

 

Corrí con mucha prisa llena de dolores.

Hasta que entendí que en la quietud,

es cuando más se avanza.

 

¿Y qué más da si ya es septiembre?

 

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Cuando me vaya.

Algún día dejaré de existir. Mi corazón se parará. Mi piel dará tregua a los latidos de mis pestañas y en un susurro, mi alma viajará a otra parte. A otra vida, a otro lugar. O simplemente todo habrá acabado. ¿Quién sabe? Cuando pase, solo espero una cosa. Volver a encontrarte.

Cuando me vaya…

Quédate con mi sonrisa, con lo feliz que fui cuando estuve a tu lado. También cuando me alejé. Quédate con el recuerdo de mis besos infinitos, con el contar de estrellas y con el secreto que te confesé. Perdona mis mentiras y mi impaciencia. Perdona mi cabezonería, mis preguntas, mis ansias y si alguna vez te hice daño. Perdona mis despistes, mis gritos y mis faltas de respeto. Perdóname todo lo que no pudiste perdonarme cuando estaba aquí. Yo también lo haré. Pero cuando me vaya.

Cuando me vaya, estoy segura de que te pareceré más bonita. A ti, a ustedes, arpías del demonio, dirán de mi que “no era tan mala persona”. Valorarán lo que tanto hice, lo que tanto les di aunque hoy les fastidie reconocerlo. Mi mejor decisión, fue hacerme amiga de la honestidad y desligarme para siempre de esas dulcineas que jugaban a ser princesas de mentira, de maquillaje y de hipocresía. Cuando me vaya, te darás cuenta de que ya tu ira no me hacía ni el más mínimo daño. Ni si quiera cuando te ponías (te pones) las cosas públicas para atacarme gratuitamente. Lo siento. No lo conseguiste. Solo al principio, cuando yo aún te quería.

Cuando me vaya, tú que me estás leyendo, tú que sin conocerme me has juzgado y me has colgado el cartel de algo que no soy. Tú, que aún conociéndome y habiendo compartido tanto conmigo, traicionaste mi confianza. Y solo sabes colgar una galería totalmente distorsionada de la realidad. A ti, a ti te digo GRACIAS. Porque parte de mi fortaleza, lleva tu nombre. Y no te equivoques, no cantes victoria. No te creas que hablo desde el rencor. Hablo de la liberación más placentera que conocí jamás. Ser fiel a mis sentidos, a mi intuición y a la valentía que tuve de mandarte a la mierda.

Cuando me vaya, te dejaré de herencia mis abrazos, mi mirada sincera y mis ganas de verte bien. Me podrás encontrar siempre que quieras entre estrellas y mariposas y en ese océano junto a él. Bailaré sin prisas con el vaivén de tu encuentro. Dibujaré tu nombre con mi sombra y grabaré en silencio el recuerdo de nuestro amor. Cuando me vaya, pensarás en mi como nunca. Sentirás el peso de mi ausencia y le pedirás a las nubes una última vez. Tendrás la suma de mis recuerdos en una resta infinita y cuando escuches mi nombre, yo estaré ahí, aunque no puedas verme. Di que nunca me conociste, que ni siquiera sabías el color de mis ojos. Descuelga el espejo dónde tanto te buscaba y hacías de la ignorancia un eco permanente, que dejó cicatrices en mis pupilas.Regala mi ropa,mis cosas,mi coche.No guardes nada que no puedas llevar en tus bolsillos. El resto sobra, créeme.

Cuando me vaya, echarás de menos mis manías. Mis platos te parecerán los más sabrosos del mundo y el olor de mi pelo la mejor fragancia. Querrás deshojar el calendario para volver a empezar. Para acompañarme a todos esos sitios donde me dejaste sola. Querrás pasar más tiempo conmigo, llevarme a ese lugar que me prometías en versos de plastilina y desearás haberme sacado más a bailar. Haberme regalado más flores. Al menos una. Cuando me vaya, desearás haberme cuidado como nunca lo hiciste.

