La diferencia entres tus besos y tus versos.

árbolExiste una magnitud suprema que baila con mi cintura y con tus ganas huecas de amar. Esa que es capaz de tocar el cielo con la punta de la nariz y hacerte ver que nada más existe que esos ojos tan magos y tan llenos de nada.

Hubo un tiempo donde caminaste descalzo sobre mis lunares y yo sentía cómo el atardecer, fundía mi alma tras aquella ventana verde de montañas infinitas. Bebíamos café a mansalva para mantener despiertos nuestros ojos, no fuese a ser que nos perdiéramos lo más bonito de nuestros encuentros. Hacíamos el amor en silencio y sucumbíamos a la literatura más explícita de aquello que nunca nos dijimos y hoy, quiero que sepas.

Te conté más de cien cicatrices y todas ellas con nombre de mujer.

Apellidamos cada uno de nuestros sueños, les vestimos de calles, de ciudades y de una vuelta al mundo explícita en mapas de colores. Ahuyentamos a los fantasmas del pasillo y hubieron noches donde los dejábamos dormir bajo nuestra cama. La luna iba y venía. Como yo, que de cuando en vez, salía a tomar el aire y oxigenaba mis pestañas empañadas de lágrimas.

Pinté con lápiz una bella sinfonía envuelta en llamas de pasión, dulce y sincera. Solo como las amapolas son capaces de sentir y hacer la voltereta bajo el sol poniente de mi espalda.

Y así pasábamos las tardes y los días, jugando a ser felices sin mayor esfuerzo que siéndolo. Cumplimos todas las expectativas. Las puestas en mí, las puestas en ti, las puestas en nosotros.

Un día decidí ser valiente y quitarme las lentillas nubes con las que desde que te conocí, había visto el mundo. Y a ti. Y entonces mis pupilas me invitaron cautas a descubrir que…

beso

Tus versos acompasaron cada uno de mis sueños, elevándolos hasta la potencia más infinita haciéndolos casi realidad. Pero tus besos no estuvieron ahí para arroparme de madrugada. Ni cuando la lluvia mojaba mis miedos.

Tus versos me regalaron las promesas más bonitas del mundo, y tus besos congelaron mis venas sentándose al lado de tu ausencia en el sofá donde antaño, veíamos la tele.

Tus versos me hicieron la chica más guapa del mundo y tus besos terminaron de romper un corazón que yo traía a rastras mal cosido.

Tus versos me hicieron el amor lleno de poesía y cuando desperté, tus besos habían dejado huérfanas mis sábanas, 

Tus versos te hicieron ese príncipe imposible de mis hojas en blanco y tus besos pusieron punto y final a la melancolía de una intuición que desde el primer día, encerré en el sótano para no dejarla salir y hacer de las suyas.

Tus versos me hicieron creer que yo era la única y resultó ser que tus besos no eran solo míos, sino de muchas que al igual que yo creyeron en el aplomo de la aparente bonita intención con la que construyes historias y nos haces bellas.

La diferencia entre tus versos y tus besos es que, tus versos adivinan verdades que con tus besos manchas de mentiras.

Solo fuiste versos.

Y yo…solo fui uno más de tus besos.

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Domingo

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Lo más duro de perderte.

lo más duro de perderte

– ¿Por qué te vas?

–  No me voy. Ya me he ido.

Un desorden aparentemente caótico que da luz 
a un nuevo y tímido comienzo.

Lo más duro de perderte no es la idea de que no volvamos a vernos. No es la radio del coche que nunca más dará paso a nuestra canción favorita mientras sin rumbo, hacemos perfecto cualquier destino al que bautizamos sus calles aún sin nombre.

Lo más duro de perderte no es tu ausencia ni lo mucho que podría echarte de menos ahora que tu lado de la cama está vacía.

Tampoco los mejores años de mi vida en los que te regalé una amistad sincera y hoy me duele sentir que somos amigas por el mero hecho de haberlo sido toda la vida.

Lo más duro de perderte tampoco es la ausencia de tu mano recorriéndome la espalda, o el polvo que hacía de un día de mierda, una luna contenta.

Lo más duro de perderte no son esos besos que jamás volverán a darme los buenos días ni el café vainilla que adornaba el sofá de casa, un domingo de lluvia.

(de casa)

No son los planes que nunca hicimos ni las promesas que dejaste colgadas en los imanes de la nevera. Tampoco lo es la taza que compramos en París.

Lo más duro de perderte no es la hipocresía de tus halagos.

