Desde que te fuiste.

1e2266316439bfd54d7c854ed544df82El sol luce más bonito y el pelo se me cae menos.

Desde que te fuiste mis mañanas son más divertidas. El café juega con el zumo de naranja a ser la tostada perfecta hecha mermelada. Las sábanas descansan tranquilas sobre mi piel y el mal humor de tus pestañas ha desaparecido. Desde que te fuiste sonrío más, corro más y lloro menos. Cuento chistes, doy abrazos sin miedo y canto bajo la ducha. Me pinto las uñas de colores y dibujo un beso de algodón en cada playa, en cada lunes y en cada sonrisa. Sin importarme quién los coja. Al fin y al cabo, solo son besos.

Aprendí a escribir sin miedo mi decisión de dejarte atrás. La convicción de mis manos cuando soltaron las tuyas. Acuérdate de que te las sujeté mil veces pero siempre resbalaron demasiado. Mi buen hacer se hizo añicos y la luz de mi alma destrenzó en cartón, aquellas promesas que solo me decías bajo la almohada. Me cansé del vino, de tus estúpidas amigas y del risoto. Me acostumbré al silencio, a tu no saber estar y a esos te quieros vacíos. Increíblemente vacíos.

Y es que desde que te fuiste volví a ser yo. Volví a recuperar mi esencia, mis ganas y mi libertad. Tengo amigas más auténticas, más de verdad. Amigas al fin y al cabo. Aprecio cada día como lo que son. Nuevas oportunidades, nuevas formas de hacerlo mejor y nuevas ganas que se empujan unas a otras para ser las primeras en salir. Desde que te fuiste…te amé en silencio para siempre.

Desde que te fuiste sentiste el peso de mi ausencia, recordaste mis cumpleaños y entendiste que a las mujeres se les quiere hoy y no mañana. Te aprendiste de memoria mi canción favorita y te armaste de valor para tirar a la basura todo lo que una vez compartiste con ella. Y cuando quisiste hacerte con algo de lo mío, con algo de lo nuestro, te diste cuenta de que yo, fui más justa. No dejé ni rastro para las que quedan por venir.

Besé unos cuantos sapos más, hasta que llegó él. Ni príncipe, ni rey. Simplemente ÉL. Tenías razón cuando me decías eso de que nadie iba a quererme como lo hacías tú. Y menos mal.

Desde que te fuiste le pregunté al espejo tantas veces qué hice tan mal. En qué fallé. Qué se me escapó. Qué no supe entender. Y solo me devolvía el reflejo de unos ojos inmersos en llanto que poco a poco se fueron calmando, secando y volviendo a brillar. Entonces entendí que no tenía que entender nada. Y entonces fue, cuando lo aprendí todo.

 

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Del amor al odio hay un clic.

Artículo para El Periódico de la Publicidad en la edición impresa Mayo 2014.

Del amor al odio hay un clic.La forma de comunicarnos ha cambiado. Eso lo sabes tú, lo sé yo y lo sabe mi abuela. Que cada vez que me ve, me dice: “Ay esta niña todo el día con el móvil”. Y es cierto. Nos pasamos la mayor parte de nuestro día conectados a nuestros dispositivos móviles. Smartphones, tablets, y portátiles. Como a la espera de esa noticia, esa foto o ese mensaje que nos alegren el día. En el mejor de los casos, claro.

Tenemos en nuestras manos una herramienta muy poderosa que dándole un uso adecuado, tú como marca, como Pyme o como Starup, puedes llegar a hacer cosas increíbles. Y no hablo de magia, no. Hablo de incrementar tu ROI, tus ingresos, tus ganas y tu motivación. Son muchos los que aún no son conscientes de la importancia que supone el paso de un negocio offline a un negocio online. Y los que ya lo son, están más perdidos que Peter Pan en “No es país para viejos”.

No todo vale. No todas las redes sociales son válidas para tu marca o tu negocio. No cualquier blog es el adecuado para tu comunicación. No es estar por estar, ni es contratar a un Community Manager que llene tu fan page de fotos y mensajes chulos para ver cuántos “me gusta” eres capaz de conseguir. No es poner un banner porque si o incordiar con descarados anuncios que se entrometen en el contenido de YouTube que el usuario realmente quiere ver. Porque como pasa en la vida real…del amor al odio hay un clic.

