El tiempo que he estado sin ti.

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“Un corazón roto solo se cura con el tiempo.”

Realmente nunca llega a curarse del todo. Solo aprende. Aprende de sus heridas, de cómo cicatrizan, de cómo vuelve a latir sin que le duela respirar, de cómo sus ventrículos miman su arteria más importante. La que le mantiene con ganas y despierto. Ávido de sueños y despojado de cualquier dolor que una vez, le dejó sin aliento. Aprende de sus errores y de cómo caerse cien veces y levantarse ciento una.

El tiempo te enseña.

Te hace maestro.

Ta hace todo lo que quieras ser. Si realmente lo quieres.

El tiempo sin ti me ayudó a encontrarme con mi alma gemela. Con mi otra mitad que tiraste sin piedad tras aquella montaña sin cima. Solo aquel árbol fue testigo de los gemidos que me producían tus incontables gritos y tu locura infinita.

El tiempo que he estado sin ti me hizo fuerte. Sacó el león que habías encerrado en aquella mazmorra bajo una llave de amor eterno. Un amor que enfermó hasta el más pequeño de mis miedos y los convirtió en dragones. Dragones que me dejaron como herencia toneladas de cecinas que recogí una a una.

Dicen que el tiempo lo cura todo. Eso es mentira. El tiempo solo te enseña a encontrar mil y una formas de volverlo a intentar. Las veces que haga falta. Hasta que encuentras la tuya y la agarras tan fuerte que no la sueltas para no volver a perder. Para no volver a perderte.

Desmenuzaste cada una de mis ganas de verte, rompiste todos los verbos de mis besos y cicatrizaste cada centímetro de mis pestañas en una burla que hoy se lleva el viento.

Me vestiste de princesa y me arrebataste todo cuanto tenía y era. Olvidé la calle de mi nombre y el apellido que tildaba en cientos de recuerdos los pasos que me llevaron hasta ti. Miré un cielo sin estrellas y deshilvané las alas de todos cuantos quisieron huir. Huir de ti.

Te dediqué canciones aún sin escribir. Te llevé a los sitios más bonitos del mundo, mientras tú absorto en el rostro cruel de la mentira fingías como quién finge un orgasmo. Cabalgué cientos de kilómetros sobre un indecoroso camino que me asfixiaba en una fatiga incontable de te quieros.

Conté un millón de lágrimas sin nombre y dibujé en un mapa un océano sin mar.

Y ahí estaba yo.

Y ahí estabas tú.

Bien lo sabíamos.  Que esto para alguno de los dos acabaría mal, muy mal.

Y así fue.

Así fue cómo me fui. Sin tan siquiera decirte adiós. Sin pedirte permiso. Sin preguntarte si me echarías de menos y sin querer saber ya por qué. ¿Por qué a mí? ¿Por qué yo? ¿Qué hice tan mal?

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Eso hoy ya no le importa a mi piel.

Ni si quiera a mí.

Cuando te quitabas la ropa tu ausencia se hacía más presente que mi desnudez. Y ahí, en ese preciso instante, entendí en tus pupilas que olías a miedo. Y que ese miedo te hizo torpemente fustigar hasta la más bonitas de mis pretensiones.

El tiempo que he estado sin ti me ha enseñado a olvidarte.

Me ha recordado por qué te quise con toda mi alma. Y por qué dejé de hacerlo.

El tiempo que he estado sin ti me ha devuelto la sonrisa, me hecho una niña grande y ha forjado en mi sangre que lo más importante no es el amor. Sino la forma de amor. Cómo nos amamos a nosotros mismos es lo que hace que amemos de una forma u otra a los demás.

GRACIAS.

En el tiempo que he estado sin ti bailé con miles de metáforas inconexas hasta que los acordes me dejaron sola en aquella pista de baile. Cerré todos los bares de Madrid, me fumé hasta la última nube del alba y le conté al sol todos mis secretos. En el tiempo que he estado sin ti aprendí que yo era mi mejor compañía y que el vino servido en una sola copa no era tan mala pareja.

