Las cuadrículas de Dalton

A mano alzada dibujo tu nariz
y le permito unas suaves pecas que la decoran.
Pinto de naranja los bordes de su piel
y establezco el punto de inflexión de su memoria.
Cambio de lápiz, este me aburre
afilo su punta hasta que se queda tan fina
que son impredecibles sus trazos.
Mejor, así me ahorro la goma
El típex nunca me ha gustado,
siempre deja grumos pegajosos.
En un nuevo lienzo,
describo el algoritmo de tu cintura.
Perfecta delineación,
que termina en una presuntuosa uve.
Uve de victoria,
uve de vanidad,
uve de vicio,
uve de vino tinto.
Esclarezo mis pensamientos
aturdidos por tus pestañas
y en lugar de azul veo verde
y en lugar de rojo veo marrón.
Mimetizo tus dedos con espumas de algodón
saco al viento la calle que olvidaste
te doy otra, la que quieras.
Pero vete de aquí, ahora estorbas.
Me limpio las manos con jabón
no dejo ni rastro de mi presencia,
no quisiera ser cómplice de este crímen
ni de la pérdida de tu ausencia.

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