Lo más duro de perderte.

lo más duro de perderte

– ¿Por qué te vas?

–  No me voy. Ya me he ido.

Un desorden aparentemente caótico que da luz 
a un nuevo y tímido comienzo.

Lo más duro de perderte no es la idea de que no volvamos a vernos. No es la radio del coche que nunca más dará paso a nuestra canción favorita mientras sin rumbo, hacemos perfecto cualquier destino al que bautizamos sus calles aún sin nombre.

Lo más duro de perderte no es tu ausencia ni lo mucho que podría echarte de menos ahora que tu lado de la cama está vacía.

Tampoco los mejores años de mi vida en los que te regalé una amistad sincera y hoy me duele sentir que somos amigas por el mero hecho de haberlo sido toda la vida.

Lo más duro de perderte tampoco es la ausencia de tu mano recorriéndome la espalda, o el polvo que hacía de un día de mierda, una luna contenta.

Lo más duro de perderte no son esos besos que jamás volverán a darme los buenos días ni el café vainilla que adornaba el sofá de casa, un domingo de lluvia.

(de casa)

No son los planes que nunca hicimos ni las promesas que dejaste colgadas en los imanes de la nevera. Tampoco lo es la taza que compramos en París.

Lo más duro de perderte no es la hipocresía de tus halagos.

Ni siquiera eres tú. Porque tú ya no eres el mismo, porque tú ya no eres la misma. No eres esa persona de la que me enamoré hasta las raíces más profundas de su ser y con la que surqué cientos de heridas hasta hacerlas mías para que a ti, te dolieran menos.

Lo más duro de perderte no es saber que ya nunca más estarás a mi lado, ni que no me llamarás por mis cumpleaños ni por Navidad. Tampoco lo es la cita de los viernes o aquel restaurante que cerrábamos a la tres.

Lo más duro de perderte no es la maleta que me llevo vacía para volver a llenarla, ni las nuevas tiritas con las que tendré que aprender a secarme las lágrimas hasta que dejen de doler.

Lo más duro de perderte no es la estúpida ausencia de nuestras conversaciones que dibujaban horas como si fueran segundos. Ni las ganas de descubrirnos lunares ni tampoco la sorpresa insaciable del deseo que sentía mi ombligo por el tuyo.

Lo más duro de perderte no es que actuemos como dos extraños que nunca rozaron sus mejillas ni compartieron una vida entre almohadas y sábanas envueltas en proyectos gemelos.

La realidad es que..

Lo más duro de perderte es la parte de mí que se va contigo.

lo más duro de perderte_

Es el haber creído que eras tú, el haberte hecho amiga de mis miserias y príncipe de mis dragones.

Lo más duro de perderte es la parte de mi sonrisa que te llevas puesta, mis mejores bailes, mis mejores curvas y mi mejor frenesí en aquella copa de vino de la que sedienta e inexperta bebía de tus besos.

Lo más duro de perderte es la hermana huérfana de los abrazos que te di.

La confianza que deposité en tus oídos y en la valentía de desnudarme cada vez que terminábamos de hacer el amor.

Lo más duro de perderte es la herencia hueca que se burla de mi honestidad y se va de copas con la falsedad con la que tiñes tus pasos. Es la forma implícita de un susurro que te llevaste de paseo y no volverá.

Lo más duro de perderte es mi pena. Que ya ni siquiera es mía, sino tuya.

El haberte sentido más de la cuenta y el haberte desaprobado menos de lo que debía.

Lo más duro de perderte es la confianza que deposité en ti y hoy me abandona en mis noches más putas.

Confié en ti aún sabiendo que la piel de tus bonitos ojos eran de lobo y no de cordero. Porque a veces también los lobos son buena compañía de puestas de sol perennes.

Como esas que aún contemplo 
a pesar de haberte perdido. 

Como esas que aún contemplo 
a pesar de haber perdido una parte de mí que no volverá.
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La vida se nos va mirando a los demás.

mariposas1Vivimos en un mundo de mirones donde muchas son las pupilas que escrutan, juzgan, critican y señalan. Un mundo de mirones que esconden una verborrea vacía y un discurso digno de corbata que en las dos primeras frases pierde la credibilidad que intuían las sílabas concordantes.

