El hombre del banquillo de una estación de la periferia del mundo.

Él es Tonino, un chico italiano que conocí en mi paso por la univesidad. A pesar de su vuelta a Italia nuestra amistad ha perdurado durante todos estos años. Un chico con una sensibilidad especial que tocará tu corazón con sus letras.

¡Felicidades Tonino! Gracias por tu cariño, por tu fortaleza, por tus ganas de superación y por esa visión tan particular que tienes del mundo.

Si quieres contactar con él:  tonino.abbate@hotmail.it

El hombre del banquillo de una estación de la periferia del mundo.

stazione-treni

Hay un hombre parado, inmóvil, sentado en un viejo banquillo de una angosta estación de la periferia del mundo: un banquillo anónimo, blanco, frío, hoy quizás aún más frío que nunca. Un viento cortante, gélido como sólo puede ser gélido el viento del Sur, percute su rostro cansado, deludido, ofendido, y azota sus lágrimas que tienen el triste sabor de un largo abandono. Alrededor, todo es silencio: el silencio de un adiós para vivir así, silenciosamente, solos dentro y afuera, sin siquiera un perro solitario para hacer compañía.

Su tren llegará dentro de poco, lo oirá silbar desde lejos, como siempre, como todas las veces en las cuales había esperado en el sencillo banquillo de aquella vieja estación imprecando por el deplorable retraso de siempre, y oirá el enredado ruido de la locomotora que le sacudirá los sentidos: pero, hoy, le agradaría como pocas cosas en la vida ese retraso de siempre, como si aplazar su adiós fuera una manera para hacerlo un poco menos amargo, o quizás sólo para quedarse un poco más envuelto en sus dulces recuerdos y en sus amargos pensamientos, quién sabe.

Ya se ha adelantado a su tiempo, como quien quiere quedarse cerrado en si mismo y dedicarse a sí mismo, en el intento extremo de encontrar una explicación a ese lento paso de adiós, a esa danza de cierre tan racional y sin embargo tan loca de quien deja esa cuna tan florida, y no obstante tan estéril. Y piensa que no hay medio mejor que un tren para un abandono, y piensa que no hay lugar mejor que una vieja estación de la periferia del mundo para un largo adiós: ninguna cola interminable a los gate, ningún check-in aburrido, ningún control de seguridad, nada de nada. Te sientas en un viejo banquillo de una angosta estación de la periferia del mundo en compañía de ti mismo, y esperas con paciencia la llegada de tu vagón mientras a tu alrededor todo está aún oscuro, y piensas que mejor así. Ningún vuelo, ningún despegue, aquel viaje te lleva a otra parte mientras te quedas en la tierra, te da el tiempo para volverte, para mirar hacia atrás, para dirigir la mirada a algo o a alguien que hace “adiós” con la mano y que se hace cada metro siempre más pequeño, aún más pequeño, casi invisible, hasta desaparecer.

Ese hombre parado inmóvil sentado en un viejo banquillo de una angosta estación dela periferia del mundo hoy no tiene pensamientos ni proyectos para si, porque su corazón está hinchado de lágrimas y tristeza y no le deja otro espacio que para sus recuerdos, y para sus dulces amarguras. Mira en la cara a su tierra, a esa cuna que le vio nacer y crecer y que le protegió, y de la cual hoy se siente abandonado sin una explicación, en el momento en que él la abandona.

Repiensa al dulce calor del sol que brilla sobre su piel amarillenta, mientras el viento de esa vieja estación de la periferia del mundo se levanta y percute con una violenta caricia ese rostro bañado por lágrimas honestas, verdaderas, sinceras. Cuantas veces le habrá visto salir, y cuantas veces le habrá visto ponerse en su resplandor, cuantas veces le habrá visto hundirse lentamente en esa inmensa extensión del mar que se destaca delante de sus ojos distribuyendo su incierto puente dorado mientras se dedica a su extrema reverencia, saludando con un dulce “hasta luego” esa tierra a la cual ha donado luz y vida por un día que se dilata perezosamente al infinito, mientras que él, retirándose, protende sus rayos hacia el inmenso. Cuantas veces habrá visto a ese interminable balde acuoso encrespándose por la leve caricia de un viento cálido,acogedor, materno, y cuantas veces habrá visto a las fogosas Eolias danzando al paso de armónicas melodías terrenas mientras el cielo en el horizonte hace púdicamente el amor con el mar, y sus tonalidades se mezclan en un silencioso abrazo en que ya no hay cielo, y ya no hay mar. Cuantas veces habrá visto a la tierra, a su tierra, regalarle una ingenua y verdadera sonrisa por el simple hecho de estar allí, de existir, de mostrarse desnuda y despojada así como es, siempre a su lado como una esposa fiel, mientras el Artista Divino dibuja en ella sus maravillas y sus prodigios de formas y colores sobre un fondo de contornos tan trémulos e inciertos y sin embargo tan mágicos y maravillosos que parecen casi engañosos, ilusorios.

