Hoy quiero darte las gracias. A ti. Gracias por haberme echado a patadas de tu vida, por haberme roto en mil pedazos todos y cada uno de mis huesos. Gracias por no haber apreciado lo que un día pude darte y por intentar en vano convencerme de que mi verdad, era una mentira disfrazada de silencio. Gracias por haberme querido. Por haberme querido tan mal. Gracias por todas esas noches en las que no me abrazaste. Solo la luna se hacía cómplice incondicional de mis noches de invierno. Gracias por no haberme regalado nunca flores y por darme la espalda cuando más necesité de tus lunares. Gracias por haberla elegido a ella y gracias también por apreciar tarde la luz de mi alma.Gracias por defenderme a destiempo y gracias por haberme llenado de odio y por haber hecho que la frustración, traspasara la barrera del respeto. Gracias por jugar con mis puntos débiles y gracias por no acordarte de mis cumpleaños. Gracias por no haberme llamado cuando mi abuelo murió. Gracias por tus múltiples desprecios, por tu constante impuntualidad cuando se trataba de consolarme y gracias por quitarme las ganas de comer. Gracias por tu falta de interés y por el descuido desmesurado que hicieron callos mis fracturas. Gracias a ti también, por haber sido una falsa amiga. Por todas esas veces que me criticaste, que fingiste adorarme y por todas esas veces en las que también tú, intentaste convencerme de que mi verdad, era una mentira disfrazada de silencio. No importa cuántas sean. El tiempo se ha puesto de mi lado y la verdad sigue intacta en un jardín impenetrable lleno de rosas amarillas.
Gracias por nada. Porque de la nada he descubierto el todo.
Hoy entendí mis lágrimas, entendí mis múltiples tropiezos y las canciones inacabadas. Entendí aquel verso dibujado en nubes de mentira y en un sol que solo salía en otoño. Hoy entendí por qué estuve equivocada en brazos de otros y por qué aquellos besos no duraron para siempre. Hoy entendí por qué mi risa dejó de ser risa, por qué mis sueños se iban truncando en un mar a la deriva y por qué mis pupilas se estrellaron contra el anhelo de lo que el viento me contaba cuando era pequeña. Hoy lo supe. Y lo supe desde el primer instante en el que te vi.
Haces magia conmigo. Haces que todo mi mundo se llene de color, de autenticidad y de instantes hechos verdad. Haces que mis lágrimas sean de risa y desde que te conozco, me han salido más arrugas de felicidad. Haces que me duelan nuevos músculos, esos que se usan cuando te pasas el día entero con cara de estúpida y con una sonrisa imborrable. Haces de mi la mejor versión de mis intenciones y aunque no lo creas, haces de mi todas esas sensaciones que creí perdidas en un contexto en donde el agotamiento, ganó por primera vez a las ganas. Vivo entre estrellas y mariposas y te quiero en este instante que será eterno. Y hoy más que nunca, entiendo el por qué de todas esas personas que pasaron por mi vida. Entiendo lo que aprendí de ellas, lo que me quitaron y lo que me dieron. Entiendo el aprendizaje que aunque inmerecido en muchas ocasiones, ha sido necesario. Jodidamente necesario. Entiendo y acepto la majadería de mis constantes intentos, y la necesidad del aire que transforma en real todo lo que toca. Me has llenado de vida, de energía, de un amor capaz de elevarme a lo más alto sin ni si quiera levantar los pies del suelo. Me enseñas a respirar sin dificultad y tu comprensión sin límite me susurra que solo era cuestión de tiempo. Me lo dicen tus besos y esos ojos tuyos tan magos. Me lo dicen tus pestañas cuando me abrazan bajo las sábanas y me lo dice el reloj que vigila tu insomnio a las tres de la mañana. Entendí tu silencio y el mío como parte de nuestras vivencias pasadas, como todas esas historias acabadas que dieron paso a un punto y seguido lleno de un constante ahora.
Y puede que quizás no sea para toda la vida, pero al menos mientras es, que sea de verdad.

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