Ni siquiera eres tú. Porque tú ya no eres el mismo, porque tú ya no eres la misma. No eres esa persona de la que me enamoré hasta las raíces más profundas de su ser y con la que surqué cientos de heridas hasta hacerlas mías para que a ti, te dolieran menos.

Lo más duro de perderte no es saber que ya nunca más estarás a mi lado, ni que no me llamarás por mis cumpleaños ni por Navidad. Tampoco lo es la cita de los viernes o aquel restaurante que cerrábamos a la tres.

Lo más duro de perderte no es la maleta que me llevo vacía para volver a llenarla, ni las nuevas tiritas con las que tendré que aprender a secarme las lágrimas hasta que dejen de doler.

Lo más duro de perderte no es la estúpida ausencia de nuestras conversaciones que dibujaban horas como si fueran segundos. Ni las ganas de descubrirnos lunares ni tampoco la sorpresa insaciable del deseo que sentía mi ombligo por el tuyo.

Lo más duro de perderte no es que actuemos como dos extraños que nunca rozaron sus mejillas ni compartieron una vida entre almohadas y sábanas envueltas en proyectos gemelos.

La realidad es que..

Lo más duro de perderte es la parte de mí que se va contigo.

lo más duro de perderte_

Es el haber creído que eras tú, el haberte hecho amiga de mis miserias y príncipe de mis dragones.

Lo más duro de perderte es la parte de mi sonrisa que te llevas puesta, mis mejores bailes, mis mejores curvas y mi mejor frenesí en aquella copa de vino de la que sedienta e inexperta bebía de tus besos.

Lo más duro de perderte es la hermana huérfana de los abrazos que te di.

La confianza que deposité en tus oídos y en la valentía de desnudarme cada vez que terminábamos de hacer el amor.

Lo más duro de perderte es la herencia hueca que se burla de mi honestidad y se va de copas con la falsedad con la que tiñes tus pasos. Es la forma implícita de un susurro que te llevaste de paseo y no volverá.

Lo más duro de perderte es mi pena. Que ya ni siquiera es mía, sino tuya.

El haberte sentido más de la cuenta y el haberte desaprobado menos de lo que debía.

Lo más duro de perderte es la confianza que deposité en ti y hoy me abandona en mis noches más putas.

Confié en ti aún sabiendo que la piel de tus bonitos ojos eran de lobo y no de cordero. Porque a veces también los lobos son buena compañía de puestas de sol perennes.

Como esas que aún contemplo 
a pesar de haberte perdido. 

Como esas que aún contemplo 
a pesar de haber perdido una parte de mí que no volverá.
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La vida se nos va mirando a los demás.

mariposas1Vivimos en un mundo de mirones donde muchas son las pupilas que escrutan, juzgan, critican y señalan. Un mundo de mirones que esconden una verborrea vacía y un discurso digno de corbata que en las dos primeras frases pierde la credibilidad que intuían las sílabas concordantes.

Vivimos sí, pero ¿de qué manera?

Me aterra en qué nos hemos convertido. Me aterra la idea extendida de aquí todo vale y la crítica yuxtapuesta en la vida ajena. Hagas lo que hagas siempre te buscarán el fallo y habrá detractores que tras sonrisas de algodón intenten tirar por la borda a golpe de “me gusta”, tus sueños, tus buenas intenciones y el propósito por el que tu pie derecho calza un 40.

¿Sabes lo único que te hace distinto a mí? El tiempo.

El tiempo que empleas en ser mejor persona. El tiempo que empleas en hacer mejor tu trabajo, en buscarlo, en respirar en el lugar equivocado, el tiempo que le dedicas a tus entrenamientos y el tiempo que empleas en amar promesas de bragas desgastadas y besos que apestan a sapo. Lo que te hace distinto a mí es el tiempo que subyace en tu reloj biológico, el tiempo que le dedicas a lo que comes, a reírte, a conocer a personas que realmente merecen la pena. El tiempo que le dedicas a lo que importa, a tu familia, a aprender de esta vida, a ser maestro y alumno, el tiempo que le dedicas a tu cuerpo, el tiempo que le dedicas a cuidar tu alma, a leer, a viajar, a observar.  El tiempo que le dedicas a escuchar a tu corazón. Pero a escucharlo de verdad. El tiempo que te dedicas a ti mismo y no a los demás. El tiempo que haces de este mundo un lugar mejor. Porque…¿haces algo verdad?

vintage indie photography tumblr

Si hubiese un contador del tiempo que perdemos en criticar a los demás, estaríamos condenados a un reloj lleno de lamentaciones.