Cuando me vaya, podré decir que tuve a los mejores padres del mundo. A la comprensión incondicional, bondad y generosidad hecha hombre y mujer. A una familia excepcional, a unos amigos increíbles y al mejor compañero de vida. Podré decir que tuve a los mejores maestros y que hice de mis experiencias mis aprendizajes. Podré decir que de lo único que me arrepiento es de no haberte dejado antes. Dejaré una huella de gratitud en cada uno de vuestros corazones y si a ti no te dejo nada, es porque una vez, dejaste de importarme. Haré una fiesta, bailaré tanto que me quedaré dormida y alzaré mis brazos de tal forma, que ningún centímetro podrá cortarme las alas. Podrá cortarme ya, el vuelo hecho libertad.

Cuando me vaya, quizás no lo haya hecho para siempre. Y viva en la memoria de muchos, como un pretexto que nació para ayudar.

Que nació para querer. Para hacerte feliz.

Sin más.

 

 

 

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Y tú, ¿quién te has creído?

Tree-of-Life52

The tree of life.

Siento vergüenza de ti. Y de ti. Y de ti también. Me avergüenza decir que soy humana. ¿Humana de qué? Si al paso que vamos deberíamos cambiarnos hasta el nombre. Deberíamos llamarnos los DESHUMANOS. Porque de humanos tenemos ya bien poco.

Nos creemos la raza superior. La raza inteligente. La más fuerte, la más poderosa. Y realmente somos la raza más estúpida. Somos el fallo, el error y la gran cruz de este planeta. Y es que los humanos somos débiles, increíblemente débiles. Necesitamos de ropa, de zapatos, de un sinfín de objetos absurdos para poder vivir. ¿Acaso has visto alguna vez a un mono vestido? Ah si. Yo también. En los circos. Olvidaba que en eso los humanos, también somos unos canallas. Hemos hecho de cada raza animal nuestra raza. A nuestro antojo hemos decidido que en España los toros han nacido para matarlos cruelmente en una plaza, mientras unos estúpidos humanos pagan por ello. Se emocionan (y no de pena) y llaman héroe a un señor de profesión torero y de corazón asesino. ¡Y a la mierda los taurinos! ¡Y a la mierda todos los que defienden un arte que no es más que una masacre de unos animales cuyo delito, fue nacer en un cuerpo de toro! No me van a convencer jamás de que eso,es arte. De que gracias a la tauromaquia se ha podido preservar una especie animal. Te contaría yo a ti lo que es arte de verdad.

La raza humana es débil, muy débil. Hemos creado mil enfermedades. No se crean que somos unos genios por haber descubierto la cura. ¿La cura de qué? ¿De algo que hemos creado nosotros mismos? Somos el peor virus que ha conocido la tierra y me entristece enormemente ver en lo que nos hemos convertido. En la falta de bondad, de humildad y de humanidad que existe. ¿Qué coño te pasa? ¿Quién te has creído que eres para venir aquí y robar a tu pueblo? ¿Quién te has creído que eres para maltratar a tu pareja? Usando la violencia como pretexto definido de una acción completamente injustificada. ¿Y tú? Me dais asco. ¡Si! ¡Asco! No puedo sentirme como tú, no puedo decir que yo también soy humana en este mundo que se muere. En este mundo que estamos destruyendo lentamente y que tú aún, te lo tomas a cachondeo. Piensas que no es tu problema y que por mucho que hagas no conseguirás salvarlo.

Yo tampoco.

Pero te aseguro que algo puedes hacer, algo puedes hacer para mejorarlo y si todos fuésemos un poco más humanos, que digo un poco…Si fuésemos humanos de verdad, este mundo sería mejor. No habrían guerras, ni armas, ni violencia. No existiría la corrupción, ni todo lo malo que me enferma. Y no soy una miss que defiende su candidatura en un estúpido concurso de belleza. Ya podrían preocuparse en elegir mejor, a la persona que salve a un país que se muere en la pobreza más absoluta. ¡Eso si que sería un héroe de verdad!

