Acerca de Floricienta

Amante de los sueños e irralidades imposibles.

Sí quiero.

sí quiero– Sí quiero.

Se dijo al espejo al mirarse aquella mañana.

¿Cuánto tiempo hace que no te comprometes? No me refiero a comprometerse con un tercero. Con un trabajo. Con un anillo que a veces al mirarlo hace que nuestro anular pese demasiado. Tampoco me refiero al compromiso que acora una impronta caprichosa. Ni aquel silbido que condena a nuestras emociones. Hablo a comprometerse de verdad. Al compromiso de la felicidad con uno mismo. Porque por muy increíble que te parezca, la felicidad es un compromiso. Un compromiso diario que empieza por creer que la merecemos. Y termina justo en el momento en el que dejamos de creer en nosotros mismos.

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Las palabras que no se lleva el viento.

Hay palabras que duelen. Palabras que prometen y se desvanecen en el tiempo. Palabras que en un susurro sucumben al más ocaso de los cielos y palabras que sin ton ni son, acomodan una melodía perenne en la espalda de tu piel.

Las palabras escriben historias, hacen a las personas y nos tildan de vida. Las palabras nos ponen nombre y apellidan cada uno de nuestros pasos. Nos hacen libres y también esclavos. Nos hacen iguales y diferentes. Nos hacen cualquier forma de sexo. Las palabras hablan de todo y nada y le ponen voz al silencio. Hacen el amor y el odio. Hacen bandera y color de piel. Las palabras son la fuente maga de todo cuanto queramos ser.

Existen palabras que en invierno abrazan nuestras lunas más frías y palabras de otoño que endulzan el café de cada mañana. Palabras impronunciables. Palabras que ahogamos en ese mar donde las olas nos pusieron del revés. Palabras discretas que seducen al abecedario y palabras coquetas aún por descubrir. Palabras que nos recuerdan aquel amor de verano que dibujó más primaveras de la cuenta. Y palabras que salieron de su boca y hoy se repiten en otros labios. En otros besos.

Palabras que atropellan a estos torpes dedos que solo querían jugar con el viento y acabaron abasteciendo un huracán de sed. Palabras que mitigan la soledad inerte de tu marcha y palabras que no vinieron a despedirse al muelle de San Blás.

Palabras que bailan con la chica más guapa de la fiesta y palabras canallas rompecorazones. Palabras que sacuden lágrimas sinceras y palabras que me recuerdan que aún lates en mí. Palabras que traducen te quieros en un millar de idiomas y palabras que linean nubes amables para que duermas en ellas. Yo aún sigo prefiriendo tu pecho.

Posiblemente de todas las palabras que existan, de todas las palabras que leamos, digamos o escribamos, de todas la palabras que recordemos y hayamos olvidado solo unas persisten valientes en primera fila. Dejando como herencia la huella imborrable de aquellos tres minutos que se convirtieron en un letargo de cien años.

las palabras que no se lleva el viento

Las palabras que no se lleva el viento.

Esas palabras laten dentro. Desdibujan sonrisas y estremecen la piel haciéndola eriza de tu recuerdo. Salieron de tu boca formulando una promesa que hoy vive huérfana. Palabras que aún se preguntan dónde estás y por qué las hiciste tan tuyas y tan mías cuando ni siquiera creíste en ellas. Palabras rudas, palabras mayúsculas, palabras que olían a verdad y hoy se pudren en un planeta que nadie ha visitado jamás. Solo tú y yo en aquel noviembre que prometía ser agosto en cada uno de sus soles. Palabras que envuelven cada centímetro de mi alma y encienden la vela de la habitación donde prometiste al cielo que besarías cada uno de mis lunares. Sin irte.

Hoy solo están ellas. Las palabras. Tus palabras.

La sombra de lo que un día hizo verbo tu nombre hoy se desdeña en el último acorde de aquella canción que nadie quiere tocar. Porque avisa de la prisa, avisa de la ausencia y avisa de aquella huída donde nadie dijo adiós.