El tiempo que he estado sin ti, me ha enseñado que no te quise tanto, porque lo que queda hoy de aquella soñadora es la gratitud de haber caminado sobre unos pasos que hoy tocan en piano tu canción favorita. Aquella que me regalaste en el primer baile y aquella que hoy te devuelvo en estas letras.

El tiempo que he estado sin ti me ha enseñado que estoy mejor así. Sin ti. Y que a pesar de todo, no cambiaría ni una coma de aquella historia que me hizo sumamente experta. Sumamente grande y sumamente nada. Porque en la nada reside lo extraordinario de la vida.

Lo volvería a hacer.

Una y otra vez.

En una pérdida suprema de ganas, de nostalgia y de confesiones a las tres de la mañana a mi mejor amiga. Lo volvería a hacer en aquel baile sin público, con esos tacones que me elevaban al paraíso de tus besos y a la piel más suave de Marte. Porque tú, eres de Marte.

El tiempo que he estado sin ti me ha borrado tu nombre.

La forma en la que hacíamos el amor, y mis ganas de verte.

El tiempo que he estado sin ti me ha regalado un tiempo mejor.

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Vivo.

vivoVivo en un mundo que respira sobre un pulmón que se ahoga y que late en un corazón ateo de esperanza, de amor y  de cariño. Vivo en un mundo donde sus calles alegres se caen a pedazos y donde la gente está triste.

Porque realmente nos quieren tristes.

Vivo en un mundo donde cada vez hay menos abrazos y donde los sentimientos se han ido a vivir a prostíbulos de falsos te quieros. Vivo en un mundo lleno de ira, de amigos que dejaron de serlo y de familias que perdieron el valor de su apellido por una mísera herencia.

Vivo en un mundo donde se alquilan citas y donde las alianzas aprietan. Vivo en un mundo donde aún la mujer no tiene los mismos derechos que el hombre. Donde aún el sexo nos separa y donde único nos une es en la cama.

Vivo en un mundo donde unos se creen más importantes que otros y todavía no hemos llegado a entender que todos somos iguales. Que todos somos todos. Y que todos somos TODO.

Vivo en un mundo donde más es mejor, cuando la verdadera felicidad radica en el más absoluto vacío.

Vivo en un mundo donde son más los que se echan de menos que los que están juntos. Donde son más los corazones rotos que los sanos. Donde los whastaaps y las redes sociales nos han desconectado y deshumanizado y donde lo importante son los me gusta. A pesar de que cada noche duermas solo.

Vivo en un mundo lleno de personas que no encuentran al amor de su vida.

Fotografía: Alessio Albi

Fotografía: Alessio Albi

Vivo en un mundo que se muere. Y tú ni siquiera te has dado cuenta.

Vivo en un mundo que ha perdido su identidad, que ha creado razas y lenguas separándonos los unos de los otros. Vivo en un mundo donde el color blanco es más importante que el negro y donde el dinero, asesina a cientos de almas inocentes.

Vivo en un mundo donde me olvidaste. Donde dejaste en ayunas tu capacidad de amar. Y donde ridiculizaste el verbo más potente del mundo capaz de cambiarlo todo.

Vivo en mundo donde nadie te cede el paso, donde el ego ha pasado a ser más importante que respirar y donde la educación es una palabra que por definición, solo existe en el diccionario.

Vivo en un mundo que todo el mundo critica pero nadie hace nada para mejorarlo. Vivo en un mundo lleno de envidias, de falsas promesas y de relaciones efímeras que se escapan al viento entre hilos de algodón. 

Vivo en un mundo donde las nubes sienten vergüenza de nuestros pasos.

Vivo en un mundo lleno de humanos torpes que caminan sin rumbo. De cobardes que se han rendido y de abanderados que defienden en hipocresía ideologías que luego en casa, no practican.

