La verdadera razón por la que alguien “te deja”.

te dejoExiste una creencia popular muy arraigada y extendida en las mentes y corazones de muchos de nosotros y nosotras. Esa creencia nos lamenta. Nos fustiga y nos causa más dolores de cabeza que alegría. Nos han hecho creer que si alguien te deja es porque no nos quería lo suficiente. Porque no fuimos lo suficiente o porque algo hicimos mal.

Nada de eso es cierto.

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Sí quiero.

sí quiero– Sí quiero.

Se dijo al espejo al mirarse aquella mañana.

¿Cuánto tiempo hace que no te comprometes? No me refiero a comprometerse con un tercero. Con un trabajo. Con un anillo que a veces al mirarlo hace que nuestro anular pese demasiado. Tampoco me refiero al compromiso que acora una impronta caprichosa. Ni aquel silbido que condena a nuestras emociones. Hablo a comprometerse de verdad. Al compromiso de la felicidad con uno mismo. Porque por muy increíble que te parezca, la felicidad es un compromiso. Un compromiso diario que empieza por creer que la merecemos. Y termina justo en el momento en el que dejamos de creer en nosotros mismos.

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Cuestión de ganas. No de tiempo.

cuestión de ganasQue no te engañen. El tiempo no existe. Es solo una invención humana para dar un poco de coherencia y sentido a nuestros días. Un caos desordenado que nos obliga a vivir bajo una estructura coordinada. Hemos crecido entre un montón de mentiras. Nos han hecho creer cientos de cosas que hemos digerido “como normales”. Y aprendimos lo que buenamente generación tras generación ha ido divulgando.

“Tiempo al tiempo”, “El tiempo todo lo cura”, “Todo es cuestión de tiempo”, “El tiempo es oro”. ¿De verdad?

¿Y si te digo que lo que importa no es el tiempo sino las GANAS?

Ganas a las ganas.

Las ganas lo curan todo.

Todo es cuestión de ganas.

Las ganas es oro.

Cuando estás mal ¿qué te hace sentir mejor? LAS GANAS. Las ganas de salir adelante. Las ganas de creer en ti. Las ganas de sentir y hacer todo lo posible porque ¡coño! ¡Tú mereces algo mejor! Las ganas de encontrar un trabajo que te haga más feliz o el simple hecho de las ganas de cumplir tu sueño bajo esa convicción que te hace único. Única.

¿Qué es un sueño? Una intención llena de ganas.

La vida sin ganas no es nada. Cualquier plan que traces lleva implícita una intención. Un motor que te mueve por dentro y que te impulsa a dar un paso más. Un día más. Un intento más. Un paso más. ¿Crees que eso lo hace el tiempo o tus ganas? Vivimos inmersos en una rutina que ha sido diseñada para que no pensemos. La misma hora del despertador cada día nos avisa de que debemos volver al trabajo. Nos vestimos más o menos con alegría según el día. El mismo camino, el mismo autobús, la misma carretera que nos conduce al mismo lugar. ¿Realmente lo haces con ganas?

No esperes a que el tiempo venga a tocarte en la puerta y decirte algo así como: “Ey, ya estoy aquí y he venido a salvarte”. Lamentablemente no es así. Son tus ganas las que harán que consigas todo aquello que te propongas. A menos que seas un gurú de la magia, cosa que dudo, deberás llenarte los pulmones, el corazón y el alma de ganas. ¿Y sabes lo mejor? Que es una fuente inagotable.

La gente que no tiene tiempo, no tiene ganas.

La persona que no tiene tiempo para ti, realmente NO TIENE GANAS DE TI.

Cuando dices que no tienes tiempo de hacer algo, no te engañes. ¡No tienes ganas de hacerlo! Y no pasa nada.

Cambia el tiempo que le dedicas a las cosas, a las personas de tu vida, a tu trabajo y a ti mismo por ganas. Créeme, empezarán a pasarte cosas maravillosas. Porque nos hicieron creer que el tiempo es lo más valioso que teníamos en la vida y olvidaron decirnos que eran nuestras ganas.