Necesitamos de móviles y de colchones. Somos tan estúpidos que hasta tenemos que tener un nombre, un color favorito y una marca que nos defina. ¿Tú ves que los animales necesiten de eso? Los verdaderos animales somos nosotros. Los que sacrificamos a las demás especies para poder vivir, alimentarnos. ¿Qué más da verdad? Si ellos “no sienten ni padecen”. Aquí el único que siente por lo visto eres tú. Y no precisamente sentimientos. Tú no sabes lo que es eso cuando miras hacia un lado sin importarte el sufrimiento ajeno. Tú no sabes lo que es eso cuando los judíos y palestinos se están matando y tú mientras, comes un buen plato de carne y bebes coca cola hasta reventarte. ¿Qué vas a saber tú del sufrimiento ajeno?

No lo soporto.

No soporto la inmunidad que se ha hecho eco de la mayoría de nosotros. No soporto la pasividad de todas esas personas que no hacen nada, absolutamente nada para cambiar el mundo y viven como auténticas marionetas en un sistema que nos hace estúpidos. Cobardes. Egoístas. En un sistema que nos obliga desde pequeños a estudiar las mismas cosas, a aprender de memoria una historia que ni hemos vivido, y una larga lista de ríos que olvidaremos al día siguiente del examen. Un sistema que nos hace ir a todos en la misma dirección, sin poder de elección ni criterio alguno. Porque por muy modernito que creas ser, no te pienses que tú, eliges y eres un ser libre. No soporto cuando alguien tortura a su perro, lo maltrata, o peor aún, lo hace con su propio hijo. No soporto el daño que se hacen las personas entre ellas. De cualquier forma. A modo de insulto o a modo de agresión física. No soporto las mentiras, los billetes con los que se limpian el culo todos esos ladrones llamados políticos y todas esas personas influyentes que nos controlan, que nos manejan. Que se ríen de nosotros. Porque lo hacen. ¡Y tú no haces nada! No soporto la irracionalidad de tus sentidos ni la poca cordura cuando hablas de amor. No soporto los mataderos, las auténticas mafias que se han creado para hacer de la piel de unos pobres animales, el calzado que hoy te pones o el sofá donde duermes la siesta. Ya podrías asfixiarte en tus ronquidos joder. No soporto todo lo que implique sufrimiento, abuso, injusticia.

Y es que la raza humana es débil. Increíblemente débil. Necesitamos de silicona, de absurdos tintes que nos cambian el color del pelo y de maquillaje. Necesitamos entrenar, ir al gimnasio y comer proteínas. Necesitamos de cafeína para mantenernos activos todo el día y dormir al menos, ocho horas. Necesitamos vacaciones, encontrarnos a nosotros mismos una y otra vez para sentirnos realizados.Necesitamos de relojes que nos marquen el tiempo y de un calendario con doce meses, siete días de la semana y cuatro estaciones. Necesitamos de un consumismo que sin darnos cuenta, nos roba la esencia humana, haciendo oídos sordos a una naturaleza que nos grita que ¡lo estamos haciendo mal, muy mal! Somos torpes. Increíblemente torpes. Por eso nos equivocamos tantas veces. Somos los que inventamos el perdón y eso de los tres intentos. Porque con uno, no tenemos suficiente. Y con tres tampoco. Necesitamos de vehículos que nos transporten y de máquinas que hagan nuestro trabajo. Necesitamos de todo lo que ninguna otra raza necesita para vivir. Y qué cosas. Nosotros, somos los inteligentes.

Desde hoy dejo de ser humana. Dejo de llamarme Irina, y de seguir tus pasos.

Porque yo no soy,

ni seré jamás,

como TÚ. 

 

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Arcoíris.

BEST-RAINBOW-PHOTOS-EVER-01Soy homosexual. ¿Sabes por qué? Porque tengo todos los colores del arcoíris…

Soy amarillo, la diversión innata que irradia en cada poro de mi piel. La sonrisa infinita que sin más pretexto que una buena compañía, hace de cualquier reunión un encuentro mágico, diferente, menos aburrido y menos absurdo. Junto la estupidez con los dedos de mis pies y en un afán por encontrarte, te cuento un chiste, tú te ríes, yo me río y todos reímos.

Soy azul. El azul de un mar en calma que puede convertirse en el más bravo de los océanos. Bailo con olas que juegan sin rima y con las ganas de lanzar a las nubes miles de besos. Seco el salitre de tus pestañas y lo hago azúcar glas (o azúcar moreno). Soy al que tachan de la lista de invitados en un lugar llamado “la casa del señor”. Esos que nos animan a predicar con el ejemplo “ejem”. Soy la ley que me prohíbe casarme con la persona a la que amo. Y ya eso de tener hijos, ni te cuento.