¿De verdad crees que los “me gusta” te aportan ingresos? ¿Quién de nosotros aquí ha comprado alguna vez a través de Facebook o de alguna red social?. Me atrevería a decir que nadie. El objetivo principal, estemos en el siglo que estemos, sea como sea la comunicación, es VENDER. Y eso parece que se les ha olvidado a muchos. Si no hay ventas no hay ingresos. Si no hay ingresos no puedes pagar a tus empleados ni mantener un negocio. Y ojo, no se está hablando de vender por vender. De vender a toda costa, no. Se está hablando de vender bien en un medio al que todos llaman online y muy pocos saben realmente cómo funciona.

Hoy la información no se esconde, se comparte. Cualquiera de nosotros podemos poner en marcha un comunicado público, una opinión, contar una experiencia sobre un determinado producto o marca. Y sin quererlo o si, muchos de nosotros influimos más de lo que creemos en la opinión y decisión de compra del resto de nuestros amigos, familiares o conocidos online. Ahora más que nunca, importa nuestra opinión. Antes consultamos en un foro que a nuestro médico de cabecera. Y cuando no sabemos algo, el señor Google a golpe de clic.  nos responde gratuitamente. Hay un exceso de información ahí fuera y paradójicamente esto ha hecho que, en temas de marketing online, exista hoy por hoy una importante desinformación. ¿Cuál es la información correcta?

Debemos ante todo conocer bien nuestro nicho de mercado. Investigar acerca de él, qué lugares online frecuenta, qué le gusta, que le inquieta y cómo nosotros podemos ayudarle. Entender el mercado, elaborando un buen análisis y un pre análisis de SEO, son las claves para comenzar a construir la casa por los cimientos. Este nicho o tráfico debe convertirse en números económicos reales que nos aporten un ROI deseado para poder seguir funcionando. Como un coche que necesita gasolina. Un buen posicionamiento, un buen uso de palabras claves a través de Google Adwords, un buen plan de marketing en Facebook, son algunas de las múltiples herramientas que podemos usar para convertir nuestro negocio online, en ventas reales y efectivas. Es un trabajo que necesita de mucho tiempo, de profesionales cualificados y expertos en la materia. No de personas que suban diez posts al día y con eso crean que ya es suficiente. Crear una base de datos de calidad es fundamental para tu negocio. Ofrécele algo atractivo a tu cliente y que a cambio te facilite su email. Ya tienes una vía de entrada muy poderosa para futuras conversaciones entre tú y él. Para futuras transacciones. Porque si algo es cierto es que, el que compra y queda satisfecho, repite. El dinero que se lo devuelva El Corte Inglés.

Piensa en tus cliente como personas que son. Escúchalas, mímalas, atiende sus necesidades a través de tus servicios y productos. Y aunque sea imposible gustarle a todo el mundo, aunque a priori a algunos no seduzcas, una comunicación constante y respetuosa hará que algún día llamen a tu puerta. Aprovecha Internet como la herramienta que es. Como ese contacto directo que te permite casi abrazar al consumidor. Hazte con el mejor equipo de profesionales, que no te tomen el pelo. Haz campañas de marketing responsables, atractivas y brillantes. Donde la veracidad sea el principal motivo para que tus clics. se conviertan en ventas reales y en una relación marca/cliente que dure para toda la vida. O al menos que te prefieran a ti, antes que a la competencia.

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Y que más da.

Con el tiempo aprendes. O eso dicen. Porque a veces, hay días en los que sientes que no has aprendido absolutamente nada. Distraes tu rutina en versos y en un libro donde las páginas juegan a su antojo. Suerte que aunque hayan cosas que no se puedan borrar, se pueden mejorar y lo mejor de todo, puedes hacer que desaparezcan de tu vida para siempre. Eso si, solo si tú quieres.

