Lo importante de las personas

lo importante de las personasSon muchas las personas que a lo largo de nuestra vida marcan nuestra historia.

Unos vienen a comenzarlas, otros extienden verbos infinitos en fórmulas imposibles de amar. Otras, ponen punto y seguido donde nosotros pusimos un punto final inquebrantable. Otras son amables en sus gestos y nos ayudan a seguir hacia delante. Otras personas tildan en mayúsculas nuestros miedos y los hacen desaparecer. Incondicionales, volátiles, perennes, caducos, besos maníos, besos que se quedan a jugar con nosotros más tiempo de la cuenta y besos que nos recuerdan por qué hacemos lo que hacemos. Amistades que exaltan los párrafos más insignificantes de nuestro libro y personas, que aun no estando a nuestro lado son capaces de permanecer por siempre en nuestro sofá de porcelana.

Y es que lo importante de las personas, son las personas.

Seres individuales que vienen a hacernos la vida más fácil, o a jodérnosla un rato. Pero personas al fin y al cabo de que alguna manera llegan a nuestras vidas a enseñarnos algo. Podemos ser más ávidos o más torpes y ahí está el manual en blanco de cada uno de nosotros, donde la intuición, nuestras múltiples caídas y nuestras ganas, escribirán cómo hacerlo y cómo no la próxima vez.

Somos personas que necesitamos de personas.

La vida no sería vida sin un poder compartir. Nos necesitamos más de lo que pensamos y aunque eso del amor propio está muy bien, a veces el egocentrismo roza las pestañas de quienes se creen mejor que otros. Mejor que otras. Necesito de tu ayuda y tú de la mía y aunque separados somos fuertes, juntos lo somos más. Y un equipo siempre fue más que una unidad excéntrica de cualquier forma de gozo, dolor o felicidad. Sé humilde y presta tus manos a quién no puede caminar. Deja que tus ojos sean la ventana del mundo de otros. Sé amable con la vida, con el aire que respiras, con ese árbol que te da los buenos días y con el animal que no ha nacido para satisfacer tus necesidades. ¿Y las suyas?

lo importante de las personas

Somos iguales. Nos separa un nombre, un apellido, un color de piel y una estúpida cuenta bancaria. Nos separa un trabajo, un coche, una lista incalculable de cosas absurdas materiales que no necesitamos para nada. Pero nos une algo infinitamente más importante que todo eso. Nos une la historia. La historia de cómo las personas somos personas. De cómo las personas quieren a otras personas. De cómo el amor traspasó montañas y aun haciéndolas más grandes las hizo invencibles. Nos une la historia de querer ser felices, de encontrarnos, de evitar el dolor y nos une la historia de la supervivencia. Somos marionetas de un sistema que nos ha engañado. Que nos enseñó a ser superhéroes sin tan siquiera ser valientes. Somos marionetas de un sistema que nos dijo que llegar primero era mejor que hacerlo el último y nos perdimos tantos detalles por el camino. ¡Y qué más da!

No tengas prisa por llegar.

No tengas prisa por vivir.

Que esto se acabará algún día, y ya no habrá lamento que levante tu corazón del suelo y le vuelva a poner pies a tu alma.

No dejes que pase un día sin que ayudes a alguien. No hay nada más bonito que eso. Ser capaz de traspasar la piel de una persona que ni siquiera conoces. Ayudarla a ser mejor, a crecer, a que confíe en sus ganas y en sus alas. Y también deja que te ayuden y sé honesto y honesta con los abrazos que te dejan el cuerpo lleno de agujetas. Pierde todo el tiempo que quieras en lo que te de la gana. Nadie sabe de tus lágrimas. Nadie sabe de tu dolor y aunque los consejos de librillo están muy bien, cada uno aguanta su inquebrantable dolor en sus huesos de plastilina. Pero es sí. Jamás creas que tú no mereces ser feliz ni te conformes con unas migajas de condescendencia. Aquí nadie debe perdonarte la vida.

Hay personas y personas.

Personas al fin y al cabo.

Tu historia y la mía sabe de cientos y miles de ellas. De todos esos capítulos que empezaron con un “para siempre” y terminaron sin un adiós. Capítulos que escribieron en tinta permanente y que de vez en cuando ojeas echando la vista atrás para saborear esos momentos que te hicieron tan jodidamente feliz. Personas que con sus faltas de ortografía escribieron la canción más bonita del mundo y que hicieron de tu torpeza la sonrisa más infinita del cielo. Personas que hicieron mágicas tus páginas en blanco y personas que aun sin saber el sonido de su voz, son capaces de alegrarte la mañana con una simple mirada de buenos días.

lo importante de las personas

Tan importante es tu dolor como el suyo.