¿De verdad es más importante lo que hace el otro que tú?

¿De verdad empleas tu tiempo en valorar, analizar, criticar y juzgar lo que hace otra persona que no seas tú? Odiar nos hace débiles y amar nos hace terriblemente fuertes. Pero lo olvidaba. Ahora está de moda el #melasudatodo, #elamorescosadeñoños. ¡Qué lástima! Pensamientos equívocos en bocas de quienes perdieron la esperanza y se disfrazaron de miedo.

Hemos perdido el norte.

Solo espero que el sur, sea un lugar mejor.

Criticamos a los que hacen deporte y a los que no.

A los maquinitas de turno y al gordo del sillón.

Criticamos al vegano porque se cree el salvador del mundo y criticamos a los que ni parpadean ante una injusticia.

Criticamos al que pega a su mujer y al que le regala flores.

Criticamos a la tía buena y a la fea.

Criticamos al bueno y al malo, criticamos al que lleva rastas y a la pija de tacón.

Criticamos a la flaca y la que lleva silicona de talla sujetador.

Criticamos al musculitos y al que no ha pisado el gimnasio en su vida.

Criticamos al que estudia mucho y al que estudia poco.

Al que entrena mucho y al que entrena poco.

Al que comparte su vida en redes sociales y al que nunca comparte nada.

Criticamos a los obsesos de la búsqueda de la excelencia y a los que se conforman con poco.

Criticamos a los que escriven con faltas de ortografía y a los que tildan de eruditas sus letras.

Criticamos a los que van en bici y a los que no saben montar.

A las rubias y a las morenas.

Criticamos a los que se pierden y a los que se guían por un mapa.

Criticamos a los que beben y a los que no se echan ni un chupito.

Criticamos a los que bailan al estilo Chayanne y a los que son patitos mareados.

Criticamos a los románticos y a los insensibles.

Criticamos a los que hacen el amor y a los que follan.

Criticamos a los que se preocupan demasiado por nosotros y a los que nunca nos llaman.

Criticamos a los bondadosos y a los egoístas.

Criticamos a los que tienen mucho dinero y a los que tienen los bolsillos vacíos.

Criticamos a los que critican y a los que nunca lo hacen.

¡Lo criticamos todo joder! ¡Todo! 

critica

Debería haber un número máximo de críticas permitidas. Al menos por día. Imagínate si todo el tiempo que le dedicas a criticar a los demás lo empleas en ti mismo. EN SER MEJOR PERSONA. En hacerlo mejor cada día, en levantarte con un propósito nuevo y mejor. En plantar un puto árbol o en leerte un puto libro. En intentar correr un kilómetro más rápido o al menos disfrutarlo más. En ser agradecido y merecedor de las pequeñas cosas de la vida que sin darnos cuenta, se nos va en cada latido y en cada respiración. O en una fatídica llamada que nos anuncia que nunca más volverá a abrazarnos.

¿Y qué importa lo que digan de nosotros los demás?

¿Qué importa si por mucho que te esfuerces no cambiarán de opinión?

La opinión de los demás sobre nosotros mismos es solo eso. Una opinión ajena, no nuestra.

Porque si aún no te habías dado cuenta el tiempo es lo único que no vuelve atrás. Es lo único que continuamente resta. Es lo único que menos es menos. Y lo único que desperdicias cada segundo de tu existencia.

La vida se nos va mirando a los demás.

Aprende a contemplar lo bonito de cada ser. A sentir que en igual de condiciones no nos separa más que un nombre. Aprende a admirar en lugar de criticar. Que hasta de lo más indecoroso se saca algo bonito. Eso te hará mejor persona y la próxima vez que vayas a echar culebras por la boca sobre alguien, piensa realmente por qué te molesta tanto una conducta ajena a ti. Por qué es más importante su opinión sobre ti o sobre algo que la tuya propia. Concéntrate en tu corazón, en lo que de verdad importa y vive cada segundo con el único objetivo de encontrar en ti todo lo que necesitas.

Odiar y criticar nos enferma la mente y nos marchita el alma.

Hagas lo que hagas, seas como seas, lo intentes como lo intentes siempre habrá una sombra que quiera apagar tu luz. No pierdas el tiempo en ellos ni en ellas. Abrázalos desde la compasión y sigue tu camino.