Llora, ese hombre parado inmóvil sentado en un viejo banquillo de una angosta estación de la periferia del mundo: llora sus añoranzas, llora sus dolores y los de su tierra que como una madre muy dulce pero severa le ha crecido entre miles de prodigios y maravillas y después le ha abandonado a si mismo sin una explicación, ha traicionado sus sueños y sus expectativas y le ha dejado allí, solo, hundido en el frío interior de un banquillo solitario de esa vieja estación de la periferia del mundo,contemplando su pasado mientras espera un tren que le llevará hacia un futuro lejos de allí.

Sus lágrimas tienen el sabor amargo y salobre del abandono, del alejamiento, y tienen el dejo intenso de un adiós sin una explicación, y piensa que quizás no pueda existir una explicación lógica y racional detrás de todo lo que está viviendo: se vive, y ya está. Siglos de honrada historia, siglos de cultura iluminada y siglos de fúlgidos ejemplos, inexplicablemente traicionados y de repente reducidos a un segundo mísero y fugaz; siglos de silenciosa admiración, de prestigio y de resplandor, de riqueza y de candor, reducidos así, de golpe, a una callaciega de perdición, a una carretera oscura sin salida donde cualquier cosa es todo y nada y donde el todo y el nada cesan en un instante de tener su íntima importancia, mientras ese tren se asoma tímidamente en el horizonte y su silbido aburrido y estridente se oye desde lejos percutiendo el alma y la mente hundidas en la amarga contemplación de un tiempo que podía ser y que fue pero que ahora, quizás, ya no pueda ser nunca más.

Ningún retraso, ningún tropiezo, hoy no: esa locomotora viaja rápida y veloz hacia ese hombre parado inmóvil sentado en un viejo banquillo de una angosta estación de la periferia del mundo, y le trae a la realidad de sus días mientras los recuerdos de un pasado ni siquiera demasiado lejano le habían conducido por los dulces meandros de la memoria. No frena, no ralentiza su paso, no titubea en su carrera hacia ese hombre que hoy más que nunca se siente un niño, y enjuga con el puño cerrado las lágrimas de sus ojos mientras busca con la otra el contacto de una madre que le ha dejado allí, solo, en un viejo banquillo de una angosta estación de la periferia del mundo, mientras el sol se asoma tácitamente por detrás de las inciertas montañas y el viento ralentiza casi respetuosamente su carrera en el momento en que ese vagón gris se para delante de él, de ese hombre que ya no está sentado sino que está de pie, orgulloso y ya sin lágrimas aunque con un gran dolor y un enorme sufrimiento en el corazón, y agarra su maleta preñada y pesada de dulces memorias y de cálidos recuerdos, y sube lentamente pero con decisión los escalones de su vagón mientras la puerta se cierra bruscamente a sus espaldas, y él se vuelve, por un momento, y traga el triste sabor de lágrimas amargas por un abandono doloroso e inexplicable, al observar ese viejo banquilo de una angosta estación de lo que siempre será, para él, el centro del mundo.

Acerca de Floricienta

Amante de los sueños e irralidades imposibles.
Esta entrada fue publicada en Amigos de Floricienta.. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a El hombre del banquillo de una estación de la periferia del mundo.

  1. Tonino dijo:

    Muchisimas gracias mi nina por darme la posibilidad de compartir uno de mis pensamientos en tu Rincòn, hacia el cual, como te dije miles de veces (y nunca me cansarè de repetirlo…), tengo un carino y una admiraciòn muy grande…
    Estoy contento por estar presente en tu espacio, y por ser amigo de una persona tan maravillosa como tù, una persona con una sensibilidad realmente increible y siempre orientada hacia los demàs, algo que hace de ti una persona UNICA, ESPECIAL tal y como eres, que nos ensenas que en la vida se puede ser realmente GRANDES sin hacer cosas fuera de lo normal, sino simplemente viviendo bien la sencillez de cada dìa…
    Gracias!!! :*

  2. clara sierra dijo:

    Date: Fri, 30 Jan 2015 09:58:08 +0000 To: clarasierra_191995@hotmail.com

Aporta tu granito de arena en Floricienta.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s