Fuimos.

fuimosFuimos de esas historias que por mucho que pase el tiempo no se olvidan…

Fuimos la vuelta al mundo sin salir de la habitación. El mejor lunes de la semana y la copa de vino de las risas sedientas de vida.

Fuimos el whastApp de cada mañana, la foto que nunca hicimos y los besos de los amantes que se quieren de verdad.

Fuimos la oportunidad que no supimos aprovechar.

Fuimos la esperanza de los que ya no creían en el amor y la admiración de aquellos que se deleitaban con la forma de nuestros cuerpos.

Fuimos el chiste que nadie entendía y que a nosotros nos hacía mucha gracia.

Fuimos infinitos finales que tildábamos de puntos suspensivos.

fuimos 2

Fuimos nuestro para siempre.

El café del alba, las tortitas de maíz y el último suspiro de cada luna. Fuimos los pasos torpes de aquel compás y la música de cuando nadie bailaba.

Fuimos la canción más bonita del mundo y el eterno San Valentín.

Fuimos el secreto que a diario nos recuerda y la huella que no se llevó la arena.

Fuimos la herencia del aire, el deseo del fuego y la inmediatez de unos dedos que tenían prisa por descubrirse. Fuimos la piel con piel, la lengua que se aprendió de memoria el alfabeto de nuestros lunares y el abrazo sincero de nuestras miserias. Fuimos Romeo y Julieta sin la necesidad de fingir estar enamorados.

Fuimos el mejor sexo del mundo.

Fuimos pupilas traviesas que adivinaban al unísono el color de los unicornios y fuimos la comisura de unos labios que no se callaban nunca.

Fuimos todos los besos que nos dimos. Y los que dejamos para luego.

Fuimos las letras incansables de páginas que pedían a gritos nuevas historias; el “no, cuelga tú” y las horas que pasaban como segundos. Fuimos el te echo de menos certero y dos valientes que no necesitaron más que su desnudez para saltar al río.

Fuimos dos almas sin nombre que construyeron verbos imposibles.

Sueños imposibles.

Trazados imposibles.

Fuimos los pasos firmes de un nuevo camino y el angosto mar que cruzaría nuestros miedos. Fuimos las citas de vainilla y las conversaciones que duraban toda la noche.

fuimos 3

Fuimos el corazón que aún late y se resiste a creer que todo esto terminó.

Fuimos el valle de fresas, las manos de amapolas y la sangre de cristal. Fuimos las mariposas en el estómago, la magia de las primeras veces y las estrellas más impetuosas del firmamento.

Fuimos la combinación perfecta, la envidia de quién no podía tenernos y las respuestas de preguntas pendientes.

Fuimos el momento preciso y el sofá de los domingos.

Las sábanas de nuestros pecados y los testigos de todo aquello que nos contamos sin mediar palabra. Fuimos los te quieros más inmensos y la promesa que grabamos a nuestro paso, aquella tarde de verano.

Fuimos el invierno de mayo y las galletas con sabor a no te vayas nunca de mi lado.

Fuimos tú y yo en un nosotros in-que-bran-ta-ble.

Fuimos la conversación pendiente, la historia que nunca debió acabarse y la deuda que hasta que nuestras pestañas mueran, abrigaremos con ausencia el eco del ayer.

Fuimos las ganas de volver a SER.

Fuimos lo que nos faltaba y lo que nunca seremos.

Fuimos la coyuntura explícita de todo aquello que no tenía sentido. Y el descaro de mandar al carajo lo que no nos importaba.

Fuimos equipo, amantes y amigos y por encima de todo, fuimos el respeto de ser lo que queríamos.

Fuimos el mapa que dibujaba Roma y los problemas que resolvíamos en la cama. Fuimos las incontables caricias y el vestido que reservábamos para “una ocasión especial”.

Fuimos las promesas que hoy se burlan en el viento.

Fuimos los recuerdos que nos dará dolor de estómago y nos vestirá de pena cada vez que nos recordemos. Cada vez que nos pensemos.

Fuimos ese uno entre un millón y la famosa aguja del famoso pajar.

Fuimos todo lo que fuimos 
sin ni siquiera saber quiénes éramos nosotros mismos.
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Me duele.

me duele

Me duele tu ausencia, la silla vacía que dejaste en la cocina y la taza de café de los buenos días.