Las palabras que no se lleva el viento duelen en todos los océanos. Se revelan por el abandono de su magia y se culpan de existir por ya no tener dueño.

Ahoga mis ganas en ellas.

Llévatelas contigo o al menos dime cómo las olvido.

Ahoga mis prisas por querer amarte en ellas y haz textual cada coma y espacio que las conjuga. 

Usa bien tus palabras. Mídelas en cada una de sus formas. Mímalas antes de regalárselas a nadie y acentúa bien el propósito de cada una de ellas. Nunca sabes qué efecto puede tener en quién las escucha. No las llenes de promesas si no las vas a cumplir, ni regales flores para luego mirar plausible cómo se marchitan.

Las palabras sanan.

Pero también rompen almas.

Hay palabras que se las lleva el viento.

Y otras que pesan demasiado como para hacerlo.

Cuestión de ganas. No de tiempo.

cuestión de ganasQue no te engañen. El tiempo no existe. Es solo una invención humana para dar un poco de coherencia y sentido a nuestros días. Un caos desordenado que nos obliga a vivir bajo una estructura coordinada. Hemos crecido entre un montón de mentiras. Nos han hecho creer cientos de cosas que hemos digerido “como normales”. Y aprendimos lo que buenamente generación tras generación ha ido divulgando.

“Tiempo al tiempo”, “El tiempo todo lo cura”, “Todo es cuestión de tiempo”, “El tiempo es oro”. ¿De verdad?

¿Y si te digo que lo que importa no es el tiempo sino las GANAS?

Ganas a las ganas.

Las ganas lo curan todo.

Todo es cuestión de ganas.

Las ganas es oro.

Cuando estás mal ¿qué te hace sentir mejor? LAS GANAS. Las ganas de salir adelante. Las ganas de creer en ti. Las ganas de sentir y hacer todo lo posible porque ¡coño! ¡Tú mereces algo mejor! Las ganas de encontrar un trabajo que te haga más feliz o el simple hecho de las ganas de cumplir tu sueño bajo esa convicción que te hace único. Única.

¿Qué es un sueño? Una intención llena de ganas.

La vida sin ganas no es nada. Cualquier plan que traces lleva implícita una intención. Un motor que te mueve por dentro y que te impulsa a dar un paso más. Un día más. Un intento más. Un paso más. ¿Crees que eso lo hace el tiempo o tus ganas? Vivimos inmersos en una rutina que ha sido diseñada para que no pensemos. La misma hora del despertador cada día nos avisa de que debemos volver al trabajo. Nos vestimos más o menos con alegría según el día. El mismo camino, el mismo autobús, la misma carretera que nos conduce al mismo lugar. ¿Realmente lo haces con ganas?

No esperes a que el tiempo venga a tocarte en la puerta y decirte algo así como: “Ey, ya estoy aquí y he venido a salvarte”. Lamentablemente no es así. Son tus ganas las que harán que consigas todo aquello que te propongas. A menos que seas un gurú de la magia, cosa que dudo, deberás llenarte los pulmones, el corazón y el alma de ganas. ¿Y sabes lo mejor? Que es una fuente inagotable.

La gente que no tiene tiempo, no tiene ganas.

La persona que no tiene tiempo para ti, realmente NO TIENE GANAS DE TI.

Cuando dices que no tienes tiempo de hacer algo, no te engañes. ¡No tienes ganas de hacerlo! Y no pasa nada.

Cambia el tiempo que le dedicas a las cosas, a las personas de tu vida, a tu trabajo y a ti mismo por ganas. Créeme, empezarán a pasarte cosas maravillosas. Porque nos hicieron creer que el tiempo es lo más valioso que teníamos en la vida y olvidaron decirnos que eran nuestras ganas.

Para estar con alguien hay que tener ganas. Para amar a alguien hay que tener ganas. El compromiso no es un “Te quiero” que en vano se esfuma entre las nubes. El amor está lleno de ganas. Y lo que no es amor está lleno de excusas.

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Las ganas de ser feliz.

Las ganas de amarnos y amar.

Las ganas de crear un mundo mejor.