Tan importante son tus ganas de comer como las suyas.

Tan importante eres tú como él, como ella, como yo, y como todos nosotros.

Tan importante es nada en absoluto.

Empatiza con el aire que respiras. Por si no te habías dado cuenta es el mismo aire que cuando tú lo exhalas yo lo inhalo. Empatiza con mi mal humor y con el derecho a que yo también, puedo estar triste. Mimetiza tu ansiedad de triunfo con las ganas de salir corriendo de alguien que jamás se ha mojado los pies en el Mediterráneo. Sé solidario y solidaria con todo lo que te rodea y con cualquier persona que se cruce por tu camino. La compasión empieza en uno mismo y avanza de persona a persona sin detenerse. Haz que tu paso por esta vida merezca la pena. Haz que tu pequeño mundo sea mejor y haz de tu persona, una persona de esas a las que todo el mundo quiera tener a su lado.

Porque como ya sabes, hay personas que vienen a tu vida a quedarse un ratito y otras lo hacen para siempre. Personas que conoces y piensas “¡Joder ojalá que nunca te vayas de mi lado!”. Personas que son parte de ti sin saber por qué y personas que amas profundamente con la mayor sinceridad que el sol puede querer a la luna.

Nunca te vayas de mi lado, y si lo haces…

llévame contigo.

Fácil.

fácilNos hicieron creer que hay que luchar por todo en esta vida. Luchar como si de una guerra se tratase. Luchar hasta quedarnos sin aire, sin ganas. Hasta que nuestras cicatrices fuesen más grandes que nuestras sonrisas. Nos hicieron creer que lo difícil merecía la pena. Que las historias de amor más complicadas eran las que al final, te llevarían a tocar el cielo con la punta de la nariz y que los trabajos más complicados de alcanzar eran los que realmente iban a hacernos felices. ¡MENTIRA! Todo eso era una mentira.

Porque realmente lo que vale la pena en esta vida es lo FÁCIL. Aquello que te llena los bolsillos de gracia y te libera de ese miedo atroz que casi deja parapléjico tus sentidos. Lo que merece la pena son todas aquellas personas que sin más, te hacen feliz. Aquellas personas que hacen fácil lo fácil y que no complican tu existencia. Aquellas personas que resumen en positivo un día de mierda y aquellas personas que sin tú pedirlo, acarician tus heridas. Aquellas personas que no te dan dolor de estómago y te llenan tu cuerpo de agujetas cada vez que te abrazan. Pero al parecer tenemos la mala costumbre de aferrarnos a relaciones tóxicas, a personas que aún sabiendo que no nos convienen queremos que funcione. Como si encajar un triángulo en un círculo fuese posible.

Fácil es aquella conversación llena de silencio y colmada de todo. Es un mensaje a tiempo, inesperado. Es esa mano amiga que cuida de ti y que deja que tú también lo hagas. Es esa sonrisa infinita que mientras el sol duerme, la luna levanta tus sueños y los hace realidad. Fácil es eximir cualquier explicación porque la duda no cabe entre tú y el aire. Entre el aire y esa persona fácil. Fácil es compartir el mismo cielo dejando espacio para dos cuando se trata de dos. Fácil es ser uno mismo, sin miedo a nada ni a nadie. Fácil es no tener que pedir permiso y no cargar con un sentimiento de culpa cada vez que tu pie izquierdo adelanta al derecho.

Yo quiero una vida fácil.

Quiero personas fáciles en mi vida.

No quiero dramas.

No quiero más lágrimas que no sean de felicidad o gratitud.

Y sin embargo “te quiero”. Me dijiste mientras te marchabas.

Y sin embargo “te echo de menos”. Me dijiste mientras tu café se enfrío y yo esperaba ya marchita a que volvieras a tomarlo conmigo.

Y sin embargo “siempre te amaré”. Me dijiste cuando tu ausencia se convirtió en la mejor amiga de mis días, de mi almohada empapada de lágrimas y de un eco atroz que hizo difícil lo fácil.

Y así es cómo aprendí a que lo que no fluye, no fluye. Ni ahora, ni mañana ni en un futuro idílico imaginado por una parte que sin quererlo, ameniza en compases una melodía llena de esperanzas huecas.

