Nosotros no.

nosotros noNosotros no vamos a enamorarnos.

No vamos a prometernos amor eterno,

ni siquiera vamos a tener ninguna cita.

 

Nosotros no diremos que somos la media naranja del otro, ni encontraremos en nuestros ojos esas respuestas que durante más de media vida, llevamos buscando sin éxito en pergaminos desgastados de recato. Nunca necesitaremos el uno del otro y cuando hagamos el amor no me mirarás fijamente y me dirás que “soy la mujer más increíble con la que has estado jamás”.

Nosotros no nos diremos Te quiero, ni me bajarás la luna como sello ostentativo de lo mucho que me quieres. No celebraremos aniversarios, ni me regalarás flores por San Valentín. Ni nunca.

Nosotros no haremos todo lo que hace el resto. Así les va.

Y así…nos ha ido.

Nosotros no mimetizaremos nuestra esencia en uno, porque siempre seremos dos: Tú y yo. Nosotros jamás dejaremos de hacer lo que nos gusta para complacer al otro, ni renunciaremos a ningún verbo que nos haga reír. Que nos haga ser nosotros mismos. Nosotros no nos tendremos que pedir permiso para SER, ni surcaremos mares imposibles de soles, que jamás verán la luz de las nubes. No le pondremos nombre a las estrellas ni nos escribiremos poemas. Jamás me regalarás una alianza para yo orgullosa, llevarla puesta y decirle a mis amigas lo mucho que me quieres. No tendremos una lista de canciones, ni bailaremos bajo la lluvia mientras otros se resguardan del frío en sus casas.

Nosotros no vamos a casarnos, ni tendremos ideas románticas de príncipe y princesa. Nosotros no seremos dos locos enamorados que quieran recorrer el mundo de la mano, ni haremos de cada beso un pretexto definido de juramentos que jamás cumpliremos. No descuidaremos nuestro aspecto ni esperaremos a separarnos para volver a estar en forma, para salir con nuestros amigos y para divertirnos el uno sin el otro.

Tú no serás mi posesión.

Ni yo la tuya.

Miraremos todos los culos que nuestros ojos curiosos quieran.

Y reconoceremos belleza con admiración, en otros cuerpos, en otros cabellos, en otras personas como tú y como yo. Sin que eso signifique nada más.

El respeto siempre será nuestro unión conexa y si algún día se despista o falta, daremos todo esto por terminado. La confianza será nuestra mejor amiga, donde aún sin contarnos todo, sabremos que no hará falta. Porque tú y yo jamás nos daremos explicaciones de nada ni de nadie.

Nosotros no le demostraremos al mundo lo mucho que nos queremos, ni libraremos mil batallas. Solo entre sábanas. No seremos Romeo ni Julieta y tampoco dibujaremos corazones en cristales que alguien una vez rompió. Nosotros no necesitaremos de velas y vino para hacer de una cena, la cena más especial del mundo ni nos torturaremos por ser lo mejor de lo mejor en cada uno de los pasos que demos juntos y separados.

nosotros noPorque lo bonito de nosotros dos es que siempre, seremos dos.

Nosotros no vamos a tener siempre ganas de vernos ni de regalarnos por Navidad. No seremos fugitivos ávidos de mentiras, porque engañarnos no supondrá ni siquiera un pensamiento previsto. No tendremos que fingir, ni disimular sonrisas, ni abrazos vacíos. Con un “no gracias” bastará. No tendrás que buscarme un apodo ñoño, llámame por mi nombre. Tampoco tendrás que aprenderte de memoria mis lunares ni mis pelis favoritas. No tendremos que impresionarnos, porque ya para eso están los superhéroes y las superheroínas. Nosotros siempre nos sumaremos y el día que dejemos de hacerlo, seguiremos siendo tú y yo con la diferencia de que ya un nosotros no cabría en el diario de encuentros.

No tendrán que caernos bien todos nuestros amigos.

Nosotros no disfrazaremos que todo va bien y seguiremos juntos porque llevemos media vida estándolo. No tendré que buscar consuelo en brazos de otro perfume, ni tú, placer entre otras piernas.

Nosotros haremos el amor y follaremos.

Según el día.