Soy rojo. Posiblemente de las personas más pasionales que hayas conocido jamás. Entrego mi alma en cada gesto, en cada amanecer donde las gaviotas juegan a ser linces presas de su vuelo. En cada latido de mi corazón que impulsa a mis pies a seguir avanzando en un camino lleno de espinas. Repleto de un jurado en fila india, que parece salido del mismísimo corredor de la muerte, donde por menos, quisieron meterme preso. Meterme presa. Pero aquí sigo.

Feliz. (Aunque a veces me rinda)

Fiel a mis pasos, a mis instintos y a mi propuesta de amar y ser amado. Que soy humano ¡joder!

Soy blanco. La sensibilidad hecha verdad. Posiblemente sé apreciar mejor que tú, cualquier silencio hecho gritos. Cualquier halo de luz que desnuda las hojas de los árboles del retiro. Y si no mejor, al menos, lo sé apreciar. Eso de mejor se lo dejamos a la vanidad, al cartel del ego que muchos llevan colgado a modo de #siquépasasoygenialytúunmierda. Admiro ese andar lleno de canas y esas arrugas donde podría perderme escuchando mil historias. Tengo una sensibilidad por la vida que ya muchos quisieran. Me gusta la lectura, hablar en diminutivo, a veces también digo palabrotas y créeme, mis brazos destruyen a su paso cualquier aire envenenado, tendiendo la mano a un aire fresco, puro, real. Y que te quede claro. El rosa, no siempre es mi color favorito.

Soy verde. Porque en el verde está la esperanza de mis pupilas. Porque en el verde me pierdo en las causas sociales y en esos que como yo, tienen que luchar día a día para hacerse con el respeto, darle la mano e ir caminando sin prisas. Soy el verde en estado puro. Confiriéndose como símbolo de identidad innata, en un mundo que se empeña en hacerme creer que estoy enfermo. Que estoy enferma.

Soy lila. Me calzo en mis zapatos de talla valentía. Inteligente, cuanto menos interesante, te hablo tanto de historia como de poesía. Trazo pétalos en las estrellas y cuido de mis amigos como si fueran mi familia. Realmente lo son. Soy el lila que a veces se esconde tras las nubes, cuando la lluvia moja mis intentos de seguir descalzo, desnudo, insensato en una realidad extrema.

Soy naranja, un torbellino de energía que por mucho que intentes pararlo no podrás. Presumido y presumida a más no poder, amante del buen gusto, del querer y del olor a miel. Me llamo Ana, Javier, Antonio. Algunos me dicen Paco y otros Susana. Soy moreno, soy rubia y pelirroja. Me encanta el chocolate, el buen vino y los caracoles. Tengo trabajo,o no, creativo, estudio y me encanta hacer deporte. Aunque también me gusta no hacer nada, bailar y dibujar dinosaurios. Soy el secreto inconfesable y el dolor que me produce tu rechazo. Porque aunque tú no lo sepas yo…

siento,

lloro,

amo,

descubro,

respiro…Igual que tú. Y que tú. Y que tú también.

 

Porque aunque tú no lo sepas yo…

Soy un hombre al que le gustan los hombres.

Soy una mujer a la que le gustan las mujeres.

Soy homosexual. ¿Sabes por qué? Porque tengo todos los colores del arcoíris…

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Desnuda.

Me desnudo ante ti. Y ante todos vosotros.

Me desnudo ante este destino que se acaba y tiene prisa por volver. Me desnudo ante este mundo que en ocasiones me aterra y se me antoja demasiado estúpido, demasiado irreal, demasiado cruel. Me desnudo ante aquella despedida que te dejó mi ausencia como recuerdo y ante esos besos que desarman mi cintura cada vez que me haces el amor. Me desnudo ante la adversidad que me hace fuerte y ante esos defectos que desesperan al sol bajo las preguntas de las olas que destapan tu sonrisa. Me desnudo ante ella y ante él. Ante ellos que jugaron a ser valientes en un mundo de cobardes y ante todos los que sin pensarlo, hacen de su empeño un constante latido donde otros viven. Donde otros respiran.