Para estar con alguien hay que tener ganas. Para amar a alguien hay que tener ganas. El compromiso no es un “Te quiero” que en vano se esfuma entre las nubes. El amor está lleno de ganas. Y lo que no es amor está lleno de excusas.

cuetión de ganas 1

Las ganas de ser feliz.

Las ganas de amarnos y amar.

Las ganas de crear un mundo mejor.

Las ganas de ser mejores personas cada día.

Las ganas de vivir.

Y las ganas se entrenan. También van al “gimnasio”. Se miman, se alimentan, se cuidan, se escuchan, se aprenden de ellas. No vayas por la vida mirando a otro lado o marcando los pasos de tu corazón por un estúpido reloj que te invita a un invierno helado. Llénate de ganas, de amor y de pasión. Pasa por esta calle de nombre vida con alegría y con la mayor de tus ganas. Atesora cada momento, cada instante y cada puesta de sol. Y por favor. No inviertas tus ganas en personas que no tienen ganas de ti. 

La vida está llena de oportunidades maravillosas que invertirían todas sus ganas en besarte los lunares. En acompañarte a cualquier rincón del mundo y que saben disfrutar de tu compañía.

No mendigues ganas a nadie.

Ni siquiera a ti mismo.

No hagas nada sin ganas porque estarás muriendo lentamente.

A partir de ahora recuerda que lo más valioso que tienes no es tu tiempo.

Son tus ganas.

Vivo.

vivoVivo en un mundo que respira sobre un pulmón que se ahoga y que late en un corazón ateo de esperanza, de amor y  de cariño. Vivo en un mundo donde sus calles alegres se caen a pedazos y donde la gente está triste.

Porque realmente nos quieren tristes.

Vivo en un mundo donde cada vez hay menos abrazos y donde los sentimientos se han ido a vivir a prostíbulos de falsos te quieros. Vivo en un mundo lleno de ira, de amigos que dejaron de serlo y de familias que perdieron el valor de su apellido por una mísera herencia.

Vivo en un mundo donde se alquilan citas y donde las alianzas aprietan. Vivo en un mundo donde aún la mujer no tiene los mismos derechos que el hombre. Donde aún el sexo nos separa y donde único nos une es en la cama.

Vivo en un mundo donde unos se creen más importantes que otros y todavía no hemos llegado a entender que todos somos iguales. Que todos somos todos. Y que todos somos TODO.

Vivo en un mundo donde más es mejor, cuando la verdadera felicidad radica en el más absoluto vacío.

Vivo en un mundo donde son más los que se echan de menos que los que están juntos. Donde son más los corazones rotos que los sanos. Donde los whastaaps y las redes sociales nos han desconectado y deshumanizado y donde lo importante son los me gusta. A pesar de que cada noche duermas solo.

Vivo en un mundo lleno de personas que no encuentran al amor de su vida.

Fotografía: Alessio Albi

Fotografía: Alessio Albi

Vivo en un mundo que se muere. Y tú ni siquiera te has dado cuenta.

Vivo en un mundo que ha perdido su identidad, que ha creado razas y lenguas separándonos los unos de los otros. Vivo en un mundo donde el color blanco es más importante que el negro y donde el dinero, asesina a cientos de almas inocentes.

Vivo en un mundo donde me olvidaste. Donde dejaste en ayunas tu capacidad de amar. Y donde ridiculizaste el verbo más potente del mundo capaz de cambiarlo todo.

Vivo en mundo donde nadie te cede el paso, donde el ego ha pasado a ser más importante que respirar y donde la educación es una palabra que por definición, solo existe en el diccionario.

Vivo en un mundo que todo el mundo critica pero nadie hace nada para mejorarlo. Vivo en un mundo lleno de envidias, de falsas promesas y de relaciones efímeras que se escapan al viento entre hilos de algodón. 