Nosotros no iremos de perfectos, ni barreremos nuestras miserias bajo la alfombra del salón. No nos reprimiremos el hambre ni los pedos. No tendré que maquillarme siempre que vaya a verte y tú, podrás dejarte la barba como te de la gana.

Nosotros no llegaremos nunca primeros en una carrera porque somos de esas personas, que prefieren perderse en los infinitos detalles que esconden los árboles más sabios del bosque.
No tendrás que bañarme en mil halagos, ni tendrás que hacerme sentir la persona más bonita del mundo.

Y es que si algún día nos prometemos una vida juntos y amor eterno, nos habremos fallado.

Porque desde ese día nos habremos mentido. No sabemos qué pasará mañana y esa promesa es solo una idea romántica e injusta que aunque sintamos querer mantenerla en el tiempo, el amor es también volátil, como lo es la idea de amarnos por siempre.

Es leonino que para que algo sea de verdad, ha de ser eterno.

Las flores no están para arrancarlas, están para admirarlas.

Las promesas no se escriben, ni se repiten, ni se dicen. Se demuestran con el tiempo, con el pasear de un vaivén de sentimientos veraces que no necesitan de más disfraz que el de una honestidad de sonrisa humana. De sonrisa corazón.

Nosotros seremos distintos a los demás. Porque lo que veo ahí fuera no me gusta. Porque como se quiere hoy en día la mayoría de las parejas es mentira y de #postureobarato. Porque si me prometes ser la más bonita de lugar no te creeré pero si tus ojos me lo demuestran, estaré a tu lado hasta que mis ojos se cansen de respirar.

Nosotros nunca seremos como los demás,

ni nos amaremos como lo hace el resto…

-¿Verdad?

-Verdad cariño.

 

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Nacimos para no encontrarnos.

nacimos para no encontrarnosAmé la idea de amarte, sin ni siquiera conocerte.

Rocé con los dedos de mi alma tu infinita cintura que deleitó en mil sonrisas mi sed de ti.

Te busqué en mil y un lunares y nunca eras tú.

 

Recorrí el mundo entero por segunda vez.

Aprendí cientos de lenguas y lamí otras tantas.

Te olí en pieles distintas y en la mía propia.

Y tú, seguías sin aparecer.

 

Convertí cientos de sapos en príncipes y despojé otras muchas coronas de apellido Canallas.

 

Te conté en la luna y en el cielo más bonito del mundo.

Volé sin alas porque contigo, no las necesitaba.

Me bastaba con mis pies desnudos para soñar.

Fui feliz hasta cuando tu ausencia, bañaba en lágrimas mi deseo de encontrarte.

 

Mimeticé en cientos de Te Quieros tu nombre,

y aún sigo sin saber por qué letra empieza.

nacimos para no encontrarnos

Hice mío un encuentro imaginario y ahora se creen todos dueños de esta historia.

 

Te puse moreno, rubio, con pecas.

Te hice perfecto en mi lienzo en blanco.

Cada mañana te hacía café y te daba un beso en la frente de buenos días.

Pero tú, seguías dejando vacío el lado izquierdo de mi cama.

 

Madrid me dijo que estabas cerca.

Y París me devolvió la luz que los dragones apagaron con sus llamas.

 

Salí a tu encuentro cada verano.

Guardé el mejor regalo bajo aquel árbol de Navidad caduco.

Regué las flores más bonitas de la primavera,

y hablé con el silencio de aquel otoño sin verbo.

 

Fotografié sin cámara los lugares más bellos que alcanzaron mis pupilas.

Marqué de rojo mis citas favoritas y doblé cientos de páginas hechas historias que quise hacerlas mías contigo.

Que quise hacerlas nuestras.

 

Guardé los acordes de un centenar de canciones para cuando vinieras, bailarlas de puntillas sobre las montañas hasta que el cansancio cerrara nuestros párpados.

 

Te dejé cual Hansel y Gretel una infinidad de besos por el camino.

Quizás alguno de ellos fuese la pista definitiva que en brújula, marcaría el destino de mis abrazos sin dueño.

De mi vida contigo.

 

Reservé los mejores asientos de los mejores teatros y en cada cumpleaños te pedía siempre como deseo.

Las canas aunaron la esperanza de que algún sol, te traería a mi encuentro.