Me desnudo ante la inmensidad de las estrellas y ante el secreto que me contaste mientras tomábamos café. Lo hago despacio, sin prisas, acariciando mis miedos y el olor a miel de tus pestañas. Me desnudo ante la fragilidad de mi piel y ante la coraza de mis dedos que golpean fuertemente el viento para que te lleven lejos, muy lejos de aquí. Muy lejos de mí. Me desnudo sin maquillaje, sin disfraces ni sentimientos concatenados que hablan de perdón. Que hablan de un susurro hecho gritos y bailan en acordes despeinados una canción que se despide en el cielo. Un impulso descarado que se eleva, sin quererlo, en una maraña de voces que solo hablan de nada y de nada hablan sin más sentido que una premisa hecha prisa.

Me desnudo ante tu belleza traviesa, ante la magia de tus abrazos y ante un querer que me mata sin importarme. Me desnudo ante un despropósito social que hace mella a mis sentidos pero aún así, me alejo. No cuenten conmigo. Me desnudo ante un te quiero, ante un gracias y ante un lo siento. Lo hago cada vez que te veo y cada vez que duermes a mi lado. Me desnudo ante el silencio y ante el hambre de unas sombras hecha niños. Ante la incomprensión de esos gritos de un anhelo incontrolado, que respira torpemente por última vez. Me desnudo ante la hipocresía de todos ellos, de todos vosotros y ante la mía propia. Hace tiempo decidí ir desnuda por la vida. Sin adornos, sin pesados cumplidos, sin más equipaje que una honestidad forjada en mis propósitos, en mis palabras y en mi hacer. Me desnudo ante todos los que hacen de la violencia un pretexto perfecto, haciendo trizas el alma de cualquier persona. De cualquier animal, de cualquier ser, de cualquier cosa. O como más te guste a ti llamarlo. De cualquier alma, al fin y al cabo.

Me desnudo cuando sale el sol, cuando la brisa calla y la luna revienta. Me desnudo ante mis miedos y la insensatez de esas ocasiones en las que creo que no puedo. Me desnudo sin más, habiendo hecho los deberes del ayer y viviendo en el presente una chispa futura de deseo. Me desnudo ante las notas de algodón , ante los pasajes con destino a nunca jamás y ante esa tierra a la que le pido que te trague y te escupa en otro planeta (a ser posible). Me desnudo jugando a ser mayor a sumar en menos las ganas de seguir luchando, y dejar en positivo una cuenta que despierta una nevera sin más compañía que la tenue luz que la saluda, cada vez que abre su puerta. Me desnudo ante ese político que no merece mis insultos y ante la avaricia de un saco que se rompe en mil pedazos de lágrimas. Me desnudo a menos uno alzando el decreto que nos hace ser demócratas en un país donde la injusticia y el mal hacer, cuelgan el cartel de se vende.

Me desnudo ante la idea de perderte, de perderme. Me desnudo ante mi impaciencia y ante estos estúpidos versos que sin más, quedarán en el olvido de un memoria permanente. Me desnudo ante la adversidad de que mientras pueda y mientras quiera, seguiré estando aquí.

Fiel.

Latente.

Desnuda.

Para volver a vestirme de VERDAD. Al menos de la mía.