Vivimos sí, pero ¿de qué manera?

Me aterra en qué nos hemos convertido. Me aterra la idea extendida de aquí todo vale y la crítica yuxtapuesta en la vida ajena. Hagas lo que hagas siempre te buscarán el fallo y habrá detractores que tras sonrisas de algodón intenten tirar por la borda a golpe de “me gusta”, tus sueños, tus buenas intenciones y el propósito por el que tu pie derecho calza un 40.

¿Sabes lo único que te hace distinto a mí? El tiempo.

El tiempo que empleas en ser mejor persona. El tiempo que empleas en hacer mejor tu trabajo, en buscarlo, en respirar en el lugar equivocado, el tiempo que le dedicas a tus entrenamientos y el tiempo que empleas en amar promesas de bragas desgastadas y besos que apestan a sapo. Lo que te hace distinto a mí es el tiempo que subyace en tu reloj biológico, el tiempo que le dedicas a lo que comes, a reírte, a conocer a personas que realmente merecen la pena. El tiempo que le dedicas a lo que importa, a tu familia, a aprender de esta vida, a ser maestro y alumno, el tiempo que le dedicas a tu cuerpo, el tiempo que le dedicas a cuidar tu alma, a leer, a viajar, a observar.  El tiempo que le dedicas a escuchar a tu corazón. Pero a escucharlo de verdad. El tiempo que te dedicas a ti mismo y no a los demás. El tiempo que haces de este mundo un lugar mejor. Porque…¿haces algo verdad?

vintage indie photography tumblr

Si hubiese un contador del tiempo que perdemos en criticar a los demás, estaríamos condenados a un reloj lleno de lamentaciones.

¿De verdad es más importante lo que hace el otro que tú?

¿De verdad empleas tu tiempo en valorar, analizar, criticar y juzgar lo que hace otra persona que no seas tú? Odiar nos hace débiles y amar nos hace terriblemente fuertes. Pero lo olvidaba. Ahora está de moda el #melasudatodo, #elamorescosadeñoños. ¡Qué lástima! Pensamientos equívocos en bocas de quienes perdieron la esperanza y se disfrazaron de miedo.

Hemos perdido el norte.

Solo espero que el sur, sea un lugar mejor.

Criticamos a los que hacen deporte y a los que no.

A los maquinitas de turno y al gordo del sillón.

Criticamos al vegano porque se cree el salvador del mundo y criticamos a los que ni parpadean ante una injusticia.

Criticamos al que pega a su mujer y al que le regala flores.

Criticamos a la tía buena y a la fea.

Criticamos al bueno y al malo, criticamos al que lleva rastas y a la pija de tacón.

Criticamos a la flaca y la que lleva silicona de talla sujetador.

Criticamos al musculitos y al que no ha pisado el gimnasio en su vida.

Criticamos al que estudia mucho y al que estudia poco.

Al que entrena mucho y al que entrena poco.

Al que comparte su vida en redes sociales y al que nunca comparte nada.

Criticamos a los obsesos de la búsqueda de la excelencia y a los que se conforman con poco.

Criticamos a los que escriven con faltas de ortografía y a los que tildan de eruditas sus letras.

Criticamos a los que van en bici y a los que no saben montar.

A las rubias y a las morenas.

Criticamos a los que se pierden y a los que se guían por un mapa.

Criticamos a los que beben y a los que no se echan ni un chupito.

Criticamos a los que bailan al estilo Chayanne y a los que son patitos mareados.

Criticamos a los románticos y a los insensibles.

Criticamos a los que hacen el amor y a los que follan.

Criticamos a los que se preocupan demasiado por nosotros y a los que nunca nos llaman.

Criticamos a los bondadosos y a los egoístas.

Criticamos a los que tienen mucho dinero y a los que tienen los bolsillos vacíos.

Criticamos a los que critican y a los que nunca lo hacen.