…..

 

Yo seguía ahí, como quién espera en el Muelle de San Blás,

con su vestido blanco y sus orquídeas de porcelana.

Y yo seguía ahí, hasta que entendí que hay amores no posibles.

Hasta que entendí que la idea de encontrarte y hacerte palaciego era solo mía.

 

Y que la idea de que fueras real era 1 entre 6 billones.

 

Y yo sigo aquí abrazando las ganas de que tú y yo nacimos para no encontrarnos.

Al menos no en esta vida.

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¡Suelta!

sueltaSuéltalo, así sin más. No tengas miedo ni bailes con la melancolía. Ella nunca fue una buena pareja. Suéltalo sin pedir permiso. No tengas dudas de que al hacerlo tu alma se sentirá liberada y la preocupación de tus pestañas pasará a ser insignificante.

Suelta todo lo que no te hace feliz porque entre más tiempo lo tengas contigo, más retrasas el remanso de paz que mereces y esos momentos de felicidad caduca. Suéltalo y cuando lo hagas encontrarás en tu soledad la fruición de que, aunque a veces duele hasta asfixiarte, mereció la pena y las incontables lágrimas.

Suelta el pasado.

Suelta un futuro planeado.

Suelta todas esas cicatrices que acaricias con mimo, como si creyeras que ellas, son las únicas que pueden hacerte cosquillas en el corazón.

¡Suéltalo YA vamos! Yo te ayudo. Dámelo a mí que yo lo tiro a la basura. O mejor aún, lo haré desaparecer.

Suelta las mentiras, suelta todo el daño que llevas a rastras contigo y suelta el que dirán. Bla, bla, bla…

Suelta ese trabajo dichoso que te consume en horas y en una vida llena de arrugas contenidas por no tener el valor de decir que tú, no has nacido para eso.

Suelta tus miedos,

suelta la culpa,

suelta los frenos de que tú no puedes y abraza a la idea de que oportunidad puede ser un hecho, aparte de una palabra del diccionario que empieza por o.

¿Por qué le retienes?

¿Por qué te empeñas en hacer difícil lo fácil?

¿Por qué vives de los recuerdos cuando ya esa historia murió?

¿Por qué te torturas de esa forma?

¿Por qué no dejar espacio para personas maravillosas, nuevas historias, momentos irrepetibles y mejores polvos?

¿Por qué sigues inventado e idealizando un cielo que posiblemente dejó de existir antes de que los dos creyéramos en él?

Suelta todo lo que no te hace ufano porque solo así dejarás espacio para nuevas sonrisas, caras amables, amistades increíbles, abrazos sin púas y pieles expertas que te enseñarán lo que de verdad importa.

Suelta las interminables noches de insomnio donde las ovejitas se convirtieron en dragones ¡y duerme! Suelta los mensajes que nunca llegaron y aquella cita que te partió el mil pedazos el alma. Suelta la idea de que todo será como antes ¡porque no lo será jamás! Suelta la mano que hace mucho tiempo dejó de acompañarte. Suelta los besos que ya son de otra persona y suelta las caricias que abrazas con tanta anuencia en las noches donde la luna, es tu única compañía.

suelta

Hace tiempo aprendí a soltarme de todo aquello que me hería. A descolgar las excusas del armario y a ser valiente. Aprendí a que no tenía sentido alguno seguir tomando café en un lugar donde las conversaciones no me parecían agradables y donde la compañía acidificaba mis ganas de permanecer ahí. Hace tiempo aprendí a soltar mi sumisión, cuando realmente no quería hacer algo y hace tiempo, dejé de escribir en mi agenda compromisos estúpidos que lo único que hacían eran consumir el poco tiempo que nos da la vida. Como si acaso esto fuese eterno y como si acaso yo le debiera algo a alguien.

Aprendí a soltar las incontables explicaciones que una y otra vez me exigían. Como si acaso el amor fuese una imposición o como si acaso una amistad tuviese que someterse a un control de registro.

SUÉLTALO y permítete ser feliz.

Vístete de derecho, de determinación y de unos zapatos que te llevarán descalzo tan lejos, o tan cerca, como quieras.

No solo el aire que respiramos es tóxico.