Me duele el tiempo que pasé contigo y el que ya no volveremos a pasar.

Me duele tu sonrisa, el caos que formaban nuestras sábanas y tu lado vacío de la cama.

Me duele la luna, las nubes de marfil y el indecoroso aire que respiro.

Me duelen estas letras y todo lo que no escribo en ellas.

Me duelen nuestras promesas, la calle que ya no existe en el mapa donde nos besamos por primera vez y la cima que alcanzamos con la punta de nuestros dedos. Y de nuestros sueños.

Me duelen tus manos que hicieron tuya mi cintura una infinidad de veces.

Me duelen tus abrazos que eran capaces de reconfortar el llanto de mi alma. Y también, de desequilibrar mi más serena paz.

ME DUELES TÚ.

Me duelen las mentiras y todos aquellos y aquellas que quisieron hacer de nuestra historia, la suya.

Me duele haberte tenido y haberte perdido.

Me duele haberte CREÍDO y haberte puesto en duda.

Me duele lo poco que me quise y el poco valor que tuve para subirme a aquel unicornio de plumas amarillas y salir volando de aquí.

Me duelen los miedos que me dejaste como herencia y aquella noche donde nos unimos para siempre.

Me duele el primer verano que pasé contigo, las velas que soplé cuando me cantaste “feliz cumpleaños” y todas esas fotos que nos hicimos. Y las que no, también.

Me duele tu amor. Y eso que el amor…NO DUELE.

Me duelen tus pestañas, tu dolor y esas arrugas que gritan lo mucho que me recuerdas.

Me duele echarte de menos y echarte de más.

Me duele tu nombre,

tu olor,

tu verborrea.

Me duele el ruido que ensordece los dedos de mis pies,

y me duele la mirada débil y bonita con la que me envolvías mientras dormía.

Me duelen tus besos y la forma en la que los recuerdo cuando cierro los ojos.

Me duele la falsedad, la facilidad con la que hoy se quiere y mañana ya veremos.

Me duele todos aquellos y aquellas que pasaron por mi vida sin dejar propina. ¡MALDITOS, MALDITAS!

Me duele el vino condensado y la poca gracia que me producen los monólogos de aquellos que presumen ser mis amigos. Tengo menos de los que creía y más de los que sentía.

Me duele que una vez quisieran apagar mi luz…y me duele en el alma tu daño.

Me duele, me duele, porque soy humana. Porque a mí no se me ha olvidado lo que un día le prometí al cielo, ni la marca de nacimiento que precede bajo los lunares de mi piel. Me duele no encontrarme las alas. Y eso que he mirado hasta debajo de la cama.

Me duele haberme perdido.

Me duele no haberme creído.

Me duele este mundo.

Me duele ser parte de él y de nuestra historia.

Me duele…
Me dueles…

 

 

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De nada.

de nada Qué importante es agradecer a la vida lo bueno y lo malo.

La posibilidad de escribir estas líneas y leerlas. Qué importante es dar las GRACIAS a tiempo, o al menos, sentirse dichoso y dichosa de todo lo que nos pasa. Aunque en ocasiones puedas vivirlo como una auténtica pesadilla. Pero es que hasta los mejores sueños tuvieron una parte de dolor.

¿Pero qué hay de los de nada? ¿Acaso no es importante también sentirse merecedor, merecedora de un GRACIAS? Me hace gracia (que no gracias) la gente que va por la vida creyendo que son dueños o dueñas de los sentimientos y pensa-miento-s de los demás. También me hace gracia (que no gracias) esas personas que dan por hecho lo hecho. Que lo bonito, lo correcto, que lo justo cae del cielo sin más. Mientras un mago agita su varita mágica. Sin reconocer el esfuerzo, la gratitud o lo que otro dejó por ti en el camino para que tú hoy, bailes sobre nubes de algodón. Cuando ni siquiera sabes apreciar los acordes volátiles que sin tú saberlo, siempre han estado cuidando de tu RE más profundo. Cuando el bemol de tus labios frenaba las lágrimas que aquella historia rota dejó sobre el eco de tu memoria.