Y es que…

Si quieres, QUIERE.

Si amas, AMA.

La vida es fácil.

Tremendamente fácil.

Somos nosotros las que la adornamos de problemas, de pensamientos bebedizos que atormentan nuestra calma y de problemas del primer mundo que ya podría el hambre darnos una bofetada y hacernos entender lo que de verdad importa.

 

El gato que se convirtió en tigre.

el gato que se convirtió en tigreDicen que la curiosidad mató al gato. Yo le añadiría “y resucitó en tigre”.

La curiosidad mata. ¿De veras? Mata la duda, la incertidumbre, el hecho de no saber qué ocurre. Mata la espera, las medias tintas, las excusas y ese whastApp que nunca llega y dijiste que enviarías. Mata los te quieros de hoy y los te olvido de mañana. El aquí te pillo aquí te mato (pero literal) y luego búscate la vida bonita, bonito. Matan las promesas manías que de tanto repetirlas perdieron su dueño. Mata que me adores en mi cara y me critiques a mis espaldas. Matan las amistades de plastilina, la mano que te levantó del suelo y al final resultó ser un pie y los abrazos que nunca llegaron.

¡Yo quiero abrazos que me llenen de agujetas!

La curiosidad surge como un instinto de supervivencia que antecede a un pretexto indefinido que lo único que quiere es ser resuelto. Y es que no somos más que supervivientes en busca de respuestas.

¿Quiénes son las personas más curiosas de este planeta? ¡Los niños! Nacemos con esta cualidad intrínseca en cada poro de nuestra célula. Pero como todo, nos la merman. Nos hacen creer que hacer preguntas no está bien. Y que tener curiosidad tampoco.

Gracias a la curiosidad de algunas personas a lo largo de la historia se descubrió el fuego, la electricidad, la Teoría de la Evolución, la penicilina y un sinfín de hallazgos que cuanto menos han hecho cosas extraordinarias por los demás.

Imagínate por un segundo lo que tu curiosidad puede llegar a hacer por ti.

Cuestiónate las cosas. No dejes que la convicción se apodere de ti a la primera de cambio y sé por una vez, la oveja negra del rebaño o el patito feo que se convirtió en un precioso cisne.

Todos tenemos derecho a saber la verdad. O al menos, yo soy de esas personas que prefieren saberla aún doliéndome en los vértices más profundos de mi alma, que vivir engañada sobre una mentira o sobre una vida que no existe. Porque cuando sabes la verdad tú puedes elegir qué hacer. Eliges tu camino, tus pasos y la determinación que a partir de ese momento dibujarán tus actos. Nos hacen creer eso de que “ojos que no ven corazón que no siente” ¿De verdad lo crees así? ¿No sería mejor eso de, ojos que ven corazón que siente? Más real, más sincero. Honesto al fin y al cabo.

Ser cómplice de la verdad, aceptarla y ser consciente de muchas de las cosas que ocurren a nuestro alrededor supone pagar un alto precio. Muchos de nosotros vive mirando hacia otro lado, pasando por alto situaciones, malos gestos y unos bolsillos cargados de hipocresía con tal de no enfrentarse a la verdad. Ya que eso supondría muchos quebraderos de cabeza y aún muchos visten el pijama de la cobardía. Está muy bien que te engañes a ti mismo pero no me engañes a mí. La gente juega a su antojo con los sentimientos de los demás, sin importarle lo más mínimo su sentir, su querer, por no hablar de la apropiación indebida que hacen con el tiempo de los demás. Como si acaso sobrara, como si acaso se pudiera dar marcha atrás y volver a cumplir veinticinco años.

La curiosidad nos hace ávidos, inteligentes, expertos. Discrepo en eso de “entre menos sé más feliz soy”. Si lo que quieres es vivir inmerso en una ignorancia suprema entonces sí. ¿Quieres ser un ignorante toda tu vida? Muchos dirán “sí un ignorante feliz”. Déjame que te diga que la felicidad no reside en la ignorancia. La felicidad reside en tomar conciencia de todos los elementos que nos rodean, de todo eso que dijeron de nosotros, de vivir con los ojos abiertos y con la verdad sobre la mesa y aún así tener la capacidad de con todo, ser feliz. Con nuestras miserias, con nuestros tesoros, con todo lo que conforma cada latido de nuestro corazón. Así que un curioso siempre será más feliz que alguien que ni siquiera se plantea por qué las hojas de los árboles se caen en otoño.