También lo son las personas y ciertas actitudes enfermizas que a veces nos atrapan más de la cuenta en unas redes que no precisamente requieren de contraseña.

Suéltalo y no mires atrás y si lo haces que sea para convencerte una vez más de que hiciste lo correcto.

Suéltalo y coge todo aquello que te de la gana y te llene de alegría.

Suéltalo, sin más.

Y verás como ese vacío que en un principio puede producirte el dolor más inmenso del firmamento, poco a poco se va llenando de sentido. De respuestas y de las mejores preguntas que te habías hecho jamás.

Soltar es la mejor forma de empezar a escribir nuevas historias y de mejorar las que ya están escritas.

Suéltalo y SUÉLTAME.

Nos haremos un grandísimo favor.

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Lo importante de las personas

lo importante de las personasSon muchas las personas que a lo largo de nuestra vida marcan nuestra historia.

Unos vienen a comenzarlas, otros extienden verbos infinitos en fórmulas imposibles de amar. Otras, ponen punto y seguido donde nosotros pusimos un punto final inquebrantable. Otras son amables en sus gestos y nos ayudan a seguir hacia delante. Otras personas tildan en mayúsculas nuestros miedos y los hacen desaparecer. Incondicionales, volátiles, perennes, caducos, besos maníos, besos que se quedan a jugar con nosotros más tiempo de la cuenta y besos que nos recuerdan por qué hacemos lo que hacemos. Amistades que exaltan los párrafos más insignificantes de nuestro libro y personas, que aun no estando a nuestro lado son capaces de permanecer por siempre en nuestro sofá de porcelana.

Y es que lo importante de las personas, son las personas.

Seres individuales que vienen a hacernos la vida más fácil, o a jodérnosla un rato. Pero personas al fin y al cabo de que alguna manera llegan a nuestras vidas a enseñarnos algo. Podemos ser más ávidos o más torpes y ahí está el manual en blanco de cada uno de nosotros, donde la intuición, nuestras múltiples caídas y nuestras ganas, escribirán cómo hacerlo y cómo no la próxima vez.

Somos personas que necesitamos de personas.

La vida no sería vida sin un poder compartir. Nos necesitamos más de lo que pensamos y aunque eso del amor propio está muy bien, a veces el egocentrismo roza las pestañas de quienes se creen mejor que otros. Mejor que otras. Necesito de tu ayuda y tú de la mía y aunque separados somos fuertes, juntos lo somos más. Y un equipo siempre fue más que una unidad excéntrica de cualquier forma de gozo, dolor o felicidad. Sé humilde y presta tus manos a quién no puede caminar. Deja que tus ojos sean la ventana del mundo de otros. Sé amable con la vida, con el aire que respiras, con ese árbol que te da los buenos días y con el animal que no ha nacido para satisfacer tus necesidades. ¿Y las suyas?

lo importante de las personas

Somos iguales. Nos separa un nombre, un apellido, un color de piel y una estúpida cuenta bancaria. Nos separa un trabajo, un coche, una lista incalculable de cosas absurdas materiales que no necesitamos para nada. Pero nos une algo infinitamente más importante que todo eso. Nos une la historia. La historia de cómo las personas somos personas. De cómo las personas quieren a otras personas. De cómo el amor traspasó montañas y aun haciéndolas más grandes las hizo invencibles. Nos une la historia de querer ser felices, de encontrarnos, de evitar el dolor y nos une la historia de la supervivencia. Somos marionetas de un sistema que nos ha engañado. Que nos enseñó a ser superhéroes sin tan siquiera ser valientes. Somos marionetas de un sistema que nos dijo que llegar primero era mejor que hacerlo el último y nos perdimos tantos detalles por el camino. ¡Y qué más da!

No tengas prisa por llegar.

No tengas prisa por vivir.

Que esto se acabará algún día, y ya no habrá lamento que levante tu corazón del suelo y le vuelva a poner pies a tu alma.