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Contigo

10358939_10152471959788363_2128481763919907750_oHoy quiero darte las gracias. A ti. Gracias por haberme echado a patadas de tu vida, por haberme roto en mil pedazos todos y cada uno de mis huesos. Gracias por no haber apreciado lo que un día pude darte y por intentar en vano convencerme de que mi verdad, era una mentira disfrazada de silencio. Gracias por haberme querido. Por haberme querido tan mal. Gracias por todas esas noches en las que no me abrazaste. Solo la luna se hacía cómplice incondicional de mis noches de invierno. Gracias por no haberme regalado nunca flores y por darme la espalda cuando más necesité de tus lunares. Gracias por haberla elegido a ella y gracias también por apreciar tarde la luz de mi alma.Gracias por defenderme a destiempo y gracias por haberme llenado de odio y por haber hecho que la frustración, traspasara la barrera del respeto. Gracias por jugar con mis puntos débiles y gracias por no acordarte de mis cumpleaños. Gracias por no haberme llamado cuando mi abuelo murió. Gracias por tus múltiples desprecios, por tu constante impuntualidad cuando se trataba de consolarme y gracias por quitarme las ganas de comer. Gracias por tu falta de interés y por el descuido desmesurado que hicieron callos mis fracturas. Gracias a ti también, por haber sido una falsa amiga. Por todas esas veces que me criticaste, que fingiste adorarme y por todas esas veces en las que también tú, intentaste convencerme de que mi verdad, era una mentira disfrazada de silencio. No importa cuántas sean. El tiempo se ha puesto de mi lado y la verdad sigue intacta en un jardín impenetrable lleno de rosas amarillas.

Gracias por nada. Porque de la nada he descubierto el todo.

Hoy entendí mis lágrimas, entendí mis múltiples tropiezos y las canciones inacabadas. Entendí aquel verso dibujado en nubes de mentira y en un sol que solo salía en otoño. Hoy entendí por qué estuve equivocada en brazos de otros y por qué aquellos besos no duraron para siempre. Hoy entendí por qué mi risa dejó de ser risa, por qué mis sueños se iban truncando en un mar a la deriva y por qué mis pupilas se estrellaron contra el anhelo de lo que el viento me contaba cuando era pequeña. Hoy lo supe. Y lo supe desde el primer instante en el que te vi.

Haces magia conmigo. Haces que todo mi mundo se llene de color, de autenticidad y de instantes hechos verdad. Haces que mis lágrimas sean de risa y desde que te conozco, me han salido más arrugas de felicidad. Haces que me duelan nuevos músculos, esos que se usan cuando te pasas el día entero con cara de estúpida y con una sonrisa imborrable. Haces de mi la mejor versión de mis intenciones y aunque no lo creas, haces de mi todas esas sensaciones que creí perdidas en un contexto en donde el agotamiento, ganó por primera vez a las ganas. Vivo entre estrellas y mariposas y te quiero en este instante que será eterno. Y hoy más que nunca, entiendo el por qué de todas esas personas que pasaron por mi vida. Entiendo lo que aprendí de ellas, lo que me quitaron y lo que me dieron. Entiendo el aprendizaje que aunque inmerecido en muchas ocasiones, ha sido necesario. Jodidamente necesario. Entiendo y acepto la majadería de mis constantes intentos, y la necesidad del aire que transforma en real todo lo que toca. Me has llenado de vida, de energía, de un amor capaz de elevarme a lo más alto sin ni si quiera levantar los pies del suelo. Me enseñas a respirar sin dificultad y tu comprensión sin límite me susurra que solo era cuestión de tiempo. Me lo dicen tus besos y esos ojos tuyos tan magos. Me lo dicen tus pestañas cuando me abrazan bajo las sábanas y me lo dice el reloj que vigila tu insomnio a las tres de la mañana. Entendí tu silencio y el mío como parte de nuestras vivencias pasadas, como todas esas historias acabadas que dieron paso a un punto y seguido lleno de un constante ahora.

Y puede que quizás no sea para toda la vida, pero al menos mientras es, que sea de verdad. 

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Para toda la vida.

1Desde que nacemos nos inculcan que todo debe de ser “para toda la vida”. Que el éxito debe estar impregnado dentro de un contexto eterno. Te pasas media vida estudiando una única cosa y te formas en un único ámbito para tener el mismo trabajo, durante toda tu vida. Asegúrate de comprar una casa que sea la casa de tus sueños porque en ella con suerte, vivirás toda tu vida. Búscate una buena persona, ámala y quiérela para toda la vida. Conserva a tus amigos y procura tener los mismos para toda la vida.

Y digo yo ¿Por qué? ¿Acaso lo que no es eterno no es auténtico? ¿Acaso un amor que no dure “toda la vida” no es real? ¿No puede ser incluso más intenso y más de verdad que muchos amores que dibujan arrugas, pintan de blanco el cabello, te hacen abuelo y durante los últimos diez años de relación duermen en camas separadas? Y hace más de veinte años dejaron de quererse.