A más sombra, más luz.

A más odio, más amor.

A más críticas menos tiempo les queda para cumplir sus sueños. Y a ti te sobrarán pretextos para seguir adelante.

floricientaMe costó lágrimas, múltiples decepciones y un infinito cielo lleno de estrellas entender esto que hoy escribo. Pero al final lo entendí y desde que lo puse en práctica la única crítica que me permito es aquella que me hace corregir lo que quiero mejorar de mí. Ayudando siempre a los demás y haciendo eso de la unión hace la fuerza.

Que hablen de ti. Y cuando se cansen, que sigan haciéndolo.

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En qué momento.

- ¿De qué huyes?

- De mí misma.

- ¿Para qué?

- Para encontrarme...

en qué momento

Hay instantes en la vida que lo cambian todo. Instantes capaces de hacer que por un segundo, tu destino se torne en otro rumbo. Instantes que hacen que el sur se convierta en norte. 

Ese instante lo tuve frente a mis ojos. Me agarró con fuerzas y me dijo:

-¿Qué coño te pasa? ¿No vas a hacer nada?

Ese instante me dio la oportunidad de huir o de quedarme en el mismo sitio para siempre.

Y en ese instante yo…decidí huir.

El frío calaba mis pensamientos y ya ni siquiera era capaz de recordar mi nombre. Y cuando alguien me lo recordaba, no me gustaba. Me sentía incómoda en mis propias letras y todo molestaba. Los árboles me parecían estúpidos y la suave musa que antaño me acariciaba las pestañas, ya solo dejaba en mí cientos de lágrimas mal curadas. No supe discernir la realidad de una ficción que en muchos casos, superaba con creces lo que mis ojos niños querían dejar de ver.

Y fue entonces cuando me di cuenta de que no había aprendido nada.

me ahogo

Ahogué en un millar de nubes todo lo que nos prometimos en versos de vainilla. Corrí tan lejos cuanto pude y aprendí sola a enhebrar  los recuerdos que forjaron nuestra historia. Me alejé del ruido y de tu nombre. Me alejé de todo aquello que no me permitía SER, e incluso, de los que decían amarme. Poco a poco me fui desnudando: de ropa, de maquillaje, de mentiras, de lugares a los que ya no quería ir, de amigos confeti y de aquel puto café amargo que empezó a gustarme en la primera mañana en la que tu lado vacío de la cama, dejó de doler.

Huí de mí misma para encontrarme.

Y me encontré.

Abracé con alas de mariposa la tristeza más infinita que jamás había sentido y me di cuenta de que por alguna razón, y en algún momento de mis días pasados que no conseguía recordar, me había perdido. Me habías perdido.

Dejé de culpar a todo aquel que había pasado por mi vida sin pena ni gloria y empecé a asumir cada uno de mis errores. Y el primero, el de haberme olvidado. El de haberme dejado para luego.

Fui capaz de mirarme al espejo, de perdonarme y en un leve susurro el silencio me recordó lo lejos que aún estaba de casa.

espejo

En qué momento dejé de creer en mis sueños para cumplir los tuyos.

En qué momento tuve que satisfacer tus expectativas y no las mías.

En qué momento tu opinión sobre mí misma fue más importante que la mía propia.

En qué momento dejé de confiar en mí y dejé que el miedo se apoderara de mis latidos.

En qué momento fuimos uno cuando realmente siempre fuimos dos. En qué momento mi hambre pasó a ser el segundo plato del menú y mi regazo, el portal huérfano de aquellas noches frías de Madrid.

En qué momento dejé de recordar lo bonita que era y en qué momento fui capaz de permitir que me hicieras tanto daño.

En qué momento creí tus necias palabras y me mortifiqué más de la cuenta y en qué momento la opinión de los demás fue tan importante para mí. ¡Iros todos a la mierda!

En qué momento te di tanto poder y puse mi vida en tus manos. En qué momento dejé de luchar por lo que creía y quería, y en qué momento me convertí en alguien que no quería ser.

En qué momento reprimí mis ganas, mis besos y mi sonrisa de algodón.

En qué momento de la historia dejé de brillar para no hacerte sombra y evitar así que te sintieras mal. Como si acaso eso, fuese culpa mía.

En qué momento pude pensar que yo no merecía lo bueno y me conformé con unas sábanas que apestaban a mediocridad.

En qué momento pedí permiso para sentir y en qué puñetero momento me olvidé.

En qué momento creí tanto en tu rancio perdón y en esas letras baratas llenas de mentiras.