De lo poco que sé de la vida (de esta al menos) es que hagas lo que hagas, digas lo que digas y seas como seas, siempre habrá gente que intente hacerte sentir mal. Que intente convencerte de que tú estás equivocado y que el loquero sería el mejor refugio hecho cárcel para los días que te quedan por vivir. Qué peligroso es un comentario, un insulto, una acusación o un gesto por muy pequeño que parezca. No todo el mundo tiene la capacidad de hacer como si nada, de seguir sus pasos sin mirar atrás o al menos si no lo hace, no torturarse por ello. En el aprendizaje hayamos nuestros defectos, detectamos esos errores que no nos hacen bien y que sin darnos cuenta, lastiman a los que nos rodean. Si tienes dos dedos de frente, o veinte, harás todo lo posible para mejorarlo. Pero no cantes victoria. Por mucho que hagas las cosas de corazón, por mucho que te esfuerces en ir de puntillas, sin molestar a nadie ni a nada, siempre habrá alguien al acecho que te señale, que boicotee tu presencia y que intente convencer al resto, de que tú, no eres realmente así. Porque si compartes tu felicidad, eres un egocéntrico y las voces malignas cuchichean que realmente estás más perdido que Wally y eres un infeliz. Si no compartes nada, es porque algo ocultas y no eres trigo limpio. Si presumes de tener en tu vida a muchas personas que te quieren y te lo demuestran en el día a día, critican que realmente estás más solo que la una y que es imposible tener tantos amigos. Y cuando no tienes muchos es porque te lo mereces, porque recoges lo que has sembrado y entonces es cuando el karma viste con su mejor traje riéndose entre dientes de algodón. Si escribes, porque escribes para llamar la atención y para que tu ego suba ese día como la bolsa. Y no me refiero a la del mercadona. Si te haces una foto y la compartes, es porque eres un vanidoso egocéntrico y si solo subes fotos de paisajes es porque seguro, eres feo y un zampa bollos. Si eres buena persona, no lo puedes ser tanto. Algo escondes, algo te falta. No te preocupes que si tú aún no lo sabes, ya los expertos morales te enviarán un informe detallado de su diagnóstico clínico. Pero eso sí. No esperes que lo hagan de frente. Te irán dejando miguitas de pan. Y  ya si quieres y ese día tienes hambre, te las comerás. Si no, piensa que siempre habrá un estupendo restaurante a la vuelta de la esquina donde el menú es más barato, más rico y más sano.

Porque hoy en día ser auténtico te va a salir caro. Realmente caro. La gente confundirá siempre ese término con creerte un ser perfecto. Con hacerte creer que tu verdad es absoluta y que tú nunca te equivocas. Te harán llorar, te harán sufrir y te sacarán lo peor de ti. Pero te aseguro que ese sentimiento es pasajero. Que todo eso te hará increíblemente fuerte. Que el dolor de estómago desaparecerá, y cuando te creas que tú realmente no eres como ellos se empeñan en hacerte creer, entonces, es cuando serás capaz de seguir tu camino saltando esas piedras que con el paso del tiempo, no será más que arena. Ten claro que si dices lo que sientes, malo. Tanto que defienden en este país la libertad de expresión. ¡Me cago yo en la libertad de expresión! Qué hipócritas podemos llegar a ser y qué poco nos gusta cuando decimos en alto lo que pensamos. Lo que todos pensamos y nadie se atreve a decir. Claro, olvidaba que se premia muchas veces más el silencio de lo verdadero que el grito de lo auténtico. No olvides que no todo el mundo aplaudirá tu sinceridad y serán muchos los que en un acto diabólico, te harán sentir la peor persona del mundo por simplemente decir lo que te hace sentir bien, lo que te hace sentir mal o lo que opinas de un peinado. Puedes optar por ser mediocre. Por dañar gratuitamente al de al lado y por seguir al rebaño al unísono de un balido tremendamente típico. Tremendamente aburrido.

Y ya si encima te dedicas a correr prepárate. Se empeñarán en decir que huyes de tu vacía vida. Que corres para disfrazar tu patética vida llena de mentiras, de soledad y de una apariencia que ni tú mismo te crees. Que ya podrías predicar con tu ejemplo cuando escribes de amor o lo que humildemente crees de la vida, de tus experiencias o de lo que te cuentan las nubes en silencio. Pero no, no te esfuerces. Ellos no verán eso nunca. Jamás lo admitirán porque sería renunciar a esa guerra que te declararon desde el momento que tu luz, cegó para siempre sus ojos. Si tienes éxito se esmerarán en decir que solo vives para por los “me gusta” de los demás. Mira que se aburren. Recuerda que a lo largo de la historia mataron a muchos genios. Los torturaron, los quemaron, los encerraron y les cosieron los labios para siempre. Recuerda que los más grandes se han caído más veces que cualquier otro, que los sabios se equivocaron mil veces antes de dar con la fórmula perfecta y que los valientes están hechos de otra pasta. De otra alma. De otro corazón.