¡DE NADA! Sí creételo. ¡DE NADA! Porque gracias a ti, gracias a mí, gracias a muchos héroes y heroínas sin nombre hoy muchos y muchas están ahí. Bajo unos focos llenos de gratitud. De gratitud por quién los admira, no por quién ilumina.

Cuando alguien nos da las gracias de corazón sea de la forma que sea, es importante devolverles un de nada sincero. Desenfadado. Un de nada que no pedía nada a cambio. Ni un simple, llano y merecido GRACIAS. Un de nada salido sin más. Con una de esas sonrisas que amanece en el cielo más gris de Madrid. En un cielo impávido que mientras juega al escondite con tus ganas, desdibuja los recuerdos que se acomodaron en una nostalgia dolida. En unos verbos pasados que no conjugan con un presente que pide a gritos salir corriendo de aquí. Salir corriendo de ti. Y de ti también.

de nada

De nada.

¿Qué simple verdad? Qué poco parece lo que esconden estas dos palabras que separadas podrían ser la preposición de infinitos acontecimientos o acometimientos, o el vacío hueco de cientos de historias entrelazadas al viento.

A lo mejor pensaste que no me lo merecía. Ni siquiera quise dedicarte estas líneas pero aún te empeñas en seguir estando presente. En mortificar mi silencio y mis ganas de cerrar la puerta que selló nuestros secretos en aquel pomo verde que nadie más se atrevió a girar. Ni siquiera el tiempo.

De nada.

Lo hice sin más. Sin más sentir que un latido que musitaba tu nombre cuando aún ni sabía cómo era el color de tus ojos y cómo esas cicatrices se quedaron durmiendo por siempre en tus bellos lunares. Y ahí estaba yo, recibiendo un GRACIAS de mentira.

De nada.

Qué importante es dar las GRACIAS a tiempo. Qué importante es creerte merecedora y merecedor de una gratitud álmica. De una gratitud que sin decir nada es capaz de hacerte sentir la persona más afortunada del mundo. Y es que por más que lo intentemos aún tenemos mucho que aprender y las personas torpes como tú y como yo, no aprendemos a la primera. Ni tampoco a la segunda. No existe mayor y mejor vidente que tu intuición. Esa voz en off que sin saber por qué te habla. Te guía. Te susurra al oído que tomes un camino que aunque en un principio atragante tus miedos y paralice tus articulaciones…¡tómalo! El primer paso es el más doloroso. Y el segundo. Y posiblemente el tercero. Pero cuando menos te lo esperes ya estarás corriendo, ya estarás levitando, ya estarás viviendo tu vida. TU VIDA. Dejando atrás ese aire tan cortante que no dejaba respirar tus sueños. Tus metas. Y que empañaba tus pupilas de imposibles.

No necesitas una corona para ser princesa, ni una capa para ser un superhéroe.

de nada

De nada.

Recuerda que tú estás hecho de cientos de nadas.

De cientos de gracias que en su conjunto hicieron de la vida de otros, vidas mejores.

No confundas los cumplidos con la gratitud honesta.

Abraza las ganas que olvidaste por el camino.

Aprende a dar las GRACIAS de corazón y a recibir los DE NADA a cambio de todo lo que te mereces. Que posiblemente sea y es, más de lo que imaginas.

  • Gracias.
  • De nada.
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Me lo debo.

Ya es la hora.
Me lo debo.

me lo debo 3Es hora de partir, de vaciar la maleta de lo que ya no sirve y de quitarle el polvo al libro de los sueños a medio escribir.

Ya es hora de pensar en el reflejo que me devuelve cada mañana el espejo del baño, y el del salón. Ya es hora de dejar de hacerlo por el tuyo. Por ese que ya no me devuelve ni los buenos días cuando te pienso.

Me lo debo.

Es hora de despegar las alas, de hacer mío lo que hiciste tuyo y de deshacerme de todas esas palabras y gestos dañinos que una vez partieron todos los huesos de mi cadera. Y de mi alma. No imaginas lo que dolió verte partir y ver que aún estando a mi lado, tú ya no eras el mismo. Al menos no la luz que hizo un día mi camino, el camino más bonito del mundo.