No dejes que pase un día sin que ayudes a alguien. No hay nada más bonito que eso. Ser capaz de traspasar la piel de una persona que ni siquiera conoces. Ayudarla a ser mejor, a crecer, a que confíe en sus ganas y en sus alas. Y también deja que te ayuden y sé honesto y honesta con los abrazos que te dejan el cuerpo lleno de agujetas. Pierde todo el tiempo que quieras en lo que te de la gana. Nadie sabe de tus lágrimas. Nadie sabe de tu dolor y aunque los consejos de librillo están muy bien, cada uno aguanta su inquebrantable dolor en sus huesos de plastilina. Pero es sí. Jamás creas que tú no mereces ser feliz ni te conformes con unas migajas de condescendencia. Aquí nadie debe perdonarte la vida.

Hay personas y personas.

Personas al fin y al cabo.

Tu historia y la mía sabe de cientos y miles de ellas. De todos esos capítulos que empezaron con un “para siempre” y terminaron sin un adiós. Capítulos que escribieron en tinta permanente y que de vez en cuando ojeas echando la vista atrás para saborear esos momentos que te hicieron tan jodidamente feliz. Personas que con sus faltas de ortografía escribieron la canción más bonita del mundo y que hicieron de tu torpeza la sonrisa más infinita del cielo. Personas que hicieron mágicas tus páginas en blanco y personas que aun sin saber el sonido de su voz, son capaces de alegrarte la mañana con una simple mirada de buenos días.

lo importante de las personas

Tan importante es tu dolor como el suyo.

Tan importante son tus ganas de comer como las suyas.

Tan importante eres tú como él, como ella, como yo, y como todos nosotros.

Tan importante es nada en absoluto.

Empatiza con el aire que respiras. Por si no te habías dado cuenta es el mismo aire que cuando tú lo exhalas yo lo inhalo. Empatiza con mi mal humor y con el derecho a que yo también, puedo estar triste. Mimetiza tu ansiedad de triunfo con las ganas de salir corriendo de alguien que jamás se ha mojado los pies en el Mediterráneo. Sé solidario y solidaria con todo lo que te rodea y con cualquier persona que se cruce por tu camino. La compasión empieza en uno mismo y avanza de persona a persona sin detenerse. Haz que tu paso por esta vida merezca la pena. Haz que tu pequeño mundo sea mejor y haz de tu persona, una persona de esas a las que todo el mundo quiera tener a su lado.

Porque como ya sabes, hay personas que vienen a tu vida a quedarse un ratito y otras lo hacen para siempre. Personas que conoces y piensas “¡Joder ojalá que nunca te vayas de mi lado!”. Personas que son parte de ti sin saber por qué y personas que amas profundamente con la mayor sinceridad que el sol puede querer a la luna.

Nunca te vayas de mi lado, y si lo haces…

llévame contigo.

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Fácil.

fácilNos hicieron creer que hay que luchar por todo en esta vida. Luchar como si de una guerra se tratase. Luchar hasta quedarnos sin aire, sin ganas. Hasta que nuestras cicatrices fuesen más grandes que nuestras sonrisas. Nos hicieron creer que lo difícil merecía la pena. Que las historias de amor más complicadas eran las que al final, te llevarían a tocar el cielo con la punta de la nariz y que los trabajos más complicados de alcanzar eran los que realmente iban a hacernos felices. ¡MENTIRA! Todo eso era una mentira.

Porque realmente lo que vale la pena en esta vida es lo FÁCIL. Aquello que te llena los bolsillos de gracia y te libera de ese miedo atroz que casi deja parapléjico tus sentidos. Lo que merece la pena son todas aquellas personas que sin más, te hacen feliz. Aquellas personas que hacen fácil lo fácil y que no complican tu existencia. Aquellas personas que resumen en positivo un día de mierda y aquellas personas que sin tú pedirlo, acarician tus heridas. Aquellas personas que no te dan dolor de estómago y te llenan tu cuerpo de agujetas cada vez que te abrazan. Pero al parecer tenemos la mala costumbre de aferrarnos a relaciones tóxicas, a personas que aún sabiendo que no nos convienen queremos que funcione. Como si encajar un triángulo en un círculo fuese posible.

Fácil es aquella conversación llena de silencio y colmada de todo. Es un mensaje a tiempo, inesperado. Es esa mano amiga que cuida de ti y que deja que tú también lo hagas. Es esa sonrisa infinita que mientras el sol duerme, la luna levanta tus sueños y los hace realidad. Fácil es eximir cualquier explicación porque la duda no cabe entre tú y el aire. Entre el aire y esa persona fácil. Fácil es compartir el mismo cielo dejando espacio para dos cuando se trata de dos. Fácil es ser uno mismo, sin miedo a nada ni a nadie. Fácil es no tener que pedir permiso y no cargar con un sentimiento de culpa cada vez que tu pie izquierdo adelanta al derecho.