Y qué curioso que cuánto más te odian, más se quieren entre ellos. Y lo que más critican de ti es justamente lo que ellos hacen. ¡De locos! Al final iban a tener razón en eso del loquero.

Así que mira. Que digan lo que quieran ¿no? Que hablen, que se rían, que critiquen, que te maldigan y te hagan mil hechizos hasta dejarte sin pelo. ¿Qué más da? Con lo que no podrán jamás es con acabar con tus ganas. Con las ganas de seguir intentándolo, con las ganas de seguir creyendo que es posible, y con las ganas de seguir siendo nosotros mismos siempre. Mis ganas son infinitas. Me sobran los intentos y las ganas de seguir creyendo. Las ganas de seguir amando esta vida injusta que si quieres, es increíblemente maravillosa. Por su sol, por su estrellas y por su gente.

Y que más da lo que piensen los demás.

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Cuando se te olvide.

Te haré saber lo mucho que vales, te recordaré por qué te alejaste de él y haré que te mires en el espejo del perdón.

Cuando se te olvide, despertaré a los mil mares que nos separan. Para que los peces que ayer jugaron con nuestros sueños, se lleven en olas los trozos de papel que aún bailan en aquella orilla. Que aún bailan en aquella playa. Dibujaré un nuevo cielo y un nuevo sol, para que tus días grises, sean menos grises. Te abrazaré, te cogeré de la mano y bailaremos tu canción favorita. Te haré reír y te recordaré lo importante que eres para mí. Lo mucho que necesito que vuelvas a ser tú. Con tu sonrisa, con esas ganas de vivir, con tus virtudes y con tus defectos que te hacen una persona excepcional.

Te recordaré lo bien que se te da pintar y le quitaré el polvo a todas esas metas que dejaste para luego.

Cuando se te olvide, te recordaré que fuiste tú quién decidió alejarse. Que fuiste tú quién decidió descuidar y hacer añicos nuestra historia. Y que soy yo quién hoy, decide no estar a tu lado. Te recordaré por qué a la confianza dejaste de caerle bien y por qué el recelo incauto, convirtió en instante permanente la percepción que hoy tengo de ti. Te recordaré lo mucho que te quise y escribiré en tu piel si así lo necesitas, por qué hoy, ya no te quiero tanto. Correré hasta que mis piernas puedan y mi mente quiera y lanzaré al viento todos esos besos que nunca nos dimos.

Cuando se te olvide, te enseñaré un nuevo mundo. Te invitaré a que mires a través de mis ojos y recuerdes que aunque ya no esté aquí, tienes mil motivos para seguir adelante. Tienes mil motivos por los que levantarte cada día, ir descalzo por la vida y mojarte de vez en cuando bajo la lluvia. No importa que los demás prefieran el paraguas. Tú siempre fuiste más original. Te advertiré de los peligros que hay ahí fuera, pero no haré nada para que no te equivoques. Sé que los errores es el mejor de los maestros y no querer equivocarse, es el billete sin escala a un fracaso que sonríe desde lejos con dientes amarillos.

Y es que cuando se te olvide…mis pies buscarán los tuyos. Te haré el amor sin ni si quiera tocarte y te recordaré cada día, lo mucho que te quiero en mi vida. Lo tan jodidamente feliz que me haces y que a pesar de todo, no te cambiaría por nada ni por nadie. Te recordaré que los demás dejaron de importarme, que en Canarias vivimos en una hora menos y que pasión se escribe con tilde. Te daré los buenos días y te daré las gracias por todos esos momentos que pasamos juntos. Por todas las cosas que me enseñaste y por todas esas tantas que dejaste que descubriera por mi misma. Te bajaré la luna para que le cuentes tus secretos y en un afán por ayudarte, te de la paz que necesitas. Te llevaré a todos esos sitios que siempre quisiste ir y nos tomaremos un café en el bar donde nos conocimos. Te diré que por mucho que lo intentes seguirás sumando en vano tus propósitos insanos. De herirme, de convencerme, de mortificarme.