Vivo en un mundo donde las nubes sienten vergüenza de nuestros pasos.

Vivo en un mundo lleno de humanos torpes que caminan sin rumbo. De cobardes que se han rendido y de abanderados que defienden en hipocresía ideologías que luego en casa, no practican.

Vivo en un mundo donde el amor libre no existe. Digan lo que digan.

Vivo en un mundo donde opinar es gratis pero ayudar cuesta dinero.

Vivo en un mundo donde nos han llenado la cabeza de mentiras, donde nos han alejado de la verdad y donde nos mantienen entretenidos para que la curiosidad no mate al gato.

Camino y camino y solo veo ojos huérfanos de amor, ojos que cuentan una y mil cicatrices y heridas incurables. Vivo en un mundo que huele a miedo, a egoísmo y a prisas. La gente ha perdido la magia, se viste de nada y se maquilla de mentiras.

Compramos cosas absurdas que no necesitamos pero creemos que sí y que con ellas seremos mejores. Entrenamos nuestros cuerpos exprimiendo en sudor gemidos de esfuerzos inimaginables y olvidamos entrenar lo más importante: nuestra mente. Nos han mimetizado hasta el más mínimo de nuestros sentidos para que olvidemos pensar.

PENSAR EN QUIÉNES SOMOS.

PENSAR POR QUÉ ESTAMOS AQUÍ.

PENSAR QUÉ QUEREMOS REALMENTE Y SI ESTAMOS DISPUESTOS A VENDER NUESTRAS VIDAS DE ESTA FORMA.

Tenemos trabajos que no nos gustan, mujeres y hombres de los que no estamos enamorados, somos infieles hasta decir “asco” y divagamos sin rumbo sobre unos pasos que calzan estrechas nuestras almas.

Vivo en un mundo hostil que ha olvidado que lo más importante es ser amable. Amable con la vida, amable con los demás, amable con uno mismo.

Nos creemos dueños de todo cuanto respira o es rentable para hacer crecer en dígitos de poder, las cuentas bancarias de corbatas y diamantes que nos manipulan como auténticas marionetas.

Fotografía: Alessio Albi

Fotografía: Alessio Albi

Vivo en un mundo donde somos terriblemente crueles con los animales. En qué momento permitimos y comercializamos su tortura.

Estamos destruyendo cada centímetro de un planeta que llora de pena.

Qué mal lo hemos hecho.

Da miedo.

Mucho miedo lo que veo.

Vivo en un mundo donde Siria se muere y a nadie le importa. Vivo en un mundo donde un futbolista de renombre se parte la pierna y medio mundo llora porque no podrá jugar más partidos por una larga temporada.

Vivo en un mundo que vive dormido y que ya va siendo hora de que despierte.

Pero luego llegas tú con esos ojos magos y me llenas de esperanza.

Me das la mano y me empujas a seguir. Me dices que estoy en lo cierto, que un mundo mejor es posible y que aunque no podamos salvar el mundo podremos salvarnos a nosotros mismos.

Miro hacia dentro, respiro y trabajo duro sobre todo lo que no me gusta de ti, en mí. Me lleno de fuerza, me salto las normas, nado de espaldas y dejo de hacer lo que me dijeron que era correcto. Porque no hay nada más correcto que dar amor, ser sincero, soñar bonito y dar los buenos días. Porque no hay nada más bonito que ayudar a los demás, que dar abrazos sentidos y que besar y follar con el alma. Porque no hay nada más correcto que ser uno mismo sobre unos pasos que determinen una supremacía de valores adaptados a las necesidades de todos. Porque todos respiramos bajo un mismo cielo que como no nos demos prisa, morirá.

Vivo en un mundo que aunque ha dejado de creer en la magia está lleno de personas extraordinarias y maravillosas capaces de hacer de este mundo, un lugar mejor.

¿Qué eliges tú?

Yo lo tengo claro.

