Soy una princesa.

Y no llevo corona. No la necesito. Tampoco protagonizo ninguna película de Walt Disney, ni vivo en un castillo, ni le canto a los pájaros, ni voy perdiendo zapatos, ni tengo vestidos rosas por doquier. Pero soy una princesa. Soy una princesa desde que supe que quería serlo. Sin adornos ni florituras. Sin adverbios concatenados que…