Las ganas de ser mejores personas cada día.

Las ganas de vivir.

Y las ganas se entrenan. También van al “gimnasio”. Se miman, se alimentan, se cuidan, se escuchan, se aprenden de ellas. No vayas por la vida mirando a otro lado o marcando los pasos de tu corazón por un estúpido reloj que te invita a un invierno helado. Llénate de ganas, de amor y de pasión. Pasa por esta calle de nombre vida con alegría y con la mayor de tus ganas. Atesora cada momento, cada instante y cada puesta de sol. Y por favor. No inviertas tus ganas en personas que no tienen ganas de ti. 

La vida está llena de oportunidades maravillosas que invertirían todas sus ganas en besarte los lunares. En acompañarte a cualquier rincón del mundo y que saben disfrutar de tu compañía.

No mendigues ganas a nadie.

Ni siquiera a ti mismo.

No hagas nada sin ganas porque estarás muriendo lentamente.

A partir de ahora recuerda que lo más valioso que tienes no es tu tiempo.

Son tus ganas.

Como dueles.

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Eres mi lugar favorito en el mundo.
Mi identidad más certera.
La cama de mis lunas más frías.
Y el libro donde he escrito tantas historias.

Eres mi refugio que me alimenta de paz cada vez que quiero alejarme del ruido.
Y donde en acordes de algodón me das las buenas noches.

Eres mi mejor “corazonada”.

El que me avisa cuando algo no va bien.
Aunque yo terca, me empecine en tomar la dirección equivocada.

Eres valiente, guerrero y único.
La oveja negra de un rebaño sordo que ahueca sus estímulos más intrínsecos.

Eres todos los caminos que me lleva a Roma,
y el lugar de explosión de todos los sentimientos que emanan de mi alma.

Mi patio de recreo.
Mi experto.
Mi excursión favorita al País De Nunca Jamás.

Eres el que me vio crecer y al que le conté todas mis miserias.
El que cuando todo va bien se lleva le mejor parte,
y el confidente de todos mis orgasmos.

Eres el que siempre me perdona.

La convicción de que aunque no llegue la calma después de la tormenta,
tú seguirás a mi lado.

DUELES.

Como dueles cuando alguien entra en ti sin permiso y alborota los botones de tu calma.
Como dueles cuando te roban el ritmo armónico de tus latidos.
Como dueles cuando vuelven a dejarte como herencia, infinitas promesas sin cumplir.
Y nuevas heridas que lamer.

Como dueles cuando tú lo único que querías era ser feliz y seguir sonriéndole a la vida.
Como dueles cuando ensanchan lágrimas en tus pupilas.
Cuando vuelve ese dolor al que habías vencido.
Y cuando tu estómago decide hacer ayunas.

Como dueles cuando de manera ingrata intentan robarte tu esencia.
Como dueles cuando te dejan huérfano de besos y abrazos.
Como dueles en el mes de mayo.
Y cuando el sol ya no calienta ni siquiera en verano.

Como dueles en aquella canción.
Y en tu plato favorito de pasta.
Como dueles en todas esas fotos.
Hoy son simples formas tintas que juegan a ser recuerdos.

Como dueles en aquel amor eterno que solo duró una primavera.

Como dueles pechito.
Como ME DUELES.

Esto también pasará.

Is-Your-Sou

Esto también pasará.

Lo sabes bien aunque ahora lo has olvidado.
No es la primera vez que tus ojos se vacían de ganas y que cientos de lágrimas dibujan una nueva cicatriz en tu alma.

Esto también pasará.

No es la primera amiga que te falla.
Ni tampoco es el primer “amor” que te rompe el corazón.

¿Recuerdas?

Has olvidado cómo superar su ausencia. Vuelven las noches de insomnio y ese terrible dolor de estómago que deja hueca cada una de tus pestañas.

Pero lo hiciste.
Lo superaste.

Aceptando que tú merecías un amor bonito, un amor del bueno.
AMOR, al fin y al cabo.
Volviste a entender que el de verdad estaba dentro de ti.
Y volviste a AMAR/TE

Así que ESTO también pasará.