Vivimos en una búsqueda continua de respuestas, surgiendo por qués que en ocasiones se nos atragantan en un millón de lágrimas. Pero el dolor pasa y te deja como recompensa un peldaño más de fortaleza.

el gato que se convirtió en tigre

Todos y cada uno de nosotros llevamos un tigre dentro. Un ser increíblemente fuerte, increíblemente capaz de hacer cualquier cosa que te propongas en la vida. Por muy dura que te parezca o por muy imposible que te griten las malas lenguas. Ese tigre no nace de la nada. A base de caídas, a base de equivocaciones, ese pequeño gato se va transformando. Se curte de experiencias y sus heridas serán las cicatrices de un mapa que dibuje en tu piel lo mucho que has vivido, lo mucho que has aprendido.

La curiosidad no mata a nadie.

Lo que mata es no tenerla.

Es la indiferencia. Ir por la vida sin ir. Ir por la vida sin preocuparse por nada ni por nadie. Es ir por la vida creyendo que el amor no existe y es vaciarte de ganas y de un querer que es posible a cualquier escala.

Aprendamos a caminar sobre unos pasos decorosos y vivamos la vida sin más pretensión que llegar a ser ese tigre que todos llevamos dentro. Aprendamos a que la curiosidad es sana, necesaria y que la búsqueda de tu verdad tendrá una grandísima recompensa al final del camino. Que no será otra que vivir la vida que te mereces. Con sus más y con sus menos, con fisuras o con alguna que otra piedra que bordear. Pero al menos tomarás la decisión correcta cuando lo asertivo se convierte en la mejor compañía de esas dudas que desaparecieron por siempre.

Así que yo dejo que… la curiosidad me mate y me convierta en tigre.

Que me da la vida.

que me de la vidaSi pudiese hacer un pacto con alguien sería sin duda alguna, con el tiempo. Le pediría que a veces fuese un poco más paciente y que de vez en cuando me rozara las mejillas para recordarme que llevo mucho tiempo dormida.

Le pediría en un noble pretexto que diese marcha atrás, por aquello que no pude decir a tiempo o por esos momentos que tanto saboreé y hoy no existen. No imaginas lo mucho que te echo de menos.

Aprovecharía para tomar otros caminos o para bailar más en aquella fiesta donde me senté porque me dolían los pies. Hubiese acudido a todos esos cumpleaños a los que no pude y hubiese celebrado con más alegría los míos. Hubiese pasado más tiempo con ellos y posiblemente hubiese cuidado mejor a mis amigos. Le pediría también que fuese un poco más justo y que no arrastrara en vano tantos sueños que sin querer, forman parte de un recuerdo que sopla fuerte sobre las nubes.

Le pediría al tiempo…

Que me de la vida para encontrarte, para sentir que todo esto valió la pena y que las heridas que hoy mitigan abiertas no serán más que cicatrices a las que besar.

que me de la vida

Le pediría al tiempo…

Que me de la vida para hacer todo lo que quiero y llegar a ser esa persona construida en cientos de te quieros. Que me de la vida para pasar todo el tiempo del mundo a tu lado, abrazar a mi padre y a mi madre sin que sientan que me he olvidado de ellos o que ya, no son tan importante en mis días. Que me de la vida para hacerles saber a todos los que quiero lo importante que son para mí, aún no teniendo mucho tiempo para encuentros y citas de esas que tanto nos llena el alma. Que me de la vida para hacer y decir todo lo que siento y para seguir luchando por lo que creo.

Espero tiempo, y esto te va muy en serio, que me de la vida para nunca vaciarme de ganas y para poder hacer de mis pasos, pasos llenos de esperanza que puedan ayudar a muchas personas, a ese árbol que hoy viste desnudo y a esa criatura que no entiende cómo el matadero es la única opción de vida. Ojalá pueda en un futuro (o ya) ser libre de cualquier sufrimiento.

Le pediría al tiempo…

Que me de la vida para escribir un libro, para seguir amando y para poder contarme nuevas arrugas. Y que cuando el sentir añejo cale mis huesos, el reflejo que me devuelva el espejo sea el de una vieja chocha: llena de arrugas, llena de sonrisas. Llena de una vida que siempre quiso vivir.

Que me de la vida para aún viéndote con ella, sienta que a quién verdaderamente quieres es a mí. Y quién sabe si el tiempo nos vuelve a dar la oportunidad de una coincidencia no tardía.