La vida se nos va mirando a los demás.

mariposas1Vivimos en un mundo de mirones donde muchas son las pupilas que escrutan, juzgan, critican y señalan. Un mundo de mirones que esconden una verborrea vacía y un discurso digno de corbata que en las dos primeras frases pierde la credibilidad que intuían las sílabas concordantes.

Vivimos sí, pero ¿de qué manera?

Me aterra en qué nos hemos convertido. Me aterra la idea extendida de aquí todo vale y la crítica yuxtapuesta en la vida ajena. Hagas lo que hagas siempre te buscarán el fallo y habrá detractores que tras sonrisas de algodón intenten tirar por la borda a golpe de “me gusta”, tus sueños, tus buenas intenciones y el propósito por el que tu pie derecho calza un 40.

¿Sabes lo único que te hace distinto a mí? El tiempo.

El tiempo que empleas en ser mejor persona. El tiempo que empleas en hacer mejor tu trabajo, en buscarlo, en respirar en el lugar equivocado, el tiempo que le dedicas a tus entrenamientos y el tiempo que empleas en amar promesas de bragas desgastadas y besos que apestan a sapo. Lo que te hace distinto a mí es el tiempo que subyace en tu reloj biológico, el tiempo que le dedicas a lo que comes, a reírte, a conocer a personas que realmente merecen la pena. El tiempo que le dedicas a lo que importa, a tu familia, a aprender de esta vida, a ser maestro y alumno, el tiempo que le dedicas a tu cuerpo, el tiempo que le dedicas a cuidar tu alma, a leer, a viajar, a observar.  El tiempo que le dedicas a escuchar a tu corazón. Pero a escucharlo de verdad. El tiempo que te dedicas a ti mismo y no a los demás. El tiempo que haces de este mundo un lugar mejor. Porque…¿haces algo verdad?

vintage indie photography tumblr

Si hubiese un contador del tiempo que perdemos en criticar a los demás, estaríamos condenados a un reloj lleno de lamentaciones.

¿De verdad es más importante lo que hace el otro que tú?

¿De verdad empleas tu tiempo en valorar, analizar, criticar y juzgar lo que hace otra persona que no seas tú? Odiar nos hace débiles y amar nos hace terriblemente fuertes. Pero lo olvidaba. Ahora está de moda el #melasudatodo, #elamorescosadeñoños. ¡Qué lástima! Pensamientos equívocos en bocas de quienes perdieron la esperanza y se disfrazaron de miedo.

Hemos perdido el norte.

Solo espero que el sur, sea un lugar mejor.

Criticamos a los que hacen deporte y a los que no.

A los maquinitas de turno y al gordo del sillón.

Criticamos al vegano porque se cree el salvador del mundo y criticamos a los que ni parpadean ante una injusticia.

Criticamos al que pega a su mujer y al que le regala flores.

Criticamos a la tía buena y a la fea.

Criticamos al bueno y al malo, criticamos al que lleva rastas y a la pija de tacón.

Criticamos a la flaca y la que lleva silicona de talla sujetador.

Criticamos al musculitos y al que no ha pisado el gimnasio en su vida.

Criticamos al que estudia mucho y al que estudia poco.

Al que entrena mucho y al que entrena poco.

Al que comparte su vida en redes sociales y al que nunca comparte nada.

Criticamos a los obsesos de la búsqueda de la excelencia y a los que se conforman con poco.

Criticamos a los que escriven con faltas de ortografía y a los que tildan de eruditas sus letras.

Criticamos a los que van en bici y a los que no saben montar.

A las rubias y a las morenas.

Criticamos a los que se pierden y a los que se guían por un mapa.

Criticamos a los que beben y a los que no se echan ni un chupito.

Criticamos a los que bailan al estilo Chayanne y a los que son patitos mareados.

Criticamos a los románticos y a los insensibles.

Criticamos a los que hacen el amor y a los que follan.

Criticamos a los que se preocupan demasiado por nosotros y a los que nunca nos llaman.

Criticamos a los bondadosos y a los egoístas.