En qué momento este mundo dejó de parecerme un lugar mejor…

mariposas

¿En qué momento? ¿En qué momento joder? Porque no lo recuerdo. No recuerdo cuando me rendí.

No recuerdo cuándo me cansé de ser fuerte.

Olvidé cuándo decidí andar en unos zapatos que no eran los míos y cargar con un yerro exhumado en cientos de pretextos de calendarios maníos. No recuerdo cuando el cielo me pareció apagarse sin ti, cuando aquí la estrella era yo. Cuando aquí la única luz capaz de hacer brillar la oscuridad era la mía y no la tuya. Ni la de nadie más.

Casi me asfixio en un intento torpe de respirar tu aire y no el mío.

En qué momento creemos que esta vida ya está escrita y que los papeles que asumimos se nos dan antes de poder cambiar el uno por el tres. Somos unos estúpidos. Y unos cobardes.

Somos almas sin rumbo que divagan en metáforas que nos hacen creer imposibles.

 

Y ya, cuando no me quedaba nada más, cuando el dolor crujió cada uno de mis huesos y fracturó cada centímetro de mi piel, cuando fue tan fuerte que dejó de doler, cuando no fui capaz de recordar en qué momento del camino me había perdido, cuando huí de mí misma entonces ahí…volví a encontrarme. Abracé con ganas el haberme echado tanto de menos y resucité sobre unos pasos firmes y determinantes.

Porque en esta vida hay que perderse de vez en cuando para volver a ser tú mismo. Para replantearte el hecho de si realmente eres quién quieres ser.

No recuerdo el momento en el que todo mi mundo se vino abajo.

Pero sí que recuerdo el momento en el que dejó de estarlo: ESTE.

Atrévete, huye de ti y encuéntrate de nuevo.

 

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Fuimos.

fuimosFuimos de esas historias que por mucho que pase el tiempo no se olvidan…

Fuimos la vuelta al mundo sin salir de la habitación. El mejor lunes de la semana y la copa de vino de las risas sedientas de vida.

Fuimos el whastApp de cada mañana, la foto que nunca hicimos y los besos de los amantes que se quieren de verdad.

Fuimos la oportunidad que no supimos aprovechar.

Fuimos la esperanza de los que ya no creían en el amor y la admiración de aquellos que se deleitaban con la forma de nuestros cuerpos.

Fuimos el chiste que nadie entendía y que a nosotros nos hacía mucha gracia.

Fuimos infinitos finales que tildábamos de puntos suspensivos.

fuimos 2

Fuimos nuestro para siempre.

El café del alba, las tortitas de maíz y el último suspiro de cada luna. Fuimos los pasos torpes de aquel compás y la música de cuando nadie bailaba.

Fuimos la canción más bonita del mundo y el eterno San Valentín.

Fuimos el secreto que a diario nos recuerda y la huella que no se llevó la arena.

Fuimos la herencia del aire, el deseo del fuego y la inmediatez de unos dedos que tenían prisa por descubrirse. Fuimos la piel con piel, la lengua que se aprendió de memoria el alfabeto de nuestros lunares y el abrazo sincero de nuestras miserias. Fuimos Romeo y Julieta sin la necesidad de fingir estar enamorados.

Fuimos el mejor sexo del mundo.

Fuimos pupilas traviesas que adivinaban al unísono el color de los unicornios y fuimos la comisura de unos labios que no se callaban nunca.

Fuimos todos los besos que nos dimos. Y los que dejamos para luego.

Fuimos las letras incansables de páginas que pedían a gritos nuevas historias; el “no, cuelga tú” y las horas que pasaban como segundos. Fuimos el te echo de menos certero y dos valientes que no necesitaron más que su desnudez para saltar al río.

Fuimos dos almas sin nombre que construyeron verbos imposibles.

Sueños imposibles.

Trazados imposibles.

Fuimos los pasos firmes de un nuevo camino y el angosto mar que cruzaría nuestros miedos. Fuimos las citas de vainilla y las conversaciones que duraban toda la noche.

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Fuimos el corazón que aún late y se resiste a creer que todo esto terminó.

Fuimos el valle de fresas, las manos de amapolas y la sangre de cristal. Fuimos las mariposas en el estómago, la magia de las primeras veces y las estrellas más impetuosas del firmamento.

Fuimos la combinación perfecta, la envidia de quién no podía tenernos y las respuestas de preguntas pendientes.