Ya te sabes de memoria el camino de vuelta a casa.
Dibujaste indeleble los lunares que hicieron sonrisa tu preciosa boca.
Por si alguien volvía a rajarte las entrañas, sortear en un suspiro el dolor.
(O en los que haga falta)

Esto también pasará.

Recuerda el llanto ahogado de aquel verano.
El puente donde todos hacían sus maletas para viajar a Roma y tú incapaz de levantar el dedo meñique del sofá.
Quizás por aquel entonces te cogió mucho cariño.

La hambruna de tus sueños.
El desasosiego lento de todos aquellos y aquellas que hicieron hoguera de tus caídas y que con el paso del tiempo volvieron con un perdón caduco entre las piernas.

Volviste a levantarte.
Volviste a brillar.
Volviste a encontrar la manera de reconstruir cada una de tus heridas y hacerte más experta.

Limpiar el polvo da alergia y muchos dolores de cabeza. Porque aunque lo has hecho una y mil veces, la MIERDA siempre es mierda.
Y apesta.

Apesta la mediocridad de esos sentimientos que te juraron amor eterno.
Apesta la lealtad que en falsos pasos de algodón se borraron tras unos actos de plastilina.
Y apesta este mundo cada vez más lleno de gente y cada vez más vacío de personas.

Esto también pasará.

Y volverán a llenarte los ojos de miel.
El corazón de alegría y las noches de orgasmos.

Se abrirán un montón de puertas bonitas y volverás a encontrar tu sitio en el mundo.

Cuando la tristeza te invada,
se te acumule el trabajo de las decepciones y te sientas sola y solo, recuerda…

ESTO también pasará.

Descubriendo América.

La vida es un continuo aprendizaje de trazos inacabados. Mapas imposibles de descifrar que en ocasiones nos lleva a ninguna parte. Caminos angostos llenos de espinas rotas. A veces rosas y a veces nubes de algodón que en un descuido terminan esbozando precipicios imposibles.

Un sinfín de pretextos, de primaveras inacabadas que hoja a hoja despuntan cada una de las margaritas que a rastras, trajo el último invierno.

Como duele descubrir que América no era más que una mentira bruja que te hechizó hasta el más pequeño músculo de tu cuerpo.

Cuando eres un ser valiente el precio que pagas por brillar es muy alto. Durante tu viaje, durante tu búsqueda, serán muchas las “Américas” que jugarán a ser Continente. Hienas vestidas de seda que fingirán amistades orgásmicas dejando hueco cada uno de los ventrículos de tu corazón. Idas y venidas de personas que querrán mostrarte un camino que aunque si diese marcha atrás volvería a recorrer, mejor no lo hubiese conocido. Personas que conformarán una parte amarga de tu historia, tiñendo en versos caducos las líneas que mientras escribo, se desdibujan para siempre en tu olvido.

Porque ya no te quiero más a mi lado.

Ni siquiera en el recuerdo de los trazos que hoy, sonríen tu ausencia.

Me enseñaste algo muy importante. Algo que hasta yo misma había olvidado. Me enseñaste a amarme de principio a fin. A cicatrizar en cura, heridas que una vez me supuraron hasta la última pestaña. Me enseñaste a que yo realmente nunca fui como tú y me enseñaste que la compasión era la mejor arma con la que podía dispararte. Con la que podía perdonarte. Me enseñaste a amar sin condición, a quererte a pesar de tus malas intenciones. Y me enseñaste que realmente yo era y soy un ser maravilloso. Una huella indecorosa en tu expediente. Un ángel al que por mucho que quisieras matar jamás, PERO JAMÁS, lo conseguirás.

La luz siempre será luz.