Es hora de mandarlos a todos a la mierda y de guardar los abrazos de los que de verdad importan. Fuera las amigas de plastilina y los amigos de bares. Me quedo con los que aún siguen ahí cuando ya no queda cerveza en la nevera. Cumplidos, “tenemos que vernos”, “mañana te llamo”, como si acaso las relaciones se viesen forzadas a sacar un tiempo que no tenemos. Que no queremos tener. Que asfixia nuestra agenda y nuestros quehaceres en pretextos disfrazados de sonrisas forzadas; manías; feas. Porque cuando algo no nos gusta se nos arruga la cara. Y el corazón. Y yo ya me cansé de vivir con una pasa que late dentro de mi pecho.

Es hora de poner firme mis preferencias y hacer mías mis prioridades sin sentirme culpable. Es hora de desdoblar los vértices de todos aquellos y aquellas que pusieron negativas zancadillas a mis pasos y es hora, de dejarte ir.

Porque aún tu recuerdo me mata.

me lo debo 1

Me huele a invierno y me sabe a una soledad que se acostumbró a hacerme compañía y es con ella con la única con la que me siento yo. La única con la que me siento llena de ganas de seguir recordándote y de seguir amándote en silencio: sobre estas líneas negras que dibujan un deseo decorando un papel en blanco que una vez, estuvo dibujado de un lugar mágico. Lleno de risas, de horas infinitas que no conocían el aburrimiento. Ni el fracaso. Solo la supremacía de unos besos que juraron amarse por siempre. Y aunque ellos sigan ahí besándose, nosotros hace tiempo que nos perdimos. Tú en el norte y yo en el sur y quizás en algún oeste lejano volvamos a encontrarnos como dos jinetes fugitivos en una marcha que las suaves nubes del este, abrazan hoy el mar y las olas de tus pestañas. Y de mis manos huérfanas y mi sonrisa hueca.

me lo debo

Me lo debo.

Me debo el valor que no me di.

Me debo la tregua y me debo los besos.

Me debo la calma y el perdón.

Me debo desquitarme todo el peso de la culpa y la atención que casi me consume por los demás. ¿Quién está ahí cuando yo lo necesito? Nadie. Ni siquiera yo.

Me debo ser egoísta por una vez y no sentirme mal por ello.

Me debo decir NO las veces que me de la gana y me debo todos los “SÍES” que me fueron arrebatando por el camino.

Me debo creer que YO TAMBIÉN PUEDO y me debo el creerme merecedora de que las cosas bonitas también le pueden pasar a alguien como yo.

Me debo ese baile, esa copa de vino y esa siesta hasta las tantas.

Me debo ese vestido, correr sin reloj y faltar un lunes al trabajo.

Me debo la vuelta al mundo, decirte a la cara que no te soporto y bajarme en esta estación.

Me debo la vida que no me he permitido de aquí para atrás y me debo la seguridad que alguien melló en lo más profundo de mi conciencia.

Me debo pensar en mí y no pensar.

Me debo entender la vida simple…sin más.

Me debo el desnudo de todos esos temores que a veces me imposibilitan dar un paso al frente. Y a un lado.

Me debo saltarme la dieta, reír más y preocuparme menos.

Porque al fin y al cabo qué importa de esta estúpida vida. Quizás solo importa un respirar honesto, sincero, sencillo, bonito. Un seseo ávido que te recuerde que estás aquí para ser feliz.

Es hora de irse.

Es hora de irme.

Es hora de encontrarte.

Es hora de encontrarme.

Me lo debes.

ME LO DEBO.

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Nosotros no.

nosotros noNosotros no vamos a enamorarnos.

No vamos a prometernos amor eterno,

ni siquiera vamos a tener ninguna cita.

 

Nosotros no diremos que somos la media naranja del otro, ni encontraremos en nuestros ojos esas respuestas que durante más de media vida, llevamos buscando sin éxito en pergaminos desgastados de recato. Nunca necesitaremos el uno del otro y cuando hagamos el amor no me mirarás fijamente y me dirás que “soy la mujer más increíble con la que has estado jamás”.

Nosotros no nos diremos Te quiero, ni me bajarás la luna como sello ostentativo de lo mucho que me quieres. No celebraremos aniversarios, ni me regalarás flores por San Valentín. Ni nunca.

