
¿En qué momento olvidamos amarnos bonito? Elegir a la misma persona cada día, aún pudiendo no hacerlo en lugar de ir de alma en alma y tiro porque me toca. Como si el peaje emocional que pagamos por ello, no fuese lo suficientemente “caro” para darnos cuenta de que por ahí, no es.
En qué momento las relaciones interpersonales se volvieron tan mediocres y se creyó que el amor, es para corazones flojitos o necesitados. El amor es para personas valientes que aún estando en guerra, siguen firmes sosteniendo con gratitud tu compañía. Porque el amor es un trabajo de cada día y cuando lo das por hecho, lo pierdes. Cuando lo das por hecho, pierdes.
Hemos normalizado vivir en una sociedad en la que nos llenamos la boca de mentiras y nuestros ojos caminan vacíos anhelando todo eso que tememos amar. Prometiendo en cada encuentro, un mañana, donde el sol no volvió a darnos los buenos días. Se castiga a la persona que se compromete. A la intensa que vive todo de una forma pura, honesta y sincera. Con esa magia de las primeras veces porque ella aprendió que todo lo que realmente tenemos, es este preciso instante. Porque la vida no espera. Ni por ella ni por nadie. La vida solo transcurre entre latido y latido y es ahí, donde atesoramos de forma infinita la gratitud de todo cuanto somos y sentimos.
En qué momento las relaciones de pareja sanas se hicieron utopía, por aquellas que mancharon la certeza de que no es necesidad ni fantasía. Sino una manera legítima de ser y estar en el mundo.
En qué momento el amor propio se confundió con individualismo y la empatía pasó a ser la última de la fila.
Quizás, en esta vida, no existes para mí.
Pero tengo la seguridad de que en otra o en alguna parte de este infinito universo, bailamos la misma canción sin soltarnos de la mano.

Aporta tu granito de arena en Floricienta.