Yo quiero una vida fácil.

Quiero personas fáciles en mi vida.

No quiero dramas.

No quiero más lágrimas que no sean de felicidad o gratitud.

Y sin embargo “te quiero”. Me dijiste mientras te marchabas.

Y sin embargo “te echo de menos”. Me dijiste mientras tu café se enfrío y yo esperaba ya marchita a que volvieras a tomarlo conmigo.

Y sin embargo “siempre te amaré”. Me dijiste cuando tu ausencia se convirtió en la mejor amiga de mis días, de mi almohada empapada de lágrimas y de un eco atroz que hizo difícil lo fácil.

Y así es cómo aprendí a que lo que no fluye, no fluye. Ni ahora, ni mañana ni en un futuro idílico imaginado por una parte que sin quererlo, ameniza en compases una melodía llena de esperanzas huecas.

Y es que…

Si quieres, QUIERE.

Si amas, AMA.

La vida es fácil.

Tremendamente fácil.

Somos nosotros las que la adornamos de problemas, de pensamientos bebedizos que atormentan nuestra calma y de problemas del primer mundo que ya podría el hambre darnos una bofetada y hacernos entender lo que de verdad importa.

 

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Somos.

somosCada uno de nosotros es el siempre de otra persona. El siempre te amaré, siempre te querré, siempre te tendré en mis pensamientos por mucho que pase, por mucho que llueva o por mucho que el sol intente secar en vano nuestros recuerdos.

¿Se puede querer a alguien aún no estando a nuestro lado? Claro que sí. Sin lugar a dudas ese quizás sea de los amores más sinceros y puros del mundo. Ese que sin más pretensión de querer lo mejor para la otra persona deja que su vuelo sea libre, honesto y manifiesto. Como si acaso tuviéramos que concederles permiso para ser feliz. Quién soy yo para eso, o quién eres tú. El amor no se da para que te de lo devuelvan. El amor se da sin más. Hay que saber amar y también hay que saber amar el hecho de que te venga de vuelta.

Cada uno de nosotros es el te echo de menos de alguien, esa promesa que se llevó el viento pero que aún late con fuerza en cada luna, en cada nube. Mientras besando la piel de otra persona, recuerdas en silencio lo jodidamente feliz que fuiste con él, con ella. ¿Cuántas personas hay en el mundo que no están con quién verdaderamente quieren estar? ¿Cuántas parejas aceptan a la persona que tienen al lado como pretexto de que no encontrarán a alguien mejor aún habiendo muerto la pasión o habiéndola dejado viviendo en otro cuerpo? Nos alimentamos de nuestros recuerdos más intensos como si acaso eso fuese suficiente. ¿Cuántos amores imposibles, cuántas historias existen a los que muchos pusieron punto y final pero que realmente tildan en puntos y seguidos? Solo los protagonistas de esos verbos, de esos besos y de ese lugar tan maravilloso donde jugaban sin miedo a ser dos siendo dos, lo saben.

Podría resultar un drama que esto nos pasa. Podría resultar un drama vivir pensando en una persona con la que no volveremos a estar jamás. Amar a quién amamos una vez con toda nuestra alma y hoy no poder estar a su lado. Pero si transformamos el dolor en fortuna, cuanto menos, podríamos sentirnos ganadores de la lotería y ser ese uno entre un millón que encontró a esa persona, que la amó y que le regaló lo más bonito del mundo: la capacidad de amar a otro ser humano. 

somos

Tú eres mi vacío,

el deseo de encontrarte de nuevo,

y el beso que partió en dos mi alma.

(Recuerda cuidar bien del trocito que te quedaste. Del trocito que te di para seguir viviendo en ti)

Somos el no quiero volver a verte, con la boca pequeña, de otra persona. Y ese sentir que jamás hallaremos en ningún otro mapa de lunares mientras hacemos, o nos hacen, el amor.