Cuando se te olvide, te recordaré mi nombre, te recordaré quién soy y quién eres tú para mí. Te haré tu tarta favorita y te llamaré para recordarte que mañana, es tu cumpleaños. Te susurraré al oído lo mucho que me gustas y aunque el destino no se haya puesto de nuestro lado, siempre quedará el recuerdo amargo de lo que pudo haber sido y nunca fue. Aunque quizás fue, que nunca pudo haber sido. Te recordaré que menos es más y que no era tan difícil. Y que si hubieras querido, sería yo con la que te hubieses despertado cada mañana. Que nunca es demasiado pronto para querer a alguien pero si demasiado tarde. Que los problemas se solucionan con ganas y la determinación que le pongas a tus decisiones, hará que tus días sean más o menos extraordinarios. Cuando se te olvide, te recordaré que hay personas que lo están pasando peor que tú y no se quejan. Que eres muy afortunado por tener salud, dos piernas y un trabajo. Te enseñaré a ser más bondadoso, a que te des cuenta que ayudar a los demás es necesario y que no siempre es lo que tú digas.

Cuando se te olvide, yo estaré aquí para recordártelo.

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Te confieso.

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Que aún te pienso. Solo cuando quiero recordar por qué hoy estoy aquí y por qué mis pasos marcaron distancia entre tus besos. Te confieso que amo tu ausencia y el silencio que dejaron los abrazos de aquel enero sin sol.

Te confieso que me equivoqué una y mil veces. Que tropecé en cien ocasiones con la misma piedra hasta deshacerla en arena. Y que mis intentos de conseguirlo sumaron una larga lista de fracasos. Pero a pesar de todo, si pudiese dar marcha atrás, te confieso que volvería a equivocarme. Volvería a tropezarme, volvería a caerme. Porque a medida que las heridas fueron siendo más grandes, más dolorosas, hubo un día en que dejaron de doler. Hubo un día en el que las lágrimas fueron cada vez más dulces y descubrí que las caídas me hacían más fuerte. Que cada vez que volvía a ponerme en pie, en mis piernas se iban dibujando músculos nuevos, más duros, más firmes. Y en un intento torpe de encontrarme, descubrí que mis hombros sujetaban unas pupilas más expertas, más resistentes, menos débiles.

Te confieso que hace más de dos años que no veo el telediario. No soporto el afán de hacernos creer que todo lo que pasa en nuestro mundo es malo. No quiero intoxicarme de esos medios que se empeñan en hacer alarde gratuito, de las desgracias que pasan en otros lugares del mundo. Y que mi conciencia se vuelva inmune a esas bombas que destrozan almas, como si fuesen simples nubes de aire. Te confieso que para mi la derecha es la mano con la que escribo y la izquierda la dirección hacia su casa. Al fin y al cabo no son más que un puñado de ladrones que suman en familias desahuciadas, una larga lista de parados y promesas que se llenan de mentiras. Ellos entre tanto y entre tantos, acarician sus sábanas de seda, se ríen de una España herida y de un pueblo que solo sabe luchar a su manera.

Te confieso que me volví amiga de mis miedos. Le puse candado al viento y dibujé mil te quieros en el espejo . Me sobran los intentos, las ganas de encontrarte y cicatrices en mi piel. Te confieso que la paciencia nunca fue mi fuerte y que por mucho que digan, hay cosas que no pueden esperar. Superé la resistencia al no y desaliñé los iconos de aquellas sombras que se disfrazaban de bondad. Escupí al aire mil suspiros y cuando quise darme cuenta, el mundo aún se me antojaba (y antoja) demasiado cruel, demasiado duro. Demasiado estúpido.

Te confieso que me cansé de esas amigas que jugaban a serlo. A ser leales y sinceras y a vestirse de “bien queda” convenciéndote de que tú también formabas parte de ellas. Formabas parte implícita de esa espiral cuya puerta, estaba más cerca de lo que creí jamás. Aprovechando el paso del tiempo, te confieso, que di tregua a mi culpa y asumí honestamente mis errores. Dando un paso al frente a una dirección más sana, menos equívoca y a personas más auténticas. ¡No era tan difícil joder!

