Cada vez se oye más eso de «malditas redes sociales, cuánto daño han hecho», «me cago en Facebook» o «si no tuvieras Facebook serías más feliz». Y posiblemente en esta última quien lo dijo, tenía razón.
Pero la realidad es que el caralibro no es un señor con bigote, ojos y patitas. Es solo una herramienta de comunicación que Mark Zuckerberg puso en nuestras vidas cambiándolas para siempre. Vaya si las cambió. Cambió nuestra forma de comunicarnos, nuestra forma de ver el mundo. Nuestra forma de informarnos y compartir información. Implantando un estilo de vida que ni en sus mejores sueños pudo imaginar. Él creo la herramienta y nosotros le hemos ido dando forma y un uso al que hoy, respondemos todos. No Facebook.
Como dice Mercedes en su última campaña «Algo está pasando en Mercedes». Pues lo mismo pasa con la vida real. Algo está cambiando, algo nos pasa o quizás ahora, con todas las facilidades que tenemos de exponer nuestros pensamientos e intenciones públicamente, es cuando descubrimos realmente de qué estamos hechos. Muchas personas culpan al Facebook de sus rupturas con sus parejas, amigos o familiares. ¿No es absurdo? La relación la rompe uno mismo, no una red social. Y todas esas complicaciones, esos malos entendidos, esas listillas por amigas que intentan hacer daño a través del perfil de tu novio, esos buitres por amigos que lo hacen con tu chica… no son más que eso. Listillas y listillos que a golpe de clic. los puedes hacer desaparecer del mapa. Y no me refiero del mapa del Facebook no, me refiero del mapa de tu vida.
Porque parece que aquí #todovale. Vale tener relación con personas que ni te van ni te vienen. Vale felicitar a todo quisqui por su cumpleaños cuando el resto de los 364 días del año no cruzas palabra alguna con él o con ella. Valen los cumplidos de cualquier tipo, aquí el respeto no existe ¿para qué cariño si esto es el Facebook?. Aquí no puedes quejarte, no puedes sentirte herida ni herido. Ni si quiera puedes decir en voz alta lo que piensas porque luego la que necesita de psiquiatra eres tú. Si eliminas, si bloqueas, si pasas olímpicamente de comentar o si comentas entrando al trapo. Hagas lo que hagas pierdes y está mal. Por eso yo siempre digo que al menos haz lo que tú sientas en cada momento. A la única persona a la que le debes explicaciones es a aquella que te devuelve el espejo cada vez que te miras.
El Facebook puede ser un «arma» tremendamente peligrosa. ¿A quién no le ha pasado ver a alguien en una discoteca, comprando el pan o por la calle y pensar…»Ostias este es amigo de….o esta es la que estuvo con….? Si, es así de alarmante. Sabemos de la vida de desconocidos. Sabemos o intuimos cosas de su vida privada. Pero ten una cosa clara, la gente sabe de ti LO QUE TÚ QUIERES QUE SEPAN. Se ha creado una necesidad impetuosa de compartir tus momentos del día, tus gustos, tus compras, tus salidas, tus amoríos, tus pensamientos sobre temas políticos, sobre lo que comes, tus viajes y un largo etcétera. Todo eso está muy bien pero siempre y cuando lo hagas de manera sana. Cada uno puede poner lo que le salga de la punta de la nariz. Puede hacerse las fotos que le apetezca, compartir mil frases de autoayuda aunque en realidad, el que más lo necesita es esa persona que lo publica. Al fin y al cabo es tu vida ¿no?. Vívela como quieras y comparte lo que quieras. Eso si. Luego tendrás que rendir cuentas y coser consecuencias. Porque la gente, no es tonta.
También están esas personas que te encuentras por la calle y te dicen «Ey ¿cómo estás? Te sigo por el Facebook…veo que ya estás mejor de la rodilla». Y es en ese momento cuando caes en la cuenta de que: o tu «amigo» trabaja para la CIA o nunca jamás de los jamases te comenta o te ha escrito acerca de todas esas cosas que dice saber de ti. Es ahí cuando tú eliges si seguir teniendo a #todoloveo #nadatecomento o directamente borrarlo. Y si realmente tiene interés en ti que te lo demuestre. Y que no sea como Paquita la del quinto que todo lo cuchichea.