¡Lo criticamos todo joder! ¡Todo! 

critica

Debería haber un número máximo de críticas permitidas. Al menos por día. Imagínate si todo el tiempo que le dedicas a criticar a los demás lo empleas en ti mismo. EN SER MEJOR PERSONA. En hacerlo mejor cada día, en levantarte con un propósito nuevo y mejor. En plantar un puto árbol o en leerte un puto libro. En intentar correr un kilómetro más rápido o al menos disfrutarlo más. En ser agradecido y merecedor de las pequeñas cosas de la vida que sin darnos cuenta, se nos va en cada latido y en cada respiración. O en una fatídica llamada que nos anuncia que nunca más volverá a abrazarnos.

¿Y qué importa lo que digan de nosotros los demás?

¿Qué importa si por mucho que te esfuerces no cambiarán de opinión?

La opinión de los demás sobre nosotros mismos es solo eso. Una opinión ajena, no nuestra.

Porque si aún no te habías dado cuenta el tiempo es lo único que no vuelve atrás. Es lo único que continuamente resta. Es lo único que menos es menos. Y lo único que desperdicias cada segundo de tu existencia.

La vida se nos va mirando a los demás.

Aprende a contemplar lo bonito de cada ser. A sentir que en igual de condiciones no nos separa más que un nombre. Aprende a admirar en lugar de criticar. Que hasta de lo más indecoroso se saca algo bonito. Eso te hará mejor persona y la próxima vez que vayas a echar culebras por la boca sobre alguien, piensa realmente por qué te molesta tanto una conducta ajena a ti. Por qué es más importante su opinión sobre ti o sobre algo que la tuya propia. Concéntrate en tu corazón, en lo que de verdad importa y vive cada segundo con el único objetivo de encontrar en ti todo lo que necesitas.

Odiar y criticar nos enferma la mente y nos marchita el alma.

Hagas lo que hagas, seas como seas, lo intentes como lo intentes siempre habrá una sombra que quiera apagar tu luz. No pierdas el tiempo en ellos ni en ellas. Abrázalos desde la compasión y sigue tu camino.

A más sombra, más luz.

A más odio, más amor.

A más críticas menos tiempo les queda para cumplir sus sueños. Y a ti te sobrarán pretextos para seguir adelante.

floricientaMe costó lágrimas, múltiples decepciones y un infinito cielo lleno de estrellas entender esto que hoy escribo. Pero al final lo entendí y desde que lo puse en práctica la única crítica que me permito es aquella que me hace corregir lo que quiero mejorar de mí. Ayudando siempre a los demás y haciendo eso de la unión hace la fuerza.

Que hablen de ti. Y cuando se cansen, que sigan haciéndolo.

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En qué momento.

- ¿De qué huyes?

- De mí misma.

- ¿Para qué?

- Para encontrarme...

en qué momento

Hay instantes en la vida que lo cambian todo. Instantes capaces de hacer que por un segundo, tu destino se torne en otro rumbo. Instantes que hacen que el sur se convierta en norte. 

Ese instante lo tuve frente a mis ojos. Me agarró con fuerzas y me dijo:

-¿Qué coño te pasa? ¿No vas a hacer nada?

Ese instante me dio la oportunidad de huir o de quedarme en el mismo sitio para siempre.

Y en ese instante yo…decidí huir.

El frío calaba mis pensamientos y ya ni siquiera era capaz de recordar mi nombre. Y cuando alguien me lo recordaba, no me gustaba. Me sentía incómoda en mis propias letras y todo molestaba. Los árboles me parecían estúpidos y la suave musa que antaño me acariciaba las pestañas, ya solo dejaba en mí cientos de lágrimas mal curadas. No supe discernir la realidad de una ficción que en muchos casos, superaba con creces lo que mis ojos niños querían dejar de ver.