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Te confieso que al principio tuve miedo. Coleccioné una larga lista de sapos, de canciones y de sueños. Desdibujé las letras de aquella poesía y convertí en razón tu indiferencia. Cambié el rencor por la compasión y el echarte de menos por echarte de más. Y aunque el corazón a veces me duela, siempre hay una luz que te recuerda que mientras lata, mientras tus ventrículos estén fuertes para bailar con tus aurículas, todo irá bien. Te confieso que por mucho que lo intenten, nunca me rendiré. Que la curiosidad me convirtió en tigre y que amo la manera en la que me haces el amor.

Te confieso que no estás solo, que no estás sola. Exclusivamente depende de ti, que tengas el coraje y el valor de caminar descalzo, de sentir la lluvia bajo tus pies y de que experimentes por ti mismo que si quieres, el agua moja y no ahoga.

Te confieso que no escribo pensando en ti. Que cada vez que alguien defiende el maltrato animal, o sea cual sea el “arte” torero de cada país, prefiero darme la vuelta y creer que solo es una voz ignorante que no entiende de sentimientos. Te confieso que los mundos de yupis son mejores que este que hemos creado y estamos destruyendo. Que aún hay personas que actúan desde el corazón, que dan los buenos días y que no han perdido la educación. Te confieso que son muchas las personas que me hablan de desamor. Que viven una vida que no quieren. Que tienen una mujer o un marido al que no quieren. Que tienen unos hijos a los que a penas ven. Y que tienen un trabajo que detestan. ¿No es triste? Para mi si. Porque aunque intentemos enmascarar la tristeza de nuestra alma, al final todo sale. Todo termina. Y la vida se nos va en un suspiro. Te confieso que también conozco a muchas personas que quieren a su mujer, que quieren a su marido y que aman la vida que tienen y quieren tener. Simplemente se trata de tomar decisiones. Ya te dije que todo, dependía de ti.

Te confieso que aprendí que de lo importante no se habla. Que de las mejores historias no hay fotos, ni estados en facebook, ni demostraciones forzadas. Aprendí a guardar en secreto la historia de amor más importante de mi vida. Esa que sin tú saberlo, existe. Y existirá por siempre.

Te confieso que aún no me creo que se haya ido y que nunca más volveré a verlo.

Y te confieso que por mucho que intentes darle la vuelta a mis palabras o al sentido de lo que escribo, solo encontrarás el reflejo de un verbo inexplicable.

Te confieso que te quiero. Aunque a veces, me cueste aceptarlo.

 

 

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GRACIAS.

El Rincón de Floricienta.

El Rincón de Floricienta.

Han pasado apenas cinco días desde que publiqué “La mala costumbre” y aún estoy asimilando la gran repercusión que ha tenido. Más de un millón de visitas. Nunca pensé que fuese a suceder algo así y menos cuando llevo escribiendo desde que tengo uso de razón. Empecé a hacerlo en mis diarios, luego en mis libretas, en hojas sueltas y fue en el 2009 cuando nació El Rincón de Floricienta. Nació en otro lugar distinto a este, en otro formato. Y desde hace relativamente poco, está hoy aquí, delante tuya y delante de miles de personas (por lo que veo).

Asusta. Y mucho.

Más después de leer ciertos comentarios hirientes que por más que intento buscarles una explicación, no la consigo. Y no hablo de que te pueda gustar más o menos mi forma de escribir. No hablo de que te pueda gustar más o menos mi forma de pensar, de reflexionar o de ver ciertos aspectos de la vida. Que al fin y al cabo es la mía, no la tuya. Hablo de los insultos y de las barbaridades que he podido leer. Incluso entre ustedes mismos, los lectores. Y digo yo: ¿Por qué he de gustarte? Este blog no se creó para ganar dinero, no vivo de él afortunadamente, ni de mis palabras. Se creó por el impulso de muchas personas que a lo largo de mi vida me animaban a que nunca dejara de escribir. Me confesaban que mis historias, poesías y reflexiones les había tocado el corazón, y les habían hecho reflexionar de manera positiva en muchos aspectos. Fue entonces cuando sentí por primera vez que podía hacer algo grande, algo por lo que sentirme enormemente feliz cada día. Y ese algo era y es, ayudar a los demás.