Nosotros no haremos todo lo que hace el resto. Así les va.

Y así…nos ha ido.

Nosotros no mimetizaremos nuestra esencia en uno, porque siempre seremos dos: Tú y yo. Nosotros jamás dejaremos de hacer lo que nos gusta para complacer al otro, ni renunciaremos a ningún verbo que nos haga reír. Que nos haga ser nosotros mismos. Nosotros no nos tendremos que pedir permiso para SER, ni surcaremos mares imposibles de soles, que jamás verán la luz de las nubes. No le pondremos nombre a las estrellas ni nos escribiremos poemas. Jamás me regalarás una alianza para yo orgullosa, llevarla puesta y decirle a mis amigas lo mucho que me quieres. No tendremos una lista de canciones, ni bailaremos bajo la lluvia mientras otros se resguardan del frío en sus casas.

Nosotros no vamos a casarnos, ni tendremos ideas románticas de príncipe y princesa. Nosotros no seremos dos locos enamorados que quieran recorrer el mundo de la mano, ni haremos de cada beso un pretexto definido de juramentos que jamás cumpliremos. No descuidaremos nuestro aspecto ni esperaremos a separarnos para volver a estar en forma, para salir con nuestros amigos y para divertirnos el uno sin el otro.

Tú no serás mi posesión.

Ni yo la tuya.

Miraremos todos los culos que nuestros ojos curiosos quieran.

Y reconoceremos belleza con admiración, en otros cuerpos, en otros cabellos, en otras personas como tú y como yo. Sin que eso signifique nada más.

El respeto siempre será nuestro unión conexa y si algún día se despista o falta, daremos todo esto por terminado. La confianza será nuestra mejor amiga, donde aún sin contarnos todo, sabremos que no hará falta. Porque tú y yo jamás nos daremos explicaciones de nada ni de nadie.

Nosotros no le demostraremos al mundo lo mucho que nos queremos, ni libraremos mil batallas. Solo entre sábanas. No seremos Romeo ni Julieta y tampoco dibujaremos corazones en cristales que alguien una vez rompió. Nosotros no necesitaremos de velas y vino para hacer de una cena, la cena más especial del mundo ni nos torturaremos por ser lo mejor de lo mejor en cada uno de los pasos que demos juntos y separados.

nosotros noPorque lo bonito de nosotros dos es que siempre, seremos dos.

Nosotros no vamos a tener siempre ganas de vernos ni de regalarnos por Navidad. No seremos fugitivos ávidos de mentiras, porque engañarnos no supondrá ni siquiera un pensamiento previsto. No tendremos que fingir, ni disimular sonrisas, ni abrazos vacíos. Con un “no gracias” bastará. No tendrás que buscarme un apodo ñoño, llámame por mi nombre. Tampoco tendrás que aprenderte de memoria mis lunares ni mis pelis favoritas. No tendremos que impresionarnos, porque ya para eso están los superhéroes y las superheroínas. Nosotros siempre nos sumaremos y el día que dejemos de hacerlo, seguiremos siendo tú y yo con la diferencia de que ya un nosotros no cabría en el diario de encuentros.

No tendrán que caernos bien todos nuestros amigos.

Nosotros no disfrazaremos que todo va bien y seguiremos juntos porque llevemos media vida estándolo. No tendré que buscar consuelo en brazos de otro perfume, ni tú, placer entre otras piernas.

Nosotros haremos el amor y follaremos.

Según el día.

Nosotros no iremos de perfectos, ni barreremos nuestras miserias bajo la alfombra del salón. No nos reprimiremos el hambre ni los pedos. No tendré que maquillarme siempre que vaya a verte y tú, podrás dejarte la barba como te de la gana.

Nosotros no llegaremos nunca primeros en una carrera porque somos de esas personas, que prefieren perderse en los infinitos detalles que esconden los árboles más sabios del bosque.
No tendrás que bañarme en mil halagos, ni tendrás que hacerme sentir la persona más bonita del mundo.

Y es que si algún día nos prometemos una vida juntos y amor eterno, nos habremos fallado.

Porque desde ese día nos habremos mentido. No sabemos qué pasará mañana y esa promesa es solo una idea romántica e injusta que aunque sintamos querer mantenerla en el tiempo, el amor es también volátil, como lo es la idea de amarnos por siempre.

