¡Queda inaugurada esta nueva sección de «Amigos de Floricienta! Y no he encontrado mejor telonero que él. Damián. Un hombre extraordinariamente maravilloso, sensible y que sin saberlo, también descubrió el don de la escritura en sus palabras, en su modo tan libre y pasional de convertirlas en preciosos escritos. Aún no tiene blog pero muy pronto lo tendrá.
Damián, el hombre que enamoró a Floricienta y que lo sigue haciendo cada día.
Yo, aquel chico feo, para que nadie te lo pudiera quitar…
Treinta y cinco años, seis más que tú, arrugas para plantar papas negras, todas las patas de gallo de una granja aviar, pelo paja y excavaciones. Dragados haciéndose con el poder, con unas canas alteradas y dispuestas aleatoriamente sin sentido…paticorto, tronquilargo. Mis ojos tan delgados como dos puñaladas, marrones y con «desconfianza asiática».
Qué grandes contrastes: Pies pequeños y sin uñas, mano y sus ñoños diminutos a la par con mi estatura media 175cm que lo mejor que tiene es su rima, pero con una nariz prominente: «Érase un hombre a una nariz pegado, érase una nariz superlativa, érase ,una nariz sayón y escriba» ya me lo dedicaba Quevedo.
Sin pelos en la lengua pero sólo ausentes ahí. Mejor invitarme a cenar que pagarme unas sesiones de esteticismo. Belleza dental imposible, ingenieros de puentes caminos y canales, delineantes, dentistas de renombre se han rendido. El mismo Chillida ha optado por dejar Tindaya y centrarse en la historia monumental de mi piñata.
Yo, aquel chico simpático con ese atributo físico único hasta entonces, el de mis orejas modelo, que consiguió nuestro encuentro. Fotos llenas de filtros, claro está, con mis locuras, vídeos escala en hi-fi dedicados y exclusivos , mil palabras escritas y habladas hasta que por fin decidiste concederme una cita.
Y surgió el primer beso, donde convertiste a la rana en príncipe y es que estaba cansado de ser sólo simpático: un salmorejo al que lo califiquen de fresquito ( by Pedro Martínez ) , el hijo del butanero (by Jesús Sánchez), ni el patito feo entre unos hermanos cisnes (algo así by Toni Tejera) o aquel chico que «tiene morbo» o «tiene algo».
Yo, este chico guapo, ese chico treinteañero con un cuerpo acorde a una estructura correcta de formas, a la par del mundo que le rodea. Arrugas sexis que hacen más interesante y místico.
Desigualdad armónica, estatura, pies, manos, nariz, ojos. Consonancia desequilibrada pero es que la belleza es así, subjetiva, salvo lo hermoso de las solapas auriculares. Eso debería ser carácter objetivo universal de lindeza. Ojos que inspiran confianza y pasión, manos habilidosas y fuertes, con un caminar firme y una expresión facial bien aderezada, barba, canas atractivas dan seguridad y crean un halo alrededor de esplendor.
Y este chico es el que te mereces, confiado de sí mismo, diferente, lindo, maduro, simpático, atractivo, hombre, inteligente y capaz, bien avenido acorde en sus formas. Ese que elevas a la máxima potencia con tu presencia, ese al que el aire no le cabe en su pequeño pecho cuando te siente cerca, cuando ve tus imágenes, huele tu fragancia natural de piel o cuando sencillamente te oye sonreír. Aquel que te rodea con sus brazos aún estando en lo alto con diez centímetros de más cuando la diferencia de altura eclipsa lo que él te transmite con esos abrazos, seguridad, sobre sí y para ti.
Pero aún siendo real o no mi verdad actual o pasada, me mantengo impertérrito ante el futuro porque lo único que tengo claro es que todo cambiará y cuando eso ocurra, la esencia de mi perfume es la que podrás encontrar allí donde tú y yo sabemos que nos encontraremos: entre estrellas y mariposas.
Yo, ese chico que te ama. Dami.

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