No vendo manuales de autoayuda ni verdades absolutas. Tampoco predico una doctrina suprema ni de cualquier tipo. No soy psicóloga ni escritora. No pretendo ser nada de lo que no soy hoy por hoy. Una persona normal que escribe lo que siente, que escribe de experiencias o de historias anónimas. Una persona normal que escribe desde el corazón y lo hace aquí. Porque este es mi pequeño rincón que creé para los que como yo, quieren asomarse al mundo sin miedo, sin prejuicios y sin vergüenza. Porque no tengo vergüenza de escribir y decir lo que pienso. Y creo que para eso, hay que ser muy valiente.

Y es que…

Tengo LA BUENA COSTUMBRE DE DAR LAS GRACIAS. Y este post no podía ser escrito de otra forma. Gracias e infinitamente gracias a todos los que han entrado en Floricienta en estos días. Gracias a todos los que me han leído con tanto cariño y respeto. A los que me han defendido. Gracias por tantos, tantísimos comentarios y mensajes que he recibido de mil maneras diferentes. Aún me llegan y empecé contestando uno a uno pero ya me resultó imposible. Intentaré ir haciéndolo poco a poco, con el tiempo y dedicación que cada uno se merece. Gracias a todos los que me apoyan día a día, desde hace mucho tiempo. Ustedes son los mayores “culpables” de esto. Me siento enormemente afortunada por todas las muestras de cariño que estoy recibiendo. Personas anónimas que con un simple gesto han conseguido que tenga ganas de descubrir quiénes son y darles un abrazo.

La vida está llena de personas maravillosas y he tenido la grandísima suerte de dar con muchas de ellas en estos días.

Si antes escribía para mí, sin pensar en gustar ni agradar a nadie, ahora seguiré haciéndolo con más ganas y con más fuerza que nunca. Y más ahora que sé, que mi propósito de llegar al corazón de las personas es posible.Es real. Es alcanzable. Y a los que no les guste les invito a que simplemente, no sigan leyéndome. No estoy aquí para que me juzguen y tampoco he venido a hablar de mi libro.

No pierdan el tiempo en este estúpido blog que escribe una chica que se cree que vive en los mundos de Yupi.

¡Vivan los mundos de Yupi!

Y viva el creer que un mundo mejor, es posible.

 

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La mala costumbre.

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Fotografía: Ibai Acevedo.

La mayoría de nosotros vive pensando que esto será eterno. Que somos inmortales y que las desgracias solo le pasan al de al lado. Vivimos inmersos en una ignorancia que nos hace débiles y solo lamentamos lo ocurrido cuando ya es demasiado tarde.

Y es que…

Tenemos la mala costumbre de dejar para luego, de reír poco y de querer hacerlo mañana. Tenemos la mala costumbre de echar de menos, en lugar de hacerlo de más. La mala costumbre de usar los luegos y no los ahoras. Luego te llamo, luego te escribo, luego te contesto, luego nos vemos. Y obviamente nunca llamó, nunca escribió, nunca contestó y nunca fue visto. Tenemos la mala costumbre de querer tarde. De valorar tarde. De pedir perdón demasiado pronto. Debería haber un número máximo de perdones. Perdonar nos hace grandes, de acuerdo, pero cuando tienes que perdonar todos los días, al final un lo siento se convierte en el comodín de cualquier pretexto injustificado, innecesario e inmerecido. Tenemos la mala costumbre de defender al malo y descuidar al bueno. De contar mentiras tra la rá y de tener que hacer un máster para descubrir verdades. Mantenemos en nuestra vida “amigos” porque sí y llenamos nuestras agendas de compromisos a los que realmente no queremos ir. Tenemos la mala costumbre de sentirnos mal por decir no y de creernos mejores por decir si.

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Tenemos la mala costumbre de esperar a un cáncer, a una mala noticia o a una llamada de que alguien querido se nos fue, para tomar las riendas de nuestra vida y empezar a apreciar cada puesta de sol, cada mañana que te levantas de la cama y cada luna que abrazas en tu almohada. Tenemos la mala costumbre de usar el descuido a diario, olvidando que los pequeños detalles importan, que los pequeños detalles construyen grandes caminos y que cada lunes, puede ser el mejor día de la semana. Tenemos la mala costumbre de quejarnos por todo, de culpar siempre al otro porque claro, tú eres un ser perfecto y nunca, nunca, haces nada. Siempre es la parte contraria. Decimos muy pocos te quieros y hacerlo por primera vez es como “buf que va, no vaya a ser que se asuste”. ¿Asustarse de qué? ¿Cómo una persona puede asustarse porque alguien le quiera?.