Vivo en un mundo donde el amor libre no existe. Digan lo que digan.

Vivo en un mundo donde opinar es gratis pero ayudar cuesta dinero.

Vivo en un mundo donde nos han llenado la cabeza de mentiras, donde nos han alejado de la verdad y donde nos mantienen entretenidos para que la curiosidad no mate al gato.

Camino y camino y solo veo ojos huérfanos de amor, ojos que cuentan una y mil cicatrices y heridas incurables. Vivo en un mundo que huele a miedo, a egoísmo y a prisas. La gente ha perdido la magia, se viste de nada y se maquilla de mentiras.

Compramos cosas absurdas que no necesitamos pero creemos que sí y que con ellas seremos mejores. Entrenamos nuestros cuerpos exprimiendo en sudor gemidos de esfuerzos inimaginables y olvidamos entrenar lo más importante: nuestra mente. Nos han mimetizado hasta el más mínimo de nuestros sentidos para que olvidemos pensar.

PENSAR EN QUIÉNES SOMOS.

PENSAR POR QUÉ ESTAMOS AQUÍ.

PENSAR QUÉ QUEREMOS REALMENTE Y SI ESTAMOS DISPUESTOS A VENDER NUESTRAS VIDAS DE ESTA FORMA.

Tenemos trabajos que no nos gustan, mujeres y hombres de los que no estamos enamorados, somos infieles hasta decir “asco” y divagamos sin rumbo sobre unos pasos que calzan estrechas nuestras almas.

Vivo en un mundo hostil que ha olvidado que lo más importante es ser amable. Amable con la vida, amable con los demás, amable con uno mismo.

Nos creemos dueños de todo cuanto respira o es rentable para hacer crecer en dígitos de poder, las cuentas bancarias de corbatas y diamantes que nos manipulan como auténticas marionetas.

Fotografía: Alessio Albi

Fotografía: Alessio Albi

Vivo en un mundo donde somos terriblemente crueles con los animales. En qué momento permitimos y comercializamos su tortura.

Estamos destruyendo cada centímetro de un planeta que llora de pena.

Qué mal lo hemos hecho.

Da miedo.

Mucho miedo lo que veo.

Vivo en un mundo donde Siria se muere y a nadie le importa. Vivo en un mundo donde un futbolista de renombre se parte la pierna y medio mundo llora porque no podrá jugar más partidos por una larga temporada.

Vivo en un mundo que vive dormido y que ya va siendo hora de que despierte.

Pero luego llegas tú con esos ojos magos y me llenas de esperanza.

Me das la mano y me empujas a seguir. Me dices que estoy en lo cierto, que un mundo mejor es posible y que aunque no podamos salvar el mundo podremos salvarnos a nosotros mismos.

Miro hacia dentro, respiro y trabajo duro sobre todo lo que no me gusta de ti, en mí. Me lleno de fuerza, me salto las normas, nado de espaldas y dejo de hacer lo que me dijeron que era correcto. Porque no hay nada más correcto que dar amor, ser sincero, soñar bonito y dar los buenos días. Porque no hay nada más bonito que ayudar a los demás, que dar abrazos sentidos y que besar y follar con el alma. Porque no hay nada más correcto que ser uno mismo sobre unos pasos que determinen una supremacía de valores adaptados a las necesidades de todos. Porque todos respiramos bajo un mismo cielo que como no nos demos prisa, morirá.

Vivo en un mundo que aunque ha dejado de creer en la magia está lleno de personas extraordinarias y maravillosas capaces de hacer de este mundo, un lugar mejor.

¿Qué eliges tú?

Yo lo tengo claro.

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La diferencia entres tus besos y tus versos.

árbolExiste una magnitud suprema que baila con mi cintura y con tus ganas huecas de amar. Esa que es capaz de tocar el cielo con la punta de la nariz y hacerte ver que nada más existe que esos ojos tan magos y tan llenos de nada.

