– ¿Sabes una cosa?
– Dime
– Soy feliz
– Se te nota. De hecho hace meses que se nota.
– ¿Y sabes por qué?
– ¿Por qué?
– Porque cometí el mejor error de mi vida…
(conversación mantenida con el tiempo mientras tomábamos café)

Y es que mi mejor error fue conocerte. Aunque me rompieras el alma en mil pedazos. Con el tiempo aprendí a pegarme cada uno de los trocitos de mi piel que hoy dibujan un mapa inexorable. Mi mejor error fue creerme aquello que me decías entre dientes soberbios: «nunca encontrarás a alguien como yo«. Hoy te digo que te equivocaste. Conocí a muchos igual que tú, a muchas igual que tú. Pero tú me enseñaste a ser fuerte y las únicas lágrimas que pude derramar, aplaudían a un andar experto que me vistieron de un carácter más sensato. De un carácter más sabio.
Mi mejor error fue amarte. Fue pensar que TÚ eras el amor de mi vida y esa persona con la que compartiría una larga lista de sueños. Ahora que vivo en sus ojos y en su belleza traviesa, me doy cuenta de lo mucho que me equivoqué. Y no te imaginas cuanto me alegro.
Mi mejor error fue pensar que ellas eran mis amigas. Mis mejores amigas: fieles, bonitas y coquetas, que al unísono del mismo compás, danzábamos por la vida cantando en «Do, Re, Mi, Fa, Sol». Cuando la música dejó de sonar me quedé sola calzando unos tacones que se me antojaron estrechos, y reprimían mis ganas de correr. Mis ganas de respirar. Durante mucho tiempo fueron ellas mis confidentes, mis lágrimas y mis sapos perdidos. Lo cierto es que hoy no las echo de menos. Ni siquiera para compartir lo mucho que me ha dado la vida desde que se fueron de mi lado.
Navegué en mil mares sin océanos, desdibujé cientos de mapas de colores e hice mías las calles de París. Me aventuré sin rumbo en una ciudad que me enamoró por completo, y encontré en Londres ese punto de inflexión donde una parte de mí se quedó para siempre. Mi mejor error fue perderme durante tantos años sin una dirección postal permanente. Las sucesivas mudanzas me hicieron maestra, y con el paso del tiempo las difíciles decisiones se convirtieron en un modo de vida placentero en el que hoy vivo. En el que hoy sonrío y en el que hoy orgullosa puedo decir que soy feliz.
Mi mejor error fue querer y parecer siempre perfecta. No concebía el hecho de fracasar y mucho menos por partida doble (o triple). De tanto que me caí, de tanto que me equivoqué, de tanto que confié, de tanto que me hirieron, de tanto que lloré…entendí que no hay perfección más bella que la de una persona imperfecta que sana sus defectos y los convierte en fortalezas para seguir adelante. Con paso firme, determinante y sin echar la vista atrás (solo cuando hay un trasero bonito que admirar). Agradezco ser imperfecta. Agradezco equivocarme tanto porque no ha habido mejor maestro en mi andadura, que todos esos errores que cometí (y cometo).
Mi mejor error fue pensar que no podía. Que yo no sería capaz de conseguirlo. Fue tanto el miedo que durante un tiempo, todas mis ganas se atrofiaron en un pensamiento conjunto de metáforas que invalidaron mi capacidad de ser. Mi capacidad de creer. Gracias a ese error he podido cumplir muchos sueños que definían como utópicos. Y los que me quedan.
Gracias mi mejor error por estar presente en muchos momentos de mi vida. Gracias mi mejor error por haber pensado que TÚ eras el amor verdadero y que mis capacidades estaban limitadas a un hacer mediocre sin posibilidad de éxito. Gracias mi mejor error por enseñarme tanto y por haberme dado la oportunidad de ser quien soy.
Te quiero,
y sin ti…nada de esto hubiese sido posible.

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