Ármate de valor y de ganas. Descubrir América lleva su tiempo y muchas decepciones en la espalda. No será bonito pero créeme, merece la pena. Viaja en un barco fuerte, sólido, ávido de dragones y de caricias de sal. No tengas miedo. El escudo de tu corazón siempre será más fuerte que cualquier huracán. Que cualquier mal. Porque aunque muchas veces me niego a mí misma la idea de “personas buenas” y “personas malas” al final y siendo honesta, acepto que no todas las almas están en la misma sintonía que tu buen hacer y buen querer. La envidia, los celos, el querer y no poder, interfiere en la condición humana de muchas personas que no encuentran su lugar en el mundo y quieren ocupar el tuyo. No les dejes y aunque por momentos consigan echarte a un lado recuerda siempre la bondad y el bellísimo homenaje que le hiciste al sol el día que naciste. La gente auténtica existe, la gente que merece la pena se esconde en lugares que descubrirás cuando América pase a ser el destino tachado de tu pasaporte.

¡BRILLA! Tu luz es tuya y siente en ella para que nunca olvides que el AMOR siempre será más fuerte. Incluso que todo el odio que un día pudiste tenerme y enviarme. Ya no me afecta. Ya no se me caerá más el pelo ni el alma a los pies. Ya no me abandonarán más las fuerzas ni me temblará el cuerpo cuando me digan tu nombre. Ya no tienes ningún poder sobre mí, sobre mi condición. Marchitarás con la única compañía del arrepentimiento.

América, maldita seas. Me hiciste creer en casa, amiga de mis confidencias y hombro de mis lunas más insólitas. Sin darme cuenta alimentabas mi tristeza y desde la distancia con tus cartas baratas y trucos de magia, me enviabas destellos agrios en un limón que hoy te pego en la frente. Porque todo en esta vida se paga. Y lo que deseas de mal en alguien el Universo te lo devuelve multiplicado por diez. ¿Recuerdas?

Bendita intuición que hizo que de una vez por todas tuviese el valor de cogerte la careta y quitártela. Y mira qué eres fea jodía. ¡Pero fea fea! Como todo lo feo que entorpece los pasos y el vuelo de esas personas que creen en un mundo mejor. El equilibrio perfecto que con la lluvia se lleva consigo un viento mojado lleno de arena.

Paso a paso y cinturas apretadas, el viaje se amenizó en un descuido infinito que hoy me puso los pies en la estrella más bonita del mundo. Donde tienen que estar y donde las yemas de mis dedos guardaron en secreto la primera vez que tomé conciencia del aire que abrigaban mis pulmones. Porque hay veces que el mejor viaje a América te descubre que quién tu pensabas que era esa persona incondicional no era más que un lastre que hizo que el barco de tus sueños se desviara. Pero solo un poquito porque tú eres más fuerte. ¡Nunca lo olvides!

Sigue tu rumbo y vuelve 
a darte la oportunidad 
certera 
de que la tierra firme 
sobre la que bailarán 
las plantas de tus pies, 
acogerá hasta el último 
llanto ahogado 
que desprendieron la tarde 
de marzo 
en la que 
descubriste América.

 

El tiempo que he estado sin ti.

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“Un corazón roto solo se cura con el tiempo.”

Realmente nunca llega a curarse del todo. Solo aprende. Aprende de sus heridas, de cómo cicatrizan, de cómo vuelve a latir sin que le duela respirar, de cómo sus ventrículos miman su arteria más importante. La que le mantiene con ganas y despierto. Ávido de sueños y despojado de cualquier dolor que una vez, le dejó sin aliento. Aprende de sus errores y de cómo caerse cien veces y levantarse ciento una.

El tiempo te enseña.

Te hace maestro.

Ta hace todo lo que quieras ser. Si realmente lo quieres.

El tiempo sin ti me ayudó a encontrarme con mi alma gemela. Con mi otra mitad que tiraste sin piedad tras aquella montaña sin cima. Solo aquel árbol fue testigo de los gemidos que me producían tus incontables gritos y tu locura infinita.

El tiempo que he estado sin ti me hizo fuerte. Sacó el león que habías encerrado en aquella mazmorra bajo una llave de amor eterno. Un amor que enfermó hasta el más pequeño de mis miedos y los convirtió en dragones. Dragones que me dejaron como herencia toneladas de cecinas que recogí una a una.