Y si, cotillas somos todos y todas. Y quien diga que no, miente. ¿Quién de nosotros no se ha metido en el perfil de alguna ex para ver cómo era y a quién quiso tanto nuestra pareja antes que a nosotros? Y si le podemos sacar mil defectos mejor que mejor. Eso si, como la foto de perfil que te encuentres sea de un pivonazo…la has cagado. Yo no me escondo y mi sinceridad me ha llevado muchas veces al banquillo del acusado. Pero con el tiempo aprendes a que todos esos que te señalan con un dedo, se están señalando a ellos mismos tres dedos (haz la prueba, fliparás). El pulgar se queda señalando al cielo. Así que tú no vengas a juzgarme ni reprocharme que me he podido meter en perfiles PÚBLICOS. Porque si son públicos es porque esa persona quiere que sea público. Estamos lo suficientemente informados como para saber que si uno no quiere que alguien ajeno vea nuestras cosas, es tan sencillo como cambiar la configuración de privacidad. Y si no, haz un cursillo por radio Ecca que tienen de todo. Encima tú que algo te hueles, que tu intuición no te ha fallado jamás (solo cuando compras la lotería) descubres ciertas cosas que a base de aplomo, destapan una realidad cada vez más presente. Mi odiosa amiga la falsedad. Y es que no se tú pero yo no puedo con ella. No puedo con la hipocresía y aquí, en este país hay demasiada. Pero resulta que «la mala» eres tú por meterte en un perfil público. No son esas personas que comentan a «escondidas» y apoyan de cualquier forma a otra persona a la que en tus narices han criticado y vetado. Pero claro, siempre olvido eso de: «no todo el mundo es como tú».
Por suerte con una vez me basta. No me encariño con la misma piedra y tú deberías hacer lo mismo. El Facebook no es malo, ni es una cosa que ha venido a joderte la vida. Puede ser y es una herramienta de comunicación muy valiosa e incluso puede hacerte feliz. Te permite estar en contacto con esos amigos que por circunstancias no puedes ver. Te permite ver crecer a tus sobrinos si estás lejos, mantenerte informado o descubrir vídeos increíbles de personas extraordinarias y aunque no te lo creas…el Facebook te enseña. Te enseña de la vida, te enseña de las personas y de lo que está pasando ahí fuera. Solo te enseña de lo que tú quieres aprender. Hay tantas, tantísimas personas en el mundo… que con un clic. puedes hacer desaparecer a esas que te lastiman y te hacen daño. No es tan difícil. Seguro que hoy por hoy, tienes en tu lista de amigos a alguien que no quieres tener. No tienes por qué pasarlo mal. Seguro que el sentimiento es más que mutuo. Sé valiente y si quieres lealtad, empieza por echar a patadas a la hipocresía de tu casa.
Posiblemente dentro de unos años esto ya ni exista. Pero nos guste o no, el Facebook ha marcado un antes y un después en la vida de la mayoría de nosotros. Pero al final te das cuenta de que eres tú mismo quien decide qué compartir, qué comentar, a quién seguir y a quién no. Y eso es solo el reflejo de tu verdadero yo. De la verdadera persona que eres. Si te tiembla el pulso o pones mil excusas para subir una foto con tu pareja, mal vas. Si «en la vida real» como tú lo llamas hay cosas que te ofenderían pero haciéndolas a través de Facebook «no pasa nada», mal vas. Y si crees que el caralibro es un guiónn cinematográfico y tú te crees Angelina Jolie o Brad Pitt, mal vas. Porque al final, a quién único engañas es a ti mismo. Porque si por cada «me gusta» recibiéramos un euro, todavía. Pero no es así. El verdadero «me gusta», por el que cada uno debería luchar día a día es por el que se da uno mismo. Me gusta como soy, me gusta lo que hago y me gusta con quién lo hago.
Y si…posiblemente sin Facebook, nos ahorraríamos muchos quebraderos de cabeza y seríamos todos un poco más felices.




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