Seguro que muchos estarán de acuerdo conmigo en que nos hicieron creer muchas cosas absurdas de pequeños. Que si a los treinta no estabas casado y con hijos, eras un fracasado. Y más aún si te divorcias. Que si no tienes un buen trabajo y no ganas mucho dinero al mes, no eres un triunfador. ¿Y qué es tener un buen trabajo? ¿Ganar más de dos mil euros al mes y no tener tiempo para disfrutar de la vida? Quizás para unos sea eso y quizás para otros, tener un buen trabajo no sea más que hacer lo que a uno le gusta y tener más tiempo para hacer otras cosas. Trabajamos para vivir, ni más ni menos. ¿Qué me dicen de las relaciones? ¿Por qué tenemos que estar toda la vida con una misma persona? Si la gran mayoría de las relaciones hoy en día se basan en mentiras, en estar por estar y en un amor que se fue marchitando y se hizo íntimo amigo del “des”. ¿Eso es amor para toda la vida? Yo creo en el amor, claro que si. Y creo que existen amores que pueden durar hasta que uno muera y amores que duran lo que tienen que durar. Pero no por eso es un error ni un fracaso y en eso, mucha gente se equivoca, se castiga y lo peor de todo, pierden la fe. Y no hablo de la fe en Dios. Nunca se me ocurriría escribir de religión, ni de qué Dios es mejor que otro. Pierden la fe en uno mismo, en darse una nueva oportunidad. ¿Quién dijo que solo podemos amar una vez en la vida y a una única persona? Eso es mentira. ¡Una auténtica locura!. ¿Ideal? Si. Pero quizás, cambiando un poco el pensamiento seríamos un poco (o mucho) más felices.

Para mi, el fracaso emocional es estar con una persona toda la vida sin amarla. Por el que dirán, porque con esa persona hay una hipoteca e hijos de por medio. ¿Acaso no es más bonito ser honesto, dejarle ir y darnos (y darles) una nueva oportunidad de volver a enamorarnos? De volver a amar a otra persona distinta. Eso es ser valiente, ser leal y fiel a uno mismo. Al fin y al cabo es a ti a quién debes explicaciones y una lealtad impecable. Me entristece muchísimo ver cómo de mal nos queremos hoy en día. Y el amor no está para llorar, no está para pasarlo mal ni para sentirte la persona más desgraciada del mundo. ¡Eso no es amor! Es increíble como con cada persona que hablo, amigos, compañeros, incluso desconocidos, todos al final decimos siempre lo mismo “Ya hoy en día no hay amor”. Si que lo hay, solo que quizás de manera distinta. Nuestros abuelos, nuestros padres, vivieron en otra época. Tenían una o como mucho dos parejas a lo largo de su vida. Pero ¿ahora? Ahora eso es un milagro. O quizás eso ahora, no se lleva. O quizás ahora tenemos más libertad para tomar decisiones y estamos dispuestos a vivir una vida más auténtica. Aunque la gran mayoría se sigue resistiendo a ello.

Algo está pasando, y no solo en Mercedes. Evolucionamos aunque en muchas ocasiones parece todo lo contrario. Siempre intento ser sumamente positiva y de todas mis caídas intento levantarme más fuerte. Antes yo creía en los fracasos y me torturé hasta quedarme sin lágrimas. Hasta que poco a poco la experiencia me enseñó a que realmente todo me ha ido siempre bien. Cambié fracasos por aprendizajes. De cada relación y de cada persona que he conocido a lo largo de mi vida he aprendido y mucho. Me han enseñado a querer, a amar, a intentar hacer de mi alguien mejor y aunque en ocasiones también me enseñaron a odiar, fui yo quién elegí qué camino tomar. Y qué Irina quería ser realmente. Me fui despojando de esos malos sentimientos y de esos malos pensamientos. Me equivoqué y también hice daño. Aunque no fuese intencionado. También entendí que muchas personas que pasaron por mi vida estaban en un momento delicado en donde mi papel fue ayudarles. Ayudarles a salir adelante y a superar ciertos aspectos de sus vidas. Y yo en ese momento, no era consciente, no lo sabía. Y hoy los veo y son felices aunque ya no sea a mi lado. ¿Eso no es amor? Porque no haya durado toda la vida ¿no puede llamarse amor? Yo creo que si. Y cuando más lloré, cuando más sufrí y cuando más desgraciada me sentí, fue cuando realmente la vida estaba siendo más justa conmigo. Porque es ahí cuando el aprendizaje te da la mano, te hace crecer unos centímetros más y te invita a seguir hacia adelante, te invita a bailar con nuevas oportunidades,  con nuevas historias y con nuevas formas de hacerlo mejor. Pero mucha gente no se da cuenta de esto y se quedan anclados en una depresión profunda de por vida. Y eso, es muy triste.