Dicen que el tiempo lo cura todo. Eso es mentira. El tiempo solo te enseña a encontrar mil y una formas de volverlo a intentar. Las veces que haga falta. Hasta que encuentras la tuya y la agarras tan fuerte que no la sueltas para no volver a perder. Para no volver a perderte.

Desmenuzaste cada una de mis ganas de verte, rompiste todos los verbos de mis besos y cicatrizaste cada centímetro de mis pestañas en una burla que hoy se lleva el viento.

Me vestiste de princesa y me arrebataste todo cuanto tenía y era. Olvidé la calle de mi nombre y el apellido que tildaba en cientos de recuerdos los pasos que me llevaron hasta ti. Miré un cielo sin estrellas y deshilvané las alas de todos cuantos quisieron huir. Huir de ti.

Te dediqué canciones aún sin escribir. Te llevé a los sitios más bonitos del mundo, mientras tú absorto en el rostro cruel de la mentira fingías como quién finge un orgasmo. Cabalgué cientos de kilómetros sobre un indecoroso camino que me asfixiaba en una fatiga incontable de te quieros.

Conté un millón de lágrimas sin nombre y dibujé en un mapa un océano sin mar.

Y ahí estaba yo.

Y ahí estabas tú.

Bien lo sabíamos.  Que esto para alguno de los dos acabaría mal, muy mal.

Y así fue.

Así fue cómo me fui. Sin tan siquiera decirte adiós. Sin pedirte permiso. Sin preguntarte si me echarías de menos y sin querer saber ya por qué. ¿Por qué a mí? ¿Por qué yo? ¿Qué hice tan mal?

el tiempo que estuve sin ti 1

Eso hoy ya no le importa a mi piel.

Ni si quiera a mí.

Cuando te quitabas la ropa tu ausencia se hacía más presente que mi desnudez. Y ahí, en ese preciso instante, entendí en tus pupilas que olías a miedo. Y que ese miedo te hizo torpemente fustigar hasta la más bonitas de mis pretensiones.

El tiempo que he estado sin ti me ha enseñado a olvidarte.

Me ha recordado por qué te quise con toda mi alma. Y por qué dejé de hacerlo.

El tiempo que he estado sin ti me ha devuelto la sonrisa, me hecho una niña grande y ha forjado en mi sangre que lo más importante no es el amor. Sino la forma de amor. Cómo nos amamos a nosotros mismos es lo que hace que amemos de una forma u otra a los demás.

GRACIAS.

En el tiempo que he estado sin ti bailé con miles de metáforas inconexas hasta que los acordes me dejaron sola en aquella pista de baile. Cerré todos los bares de Madrid, me fumé hasta la última nube del alba y le conté al sol todos mis secretos. En el tiempo que he estado sin ti aprendí que yo era mi mejor compañía y que el vino servido en una sola copa no era tan mala pareja.

El tiempo que he estado sin ti, me ha enseñado que no te quise tanto, porque lo que queda hoy de aquella soñadora es la gratitud de haber caminado sobre unos pasos que hoy tocan en piano tu canción favorita. Aquella que me regalaste en el primer baile y aquella que hoy te devuelvo en estas letras.

El tiempo que he estado sin ti me ha enseñado que estoy mejor así. Sin ti. Y que a pesar de todo, no cambiaría ni una coma de aquella historia que me hizo sumamente experta. Sumamente grande y sumamente nada. Porque en la nada reside lo extraordinario de la vida.

Lo volvería a hacer.

Una y otra vez.

En una pérdida suprema de ganas, de nostalgia y de confesiones a las tres de la mañana a mi mejor amiga. Lo volvería a hacer en aquel baile sin público, con esos tacones que me elevaban al paraíso de tus besos y a la piel más suave de Marte. Porque tú, eres de Marte.

El tiempo que he estado sin ti me ha borrado tu nombre.

La forma en la que hacíamos el amor, y mis ganas de verte.

El tiempo que he estado sin ti me ha regalado un tiempo mejor.