Criticamos a los que tienen mucho dinero y a los que tienen los bolsillos vacíos.

Criticamos a los que critican y a los que nunca lo hacen.

¡Lo criticamos todo joder! ¡Todo! 

critica

Debería haber un número máximo de críticas permitidas. Al menos por día. Imagínate si todo el tiempo que le dedicas a criticar a los demás lo empleas en ti mismo. EN SER MEJOR PERSONA. En hacerlo mejor cada día, en levantarte con un propósito nuevo y mejor. En plantar un puto árbol o en leerte un puto libro. En intentar correr un kilómetro más rápido o al menos disfrutarlo más. En ser agradecido y merecedor de las pequeñas cosas de la vida que sin darnos cuenta, se nos va en cada latido y en cada respiración. O en una fatídica llamada que nos anuncia que nunca más volverá a abrazarnos.

¿Y qué importa lo que digan de nosotros los demás?

¿Qué importa si por mucho que te esfuerces no cambiarán de opinión?

La opinión de los demás sobre nosotros mismos es solo eso. Una opinión ajena, no nuestra.

Porque si aún no te habías dado cuenta el tiempo es lo único que no vuelve atrás. Es lo único que continuamente resta. Es lo único que menos es menos. Y lo único que desperdicias cada segundo de tu existencia.

La vida se nos va mirando a los demás.

Aprende a contemplar lo bonito de cada ser. A sentir que en igual de condiciones no nos separa más que un nombre. Aprende a admirar en lugar de criticar. Que hasta de lo más indecoroso se saca algo bonito. Eso te hará mejor persona y la próxima vez que vayas a echar culebras por la boca sobre alguien, piensa realmente por qué te molesta tanto una conducta ajena a ti. Por qué es más importante su opinión sobre ti o sobre algo que la tuya propia. Concéntrate en tu corazón, en lo que de verdad importa y vive cada segundo con el único objetivo de encontrar en ti todo lo que necesitas.

Odiar y criticar nos enferma la mente y nos marchita el alma.

Hagas lo que hagas, seas como seas, lo intentes como lo intentes siempre habrá una sombra que quiera apagar tu luz. No pierdas el tiempo en ellos ni en ellas. Abrázalos desde la compasión y sigue tu camino.

A más sombra, más luz.

A más odio, más amor.

A más críticas menos tiempo les queda para cumplir sus sueños. Y a ti te sobrarán pretextos para seguir adelante.

floricientaMe costó lágrimas, múltiples decepciones y un infinito cielo lleno de estrellas entender esto que hoy escribo. Pero al final lo entendí y desde que lo puse en práctica la única crítica que me permito es aquella que me hace corregir lo que quiero mejorar de mí. Ayudando siempre a los demás y haciendo eso de la unión hace la fuerza.

Que hablen de ti. Y cuando se cansen, que sigan haciéndolo.

De nada.

de nada Qué importante es agradecer a la vida lo bueno y lo malo.

La posibilidad de escribir estas líneas y leerlas. Qué importante es dar las GRACIAS a tiempo, o al menos, sentirse dichoso y dichosa de todo lo que nos pasa. Aunque en ocasiones puedas vivirlo como una auténtica pesadilla. Pero es que hasta los mejores sueños tuvieron una parte de dolor.

¿Pero qué hay de los de nada? ¿Acaso no es importante también sentirse merecedor, merecedora de un GRACIAS? Me hace gracia (que no gracias) la gente que va por la vida creyendo que son dueños o dueñas de los sentimientos y pensa-miento-s de los demás. También me hace gracia (que no gracias) esas personas que dan por hecho lo hecho. Que lo bonito, lo correcto, que lo justo cae del cielo sin más. Mientras un mago agita su varita mágica. Sin reconocer el esfuerzo, la gratitud o lo que otro dejó por ti en el camino para que tú hoy, bailes sobre nubes de algodón. Cuando ni siquiera sabes apreciar los acordes volátiles que sin tú saberlo, siempre han estado cuidando de tu RE más profundo. Cuando el bemol de tus labios frenaba las lágrimas que aquella historia rota dejó sobre el eco de tu memoria.