Somos el ojalá nunca te hubiera conocido, de la persona que nos robó el corazón pero bien que daríamos lo que fuera por dar marcha atrás en el tiempo y hacer las cosas mejor. O al menos intentarlo. Las veces que hiciera falta.

Cuando encuentras a esa persona, lo sabes.

Cuando te fundes en su abrazo, lo sabes.

Y cuando sabes que jamás y nunca volverás a sentir algo igual, también.

Podría resultar la parte más extrema de un romanticismo atípico, de cuento de Disney o cuento chino. Pero ¿qué sería del amor sin esa magia? ¿Qué sería del amor sin esa chispa romántica que nos abriga en una pasión inconfundible donde nada más importa? Porque sí, porque cuando amamos desde la pasión y con zapatos de romanticismo el precio que pagamos cuando esas historias se acaban es muy alto. Enormemente doloroso. Pero merece la pena. Y al menos yo, volvería a tocar y abrir esa puerta que tanto me dio y tanto me quitó.

Cada uno de nosotros es la silla vacía de otra persona, la mirada nostálgica a un pasado que en cada cumpleaños soplas en deseo de traerlo al presente.

Cada uno de nosotros es la suma de pestañas caídas de otro. La distancia divida en versos que esconden unas ganas que no caben en este universo infinito de aire.

Cada uno de nosotros es esa persona especial que brilla sobre las demás. El ex o la ex que en silencio amamos con toda nuestra alma. Pocos son los que abrazan con valentía el hecho de que el camino no será fácil, y aún habiendo púas que vivirán por siempre en cicatrices, sabrán que cuando el ruido se mimetice, todo habrá merecido la pena.

A veces el amor no es suficiente y a veces el amor no lo es todo. Pero sí que siempre será el pretexto y el motivo y la causa por la que intentarlo, por la que seguir creyendo aunque ya nadie más lo haga por ti. Ni por nosotros.

somos

Todos juzgamos,

nos posicionamos en lo fácil y damos el mejor consejo del mundo. 

Todos creemos saber sentir lo que siente el otro cuando te habla de esa persona a la que tanto echa de menos y a la que tanto quieres. Aún sin entender cómo se puede querer tanto a otra persona.

Todos somos eruditos expertos en esto del querer pero la verdad es que nadie tiene ni puta idea.

Cada uno aguanta sus lágrimas, cada uno aguanta como puede su sentir y cada uno sabe de la soledad que impregna el aire que respira al llegar a casa. 

¿Qué sabe nadie de tu corazón?

¿Qué sabe nadie de eso tan nuestro, tan tuyo, tan mío?

Cada uno de nosotros es la mitad inconexa de un anhelo que pide a gritos ser rescatado. 

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El gato que se convirtió en tigre.

el gato que se convirtió en tigreDicen que la curiosidad mató al gato. Yo le añadiría “y resucitó en tigre”.

La curiosidad mata. ¿De veras? Mata la duda, la incertidumbre, el hecho de no saber qué ocurre. Mata la espera, las medias tintas, las excusas y ese whastApp que nunca llega y dijiste que enviarías. Mata los te quieros de hoy y los te olvido de mañana. El aquí te pillo aquí te mato (pero literal) y luego búscate la vida bonita, bonito. Matan las promesas manías que de tanto repetirlas perdieron su dueño. Mata que me adores en mi cara y me critiques a mis espaldas. Matan las amistades de plastilina, la mano que te levantó del suelo y al final resultó ser un pie y los abrazos que nunca llegaron.

¡Yo quiero abrazos que me llenen de agujetas!

La curiosidad surge como un instinto de supervivencia que antecede a un pretexto indefinido que lo único que quiere es ser resuelto. Y es que no somos más que supervivientes en busca de respuestas.

¿Quiénes son las personas más curiosas de este planeta? ¡Los niños! Nacemos con esta cualidad intrínseca en cada poro de nuestra célula. Pero como todo, nos la merman. Nos hacen creer que hacer preguntas no está bien. Y que tener curiosidad tampoco.

Gracias a la curiosidad de algunas personas a lo largo de la historia se descubrió el fuego, la electricidad, la Teoría de la Evolución, la penicilina y un sinfín de hallazgos que cuanto menos han hecho cosas extraordinarias por los demás.