Es leonino que para que algo sea de verdad, ha de ser eterno.

Las flores no están para arrancarlas, están para admirarlas.

Las promesas no se escriben, ni se repiten, ni se dicen. Se demuestran con el tiempo, con el pasear de un vaivén de sentimientos veraces que no necesitan de más disfraz que el de una honestidad de sonrisa humana. De sonrisa corazón.

Nosotros seremos distintos a los demás. Porque lo que veo ahí fuera no me gusta. Porque como se quiere hoy en día la mayoría de las parejas es mentira y de #postureobarato. Porque si me prometes ser la más bonita de lugar no te creeré pero si tus ojos me lo demuestran, estaré a tu lado hasta que mis ojos se cansen de respirar.

Nosotros nunca seremos como los demás,

ni nos amaremos como lo hace el resto…

-¿Verdad?

-Verdad cariño.

 

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Nacimos para no encontrarnos.

nacimos para no encontrarnosAmé la idea de amarte, sin ni siquiera conocerte.

Rocé con los dedos de mi alma tu infinita cintura que deleitó en mil sonrisas mi sed de ti.

Te busqué en mil y un lunares y nunca eras tú.

 

Recorrí el mundo entero por segunda vez.

Aprendí cientos de lenguas y lamí otras tantas.

Te olí en pieles distintas y en la mía propia.

Y tú, seguías sin aparecer.

 

Convertí cientos de sapos en príncipes y despojé otras muchas coronas de apellido Canallas.

 

Te conté en la luna y en el cielo más bonito del mundo.

Volé sin alas porque contigo, no las necesitaba.

Me bastaba con mis pies desnudos para soñar.

Fui feliz hasta cuando tu ausencia, bañaba en lágrimas mi deseo de encontrarte.

 

Mimeticé en cientos de Te Quieros tu nombre,

y aún sigo sin saber por qué letra empieza.

nacimos para no encontrarnos

Hice mío un encuentro imaginario y ahora se creen todos dueños de esta historia.

 

Te puse moreno, rubio, con pecas.

Te hice perfecto en mi lienzo en blanco.

Cada mañana te hacía café y te daba un beso en la frente de buenos días.

Pero tú, seguías dejando vacío el lado izquierdo de mi cama.

 

Madrid me dijo que estabas cerca.

Y París me devolvió la luz que los dragones apagaron con sus llamas.

 

Salí a tu encuentro cada verano.

Guardé el mejor regalo bajo aquel árbol de Navidad caduco.

Regué las flores más bonitas de la primavera,

y hablé con el silencio de aquel otoño sin verbo.

 

Fotografié sin cámara los lugares más bellos que alcanzaron mis pupilas.

Marqué de rojo mis citas favoritas y doblé cientos de páginas hechas historias que quise hacerlas mías contigo.

Que quise hacerlas nuestras.

 

Guardé los acordes de un centenar de canciones para cuando vinieras, bailarlas de puntillas sobre las montañas hasta que el cansancio cerrara nuestros párpados.

 

Te dejé cual Hansel y Gretel una infinidad de besos por el camino.

Quizás alguno de ellos fuese la pista definitiva que en brújula, marcaría el destino de mis abrazos sin dueño.

De mi vida contigo.

 

Reservé los mejores asientos de los mejores teatros y en cada cumpleaños te pedía siempre como deseo.

Las canas aunaron la esperanza de que algún sol, te traería a mi encuentro.

…..

 

Yo seguía ahí, como quién espera en el Muelle de San Blás,

con su vestido blanco y sus orquídeas de porcelana.

Y yo seguía ahí, hasta que entendí que hay amores no posibles.

Hasta que entendí que la idea de encontrarte y hacerte palaciego era solo mía.

 

Y que la idea de que fueras real era 1 entre 6 billones.

 

Y yo sigo aquí abrazando las ganas de que tú y yo nacimos para no encontrarnos.

Al menos no en esta vida.

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¡Suelta!

sueltaSuéltalo, así sin más. No tengas miedo ni bailes con la melancolía. Ella nunca fue una buena pareja. Suéltalo sin pedir permiso. No tengas dudas de que al hacerlo tu alma se sentirá liberada y la preocupación de tus pestañas pasará a ser insignificante.