¡DE NADA! Sí creételo. ¡DE NADA! Porque gracias a ti, gracias a mí, gracias a muchos héroes y heroínas sin nombre hoy muchos y muchas están ahí. Bajo unos focos llenos de gratitud. De gratitud por quién los admira, no por quién ilumina.

Cuando alguien nos da las gracias de corazón sea de la forma que sea, es importante devolverles un de nada sincero. Desenfadado. Un de nada que no pedía nada a cambio. Ni un simple, llano y merecido GRACIAS. Un de nada salido sin más. Con una de esas sonrisas que amanece en el cielo más gris de Madrid. En un cielo impávido que mientras juega al escondite con tus ganas, desdibuja los recuerdos que se acomodaron en una nostalgia dolida. En unos verbos pasados que no conjugan con un presente que pide a gritos salir corriendo de aquí. Salir corriendo de ti. Y de ti también.

de nada

De nada.

¿Qué simple verdad? Qué poco parece lo que esconden estas dos palabras que separadas podrían ser la preposición de infinitos acontecimientos o acometimientos, o el vacío hueco de cientos de historias entrelazadas al viento.

A lo mejor pensaste que no me lo merecía. Ni siquiera quise dedicarte estas líneas pero aún te empeñas en seguir estando presente. En mortificar mi silencio y mis ganas de cerrar la puerta que selló nuestros secretos en aquel pomo verde que nadie más se atrevió a girar. Ni siquiera el tiempo.

De nada.

Lo hice sin más. Sin más sentir que un latido que musitaba tu nombre cuando aún ni sabía cómo era el color de tus ojos y cómo esas cicatrices se quedaron durmiendo por siempre en tus bellos lunares. Y ahí estaba yo, recibiendo un GRACIAS de mentira.

De nada.

Qué importante es dar las GRACIAS a tiempo. Qué importante es creerte merecedora y merecedor de una gratitud álmica. De una gratitud que sin decir nada es capaz de hacerte sentir la persona más afortunada del mundo. Y es que por más que lo intentemos aún tenemos mucho que aprender y las personas torpes como tú y como yo, no aprendemos a la primera. Ni tampoco a la segunda. No existe mayor y mejor vidente que tu intuición. Esa voz en off que sin saber por qué te habla. Te guía. Te susurra al oído que tomes un camino que aunque en un principio atragante tus miedos y paralice tus articulaciones…¡tómalo! El primer paso es el más doloroso. Y el segundo. Y posiblemente el tercero. Pero cuando menos te lo esperes ya estarás corriendo, ya estarás levitando, ya estarás viviendo tu vida. TU VIDA. Dejando atrás ese aire tan cortante que no dejaba respirar tus sueños. Tus metas. Y que empañaba tus pupilas de imposibles.

No necesitas una corona para ser princesa, ni una capa para ser un superhéroe.

de nada

De nada.

Recuerda que tú estás hecho de cientos de nadas.

De cientos de gracias que en su conjunto hicieron de la vida de otros, vidas mejores.

No confundas los cumplidos con la gratitud honesta.

Abraza las ganas que olvidaste por el camino.

Aprende a dar las GRACIAS de corazón y a recibir los DE NADA a cambio de todo lo que te mereces. Que posiblemente sea y es, más de lo que imaginas.

  • Gracias.
  • De nada.

¡Suelta!

sueltaSuéltalo, así sin más. No tengas miedo ni bailes con la melancolía. Ella nunca fue una buena pareja. Suéltalo sin pedir permiso. No tengas dudas de que al hacerlo tu alma se sentirá liberada y la preocupación de tus pestañas pasará a ser insignificante.