Asústate si algún día te vas a la cama sin sentir que quieres a otra persona.

Asústate el día que te vayas a dormir sin decirle a esa persona lo importante que es para ti.

Asústate cuando no le des besos a tu madre y a tu padre.

Asústate cuando seas incapaz de abrazar a alguien y sentir esa sensación tan extraordinaria que producen los abrazos.

Asústate cuando las defensas de tu cuerpo se hayan vuelto inmunes al dolor ajeno.

Y cuando veas una injusticia y no hagas absolutamente nada para remediarlo.

Asústate cuando pases un solo día sin ayudar a alguien.

Asústate de verdad, porque créeme. Estás muerto.

 

Y es que…

Tenemos la mala costumbre de trabajar demasiado, de cargar con una mochila llena de cosas innecesarias y de comer más de lo que nuestro cuerpo necesita. Tenemos la mala costumbre de creernos mejores que los demás, de bailar poco, fumar mucho y respirar a medias. Tenemos la mala costumbre de ir caminando por las calles de nuestra ciudad mirando al suelo, o a nuestro teléfono móvil. ¿Alguna vez te has dado cuenta de lo bonitos que son los edificios de esas calles por las que pasas a diario? Por no hablar de la luz de las estrellas.

5863482_fTuP1igt_c_largeTenemos la mala costumbre de empezar el gimnasio la semana que viene. De cuidarnos cuando ya es demasiado tarde y de tomar vitaminas cuando estamos enfermos. Tenemos la mala costumbre de creer que el pelo de aquella es mejor que el nuestro. Que su suerte es nuestra desdicha y de compararnos como si fuésemos presa de alguien que busca en comparadores de Internet. Tenemos la mala costumbre de medirnos por nuestros estudios o por nuestra altura. De confundir la belleza con la delgadez y de creernos que no somos capaces de conseguirlo, porque alguien una vez así, nos lo hizo creer. Y no fue nadie más que tú mismo.

Tenemos la mala costumbre de apuntarnos a clases de idiomas, cuando ni siquiera dominamos el nuestro. De querer conocer mundo y viajar lo más lejos posible cuando aún, nos quedan lugares maravillosos por descubrir en nuestra propia tierra. Tenemos la mala costumbre de comer animales, de contaminar el mundo y de lavar la ropa en vez de nuestras conciencias. Tenemos la mala costumbre de escuchar poco y hablar demasiado. De dar consejos y juicios de valor sin ser conscientes del poder que pueden llegar a tener nuestras palabras. Dejamos demasiado pronto y tenemos muy poca paciencia. Objetos de usar y tirar, sin importarnos lo más mínimo su destino. Tenemos la mala costumbre de creernos que lo sabemos todo. Cuando realmente, no tenemos idea de nada.

 

Wasapeamos mucho,

dormimos demasiado

y follamos poco.

 

Nos pasamos media vida o vida entera, soñando esa vida perfecta que nos gustaría tener. Cuando somos ajenos a que realmente la vida perfecta es ahora. Es cada momento, cada instante de los segundos que marca el reloj de tus días. Es cada oportunidad, cada sonrisa, cada beso y cada vez que te enamoras. ¡ENAMORÉMONOS TODOS LOS DÍAS DE NUESTRA VIDA! No pongas barreras a tu corazón y deja los prejuicios para aquellos que llevan el cartel de cobarde escrito en tinta permanente. Ni con disolvente se va.

 

Empieza a acostumbrarte a esta vida que a veces es dura. Terriblemente dura. Pero no te lamentes ni te vayas nunca a la cama habiendo hecho daño alguien. Habiendo dejado para luego esos ahoras que nunca llegaron. No habiendo cumplido ese sueño que tanto querías, no habiendo hecho unos kilómetros de más ese día porque tu cuerpo estaba cansado. No permitas que alguien fallezca para luego recordarlo y decirle mirando su foto, cuánto le querías. No dejes que la rutina o la sensación de eternidad descuide lo verdaderamente importante de tu vida.

En definitiva, no dejes que la mala costumbre sea la invitada de honor en los días que te quedan por vivir a partir de hoy.

Quiere ahora, no mañana.

 

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