Hubo un tiempo donde caminaste descalzo sobre mis lunares y yo sentía cómo el atardecer, fundía mi alma tras aquella ventana verde de montañas infinitas. Bebíamos café a mansalva para mantener despiertos nuestros ojos, no fuese a ser que nos perdiéramos lo más bonito de nuestros encuentros. Hacíamos el amor en silencio y sucumbíamos a la literatura más explícita de aquello que nunca nos dijimos y hoy, quiero que sepas.

Te conté más de cien cicatrices y todas ellas con nombre de mujer.

Apellidamos cada uno de nuestros sueños, les vestimos de calles, de ciudades y de una vuelta al mundo explícita en mapas de colores. Ahuyentamos a los fantasmas del pasillo y hubieron noches donde los dejábamos dormir bajo nuestra cama. La luna iba y venía. Como yo, que de cuando en vez, salía a tomar el aire y oxigenaba mis pestañas empañadas de lágrimas.

Pinté con lápiz una bella sinfonía envuelta en llamas de pasión, dulce y sincera. Solo como las amapolas son capaces de sentir y hacer la voltereta bajo el sol poniente de mi espalda.

Y así pasábamos las tardes y los días, jugando a ser felices sin mayor esfuerzo que siéndolo. Cumplimos todas las expectativas. Las puestas en mí, las puestas en ti, las puestas en nosotros.

Un día decidí ser valiente y quitarme las lentillas nubes con las que desde que te conocí, había visto el mundo. Y a ti. Y entonces mis pupilas me invitaron cautas a descubrir que…

beso

Tus versos acompasaron cada uno de mis sueños, elevándolos hasta la potencia más infinita haciéndolos casi realidad. Pero tus besos no estuvieron ahí para arroparme de madrugada. Ni cuando la lluvia mojaba mis miedos.

Tus versos me regalaron las promesas más bonitas del mundo, y tus besos congelaron mis venas sentándose al lado de tu ausencia en el sofá donde antaño, veíamos la tele.

Tus versos me hicieron la chica más guapa del mundo y tus besos terminaron de romper un corazón que yo traía a rastras mal cosido.

Tus versos me hicieron el amor lleno de poesía y cuando desperté, tus besos habían dejado huérfanas mis sábanas, 

Tus versos te hicieron ese príncipe imposible de mis hojas en blanco y tus besos pusieron punto y final a la melancolía de una intuición que desde el primer día, encerré en el sótano para no dejarla salir y hacer de las suyas.

Tus versos me hicieron creer que yo era la única y resultó ser que tus besos no eran solo míos, sino de muchas que al igual que yo creyeron en el aplomo de la aparente bonita intención con la que construyes historias y nos haces bellas.

La diferencia entre tus versos y tus besos es que, tus versos adivinan verdades que con tus besos manchas de mentiras.

Solo fuiste versos.

Y yo…solo fui uno más de tus besos.

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Domingo

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Lo más duro de perderte.

lo más duro de perderte

– ¿Por qué te vas?

–  No me voy. Ya me he ido.

Un desorden aparentemente caótico que da luz 
a un nuevo y tímido comienzo.

Lo más duro de perderte no es la idea de que no volvamos a vernos. No es la radio del coche que nunca más dará paso a nuestra canción favorita mientras sin rumbo, hacemos perfecto cualquier destino al que bautizamos sus calles aún sin nombre.

Lo más duro de perderte no es tu ausencia ni lo mucho que podría echarte de menos ahora que tu lado de la cama está vacía.

Tampoco los mejores años de mi vida en los que te regalé una amistad sincera y hoy me duele sentir que somos amigas por el mero hecho de haberlo sido toda la vida.

Lo más duro de perderte tampoco es la ausencia de tu mano recorriéndome la espalda, o el polvo que hacía de un día de mierda, una luna contenta.