Y fue entonces cuando me di cuenta de que no había aprendido nada.

me ahogo

Ahogué en un millar de nubes todo lo que nos prometimos en versos de vainilla. Corrí tan lejos cuanto pude y aprendí sola a enhebrar  los recuerdos que forjaron nuestra historia. Me alejé del ruido y de tu nombre. Me alejé de todo aquello que no me permitía SER, e incluso, de los que decían amarme. Poco a poco me fui desnudando: de ropa, de maquillaje, de mentiras, de lugares a los que ya no quería ir, de amigos confeti y de aquel puto café amargo que empezó a gustarme en la primera mañana en la que tu lado vacío de la cama, dejó de doler.

Huí de mí misma para encontrarme.

Y me encontré.

Abracé con alas de mariposa la tristeza más infinita que jamás había sentido y me di cuenta de que por alguna razón, y en algún momento de mis días pasados que no conseguía recordar, me había perdido. Me habías perdido.

Dejé de culpar a todo aquel que había pasado por mi vida sin pena ni gloria y empecé a asumir cada uno de mis errores. Y el primero, el de haberme olvidado. El de haberme dejado para luego.

Fui capaz de mirarme al espejo, de perdonarme y en un leve susurro el silencio me recordó lo lejos que aún estaba de casa.

espejo

En qué momento dejé de creer en mis sueños para cumplir los tuyos.

En qué momento tuve que satisfacer tus expectativas y no las mías.

En qué momento tu opinión sobre mí misma fue más importante que la mía propia.

En qué momento dejé de confiar en mí y dejé que el miedo se apoderara de mis latidos.

En qué momento fuimos uno cuando realmente siempre fuimos dos. En qué momento mi hambre pasó a ser el segundo plato del menú y mi regazo, el portal huérfano de aquellas noches frías de Madrid.

En qué momento dejé de recordar lo bonita que era y en qué momento fui capaz de permitir que me hicieras tanto daño.

En qué momento creí tus necias palabras y me mortifiqué más de la cuenta y en qué momento la opinión de los demás fue tan importante para mí. ¡Iros todos a la mierda!

En qué momento te di tanto poder y puse mi vida en tus manos. En qué momento dejé de luchar por lo que creía y quería, y en qué momento me convertí en alguien que no quería ser.

En qué momento reprimí mis ganas, mis besos y mi sonrisa de algodón.

En qué momento de la historia dejé de brillar para no hacerte sombra y evitar así que te sintieras mal. Como si acaso eso, fuese culpa mía.

En qué momento pude pensar que yo no merecía lo bueno y me conformé con unas sábanas que apestaban a mediocridad.

En qué momento pedí permiso para sentir y en qué puñetero momento me olvidé.

En qué momento creí tanto en tu rancio perdón y en esas letras baratas llenas de mentiras.

En qué momento este mundo dejó de parecerme un lugar mejor…

mariposas

¿En qué momento? ¿En qué momento joder? Porque no lo recuerdo. No recuerdo cuando me rendí.

No recuerdo cuándo me cansé de ser fuerte.

Olvidé cuándo decidí andar en unos zapatos que no eran los míos y cargar con un yerro exhumado en cientos de pretextos de calendarios maníos. No recuerdo cuando el cielo me pareció apagarse sin ti, cuando aquí la estrella era yo. Cuando aquí la única luz capaz de hacer brillar la oscuridad era la mía y no la tuya. Ni la de nadie más.

Casi me asfixio en un intento torpe de respirar tu aire y no el mío.

En qué momento creemos que esta vida ya está escrita y que los papeles que asumimos se nos dan antes de poder cambiar el uno por el tres. Somos unos estúpidos. Y unos cobardes.

Somos almas sin rumbo que divagan en metáforas que nos hacen creer imposibles.

 

Y ya, cuando no me quedaba nada más, cuando el dolor crujió cada uno de mis huesos y fracturó cada centímetro de mi piel, cuando fue tan fuerte que dejó de doler, cuando no fui capaz de recordar en qué momento del camino me había perdido, cuando huí de mí misma entonces ahí…volví a encontrarme. Abracé con ganas el haberme echado tanto de menos y resucité sobre unos pasos firmes y determinantes.

Porque en esta vida hay que perderse de vez en cuando para volver a ser tú mismo. Para replantearte el hecho de si realmente eres quién quieres ser.

No recuerdo el momento en el que todo mi mundo se vino abajo.