Que me de la vida para poder ver crecer a los más pequeños de mi familia y para saborear esos abrazos abuelos que me pegan los trocitos de mi corazón partío.

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Que me de la vida para discutir menos, para no gruñir por estupideces y para darle la importancia justa a las cosas: NINGUNA.

Le pediría al tiempo…

Que me de la vida para que nunca olvide el valor que tiene un amanecer y para guiñarle un ojo a la luna cada vez que me duermo sobre su almohada. Que me de la vida para que nunca me rinda y para que nunca olvide lo importante que es vivir tus sueños y no, en los de los demás. Que me de la vida para seguir saboreando el rico sabor a café y para cantar, aún haciéndolo fatal, mis canciones favoritas en el coche mientras vuelvo a casa. Que me de la vida para divertirme, para bailar y partirme los tacones y para soltar despreocupada al viento una melena que cada vez cepillo menos. Que me da la vida para recorrer el mundo, para subir cientos de montañas y para creer que yo puedo. Que me de la vida para hacerme menos fotos y para disfrutar más del momento presente.

Que me de la vida para que nunca olvide la importancia de dar las GRACIAS y de hacer y decir a tiempo, todo lo que sientes.

Que me de la vida para no mortificarme por aquellos y aquellas que me lastiman y juzgan. La compasión es la carta despedida que encontrarán en sus buzones.

Que me de la vida para entender que aunque no siempre sea lo que yo quiera, hay otras formas de amor que también pueden ser igual de válidas. 

Que me de la vida al fin y al cabo para vivir, para reír, para hacer el amor sin reprimirme ni un solo te quiero. Ya es cosa tuya si quieres salir corriendo.

Que me de la vida para encontrarte y si ya lo he hecho, que me de la vida para volver a dormir sobre tu pecho. Aunque sea…en nuestro pequeño paraíso.

Le pediría al tiempo que perdonara mis torpezas, mis errores y mi no saber ser. Le pediría que me recordara quién soy cuando lo olvido y que me diese una bofetada de vez en cuando para valorar todo eso que voy olvidando por el camino. Le pediría que fuese mi mejor amigo y le invitaría a dormir conmigo.

Le pediría que me de la vida para que el día que mi corazón deje de respirar, no quede ningún ápice de arrepentimiento en la historia que escribieron mis decisiones.

Tiempo, ¿trato hecho?….

Sobrevivo y vivo.

sobrevivo y vivoAquí nadie vive.

Todos sobrevivimos a nuestra propia vida.

Para lo bueno y para lo malo somos víctimas de nuestras decisiones y por no elegir no elegimos ni nuestro nombre. Hacemos peripecias para sobrevivir a lo que un día dijimos y hoy nos da la espalda en un indecoros no. Y en ocasiones en un no sé que divide nuestra paciencia en una incertidumbre que nos convierte en marionetas sin verbo.

Nos dicen que vivamos. Que luchemos por nuestros sueños y que lo mejor está por llegar. ¿Y si no es así? ¿Y si lo mejor llegó y no supimos verlo? ¿Y si ese lo mejor fuiste tú? ¿Y si ese lo mejor fui yo para ti? ¿Por qué aquí no hay espacio para el error? ¿Por qué nos hacen creer que existe un Dios divino llamado destino que pone a cada uno en su sitio? A lo mejor es todo mentira. Como mentira es cuando me decías que me ibas a querer toda la vida.

Aquí nadie vive.

Sobrevivimos en intentos torpes una vida que en muchas ocasiones detestamos.

Nos frustran, nos aturden, nos someten a una perfección que si no la rozas tienes muchas papeletas para que la depresión, se convierta en tu mejor amiga. ¿Y que hay de lo que tú quieres? ¿Qué hay de eso por lo que nadie aplaude, ni de lo que nadie habla? No siempre lo bonito es lo mejor. A veces en el dolor más extenuante está la clave. Esa respuesta que sin descanso buscamos y si no la encontramos la inventamos. A veces hace tanto ruido que retumba en eco dentro de nuestra alma. Dentro de nuestra alma. Dentro de nuestra alma…(Ya sabes, lo del eco).

Y así nos va. Así decimos que vivimos cuando aquí nadie vive. Ni siquiera tú, que crees tener el control de todo y de todos.