Suelta todo lo que no te hace feliz porque entre más tiempo lo tengas contigo, más retrasas el remanso de paz que mereces y esos momentos de felicidad caduca. Suéltalo y cuando lo hagas encontrarás en tu soledad la fruición de que, aunque a veces duele hasta asfixiarte, mereció la pena y las incontables lágrimas.

Suelta el pasado.

Suelta un futuro planeado.

Suelta todas esas cicatrices que acaricias con mimo, como si creyeras que ellas, son las únicas que pueden hacerte cosquillas en el corazón.

¡Suéltalo YA vamos! Yo te ayudo. Dámelo a mí que yo lo tiro a la basura. O mejor aún, lo haré desaparecer.

Suelta las mentiras, suelta todo el daño que llevas a rastras contigo y suelta el que dirán. Bla, bla, bla…

Suelta ese trabajo dichoso que te consume en horas y en una vida llena de arrugas contenidas por no tener el valor de decir que tú, no has nacido para eso.

Suelta tus miedos,

suelta la culpa,

suelta los frenos de que tú no puedes y abraza a la idea de que oportunidad puede ser un hecho, aparte de una palabra del diccionario que empieza por o.

¿Por qué le retienes?

¿Por qué te empeñas en hacer difícil lo fácil?

¿Por qué vives de los recuerdos cuando ya esa historia murió?

¿Por qué te torturas de esa forma?

¿Por qué no dejar espacio para personas maravillosas, nuevas historias, momentos irrepetibles y mejores polvos?

¿Por qué sigues inventado e idealizando un cielo que posiblemente dejó de existir antes de que los dos creyéramos en él?

Suelta todo lo que no te hace ufano porque solo así dejarás espacio para nuevas sonrisas, caras amables, amistades increíbles, abrazos sin púas y pieles expertas que te enseñarán lo que de verdad importa.

Suelta las interminables noches de insomnio donde las ovejitas se convirtieron en dragones ¡y duerme! Suelta los mensajes que nunca llegaron y aquella cita que te partió el mil pedazos el alma. Suelta la idea de que todo será como antes ¡porque no lo será jamás! Suelta la mano que hace mucho tiempo dejó de acompañarte. Suelta los besos que ya son de otra persona y suelta las caricias que abrazas con tanta anuencia en las noches donde la luna, es tu única compañía.

suelta

Hace tiempo aprendí a soltarme de todo aquello que me hería. A descolgar las excusas del armario y a ser valiente. Aprendí a que no tenía sentido alguno seguir tomando café en un lugar donde las conversaciones no me parecían agradables y donde la compañía acidificaba mis ganas de permanecer ahí. Hace tiempo aprendí a soltar mi sumisión, cuando realmente no quería hacer algo y hace tiempo, dejé de escribir en mi agenda compromisos estúpidos que lo único que hacían eran consumir el poco tiempo que nos da la vida. Como si acaso esto fuese eterno y como si acaso yo le debiera algo a alguien.

Aprendí a soltar las incontables explicaciones que una y otra vez me exigían. Como si acaso el amor fuese una imposición o como si acaso una amistad tuviese que someterse a un control de registro.

SUÉLTALO y permítete ser feliz.

Vístete de derecho, de determinación y de unos zapatos que te llevarán descalzo tan lejos, o tan cerca, como quieras.

No solo el aire que respiramos es tóxico.

También lo son las personas y ciertas actitudes enfermizas que a veces nos atrapan más de la cuenta en unas redes que no precisamente requieren de contraseña.

Suéltalo y no mires atrás y si lo haces que sea para convencerte una vez más de que hiciste lo correcto.

Suéltalo y coge todo aquello que te de la gana y te llene de alegría.

Suéltalo, sin más.

Y verás como ese vacío que en un principio puede producirte el dolor más inmenso del firmamento, poco a poco se va llenando de sentido. De respuestas y de las mejores preguntas que te habías hecho jamás.

Soltar es la mejor forma de empezar a escribir nuevas historias y de mejorar las que ya están escritas.

Suéltalo y SUÉLTAME.

Nos haremos un grandísimo favor.