Lo más duro de perderte no son esos besos que jamás volverán a darme los buenos días ni el café vainilla que adornaba el sofá de casa, un domingo de lluvia.

(de casa)

No son los planes que nunca hicimos ni las promesas que dejaste colgadas en los imanes de la nevera. Tampoco lo es la taza que compramos en París.

Lo más duro de perderte no es la hipocresía de tus halagos.

Ni siquiera eres tú. Porque tú ya no eres el mismo, porque tú ya no eres la misma. No eres esa persona de la que me enamoré hasta las raíces más profundas de su ser y con la que surqué cientos de heridas hasta hacerlas mías para que a ti, te dolieran menos.

Lo más duro de perderte no es saber que ya nunca más estarás a mi lado, ni que no me llamarás por mis cumpleaños ni por Navidad. Tampoco lo es la cita de los viernes o aquel restaurante que cerrábamos a la tres.

Lo más duro de perderte no es la maleta que me llevo vacía para volver a llenarla, ni las nuevas tiritas con las que tendré que aprender a secarme las lágrimas hasta que dejen de doler.

Lo más duro de perderte no es la estúpida ausencia de nuestras conversaciones que dibujaban horas como si fueran segundos. Ni las ganas de descubrirnos lunares ni tampoco la sorpresa insaciable del deseo que sentía mi ombligo por el tuyo.

Lo más duro de perderte no es que actuemos como dos extraños que nunca rozaron sus mejillas ni compartieron una vida entre almohadas y sábanas envueltas en proyectos gemelos.

La realidad es que..

Lo más duro de perderte es la parte de mí que se va contigo.

lo más duro de perderte_

Es el haber creído que eras tú, el haberte hecho amiga de mis miserias y príncipe de mis dragones.

Lo más duro de perderte es la parte de mi sonrisa que te llevas puesta, mis mejores bailes, mis mejores curvas y mi mejor frenesí en aquella copa de vino de la que sedienta e inexperta bebía de tus besos.

Lo más duro de perderte es la hermana huérfana de los abrazos que te di.

La confianza que deposité en tus oídos y en la valentía de desnudarme cada vez que terminábamos de hacer el amor.

Lo más duro de perderte es la herencia hueca que se burla de mi honestidad y se va de copas con la falsedad con la que tiñes tus pasos. Es la forma implícita de un susurro que te llevaste de paseo y no volverá.

Lo más duro de perderte es mi pena. Que ya ni siquiera es mía, sino tuya.

El haberte sentido más de la cuenta y el haberte desaprobado menos de lo que debía.

Lo más duro de perderte es la confianza que deposité en ti y hoy me abandona en mis noches más putas.

Confié en ti aún sabiendo que la piel de tus bonitos ojos eran de lobo y no de cordero. Porque a veces también los lobos son buena compañía de puestas de sol perennes.

Como esas que aún contemplo 
a pesar de haberte perdido. 

Como esas que aún contemplo 
a pesar de haber perdido una parte de mí que no volverá.
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La vida se nos va mirando a los demás.

mariposas1Vivimos en un mundo de mirones donde muchas son las pupilas que escrutan, juzgan, critican y señalan. Un mundo de mirones que esconden una verborrea vacía y un discurso digno de corbata que en las dos primeras frases pierde la credibilidad que intuían las sílabas concordantes.

Vivimos sí, pero ¿de qué manera?

Me aterra en qué nos hemos convertido. Me aterra la idea extendida de aquí todo vale y la crítica yuxtapuesta en la vida ajena. Hagas lo que hagas siempre te buscarán el fallo y habrá detractores que tras sonrisas de algodón intenten tirar por la borda a golpe de “me gusta”, tus sueños, tus buenas intenciones y el propósito por el que tu pie derecho calza un 40.

¿Sabes lo único que te hace distinto a mí? El tiempo.