Pero sí que recuerdo el momento en el que dejó de estarlo: ESTE.

Atrévete, huye de ti y encuéntrate de nuevo.

 

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Fuimos.

fuimosFuimos de esas historias que por mucho que pase el tiempo no se olvidan…

Fuimos la vuelta al mundo sin salir de la habitación. El mejor lunes de la semana y la copa de vino de las risas sedientas de vida.

Fuimos el whastApp de cada mañana, la foto que nunca hicimos y los besos de los amantes que se quieren de verdad.

Fuimos la oportunidad que no supimos aprovechar.

Fuimos la esperanza de los que ya no creían en el amor y la admiración de aquellos que se deleitaban con la forma de nuestros cuerpos.

Fuimos el chiste que nadie entendía y que a nosotros nos hacía mucha gracia.

Fuimos infinitos finales que tildábamos de puntos suspensivos.

fuimos 2

Fuimos nuestro para siempre.

El café del alba, las tortitas de maíz y el último suspiro de cada luna. Fuimos los pasos torpes de aquel compás y la música de cuando nadie bailaba.

Fuimos la canción más bonita del mundo y el eterno San Valentín.

Fuimos el secreto que a diario nos recuerda y la huella que no se llevó la arena.

Fuimos la herencia del aire, el deseo del fuego y la inmediatez de unos dedos que tenían prisa por descubrirse. Fuimos la piel con piel, la lengua que se aprendió de memoria el alfabeto de nuestros lunares y el abrazo sincero de nuestras miserias. Fuimos Romeo y Julieta sin la necesidad de fingir estar enamorados.

Fuimos el mejor sexo del mundo.

Fuimos pupilas traviesas que adivinaban al unísono el color de los unicornios y fuimos la comisura de unos labios que no se callaban nunca.

Fuimos todos los besos que nos dimos. Y los que dejamos para luego.

Fuimos las letras incansables de páginas que pedían a gritos nuevas historias; el “no, cuelga tú” y las horas que pasaban como segundos. Fuimos el te echo de menos certero y dos valientes que no necesitaron más que su desnudez para saltar al río.

Fuimos dos almas sin nombre que construyeron verbos imposibles.

Sueños imposibles.

Trazados imposibles.

Fuimos los pasos firmes de un nuevo camino y el angosto mar que cruzaría nuestros miedos. Fuimos las citas de vainilla y las conversaciones que duraban toda la noche.

fuimos 3

Fuimos el corazón que aún late y se resiste a creer que todo esto terminó.

Fuimos el valle de fresas, las manos de amapolas y la sangre de cristal. Fuimos las mariposas en el estómago, la magia de las primeras veces y las estrellas más impetuosas del firmamento.

Fuimos la combinación perfecta, la envidia de quién no podía tenernos y las respuestas de preguntas pendientes.

Fuimos el momento preciso y el sofá de los domingos.

Las sábanas de nuestros pecados y los testigos de todo aquello que nos contamos sin mediar palabra. Fuimos los te quieros más inmensos y la promesa que grabamos a nuestro paso, aquella tarde de verano.

Fuimos el invierno de mayo y las galletas con sabor a no te vayas nunca de mi lado.

Fuimos tú y yo en un nosotros in-que-bran-ta-ble.

Fuimos la conversación pendiente, la historia que nunca debió acabarse y la deuda que hasta que nuestras pestañas mueran, abrigaremos con ausencia el eco del ayer.

Fuimos las ganas de volver a SER.

Fuimos lo que nos faltaba y lo que nunca seremos.

Fuimos la coyuntura explícita de todo aquello que no tenía sentido. Y el descaro de mandar al carajo lo que no nos importaba.

Fuimos equipo, amantes y amigos y por encima de todo, fuimos el respeto de ser lo que queríamos.

Fuimos el mapa que dibujaba Roma y los problemas que resolvíamos en la cama. Fuimos las incontables caricias y el vestido que reservábamos para “una ocasión especial”.

Fuimos las promesas que hoy se burlan en el viento.