La vida no es más que una supervivencia continua. Buscamos como locos soluciones aún sabiendo que lo que hacemos no es lo correcto. Nos importa más sobrevivir que vivir. ¡Qué estúpidos somos! Como aquello de: “Cada uno tiene la vida que quiere y merece”. Dile tú eso a un niño que se está muriendo de hambre, a ver si tienes cojones. O corazón.

Buscamos desesperados herramientas, trucos (casi propios de un mago) que nos ayuden o que nos convenzan de que esto nos tuvo que pasar porque todo, absolutamente todo, pasa por algo. Y nos consolamos egoístamente cuando escuchamos a alguien que ha pasado lo mismo que tú. O lo que es peor. Nos consolamos cuando sabemos que otra persona está peor que tú. Peor que yo.

sobrevivo y vivoSomos zombies que sobreviven en un mundo donde decir Te Quiero es casi delito. Somos muertos vivientes que sobreviven ante cientos de adversidades dejando pasar lo válido. Lo único que vale la pena. Eso que ni tú ni yo aún sabemos. Pero es ahí querido compañero de viaje donde reside la magia de las pequeñas cosas. Ese silencio que ensordece los sentidos más pequeños de quienes no quieren ver. O de quienes simplemente están tan ensimismados buscando el fallo del prójimo, que lo sujetan como exculpación de los huecos vacíos de su historia. De los huecos vacíos de sus sentidas y escondidas miserables vidas.

Y cuando la música deja de tocar, cuando aceptamos que nadie nos ve y cuando el reflejo del espejo es nuestra única compañía, nos armamos de valor. Dejamos que todas nuestras penas salgan danzando en forma de lágrimas a través de nuestras medrosas pestañas.  Les permitimos que acaricien nuestras mejillas y nos consolamos en un vago intento de encontrarnos.

Fingimos que todo va bien.

Y fingimos que no nos echamos de menos.

Exponemos una vida maravillosa y solo enseñamos nuestras mejores galas. Y nuestras mejores fotos. No nos permitimos el lujo de mostrar nuestras debilidades. No vaya a ser que eso haga más fuerte al de al lado. Y no podemos alegrarnos por el éxito de otra persona sin sentir esa punzada de desgracia en el estómago por no ser nosotros el protagonista de esta historia.

Queremos de manera hueca, usando promesas de Neruda en repetidas relaciones que hoy ya suenan manías. Señalamos al bueno y abrigamos al malo idolatrando un amor que casi roza lo enfermizo.

Los buenos no siempre ganan.

Eso es mentira.

Como mentira es que vivimos, cuando realmente lo que hacemos es un intento de supervivencia.

Refugiamos nuestro dolor en canciones de otros y murmuramos en voz bajita un lo siento que en la mayoría de los casos llega tarde. Tremendamente tarde. Habrá que pedirle un nuevo reloj a los Reyes Magos. O ya que estamos, al Ratoncito Pérez.

Somos el amor de la vida de tantas personas pero seguimos sin entender por qué la mayoría de las noches dormimos solos. Somos tercos, estúpidos que creen que esto va a ser eterno hasta que un día el cáncer toca a tu puerta. Entonces todos quieren. Entonces todos te muestran su cara más amable. Esa que siempre buscaste en todas las fiestas y nadie fue capaz de darte sin tres copas de más.

Si Cenicienta levantara la cabeza se le caería la corona de pena. Y de vergüenza. Y es que por mucho que lo intentes, ya no habrá forma de convencer al mundo, ni siquiera al tiempo, de que esto que tú llamas amor, es amor.

Somos auténticos supervivientes de una vida puta. Tremendamente puta. Y solo los más ávidos, lo más listos y los valientes sabrán hacer de su supervivencia una vida más o menos digna.

Mientras tanto sobrevivo y vivo. Llevando a cuestas un equipaje que cada vez pesa menos.

Y hacerlo sin ti resulta aún más difícil.

El amor no duele.

el amor no dueleCamino por las calles donde me vieron nacer. Donde a golpe de suspiros me hicieron la persona que soy y divago en cientos de recuerdos sin nombre, sin verbo e impregnados de la magia única de tus besos. Y de todos aquellos y aquellas que ayer formaron parte de mi vida y hoy… lo hacen de mi historia.

Estamos en crisis. Ante la mayor crisis que ha existido jamás: CRISIS DE VALORES. ¿Qué nos pasa? ¿Qué coño nos pasa? La gente está triste, malhumorada, cansada.