El tiempo que empleas en ser mejor persona. El tiempo que empleas en hacer mejor tu trabajo, en buscarlo, en respirar en el lugar equivocado, el tiempo que le dedicas a tus entrenamientos y el tiempo que empleas en amar promesas de bragas desgastadas y besos que apestan a sapo. Lo que te hace distinto a mí es el tiempo que subyace en tu reloj biológico, el tiempo que le dedicas a lo que comes, a reírte, a conocer a personas que realmente merecen la pena. El tiempo que le dedicas a lo que importa, a tu familia, a aprender de esta vida, a ser maestro y alumno, el tiempo que le dedicas a tu cuerpo, el tiempo que le dedicas a cuidar tu alma, a leer, a viajar, a observar.  El tiempo que le dedicas a escuchar a tu corazón. Pero a escucharlo de verdad. El tiempo que te dedicas a ti mismo y no a los demás. El tiempo que haces de este mundo un lugar mejor. Porque…¿haces algo verdad?

vintage indie photography tumblr

Si hubiese un contador del tiempo que perdemos en criticar a los demás, estaríamos condenados a un reloj lleno de lamentaciones.

¿De verdad es más importante lo que hace el otro que tú?

¿De verdad empleas tu tiempo en valorar, analizar, criticar y juzgar lo que hace otra persona que no seas tú? Odiar nos hace débiles y amar nos hace terriblemente fuertes. Pero lo olvidaba. Ahora está de moda el #melasudatodo, #elamorescosadeñoños. ¡Qué lástima! Pensamientos equívocos en bocas de quienes perdieron la esperanza y se disfrazaron de miedo.

Hemos perdido el norte.

Solo espero que el sur, sea un lugar mejor.

Criticamos a los que hacen deporte y a los que no.

A los maquinitas de turno y al gordo del sillón.

Criticamos al vegano porque se cree el salvador del mundo y criticamos a los que ni parpadean ante una injusticia.

Criticamos al que pega a su mujer y al que le regala flores.

Criticamos a la tía buena y a la fea.

Criticamos al bueno y al malo, criticamos al que lleva rastas y a la pija de tacón.

Criticamos a la flaca y la que lleva silicona de talla sujetador.

Criticamos al musculitos y al que no ha pisado el gimnasio en su vida.

Criticamos al que estudia mucho y al que estudia poco.

Al que entrena mucho y al que entrena poco.

Al que comparte su vida en redes sociales y al que nunca comparte nada.

Criticamos a los obsesos de la búsqueda de la excelencia y a los que se conforman con poco.

Criticamos a los que escriven con faltas de ortografía y a los que tildan de eruditas sus letras.

Criticamos a los que van en bici y a los que no saben montar.

A las rubias y a las morenas.

Criticamos a los que se pierden y a los que se guían por un mapa.

Criticamos a los que beben y a los que no se echan ni un chupito.

Criticamos a los que bailan al estilo Chayanne y a los que son patitos mareados.

Criticamos a los románticos y a los insensibles.

Criticamos a los que hacen el amor y a los que follan.

Criticamos a los que se preocupan demasiado por nosotros y a los que nunca nos llaman.

Criticamos a los bondadosos y a los egoístas.

Criticamos a los que tienen mucho dinero y a los que tienen los bolsillos vacíos.

Criticamos a los que critican y a los que nunca lo hacen.

¡Lo criticamos todo joder! ¡Todo! 

critica

Debería haber un número máximo de críticas permitidas. Al menos por día. Imagínate si todo el tiempo que le dedicas a criticar a los demás lo empleas en ti mismo. EN SER MEJOR PERSONA. En hacerlo mejor cada día, en levantarte con un propósito nuevo y mejor. En plantar un puto árbol o en leerte un puto libro. En intentar correr un kilómetro más rápido o al menos disfrutarlo más. En ser agradecido y merecedor de las pequeñas cosas de la vida que sin darnos cuenta, se nos va en cada latido y en cada respiración. O en una fatídica llamada que nos anuncia que nunca más volverá a abrazarnos.