Fuimos el momento preciso y el sofá de los domingos.

Las sábanas de nuestros pecados y los testigos de todo aquello que nos contamos sin mediar palabra. Fuimos los te quieros más inmensos y la promesa que grabamos a nuestro paso, aquella tarde de verano.

Fuimos el invierno de mayo y las galletas con sabor a no te vayas nunca de mi lado.

Fuimos tú y yo en un nosotros in-que-bran-ta-ble.

Fuimos la conversación pendiente, la historia que nunca debió acabarse y la deuda que hasta que nuestras pestañas mueran, abrigaremos con ausencia el eco del ayer.

Fuimos las ganas de volver a SER.

Fuimos lo que nos faltaba y lo que nunca seremos.

Fuimos la coyuntura explícita de todo aquello que no tenía sentido. Y el descaro de mandar al carajo lo que no nos importaba.

Fuimos equipo, amantes y amigos y por encima de todo, fuimos el respeto de ser lo que queríamos.

Fuimos el mapa que dibujaba Roma y los problemas que resolvíamos en la cama. Fuimos las incontables caricias y el vestido que reservábamos para “una ocasión especial”.

Fuimos las promesas que hoy se burlan en el viento.

Fuimos los recuerdos que nos dará dolor de estómago y nos vestirá de pena cada vez que nos recordemos. Cada vez que nos pensemos.

Fuimos ese uno entre un millón y la famosa aguja del famoso pajar.

Fuimos todo lo que fuimos 
sin ni siquiera saber quiénes éramos nosotros mismos.
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Me duele.

me duele

Me duele tu ausencia, la silla vacía que dejaste en la cocina y la taza de café de los buenos días.

Me duele el tiempo que pasé contigo y el que ya no volveremos a pasar.

Me duele tu sonrisa, el caos que formaban nuestras sábanas y tu lado vacío de la cama.

Me duele la luna, las nubes de marfil y el indecoroso aire que respiro.

Me duelen estas letras y todo lo que no escribo en ellas.

Me duelen nuestras promesas, la calle que ya no existe en el mapa donde nos besamos por primera vez y la cima que alcanzamos con la punta de nuestros dedos. Y de nuestros sueños.

Me duelen tus manos que hicieron tuya mi cintura una infinidad de veces.

Me duelen tus abrazos que eran capaces de reconfortar el llanto de mi alma. Y también, de desequilibrar mi más serena paz.

ME DUELES TÚ.

Me duelen las mentiras y todos aquellos y aquellas que quisieron hacer de nuestra historia, la suya.

Me duele haberte tenido y haberte perdido.

Me duele haberte CREÍDO y haberte puesto en duda.

Me duele lo poco que me quise y el poco valor que tuve para subirme a aquel unicornio de plumas amarillas y salir volando de aquí.

Me duelen los miedos que me dejaste como herencia y aquella noche donde nos unimos para siempre.

Me duele el primer verano que pasé contigo, las velas que soplé cuando me cantaste “feliz cumpleaños” y todas esas fotos que nos hicimos. Y las que no, también.

Me duele tu amor. Y eso que el amor…NO DUELE.

Me duelen tus pestañas, tu dolor y esas arrugas que gritan lo mucho que me recuerdas.

Me duele echarte de menos y echarte de más.

Me duele tu nombre,

tu olor,

tu verborrea.

Me duele el ruido que ensordece los dedos de mis pies,

y me duele la mirada débil y bonita con la que me envolvías mientras dormía.

Me duelen tus besos y la forma en la que los recuerdo cuando cierro los ojos.

Me duele la falsedad, la facilidad con la que hoy se quiere y mañana ya veremos.

Me duele todos aquellos y aquellas que pasaron por mi vida sin dejar propina. ¡MALDITOS, MALDITAS!

Me duele el vino condensado y la poca gracia que me producen los monólogos de aquellos que presumen ser mis amigos. Tengo menos de los que creía y más de los que sentía.

Me duele que una vez quisieran apagar mi luz…y me duele en el alma tu daño.

Me duele, me duele, porque soy humana. Porque a mí no se me ha olvidado lo que un día le prometí al cielo, ni la marca de nacimiento que precede bajo los lunares de mi piel. Me duele no encontrarme las alas. Y eso que he mirado hasta debajo de la cama.

Me duele haberme perdido.

Me duele no haberme creído.

Me duele este mundo.

Me duele ser parte de él y de nuestra historia.

Me duele…
Me dueles…

 

 

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