La gente no cree en la gente.

La gente no cree en lo bueno, en lo bonito, en la magia de las primeras veces. La gente desconfía, juzga, critica, mata. La gente ya no cree en el amor porque piensan que el amor es una mierda. ¿Cuántas veces no habrás escuchado eso a un amigo, a una amiga, o incluso a alguien de tu propia familia? “Es que el amor es una mierda”. No perdona, lo que es una mierda es creer y aceptar que el amor es eso.

Porque el amor no duele.

Y no hablo del amor verdadero, del amor para toda la vida, del amor de cuento de hadas o del amor que cabalga sobre un salvaje tordo en búsqueda de su princesa. Hablo del amor. Del amor a secas. Del amor más simple y más erudito del mundo. Del único amor posible, ese que hace que la vida sea vida y que tú y yo formemos parte del mismo aire.

Duele.

Duele hasta en las cicatrices más añejas pero duele. Duele ver cómo de mal nos queremos hoy los unos a los otros. Duele ver cómo ya la gente no cede ni el paso y las malas formas se han convertido en el traje más vendido de Inditex. Duele ver cómo vivimos en un sistema que está podrido y que miles de corazones caminan tristes por unas calles que aún oliendo a cereza, no les dejan ver eso que tanto gritan. Esa necesidad impetuosa de darles la mano y volver a confiar. A veces con un simple buenos días basta.

el amor no duele

Porque luego pasa que cuando quieres, cuando haces las cosas de corazón, cuando intentas vivir y hacer de este mundo un lugar mejor, también habrá hienas dispuestas a tirar abajo todos tus credenciales. ¿Y entonces? Aquí no vale nada. Solo lo que te dicte tu corazón. Porque la gente recela, la gente no se cree que pueda venir alguien a tu vida a quererte con toda su alma, sin condición, sin importarle los dígitos de tu cuenta bancaria, sin pedir a cambio nada más que un amor sincero, honesto y despojado de mentiras. La gente espera de la gente que no espere pero realmente cuando no llega lo anhelado, la frustración se hace eco de todos esos sueños que descansan sobre almohadas. La gente no cree en la buena fe de las personas y cuando abrazas sin cláusulas algo malo tienes que tener. La gente confunde tu buen hacer con el bienquedismo y siempre habrá detractores y detractoras que intenten hacer de ti una rota marioneta.

La gente no es compañera. En los trabajos se pisan los unos a los otros y el juego de egos se convierte en el pretexto favorito enredados en cientos de corbatas. Y minifaldas.

La gente es egoísta y cuando alguien es generoso piensan que algún interés dañino habrá detrás. Sin duda alguna.

La gente es inmune al dolor ajeno. No es compasiva con los animales, con la pobreza ni con el llanto y soledad de ese pobre vagabundo que duerme en aquella parada de autobús.

La gente te señala con el dedo, cuchichea y se ríe de tus desgracias haciendo de tus miserias una fiesta. Lo mejor que puedes hacer es pagarles la cuenta. Ya la vida se encargará de darte la propina.

Y es que cuando decides armarte de valor,cuando decides no seguir siendo parte de esta mierda,cuando crees que el amor no duele y te despojas de todo eso que sí…entonces…es cuando la vida, tu vida, se empieza a llenar de personas y momentos maravillosos.

De un hábito saludable, de una simpleza tan grandiosa que dudas por un momento si esto puede ser verdad. Y es que es tan jodidamente fácil. Pero fácil, fácil, fácil. Solo tienes que CREER y cuando lo hagas, y aunque no seas el salvador ni la salvadora del mundo, empiezas a crear un mundo mejor desde dentro. Desde ti mismo. Desde ti misma. Empiezas a ser más solidario y solidaria con la gente que tienes a tu alrededor, con los animales, con la vida, con el aire que respiras.

Pero te advierto:

Será un camino lleno de espinas. Espinas que atragantan a toda esa gente que no se cree que tú puedas llegar a amar la vida así. Gente llena de ira, de envidia, de arrugas inconexas impropias de su edad pero es que el veneno mata. Y ellos y ellas están impregnados de eso. Gente a la que sin razón ninguna tendrás que darles una y mil explicaciones. Justificarte en todo momento. Pero no. ¡Deja de hacerlo! Créeme que es un desgaste infinito que no te llevará a ninguna parte.

el amor no dueleEntonces mientras tú tengas claro quién eres, mientras tus pasos descansen firmes sobre acciones honestas, buenas y sinceras, entonces…qué digan lo que quieran, que critiquen lo que sus conciencias alarguen y que se unan, que bailen, que griten, que festejen a tu costa. Porque créeme cuando te digo que cuando la música para, las luces se apagan y cuando baja el telón, una parte de todos y todas ellas anhelan parecerse un poquito a ti.