Suelta todo lo que no te hace feliz porque entre más tiempo lo tengas contigo, más retrasas el remanso de paz que mereces y esos momentos de felicidad caduca. Suéltalo y cuando lo hagas encontrarás en tu soledad la fruición de que, aunque a veces duele hasta asfixiarte, mereció la pena y las incontables lágrimas.

Suelta el pasado.

Suelta un futuro planeado.

Suelta todas esas cicatrices que acaricias con mimo, como si creyeras que ellas, son las únicas que pueden hacerte cosquillas en el corazón.

¡Suéltalo YA vamos! Yo te ayudo. Dámelo a mí que yo lo tiro a la basura. O mejor aún, lo haré desaparecer.

Suelta las mentiras, suelta todo el daño que llevas a rastras contigo y suelta el que dirán. Bla, bla, bla…

Suelta ese trabajo dichoso que te consume en horas y en una vida llena de arrugas contenidas por no tener el valor de decir que tú, no has nacido para eso.

Suelta tus miedos,

suelta la culpa,

suelta los frenos de que tú no puedes y abraza a la idea de que oportunidad puede ser un hecho, aparte de una palabra del diccionario que empieza por o.

¿Por qué le retienes?

¿Por qué te empeñas en hacer difícil lo fácil?

¿Por qué vives de los recuerdos cuando ya esa historia murió?

¿Por qué te torturas de esa forma?

¿Por qué no dejar espacio para personas maravillosas, nuevas historias, momentos irrepetibles y mejores polvos?

¿Por qué sigues inventado e idealizando un cielo que posiblemente dejó de existir antes de que los dos creyéramos en él?

Suelta todo lo que no te hace ufano porque solo así dejarás espacio para nuevas sonrisas, caras amables, amistades increíbles, abrazos sin púas y pieles expertas que te enseñarán lo que de verdad importa.

Suelta las interminables noches de insomnio donde las ovejitas se convirtieron en dragones ¡y duerme! Suelta los mensajes que nunca llegaron y aquella cita que te partió el mil pedazos el alma. Suelta la idea de que todo será como antes ¡porque no lo será jamás! Suelta la mano que hace mucho tiempo dejó de acompañarte. Suelta los besos que ya son de otra persona y suelta las caricias que abrazas con tanta anuencia en las noches donde la luna, es tu única compañía.

suelta

Hace tiempo aprendí a soltarme de todo aquello que me hería. A descolgar las excusas del armario y a ser valiente. Aprendí a que no tenía sentido alguno seguir tomando café en un lugar donde las conversaciones no me parecían agradables y donde la compañía acidificaba mis ganas de permanecer ahí. Hace tiempo aprendí a soltar mi sumisión, cuando realmente no quería hacer algo y hace tiempo, dejé de escribir en mi agenda compromisos estúpidos que lo único que hacían eran consumir el poco tiempo que nos da la vida. Como si acaso esto fuese eterno y como si acaso yo le debiera algo a alguien.

Aprendí a soltar las incontables explicaciones que una y otra vez me exigían. Como si acaso el amor fuese una imposición o como si acaso una amistad tuviese que someterse a un control de registro.

SUÉLTALO y permítete ser feliz.

Vístete de derecho, de determinación y de unos zapatos que te llevarán descalzo tan lejos, o tan cerca, como quieras.

No solo el aire que respiramos es tóxico.

También lo son las personas y ciertas actitudes enfermizas que a veces nos atrapan más de la cuenta en unas redes que no precisamente requieren de contraseña.

Suéltalo y no mires atrás y si lo haces que sea para convencerte una vez más de que hiciste lo correcto.

Suéltalo y coge todo aquello que te de la gana y te llene de alegría.

Suéltalo, sin más.

Y verás como ese vacío que en un principio puede producirte el dolor más inmenso del firmamento, poco a poco se va llenando de sentido. De respuestas y de las mejores preguntas que te habías hecho jamás.

Soltar es la mejor forma de empezar a escribir nuevas historias y de mejorar las que ya están escritas.

Suéltalo y SUÉLTAME.

Nos haremos un grandísimo favor.

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