Imagínate por un segundo lo que tu curiosidad puede llegar a hacer por ti.

Cuestiónate las cosas. No dejes que la convicción se apodere de ti a la primera de cambio y sé por una vez, la oveja negra del rebaño o el patito feo que se convirtió en un precioso cisne.

Todos tenemos derecho a saber la verdad. O al menos, yo soy de esas personas que prefieren saberla aún doliéndome en los vértices más profundos de mi alma, que vivir engañada sobre una mentira o sobre una vida que no existe. Porque cuando sabes la verdad tú puedes elegir qué hacer. Eliges tu camino, tus pasos y la determinación que a partir de ese momento dibujarán tus actos. Nos hacen creer eso de que “ojos que no ven corazón que no siente” ¿De verdad lo crees así? ¿No sería mejor eso de, ojos que ven corazón que siente? Más real, más sincero. Honesto al fin y al cabo.

Ser cómplice de la verdad, aceptarla y ser consciente de muchas de las cosas que ocurren a nuestro alrededor supone pagar un alto precio. Muchos de nosotros vive mirando hacia otro lado, pasando por alto situaciones, malos gestos y unos bolsillos cargados de hipocresía con tal de no enfrentarse a la verdad. Ya que eso supondría muchos quebraderos de cabeza y aún muchos visten el pijama de la cobardía. Está muy bien que te engañes a ti mismo pero no me engañes a mí. La gente juega a su antojo con los sentimientos de los demás, sin importarle lo más mínimo su sentir, su querer, por no hablar de la apropiación indebida que hacen con el tiempo de los demás. Como si acaso sobrara, como si acaso se pudiera dar marcha atrás y volver a cumplir veinticinco años.

La curiosidad nos hace ávidos, inteligentes, expertos. Discrepo en eso de “entre menos sé más feliz soy”. Si lo que quieres es vivir inmerso en una ignorancia suprema entonces sí. ¿Quieres ser un ignorante toda tu vida? Muchos dirán “sí un ignorante feliz”. Déjame que te diga que la felicidad no reside en la ignorancia. La felicidad reside en tomar conciencia de todos los elementos que nos rodean, de todo eso que dijeron de nosotros, de vivir con los ojos abiertos y con la verdad sobre la mesa y aún así tener la capacidad de con todo, ser feliz. Con nuestras miserias, con nuestros tesoros, con todo lo que conforma cada latido de nuestro corazón. Así que un curioso siempre será más feliz que alguien que ni siquiera se plantea por qué las hojas de los árboles se caen en otoño.

Vivimos en una búsqueda continua de respuestas, surgiendo por qués que en ocasiones se nos atragantan en un millón de lágrimas. Pero el dolor pasa y te deja como recompensa un peldaño más de fortaleza.

el gato que se convirtió en tigre

Todos y cada uno de nosotros llevamos un tigre dentro. Un ser increíblemente fuerte, increíblemente capaz de hacer cualquier cosa que te propongas en la vida. Por muy dura que te parezca o por muy imposible que te griten las malas lenguas. Ese tigre no nace de la nada. A base de caídas, a base de equivocaciones, ese pequeño gato se va transformando. Se curte de experiencias y sus heridas serán las cicatrices de un mapa que dibuje en tu piel lo mucho que has vivido, lo mucho que has aprendido.

La curiosidad no mata a nadie.

Lo que mata es no tenerla.

Es la indiferencia. Ir por la vida sin ir. Ir por la vida sin preocuparse por nada ni por nadie. Es ir por la vida creyendo que el amor no existe y es vaciarte de ganas y de un querer que es posible a cualquier escala.

Aprendamos a caminar sobre unos pasos decorosos y vivamos la vida sin más pretensión que llegar a ser ese tigre que todos llevamos dentro. Aprendamos a que la curiosidad es sana, necesaria y que la búsqueda de tu verdad tendrá una grandísima recompensa al final del camino. Que no será otra que vivir la vida que te mereces. Con sus más y con sus menos, con fisuras o con alguna que otra piedra que bordear. Pero al menos tomarás la decisión correcta cuando lo asertivo se convierte en la mejor compañía de esas dudas que desaparecieron por siempre.

Así que yo dejo que… la curiosidad me mate y me convierta en tigre.

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