El amor no duele.

Lo que duele es eres tú .

El amor es la VIDA.

Y esta es la vida que yo quiero, que yo amo y que yo abrazo.

¿Cuál es la tuya?

O todo o todo.

o todo o todoNunca creí en las medias tintas, en el no sé o en las amistades descafeinadas.

Siempre fui la del “o todo o todo”, sin dejar espacio para el nada. Me gusta vivir la vida intensamente, como si no hubiera mañana, como si hoy fuese la primera y la última vez en la que mis labios rozan en cientos de te quieros los tuyos.

No entiendo los poco a poco, ni los aún es demasiado pronto para¿De verdad crees que algún momento es pronto para amar? Quizás tarde sí pero para amar no hay que pedir permiso. Ni siquiera al tiempo.

Estújame los sentidos hasta hacerlos chillar y dibújame sonrisas siempre que quieras. Jamás negaré los latidos de mi corazón por el tuyo ni fingiré no echarte de menos. No miraré cada segundo el teléfono móvil con cara de estúpida esperando tu mensaje; ¡te lo enviaré yo! Porque así lo siento. Porque así lo creo y porque así quiero. Así quiero quererme y quererte. Porque sí. Porque me quiero, amo la vida y amo todo lo bonito que la rodea: TÚ, ellos, el aire que respiro y la inmensidad compasiva de todas esas pestañas que aún creen y hacen un mundo mejor.

No entiendo esas conversaciones cargadas de prejuicios ni el no hacer por miedo al qué dirán. Tampoco entiendo de calendarios sociales, de absurdos protocolos que cohíben nuestras almas y nuestras ganas. No entiendo por qué tengo que esperar hasta mañana para verte o para querer trazar miles de planes infinitos a tu lado. Y si en un mes siento más que en diez años ¡qúe me llamen loca! Locos son todos aquellos que atrapan sus sueños en cajitas de algodón y que no son capaces de decir TE QUIERO. Ni siquiera sentirlo.

La vida es locura.

Es llanto.

Es risa y es amor.

Puro amor.

Quiero ser el hoy de tus días y créeme que no sé vivir de otra forma. Y aunque supiera no lo haría. Lo quiero todo o todo. Quiero llenarme de verdad, de fuerza, de momentos simples, de abrazos sinceros y de besos antijudas. No quiero ser el tarde de tu historia ni aquella chica que no supo valorar lo que tenía. No quiero ser el arrepentimiento ni la duda y el pretexto cobarde de una sala llena de valientes. No quiero que me cortes las alas ni que apagues el brillo de mis ojos cada vez que te veo. No quiero que confundas mis ganas con la impaciencia. Tengo los bolsillos cargados de pasión y todo, absolutamente todo lo que hago, lleva el sello de veracidad. No confundas el bienquedismo con el hecho de que realmente me importa. De que realmente me importas.

Vivo sintiendo cada poro de mi piel y no soporto hacer las cosas con desganas. Ten por seguro que lo intentaré una y mil veces. Y aunque de fuera puedan parecer intentos torpes o repetidos, te aseguro que cada historia es única. Que cada beso es distinto y que cada historia de amor tiene la magia que le precede. Incluso cuando termina. Así que por favor no me juzgues.

Lo quiero todo o todo.

Cabalgo entre miles de estrellas maravillándome cada día con esas pequeñas cosas que para muchos, pasan desapercibidas y cuando tropiezo y me caigo me levanto más fuerte. Más experta, sin la sensación agria de haber perdido el tiempo. Porque el tiempo está precisamente para eso ¡para perderlo! Para desgranar sus segundos en compañía de la gente que quieres. Para desgranar sus minutos en momentos irrepetibles y hacer de sus horas la historia escrita de tu vida. ¡Perdamos el tiempo juntos! ¡Separados! Como quieras. Pero perdamos el tiempo bailando con el sol y abrazando a la luna. Perdamos el tiempo todo el tiempo. Simplemente dame una razón y yo te daré mi vida.

Permíteme llenarme y llenarte de TODO y cuando lo haga, volverlo a hacer.