Fuimos los recuerdos que nos dará dolor de estómago y nos vestirá de pena cada vez que nos recordemos. Cada vez que nos pensemos.

Fuimos ese uno entre un millón y la famosa aguja del famoso pajar.

Fuimos todo lo que fuimos 
sin ni siquiera saber quiénes éramos nosotros mismos.
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Me duele.

me duele

Me duele tu ausencia, la silla vacía que dejaste en la cocina y la taza de café de los buenos días.

Me duele el tiempo que pasé contigo y el que ya no volveremos a pasar.

Me duele tu sonrisa, el caos que formaban nuestras sábanas y tu lado vacío de la cama.

Me duele la luna, las nubes de marfil y el indecoroso aire que respiro.

Me duelen estas letras y todo lo que no escribo en ellas.

Me duelen nuestras promesas, la calle que ya no existe en el mapa donde nos besamos por primera vez y la cima que alcanzamos con la punta de nuestros dedos. Y de nuestros sueños.

Me duelen tus manos que hicieron tuya mi cintura una infinidad de veces.

Me duelen tus abrazos que eran capaces de reconfortar el llanto de mi alma. Y también, de desequilibrar mi más serena paz.

ME DUELES TÚ.

Me duelen las mentiras y todos aquellos y aquellas que quisieron hacer de nuestra historia, la suya.

Me duele haberte tenido y haberte perdido.

Me duele haberte CREÍDO y haberte puesto en duda.

Me duele lo poco que me quise y el poco valor que tuve para subirme a aquel unicornio de plumas amarillas y salir volando de aquí.

Me duelen los miedos que me dejaste como herencia y aquella noche donde nos unimos para siempre.

Me duele el primer verano que pasé contigo, las velas que soplé cuando me cantaste “feliz cumpleaños” y todas esas fotos que nos hicimos. Y las que no, también.

Me duele tu amor. Y eso que el amor…NO DUELE.

Me duelen tus pestañas, tu dolor y esas arrugas que gritan lo mucho que me recuerdas.

Me duele echarte de menos y echarte de más.

Me duele tu nombre,

tu olor,

tu verborrea.

Me duele el ruido que ensordece los dedos de mis pies,

y me duele la mirada débil y bonita con la que me envolvías mientras dormía.

Me duelen tus besos y la forma en la que los recuerdo cuando cierro los ojos.

Me duele la falsedad, la facilidad con la que hoy se quiere y mañana ya veremos.

Me duele todos aquellos y aquellas que pasaron por mi vida sin dejar propina. ¡MALDITOS, MALDITAS!

Me duele el vino condensado y la poca gracia que me producen los monólogos de aquellos que presumen ser mis amigos. Tengo menos de los que creía y más de los que sentía.

Me duele que una vez quisieran apagar mi luz…y me duele en el alma tu daño.

Me duele, me duele, porque soy humana. Porque a mí no se me ha olvidado lo que un día le prometí al cielo, ni la marca de nacimiento que precede bajo los lunares de mi piel. Me duele no encontrarme las alas. Y eso que he mirado hasta debajo de la cama.

Me duele haberme perdido.

Me duele no haberme creído.

Me duele este mundo.

Me duele ser parte de él y de nuestra historia.

Me duele…
Me dueles…

 

 

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De nada.

de nada Qué importante es agradecer a la vida lo bueno y lo malo.

La posibilidad de escribir estas líneas y leerlas. Qué importante es dar las GRACIAS a tiempo, o al menos, sentirse dichoso y dichosa de todo lo que nos pasa. Aunque en ocasiones puedas vivirlo como una auténtica pesadilla. Pero es que hasta los mejores sueños tuvieron una parte de dolor.

¿Pero qué hay de los de nada? ¿Acaso no es importante también sentirse merecedor, merecedora de un GRACIAS? Me hace gracia (que no gracias) la gente que va por la vida creyendo que son dueños o dueñas de los sentimientos y pensa-miento-s de los demás. También me hace gracia (que no gracias) esas personas que dan por hecho lo hecho. Que lo bonito, lo correcto, que lo justo cae del cielo sin más. Mientras un mago agita su varita mágica. Sin reconocer el esfuerzo, la gratitud o lo que otro dejó por ti en el camino para que tú hoy, bailes sobre nubes de algodón. Cuando ni siquiera sabes apreciar los acordes volátiles que sin tú saberlo, siempre han estado cuidando de tu RE más profundo. Cuando el bemol de tus labios frenaba las lágrimas que aquella historia rota dejó sobre el eco de tu memoria.