¿Y qué importa lo que digan de nosotros los demás?

¿Qué importa si por mucho que te esfuerces no cambiarán de opinión?

La opinión de los demás sobre nosotros mismos es solo eso. Una opinión ajena, no nuestra.

Porque si aún no te habías dado cuenta el tiempo es lo único que no vuelve atrás. Es lo único que continuamente resta. Es lo único que menos es menos. Y lo único que desperdicias cada segundo de tu existencia.

La vida se nos va mirando a los demás.

Aprende a contemplar lo bonito de cada ser. A sentir que en igual de condiciones no nos separa más que un nombre. Aprende a admirar en lugar de criticar. Que hasta de lo más indecoroso se saca algo bonito. Eso te hará mejor persona y la próxima vez que vayas a echar culebras por la boca sobre alguien, piensa realmente por qué te molesta tanto una conducta ajena a ti. Por qué es más importante su opinión sobre ti o sobre algo que la tuya propia. Concéntrate en tu corazón, en lo que de verdad importa y vive cada segundo con el único objetivo de encontrar en ti todo lo que necesitas.

Odiar y criticar nos enferma la mente y nos marchita el alma.

Hagas lo que hagas, seas como seas, lo intentes como lo intentes siempre habrá una sombra que quiera apagar tu luz. No pierdas el tiempo en ellos ni en ellas. Abrázalos desde la compasión y sigue tu camino.

A más sombra, más luz.

A más odio, más amor.

A más críticas menos tiempo les queda para cumplir sus sueños. Y a ti te sobrarán pretextos para seguir adelante.

floricientaMe costó lágrimas, múltiples decepciones y un infinito cielo lleno de estrellas entender esto que hoy escribo. Pero al final lo entendí y desde que lo puse en práctica la única crítica que me permito es aquella que me hace corregir lo que quiero mejorar de mí. Ayudando siempre a los demás y haciendo eso de la unión hace la fuerza.

Que hablen de ti. Y cuando se cansen, que sigan haciéndolo.

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En qué momento.

- ¿De qué huyes?

- De mí misma.

- ¿Para qué?

- Para encontrarme...

en qué momento

Hay instantes en la vida que lo cambian todo. Instantes capaces de hacer que por un segundo, tu destino se torne en otro rumbo. Instantes que hacen que el sur se convierta en norte. 

Ese instante lo tuve frente a mis ojos. Me agarró con fuerzas y me dijo:

-¿Qué coño te pasa? ¿No vas a hacer nada?

Ese instante me dio la oportunidad de huir o de quedarme en el mismo sitio para siempre.

Y en ese instante yo…decidí huir.

El frío calaba mis pensamientos y ya ni siquiera era capaz de recordar mi nombre. Y cuando alguien me lo recordaba, no me gustaba. Me sentía incómoda en mis propias letras y todo molestaba. Los árboles me parecían estúpidos y la suave musa que antaño me acariciaba las pestañas, ya solo dejaba en mí cientos de lágrimas mal curadas. No supe discernir la realidad de una ficción que en muchos casos, superaba con creces lo que mis ojos niños querían dejar de ver.

Y fue entonces cuando me di cuenta de que no había aprendido nada.

me ahogo

Ahogué en un millar de nubes todo lo que nos prometimos en versos de vainilla. Corrí tan lejos cuanto pude y aprendí sola a enhebrar  los recuerdos que forjaron nuestra historia. Me alejé del ruido y de tu nombre. Me alejé de todo aquello que no me permitía SER, e incluso, de los que decían amarme. Poco a poco me fui desnudando: de ropa, de maquillaje, de mentiras, de lugares a los que ya no quería ir, de amigos confeti y de aquel puto café amargo que empezó a gustarme en la primera mañana en la que tu lado vacío de la cama, dejó de doler.