Siempre fui de las que creyeron en un amor idílico, en una única alma gemela, en un príncipe, en un castillo y en que para sentirme inmensamente feliz y una persona realizada, tendría que tener hijos. Con el tiempo me he ido dando cuenta de cuánto estuve equivocada. Casi cometo el error de creérmelo de por vida. ¿Acaso es la única forma de felicidad que un ser humano puede alcanzar? Y repito, si creo en el amor. Pero es que el amor de pareja tiene muchas formas y no siempre, dura toda la vida. ¿Por qué debemos de casarnos? ¿Por qué debemos tener hijos? Si ya. Ahora hablen de que todos tenemos el instinto implícito en nuestras células y que estamos aquí para preservar la especie humana. ¡Por favor! Cada uno es libre de ser o no ser padre. De vivir la vida como mejor le parezca, siempre que no hagas daño a los demás. Aunque a veces resulte agotador tener que dar tantas explicaciones e ir caminando de puntillas para no hacer demasiado ruido. Y si, yo quiero ser madre. Y si, posiblemente sea la mejor experiencia de tu vida y de los pocos amores que por ley si que son para toda la vida. Simplemente defiendo la libertad de todas esas personas que no lo son, que no quieren serlo o que aún no han encontrado a esa persona “perfecta” para ello. O que simplemente quieren serlo sin pareja. Defiendo la libertad, defiendo el amor libre y sin prejuicios y simplemente tiendo la mano a todas esas personas que se sienten fracasadas por no haber encontrado ese amor “para toda la vida”. Estoy segura de que encontraste otro que te hizo increíblemente feliz en su momento. El tiempo que durara ¿qué más da? ¿Acaso vale menos que el amor que se tienen otros porque hoy día siguen juntos? ¡Claro que no! El amor no es más amor por el tiempo que dure, sino por la intensidad y la autenticidad con la que tu alma y tu corazón lo vive. Y eso solo lo sabes tú. Ni yo, ni ella, ni él. Ni todos esos que te señalan con el dedo. Créeme que la gran mayoría viven historias escritas en un libro hecho trizas. Y también creo que aunque pocos, muy pocos, consiguen mantener intacto y en crecimiento ese amor que les acompaña en un contar infinito de arrugas, inviernos y lunas. Es tan sencillo como si ya no amas a tu pareja, dilo. Pero engañar nunca. Porque eso es ser egoísta. Y el amor, tampoco entiende de egoísmos. ¿Qué fácil lo veo todo yo verdad? Pues si. Porque las cosas deberían ser fáciles, deberían fluir por si solas y no forzarlas. Pero claro, también nos enseñaron que lo difícil es lo que realmente merece la pena.

Como dije una vez, no he venido aquí a hablar de mi libro. Ni me apellido Bucay y mucho menos Cohelo. Simplemente escribo de lo poco que sé de la vida, de lo mucho que aprendo de mis experiencias, de los amaneceres y de la simplicidad de las cosas en un contexto sumamente complejo. Una aventura que empezó sin más ánimo que exponer mis sentimientos a modo de escritos y que sin quererlo, hoy ayudan a muchas personas. No sé por cuánto tiempo más escribiré, tampoco sé por cuánto tiempo más podré seguir ayudando a las personas con mis pensamientos (que no consejos) y con unas intenciones que solo me nacen del corazón. Pero lo cierto es que si fuese para toda la vida ¿sería más auténtico que si algún día dejara de hacerlo?

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