¡DE NADA! Sí creételo. ¡DE NADA! Porque gracias a ti, gracias a mí, gracias a muchos héroes y heroínas sin nombre hoy muchos y muchas están ahí. Bajo unos focos llenos de gratitud. De gratitud por quién los admira, no por quién ilumina.

Cuando alguien nos da las gracias de corazón sea de la forma que sea, es importante devolverles un de nada sincero. Desenfadado. Un de nada que no pedía nada a cambio. Ni un simple, llano y merecido GRACIAS. Un de nada salido sin más. Con una de esas sonrisas que amanece en el cielo más gris de Madrid. En un cielo impávido que mientras juega al escondite con tus ganas, desdibuja los recuerdos que se acomodaron en una nostalgia dolida. En unos verbos pasados que no conjugan con un presente que pide a gritos salir corriendo de aquí. Salir corriendo de ti. Y de ti también.

de nada

De nada.

¿Qué simple verdad? Qué poco parece lo que esconden estas dos palabras que separadas podrían ser la preposición de infinitos acontecimientos o acometimientos, o el vacío hueco de cientos de historias entrelazadas al viento.

A lo mejor pensaste que no me lo merecía. Ni siquiera quise dedicarte estas líneas pero aún te empeñas en seguir estando presente. En mortificar mi silencio y mis ganas de cerrar la puerta que selló nuestros secretos en aquel pomo verde que nadie más se atrevió a girar. Ni siquiera el tiempo.

De nada.

Lo hice sin más. Sin más sentir que un latido que musitaba tu nombre cuando aún ni sabía cómo era el color de tus ojos y cómo esas cicatrices se quedaron durmiendo por siempre en tus bellos lunares. Y ahí estaba yo, recibiendo un GRACIAS de mentira.

De nada.

Qué importante es dar las GRACIAS a tiempo. Qué importante es creerte merecedora y merecedor de una gratitud álmica. De una gratitud que sin decir nada es capaz de hacerte sentir la persona más afortunada del mundo. Y es que por más que lo intentemos aún tenemos mucho que aprender y las personas torpes como tú y como yo, no aprendemos a la primera. Ni tampoco a la segunda. No existe mayor y mejor vidente que tu intuición. Esa voz en off que sin saber por qué te habla. Te guía. Te susurra al oído que tomes un camino que aunque en un principio atragante tus miedos y paralice tus articulaciones…¡tómalo! El primer paso es el más doloroso. Y el segundo. Y posiblemente el tercero. Pero cuando menos te lo esperes ya estarás corriendo, ya estarás levitando, ya estarás viviendo tu vida. TU VIDA. Dejando atrás ese aire tan cortante que no dejaba respirar tus sueños. Tus metas. Y que empañaba tus pupilas de imposibles.

No necesitas una corona para ser princesa, ni una capa para ser un superhéroe.

de nada

De nada.

Recuerda que tú estás hecho de cientos de nadas.

De cientos de gracias que en su conjunto hicieron de la vida de otros, vidas mejores.

No confundas los cumplidos con la gratitud honesta.

Abraza las ganas que olvidaste por el camino.

Aprende a dar las GRACIAS de corazón y a recibir los DE NADA a cambio de todo lo que te mereces. Que posiblemente sea y es, más de lo que imaginas.

  • Gracias.
  • De nada.
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Me lo debo.

Ya es la hora.
Me lo debo.

me lo debo 3Es hora de partir, de vaciar la maleta de lo que ya no sirve y de quitarle el polvo al libro de los sueños a medio escribir.

Ya es hora de pensar en el reflejo que me devuelve cada mañana el espejo del baño, y el del salón. Ya es hora de dejar de hacerlo por el tuyo. Por ese que ya no me devuelve ni los buenos días cuando te pienso.

