
Han pasado apenas cinco días desde que publiqué «La mala costumbre» y aún estoy asimilando la gran repercusión que ha tenido. Más de un millón de visitas. Nunca pensé que fuese a suceder algo así y menos cuando llevo escribiendo desde que tengo uso de razón. Empecé a hacerlo en mis diarios, luego en mis libretas, en hojas sueltas y fue en el 2009 cuando nació El Rincón de Floricienta. Nació en otro lugar distinto a este, en otro formato. Y desde hace relativamente poco, está hoy aquí, delante tuya y delante de miles de personas (por lo que veo).
Asusta. Y mucho.
Más después de leer ciertos comentarios hirientes que por más que intento buscarles una explicación, no la consigo. Y no hablo de que te pueda gustar más o menos mi forma de escribir. No hablo de que te pueda gustar más o menos mi forma de pensar, de reflexionar o de ver ciertos aspectos de la vida. Que al fin y al cabo es la mía, no la tuya. Hablo de los insultos y de las barbaridades que he podido leer. Incluso entre ustedes mismos, los lectores. Y digo yo: ¿Por qué he de gustarte? Este blog no se creó para ganar dinero, no vivo de él afortunadamente, ni de mis palabras. Se creó por el impulso de muchas personas que a lo largo de mi vida me animaban a que nunca dejara de escribir. Me confesaban que mis historias, poesías y reflexiones les había tocado el corazón, y les habían hecho reflexionar de manera positiva en muchos aspectos. Fue entonces cuando sentí por primera vez que podía hacer algo grande, algo por lo que sentirme enormemente feliz cada día. Y ese algo era y es, ayudar a los demás.
No vendo manuales de autoayuda ni verdades absolutas. Tampoco predico una doctrina suprema ni de cualquier tipo. No soy psicóloga ni escritora. No pretendo ser nada de lo que no soy hoy por hoy. Una persona normal que escribe lo que siente, que escribe de experiencias o de historias anónimas. Una persona normal que escribe desde el corazón y lo hace aquí. Porque este es mi pequeño rincón que creé para los que como yo, quieren asomarse al mundo sin miedo, sin prejuicios y sin vergüenza. Porque no tengo vergüenza de escribir y decir lo que pienso. Y creo que para eso, hay que ser muy valiente.
Y es que…
Tengo LA BUENA COSTUMBRE DE DAR LAS GRACIAS. Y este post no podía ser escrito de otra forma. Gracias e infinitamente gracias a todos los que han entrado en Floricienta en estos días. Gracias a todos los que me han leído con tanto cariño y respeto. A los que me han defendido. Gracias por tantos, tantísimos comentarios y mensajes que he recibido de mil maneras diferentes. Aún me llegan y empecé contestando uno a uno pero ya me resultó imposible. Intentaré ir haciéndolo poco a poco, con el tiempo y dedicación que cada uno se merece. Gracias a todos los que me apoyan día a día, desde hace mucho tiempo. Ustedes son los mayores «culpables» de esto. Me siento enormemente afortunada por todas las muestras de cariño que estoy recibiendo. Personas anónimas que con un simple gesto han conseguido que tenga ganas de descubrir quiénes son y darles un abrazo.
La vida está llena de personas maravillosas y he tenido la grandísima suerte de dar con muchas de ellas en estos días.
Si antes escribía para mí, sin pensar en gustar ni agradar a nadie, ahora seguiré haciéndolo con más ganas y con más fuerza que nunca. Y más ahora que sé, que mi propósito de llegar al corazón de las personas es posible.Es real. Es alcanzable. Y a los que no les guste les invito a que simplemente, no sigan leyéndome. No estoy aquí para que me juzguen y tampoco he venido a hablar de mi libro.
No pierdan el tiempo en este estúpido blog que escribe una chica que se cree que vive en los mundos de Yupi.
¡Vivan los mundos de Yupi!
Y viva el creer que un mundo mejor, es posible.

Replica a Greta Cancelar la respuesta