Huí de mí misma para encontrarme.

Y me encontré.

Abracé con alas de mariposa la tristeza más infinita que jamás había sentido y me di cuenta de que por alguna razón, y en algún momento de mis días pasados que no conseguía recordar, me había perdido. Me habías perdido.

Dejé de culpar a todo aquel que había pasado por mi vida sin pena ni gloria y empecé a asumir cada uno de mis errores. Y el primero, el de haberme olvidado. El de haberme dejado para luego.

Fui capaz de mirarme al espejo, de perdonarme y en un leve susurro el silencio me recordó lo lejos que aún estaba de casa.

espejo

En qué momento dejé de creer en mis sueños para cumplir los tuyos.

En qué momento tuve que satisfacer tus expectativas y no las mías.

En qué momento tu opinión sobre mí misma fue más importante que la mía propia.

En qué momento dejé de confiar en mí y dejé que el miedo se apoderara de mis latidos.

En qué momento fuimos uno cuando realmente siempre fuimos dos. En qué momento mi hambre pasó a ser el segundo plato del menú y mi regazo, el portal huérfano de aquellas noches frías de Madrid.

En qué momento dejé de recordar lo bonita que era y en qué momento fui capaz de permitir que me hicieras tanto daño.

En qué momento creí tus necias palabras y me mortifiqué más de la cuenta y en qué momento la opinión de los demás fue tan importante para mí. ¡Iros todos a la mierda!

En qué momento te di tanto poder y puse mi vida en tus manos. En qué momento dejé de luchar por lo que creía y quería, y en qué momento me convertí en alguien que no quería ser.

En qué momento reprimí mis ganas, mis besos y mi sonrisa de algodón.

En qué momento de la historia dejé de brillar para no hacerte sombra y evitar así que te sintieras mal. Como si acaso eso, fuese culpa mía.

En qué momento pude pensar que yo no merecía lo bueno y me conformé con unas sábanas que apestaban a mediocridad.

En qué momento pedí permiso para sentir y en qué puñetero momento me olvidé.

En qué momento creí tanto en tu rancio perdón y en esas letras baratas llenas de mentiras.

En qué momento este mundo dejó de parecerme un lugar mejor…

mariposas

¿En qué momento? ¿En qué momento joder? Porque no lo recuerdo. No recuerdo cuando me rendí.

No recuerdo cuándo me cansé de ser fuerte.

Olvidé cuándo decidí andar en unos zapatos que no eran los míos y cargar con un yerro exhumado en cientos de pretextos de calendarios maníos. No recuerdo cuando el cielo me pareció apagarse sin ti, cuando aquí la estrella era yo. Cuando aquí la única luz capaz de hacer brillar la oscuridad era la mía y no la tuya. Ni la de nadie más.

Casi me asfixio en un intento torpe de respirar tu aire y no el mío.

En qué momento creemos que esta vida ya está escrita y que los papeles que asumimos se nos dan antes de poder cambiar el uno por el tres. Somos unos estúpidos. Y unos cobardes.

Somos almas sin rumbo que divagan en metáforas que nos hacen creer imposibles.

 

Y ya, cuando no me quedaba nada más, cuando el dolor crujió cada uno de mis huesos y fracturó cada centímetro de mi piel, cuando fue tan fuerte que dejó de doler, cuando no fui capaz de recordar en qué momento del camino me había perdido, cuando huí de mí misma entonces ahí…volví a encontrarme. Abracé con ganas el haberme echado tanto de menos y resucité sobre unos pasos firmes y determinantes.

Porque en esta vida hay que perderse de vez en cuando para volver a ser tú mismo. Para replantearte el hecho de si realmente eres quién quieres ser.

No recuerdo el momento en el que todo mi mundo se vino abajo.

Pero sí que recuerdo el momento en el que dejó de estarlo: ESTE.

Atrévete, huye de ti y encuéntrate de nuevo.

 

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