Me lo debo.

Es hora de despegar las alas, de hacer mío lo que hiciste tuyo y de deshacerme de todas esas palabras y gestos dañinos que una vez partieron todos los huesos de mi cadera. Y de mi alma. No imaginas lo que dolió verte partir y ver que aún estando a mi lado, tú ya no eras el mismo. Al menos no la luz que hizo un día mi camino, el camino más bonito del mundo.

Es hora de mandarlos a todos a la mierda y de guardar los abrazos de los que de verdad importan. Fuera las amigas de plastilina y los amigos de bares. Me quedo con los que aún siguen ahí cuando ya no queda cerveza en la nevera. Cumplidos, “tenemos que vernos”, “mañana te llamo”, como si acaso las relaciones se viesen forzadas a sacar un tiempo que no tenemos. Que no queremos tener. Que asfixia nuestra agenda y nuestros quehaceres en pretextos disfrazados de sonrisas forzadas; manías; feas. Porque cuando algo no nos gusta se nos arruga la cara. Y el corazón. Y yo ya me cansé de vivir con una pasa que late dentro de mi pecho.

Es hora de poner firme mis preferencias y hacer mías mis prioridades sin sentirme culpable. Es hora de desdoblar los vértices de todos aquellos y aquellas que pusieron negativas zancadillas a mis pasos y es hora, de dejarte ir.

Porque aún tu recuerdo me mata.

me lo debo 1

Me huele a invierno y me sabe a una soledad que se acostumbró a hacerme compañía y es con ella con la única con la que me siento yo. La única con la que me siento llena de ganas de seguir recordándote y de seguir amándote en silencio: sobre estas líneas negras que dibujan un deseo decorando un papel en blanco que una vez, estuvo dibujado de un lugar mágico. Lleno de risas, de horas infinitas que no conocían el aburrimiento. Ni el fracaso. Solo la supremacía de unos besos que juraron amarse por siempre. Y aunque ellos sigan ahí besándose, nosotros hace tiempo que nos perdimos. Tú en el norte y yo en el sur y quizás en algún oeste lejano volvamos a encontrarnos como dos jinetes fugitivos en una marcha que las suaves nubes del este, abrazan hoy el mar y las olas de tus pestañas. Y de mis manos huérfanas y mi sonrisa hueca.

me lo debo

Me lo debo.

Me debo el valor que no me di.

Me debo la tregua y me debo los besos.

Me debo la calma y el perdón.

Me debo desquitarme todo el peso de la culpa y la atención que casi me consume por los demás. ¿Quién está ahí cuando yo lo necesito? Nadie. Ni siquiera yo.

Me debo ser egoísta por una vez y no sentirme mal por ello.

Me debo decir NO las veces que me de la gana y me debo todos los “SÍES” que me fueron arrebatando por el camino.

Me debo creer que YO TAMBIÉN PUEDO y me debo el creerme merecedora de que las cosas bonitas también le pueden pasar a alguien como yo.

Me debo ese baile, esa copa de vino y esa siesta hasta las tantas.

Me debo ese vestido, correr sin reloj y faltar un lunes al trabajo.

Me debo la vuelta al mundo, decirte a la cara que no te soporto y bajarme en esta estación.

Me debo la vida que no me he permitido de aquí para atrás y me debo la seguridad que alguien melló en lo más profundo de mi conciencia.

Me debo pensar en mí y no pensar.

Me debo entender la vida simple…sin más.

Me debo el desnudo de todos esos temores que a veces me imposibilitan dar un paso al frente. Y a un lado.

Me debo saltarme la dieta, reír más y preocuparme menos.

Porque al fin y al cabo qué importa de esta estúpida vida. Quizás solo importa un respirar honesto, sincero, sencillo, bonito. Un seseo ávido que te recuerde que estás aquí para ser feliz.

Es hora de irse.

Es hora de irme.

Es hora de encontrarte.

Es hora de encontrarme.

Me lo debes.

ME LO DEBO.

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